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22 de Mayo del 2014
Cultura
Lectura: 5 minutos
22 de Mayo del 2014
Natalia García
Un viaje cinematográfico

Un hombre integrado completamente a la naturaleza selvática muestra el fotograma de Buscando a Wajari.

 

Las grabaciones en la selva requirieron de una extraordinaria producción, la cual fue apoyada por el propio Wajari en la zona sur oriental del país.

 

El director y su equipo de producción en una de las viviendas achar, que fue parte de la locación de la película ganadora de la convocatoria 2012 del CNCine.

 

Buscando a Wajari, la película ganadora de la convocatoria 2012 del estatal Consejo Nacional de Cine, es un diario, una historia y un viaje que se convirtió en película. Parece una parábola de este tiempo: salir a buscar una historia y encontrarse a sí mismo.

Alberto Fuguet dice que “Los verdaderos viajes son cinematográficos y literarios…”, en el sentido en que son ilimitados, una mezcla de ficción y no ficción, un inmenso mundo de oportunidades, de cosas que pueden suceder, de cosas que si no sucedieron ahí lo harán después, en la mente; porque una película, un libro es una puerta que se queda por siempre abierta. Cuando un viaje de verdad se convierte en una película las oportunidades se multiplican porque el viaje cinematográfico se vuelve cercano y posible y se queda en la mente en forma de un deseo incontrolable de ir a ese lugar, de ver en vivo lo que pude ver por la pantalla, eso pasa sin duda con la película “Buscando a Wajari”, la película ganadora de la convocatoria del CNCINE 2012.

El poster oficial de la cinta ecuatoriana.

Buscar, buscar algo, buscarse. ¿Qué es buscando a Wajari? ¿Es una película, un viaje, un diario, una historia? Es un viaje que se convirtió en una película, que se puede contar como una historia, que podría quedarse guardada por siempre como un diario personal. Uno empieza pensando que están buscando a Wajari y termina por darse cuenta que mientras veías la película algo cambió, derepente el director se está buscando a si mismo y de pronto yo quiero buscarme. Y yo creo que es como la consigna de este siglo: salir un día sin rumbo y encontrar una historia tan fuerte que nos lleve a la búsqueda propia.

José Antonio Cardoso, encontró hace 11 años su viaje, y lo hizo tan suyo que no lo dejó ir hasta abril de este año cuando presentó su película en el Teatro Sucre en la ciudad de Cuenca. Y hubo algo de magia en la presentación, por primera vez un grupo de cinco achuar estaban presentes viendo una película como en el cine, viendo su propia película.

La primera vez que José Antonio estuvo en la selva la realidad superó su imaginación, pero también superó su capacidad de supervivencia. La primera vez se sintió como él dice “bienvenido a la selva”. Tras caídas, sustos e impresiones  fuertes Cardoso se internó en la selva y se volvió amigo de una familia shuar, la familia de Germán. Y qué fuerte puede ser el vínculo con la selva que después de ese viaje José Antonio continuó durante ocho años yendo al mismo lugar, una vez cada año. Y de todos estos años además de las impresiones, los paisajes, los recuerdos quedó siempre algo en la mente, algo que los shuar le habían dicho hace mucho tiempo: “Los de adentro aún viven como nuestros ancestros”.

El deseo de conocer a los de adentro se volvió una necesidad, una necesidad que con la suerte se volvió realidad en el año 2011 cuando conoció a Wajari. En una avioneta se hizo amigo de este achuar que lo sorprendió más de una vez. “Cuando Wajari llega y todos me preguntan qué cuenta, yo les digo que Wajari no cuenta nada sino que pregunta todo, y basta con enseñarle un poquito cómo funciona algo, por ejemplo una cámara, para que él haga un video.”

El día del estreno, en Cuenca, los achuar vieron su propia película: fue un momento mágico, inesperado y hermoso oir a Wajari decir que al fin sus hijos podrían ver como eran antes.

De esta amistad surgió la idea de una película. Cuando José Antonio se dio cuenta que lo que él vivía en la selva podía convertirse en una película le contó a Wajari y él se convirtió en el mejor productor que pudo tener. Wajari hablaba con la comunidad, ayudaba a conseguir toda la colaboración. “Les decía a todos la próxima vez que José venga va a traer un trofeo grande o me comprometía a hacer muchas cosas y así se fue haciendo la película”.

Después de varios viajes y nueve versiones de la película Buscando a Wajari al fin se presentó en el 2014. El día del lanzamiento los achuar vieron su propia película. Fue mágico, inesperado y hermoso escuchar al final a Wajari decir que sus hijos podrían ver cómo vivían, cómo eran antes. Y sobre todo fue intrigante saber cómo para ellos era una cosa: un recuerdo de quiénes son; y para mi fue otra: una invitación a partir, a conocer, un viaje en la mente que quiere hacerse realidad.

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