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3 de Septiembre del 2013
Cultura
Lectura: 13 minutos
3 de Septiembre del 2013
Desirée Yépez
El "Pájaro" Febres Cordero vuela hacia la pantalla grande
El escritor y periodista de opinión afronta un nuevo reto: la actuación en el cine. Protagonizará dos películas.

Desirée Yépez entrevista a Francisco Febres Cordero

Algo más de dos semanas tomó concretar una entrevista con Francisco, El Pájaro, Febres Cordero. Su salud le jugó una mala pasada, y como él mismo dice, la vejez cobra. Pero al encontrarlo en su oficina, al norte de Quito, pareciera que su dolencia física fuera otra más de sus ‘pajarerías’ por la vitalidad con la que desarrolla la conversación.
Desde ese pequeño espacio, en el que no caben más de un escritorio y dos sillas, dirige Dinediciones. Ese es su escenario para cumplir su rol de periodista. Pero esta vez no hablará de periodismo, ni de los  males políticos que lo persiguen. El diálogo es más amplio, aunque se concentra en su llegada a la pantalla grande protagonizando dos películas de Víctor Arregui: El Telón y El Facilitador.
Y conversar con el periodista, poeta, actor es una aventura. Su imagen es la de un hombre común, viste un pantalón de tela color beige, camisa blanca y leva. Luce descomplicado, sin adornos. Todo su cuerpo comunica. Resulta un personaje de respuestas impredecibles. Parece que sus manos intentan dibujar lo que dicen sus palabras, al tiempo que su mirada busca un espacio en la sala de reuniones, no se queda quieto. Así es el ‘Pájaro’. Un hombre que con más de 60 años asumió un reto que lo llena de expectativas, pues ni él mismo sabe el resultado hasta que llegue a la sala de cine y vea expuestos sus personajes.
Luis y Miguel Aguirre son los hombres a quienes Febres Cordero da vida en la pantalla grande. Aunque viven historias completamente disímiles, en esencia son muy similares, pues ambos guardan secretos y podrían describirse como seres oscuros envilecidos por el poder. Paradójicamente, cuando de opinar se trata ese es uno de los temas favoritos del ‘Pájaro’. Pero otra cosa fue vivir y sentirse poderoso. Se emociona y reflexiona lo que significó estar en la piel de un corrupto y habla, entre risas, de sus referentes para construirlo.
El actor también da la impresión de ser políticamente correcto, pero durante la conversación es enfático, firme, crítico, cuestionador al responder sobre los vínculos que en la actualidad podrían tener los artistas con el gobierno de turno. Además confiesa, aunque con algo de cautela, de las limitaciones que como escritor ha enfrentado al ser crítico con el actual régimen.
La oportunidad para ver al ‘Pájaro’ será en octubre y noviembre. Él está emocionado y a la vez asustado porque no sabe cuál es el resultado final. Espera poder hacer más películas para considerarse un verdadero actor de cine y concluye, entre carcajadas, que disfrutaría de interpretar, por imposible, a un torero y a un boxeador.

"Como actor adaptas ese mundo, asumes ese rol, ese papel y lo vives. Me sirvió para entender que el tipo que está en el poder regula la marcha de la sociedad a veces con un guiño, con un pistoletazo o con un soborno, así mueve las redes".

Pájaro, después de una amplia trayectoria como actor de teatro es invitado a participar en la pantalla grande ¿cómo se dio esa transición? ¿Cómo vivió ese proceso?

Como una locura, una cosa impensada. Había hecho teatro hace muchos años, lo dejé por el periodismo. Regresé a las tablas, con la obra Novecento, hace cinco o seis años. Creí que ahí había acabado mi carrera de actor interrumpida a saltos y a brincos. De pronto tuve una propuesta que me pareció absolutamente insólita: actuar en cine. Al principio rechacé la posibilidad, me parecía que era un lenguaje que no conocía. Entrar en un mundo completamente ignoto me aterró.  Pero sucumbí a la tentación y no me arrepiento de,  a estos viejos años, haber aprendido el cine desde adentro, haberme jugado este albur que solo me ha enriquecido. Significó que a los 62 años puedo correr una aventura.

Hay cineastas que consideran complejo trabajar con un actor de teatro en cine, ¿usted sintió esa dificultad?

Es, de hecho, muy complicado porque son dos lenguajes totalmente distintos. Trasladar, trasponer un lenguaje al otro es difícil. El actor de teatro tiende a gesticular, justamente para que el último espectador de la platea lo vea, su gesto es grandilocuente, tiene que proyectar su voz. En cambio en el cine todo se reduce a la mínima expresión, un pestañeo se agranda a límites insólitos. Aprender ese otro lenguaje cuesta, no siempre resulta. Es un enigma saber qué pasará conmigo como actor de cine.

Entonces está a la expectativa de saber cuál fue el resultado actoral dentro de los dos procesos…

Claro, es una expectativa, una emoción. Se trata del resultado de un trabajo tan agotador, pero tan gratificante.

En El Telón y El Facilitador interpreta a Luis y Miguel Aguirre, respectivamente. A pesar de ser dos personajes distintos, ambos tienen en común que guardan secretos, una vibra pesada, podría describírselos como personajes oscuros. En ese contexto, ¿qué tienen en común con el ‘Pájaro’?

Poco. Quizás, en el caso de El Telón el que es un viejo actor de teatro que regresa. En El Facilitador creo que nada, pues el personaje es cercano al poder, usa esas redes para su propio beneficio. Siempre he estado alejado del poder, he denunciado esas entretelas que se tejen para lograr beneficios muchas veces no lícitos. Interpretar a Miguel Aguirre me sirvió para entender las cosas oscuras, sucias del poder.

