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10 de Febrero del 2016
Cultura
Lectura: 13 minutos
10 de Febrero del 2016
Desirée Yépez
Juan Martín Cueva: ‘el rol del Estado no es regular contenidos’

Fotos: Gabriela Vivanco

El director del Consejo Nacional de Cine, Juan Martín Cueva, explica las estrategias para la promoción de la producción fílmica nacional. 

El Consejo Nacional de Cine empieza un tiempo de transformaciones. Este 2016 se cumple la primera década de la aprobación de la Ley de Fomento del Cine Nacional que incidió en la producción de películas ecuatorianas y se retoma el debate de la Ley de Cultura que repercute en la figura del CNCine, como institución. El Director Ejecutivo del CNCine reflexiona al respecto.

Juan Martín Cueva

Es director de cine documental. Dirigió el Festival de Cine "Cero Latitud" entre los años 2003 a 2009, y es fundador del Festival de Cine "Encuentros del Otro Cine - EDOC". Ha filmado cuatro documentales desde 1997. 

En intervenciones anteriores usted ha manifestado que el cine ecuatoriano, como actividad, se está consolidado. ¿Se puede hablar de consolidación cuando todavía hay pendientes como la distribución y exhibición?

Ahí se toca el tema álgido del asunto y que nos ocupa en este momento. Yo diría que la producción del cine ecuatoriano está consolidada. Siempre hay que decir respecto a qué, y está consolidada en comparación a lo que sucedía en este país hace 10 años. Es evidente que hay una producción cinematográfica más regular, profesional y diversa. Ahora se han desarrollado otros eslabones de la cadena. Ya no es tan común que el director sea su productor… Se han desarrollado esos oficios y figuras diferencias. Antes el cineasta era guionista, director, editor, distribuidor, exhibidor.

En ese sentido, el cine se ha consolidado como una actividad profesional. Hay que entender que el cine es más que un grupo de directores, de productores, que se juntan para hacer proyectos. En torno al cine se desarrollan un montón de actividades, emprendimientos, que aportan cada vez más a la economía nacional. Es nuestra tarea visibilizar eso: cada vez hay mejores películas y los procesos están más formalizados, especializados.

En ese proceso, la Ley de Fomento del Cine Nacional y la consolidación del CNCine juegan un rol importante al entregar recursos que fomentan la producción. ¿Cree que se ha generado un sistema de producción dependiente de esos fondos?

La existencia del Consejo Nacional de Cine, los recursos que se han invertido a través del Fondo de Fomento, las políticas públicas que se han diseñado e implementado, la relación con el sector… todo eso logra que se mueva el medio. Pero eso no quiere decir que toda película que se estrena en el Ecuador tenga fondos de fomento cinematográfico… Pero si es posible preguntarse si habría tantas películas, si no existiese el CNCine…

Además de entregar fondos, emitimos certificados de ‘película nacional’, que permiten la exoneración de impuestos; también emitimos la acreditación de ‘productor nacional independiente’ que permite a los canales de televisión proveerse de contenidos para cumplir con las cuotas que establece la Ley de Comunicación. Emitimos los certificados de ‘coproducción’, cuando hay procesos que se hacen con otros países… En 2015 apoyamos a cineastas ecuatorianos en 84 ocasiones para que participen en espacios internacionales, festivales, muestras, laboratorios, talleres… La existencia de la Ley y del CNCine ha permitido ese desarrollo del cine ecuatoriano.

¿Cómo pinta el panorama ahora que se ha recortado ese presupuesto en casi el 60%?

No voy a decir que no es grave, sí es un impacto que de pronto se recorte el 60% del presupuesto para una gestión como la del CNCine. Sin embargo, sí creo que no hay mal que por bien no venga porque eso nos hace ver varias cosas. Primero, nos hace ver las limitaciones de la actual legislación. No tenemos otra fuente de financiamiento que no sea el Presupuesto General del Estado, lo cual es un error. Eso lo supimos siempre y lo hemos dicho, pero hasta que no se sintió no se veía como una urgencia obtener incentivos desde otros sectores.

También queda en evidencia que hay un mercado que abre un acceso minúsculo a la producción independiente. El mercado de la exhibición cinematográfica en Ecuador está copado por Hollywood prácticamente al 100% y hay que pensar en eso, por eso hemos planteado la necesidad de una regulación y eso no se refiere para nada a obligar a ver algo que no se quiere ver, a hacer a algo que no quiere o a exhibir algo que no se quiere. Se piensa en maneras de mejorar las condiciones de acceso de la producción nacional al mercado. Si incidimos de tal manera para que las películas ecuatorianas lleguen a la cartelera comercial en mejores condiciones, con mejor calidad técnica, promoción, las audiencias potenciales serán audiencias reales.

"No voy a decir que no es grave, sí es un impacto que de pronto se recorte el 60% del presupuesto para una gestión como la del CNCine. Sin embargo, sí creo que no hay mal que por bien no venga porque eso nos hace ver varias cosas".

Cuando me dicen el cine ecuatoriano no gusta al público, digo falso. El público ecuatoriano ni se entera que las películas ecuatorianas están en cartelera y se cuenta mucho con el boca a boca. Esa sí es una debilidad.

En los últimos 10 años se han invertido fondos que han oscilado entre los 700 000 y los 2 millones de dólares anuales. Lo que hemos visto es un incremento en la cantidad de películas que llegan a carteleras, pero sí es un pendiente el tema del público. ¿Existen estrategias reales para la formación de audiencias, para que la gente pague por ver cine ecuatoriano?