¿Cómo se sintió en la vida de un corrupto?

Como actor adaptas ese mundo, asumes ese rol, ese papel y lo vives. Me sirvió para entender que el tipo que está en el poder regula la marcha de la sociedad a veces con un guiño, con un pistoletazo o con un soborno, así mueve las redes. Es perverso. Pero ese es el contexto en el que mi personaje se envuelve.

¿Cómo construyó ese personaje, quién fue su referente de corrupción?

Ninguno específicamente y todos. No cogí un modelo, un estereotipo. Desarrollé el personaje mientras rodaba la película. A diferencia del teatro, donde existe una secuencia que tiene cierta lógica en el desarrollo de los personajes, en el cine no. Ahí la escena primera puede ser la última en rodarse. Lo importante es que ese personaje no se pierda, para eso no tuve un modelo. Eso salió conforme actuaba.

Nadie en particular…

Nadie en particular y muchos, muchos muchos… Uno conoce de esas entretelas pero no les pone rostro, apellido, nombre sino que capta la esencia del ambiente de poder y corrupción y la asume.

"Tengo experiencias que me hacen pensar con cierta tristeza en el futuro de los creadores. Hay una lista la cual proscribe a ciertos escritores para que ejecuten determinadas tareas porque son críticos del gobierno. Es una lista negra que deambula por ahí y que nos proscribe a muchos"

La obra de Arregui, El Facilitador, podría entenderse como una crítica a los manejos corruptos que se dan desde los círculos de poder o a través de los gobiernos de turno. Actualmente el gobierno invierte permanentemente en el desarrollo de las artes. Es una especie de gestor cultural e incluso de mecenas para ciertos artistas.

Como periodista, poeta y actor ¿cree que ese vínculo directo del arte con el poder oficial evita la posibilidad de que desde los espacios artísticos se critique y cuestione al gobierno de turno?

Eso sería perverso porque toda la creación estaría dirigida por un estamento más alto que juzga y cuestiona. Sería lo más cercano al estatismo, al estalinismo, al nazismo… Lo mismo podría pasar en otros ámbitos de la creación. Por ejemplo, si se recurre a un estamento estatal para publicar un libro, hacer una exposición de pintura, y ahí dicen “los lineamientos del gobierno son tales y es necesario basarse en dichos estamentos para crear” no nos quedaría más que pegarnos un tiro o dedicarnos a vender caramelos en la calle. No sé qué pase en esta película, pero si eso pasa, sería el más alto grado de la perversión y el cinismo.

Hay incluso quienes creen que en la actualidad existen más contratistas, gente del arte al servicio del gobierno, que artistas que cumplan con un rol de activismo, cuestionamiento hacia el poder como tal. ¿Está usted de acuerdo con eso?

No sé. Tengo experiencias que me hacen pensar con cierta tristeza en el futuro de los creadores. Hay una lista que se lanzó en tiempo de la exMinistra de Cultura, Érika Silva, la cual proscribe a ciertos escritores para que ejecuten determinadas tareas como dar conferencias, participar en ferias de libros, porque son críticos del gobierno. Es una lista negra que deambula por ahí y que nos proscribe a muchos.

¿Usted está en esa lista?

Estoy dentro de esa lista y nos proscribe de presentarnos en muchos actos. La cuestión de la cultura oficial tiene ese segmento de perversión. Ahora, en un ambiente bastante yermo como es el del arte en el que se necesita de un presupuesto, sobretodo en el cine. Las películas siempre son caras, más que editar un libro o hacer una exposición de pintura. El apoyo del Ministerio de Cultura, de los municipios, hace que los realizadores puedan llevar a cabo su tarea, pero si eso se pierde por cuestiones ideológicas, nos enloquecemos o bajamos la cabeza. Eso es el estalinismo puro.

A partir de su experiencia, se puede deducir que en efecto esa limitación a quienes cuestionan el poder oficial ya está pasando, como escritor ha sido vetado de estar en ciertos eventos porque es crítico con ello…

Sí. En el aspecto en el que me muevo, periodístico y de escritura, ha pasado eso. No sé si haya ocurrido en el cine o la pintura, no me consta. No creo que eso vaya a trascender hasta el punto de que el gobierno diga que si está alguno de estos opositores haciendo una película vayan a tomar acciones. No creo que pueda pasar, pero puede pasar, pasa todo. Hay que esperar y ver la reacción del oficialismo frente a la posibilidad de que un opositor actúe y haga un largometraje.

Ya en una cuestión actoral, ¿en qué rol se sintió más cómodo: en el de corrupto o de actor perverso?

A mí me gustan las dos películas, las dos experiencias, en ambas me sentí cómodo. Pero hay una cosa, alguien dijo que para ser actor de cine se deben hacer, por lo menos, cinco películas, ahí es cuando aprendes. Estoy recién en la segunda y las dos fueron igualmente retadoras, angustiosas, hubo mucha ilusión, aprendí sobre la marcha. No obstante, por lo que más agradezco y lo que más me impresionó, en ambos rodajes, fue el contacto con otra gente: fotógrafos, sonidistas, utileros, vestuaristas. Es gente joven, muchachitos de un profesionalismo admirable. El ámbito de la filmación fue casi místico, porque el equipo se entrega con una pasión, furor, que alimenta. Esa fue la experiencia más linda.

¿Qué personaje quisiera interpretar a futuro en el cine?

Dos, por imposibles: un torero y un boxeador. Estoy dispuesto a que si alguien hace una película me haga el casting. Ahí me subo al cuadrilátero y me enfrento a un toro.

¿A quién no interpretaría?

El don de la interpretación es meterse en la carne de otro personaje. Interpetaría hasta al diablo, eso enriquece. No hay límites.

 

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