El tema es complejo. Se ha generado una percepción que no se ajusta perfectamente a la realidad. Cuando se dice ¨el cine ecuatoriano fracasa con el público¨ creo que es una simplificación exagerada. El cine no es solo las salas, aquí y en todo el mundo. El cine y el audiovisual se han desarrollado de tal manera que es posible consumir contenidos cinematográficos desde la laptop, el celular, la televisión… Y en países como Ecuador ir y comprar el DVD… Es decir, hay un montón de ventanas de consumo. Nosotros nos localizamos demasiado en qué pasó con la película en cartelera.     

Evidentemente ahí hay una debilidad que no está solo del lado de la producción. No es que las películas sean flojas, malas y por eso llegan a las carteleras y la gente no las ve. Hay una debilidad en distribución, estrategias de marketing, promoción. En este país no hay distribuidores de cine ecuatoriano, es una etapa que nos saltamos. El productor negocia directamente con el exhibidor… Hay debilidad en la formación de públicos, en los circuitos alternativos.   

Paralelamente, en los circuitos internacionales, como festivales, al cine hecho en Ecuador le ha ido bastante bien. Es así que ha obtenido premios y reconocimientos importantes. ¿El CNCine maneja estadísticas al respecto?

Tenemos estrategias. El punto más sensible es el circuito comercial porque todavía es el más visible. Una vía es la regulación, la obligación, que a mí me parece ineficiente, no sirve. Pero sí es posible establecer parámetros mínimos, técnicos, y con ello el Estado otorgue fomentos e incentivos para que las películas se estrenen en mejores condiciones. Esto se denomina el estímulo automático a la exhibición, estamos montándolo, aún no lo tenemos. También quisiéramos que la nueva Ley de Cultura disponga ciertas normas que hagan que la producción nacional tenga un tratamiento especial en las salas de cine, a través de estímulos.

El tema de las cifras es uno de los problemas que encontramos en este momento en todos los ámbitos de gestión. El CNCine no tiene ninguna manera de decir cuántas películas se estrenaron en Ecuador el año pasado… A veces nos enteramos por redes sociales o la prensa. No tenemos competencia legal para exigir registros. Lo mismo pasa con los premios internacionales. Generalmente tenemos un monitoreo cercano, pero no exhaustivo.

Las presencias más importantes y relevantes las tenemos registradas. Cada vez es más común que el cine ecuatoriano tenga presencia en Festival de Cartagerna, en el de La Habana, en secciones de San Sebastián (España), Berlinale (Alemania), Rotterdam (Holanda), ya no es raro que estemos en el Bafici (Argentina), y en muchos casos se reciben reconocimientos importantes. Asier ETA biok, de Amaia Merino, ganó uno de los premios de San Sebastián; No robarás, de Viviana Cordero, obtuvo mejor actuación femenina en La Habana; Fuera de Juego, de Víctor Arregui, también fue reconocido en San Sebastián; El Grill de César y La Muerte de Jaime Roldós ganaron los premios mayores en el Festival de Toulousse (Francia); Alfaro Vive Carajo ganó un premio en el Festival de Cine Político, en Argentina, y el Isla Margarita, de Venezuela.

A la par que se desarrolla el medio cinematográfico en Ecuador, ¿qué sucede con la profesionalización y las condiciones de trabajo de los involucrados? Hace unas semanas se viralizó una campaña en redes sociales sobre el rodaje de la película Los ángeles no tienen alas, donde se evidenció un tratamiento informal y poco serio…

Cuando había una película cada dos-tres años, que se hacía de la manera más informal y artesanal, no se visibilizaban ese tipo de problemas. En la actualidad las cosas se vuelven más visibles. Ahora en Ecuador tenemos casi 40 películas que se están terminando, y ahí hay más problemas. En todo el mundo sucede que hay problemas con los técnicos, director, productor… Pero creo que en general se ha formalizado mucho el sector, la presencia de la figura del productor ayuda mucho.

"Aquellas películas que pasan por el fondo de fomento cinematográfico deben tener una formalidad, porque para hacer los desembolsos y cerrar los proyectos, requerimos los comprobantes de que los recursos se usaron para lo que fueron otorgados".

Aquellas películas que pasan por el fondo de fomento cinematográfico deben tener una formalidad, porque para hacer los desembolsos y cerrar los proyectos, requerimos los comprobantes de que los recursos se usaron para lo que fueron otorgados. Las películas deben entregar una declaración juramentada donde se establece que no se adeuda a nadie.

Hay 391 proyectos apoyados por el CNCine desde el 2007. De esos, en 2009, a un cortometraje se le tuvo que ejecutar pólizas parea que se devuelva el dinero. Eso indica que el mecanismo del fondo de fomento está funcionando.

Posterior a esta primera década de la Ley de Fomento de Cine Nacional, empieza un tiempo de cambio, un debate de la Ley de Cultura que implica una transformación del CNCine como institución, ¿cuáles son los retos?

Justamente este es un momento de retos fuertes, importantes. Ahora la realidad es más compleja, ya no se puede tener  solo una línea de financiamiento para la producción ecuatoriana, sino que hay que empezar a pensar en que el cine y el audiovisual no son cosas separadas, sino que están muy entrelazadas. El gran reto es que el CNCine se pueda transformar en un instrituto del cine y el audiovisual, y que sepa hasta dónde llegan sus competencias.

Me parece fundamental que los Estados se doten de una institucionalidad y mecanismos de fomento para la cultura y las artes. Pero en el aterrizaje de las políticas públicas hay límites conceptuales difíciles, no se trata de convertirse en el orientador de las temáticas, de qué es lo que se debe hacer ni lo que el espectador debe ver. El rol del Estado es incentivar, fomentar, facilitar, mejorar las condiciones, regular el acceso, el mercado, no los contenidos. La regulación debe ser una cuestión de garantizar derechos del trabajador de la cultura y el ciudadano, garantizar su derecho a acceder a contenidos de calidad.

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