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18 de Mayo del 2015
Cultura
Lectura: 12 minutos
18 de Mayo del 2015
Redacción Plan V
El top 20 de las frases de Juan Montalvo

Juan Montalvo Fiallos (Ambato 1832- París 1889) escribió obras de polémica política e ideológica, como Las Catilinarias, La Mercurial Eclesiástica, La Dictadura Perpetua, entre otras.

 

El polemista liberal es considerado uno de los más grandes escritores ecuatorianos. En su obra "Las Catilinarias" hizo una cruda descripción de la política de su tiempo, en especial, de la presidencia de Ignacio de Veintimilla. El pensamiento de Montalvo sigue vigente como un homenaje a la libertad de expresión y el respeto a la democracia.

La juventud y la política

1.- "Tres barbiponentes hubo que me siguieron por mi carrera de hombre sin miedo. Cuando los vicios invaden el pecho de los jóvenes en edad temprana, todo está perdido para un pueblo; pero donde hay un muchacho que alza la cabeza y exclama: ¡Tirano, yo no soy de los tuyos! la esperanza palpita en el seno de ese pueblo."

2.- "Desgraciado del pueblo donde los jóvenes son humildes con el tirano, donde los estudiantes no hacen temblar al mundo". 

3.- "Los viejos vulgares no son para acciones eminentes; los hombres comunes pronto empiezan a volverse sesudos y no servir para maldita la cosa; los jóvenes son la fuerza, los niños el sueño feliz de la República".

4.- "La pluma convence, conmueve, exalta: yo convencí,conmoví, exalté a los jóvenes, y el 6 de agosto fue  La Dictadura Perpetua, la sentencia de García Moreno". 

Montalvo hacía frecuentes alusiones a la juventud. Su fe en los jóvenes, y en que estos eran un elemento escencial en la lucha política, se ve reflejada en varios pasajes de Las Catilinarias.

El respeto al poder 

5.- "No le saludan... ¿y quién le ha de saludar, si el que infunde no es terror sino desprecio? Dadme un presidente adornado de virtudes cívicas y privadas, y veréis sino le saludan sus adversarios mismos".

6.- "Ahora mirad por ese lado: allí vienen dos hombres; el uno es el presidente de la República, el otro, su ministro. Ni lanzas, ni bayonetas, ni espadas desenvianadas en torno suyo: las virtudes son su fuerza, el amor de sus conciudadanos su seguridad".

7.- "Ignacio Madruñero se pasa de torpe y da en loco: su última barraganía en las calles de Quito ha sido tomar del pescuezo a un joven de familia principal, darle contra el suelo, estropearlo malamente y mandarlo al peor de sus cuarteles porque no le saludó. ¿Y por qué no le saludó? ¿porque le tiene por hombre de bien? ¿porque admira sus virtudes? ¿porque su ejemplo le tiene santamente conmovido? Respeto, amor a palos; he aquí ecuatorianos, en qué extremo de miseria habeís caído."

Para Montalvo, el poder per se no es fuente del respeto, en una República democrática. El Cosmopolita pensaba que un mandatario debía ganarse el respeto de sus conciudadanos, por medio de acciones y virtudes públicas, y no por acciones de fuerza.

 Los vicios de los gobernantes

8.- "Soberbio. Si un animal pudiera revelarse contra el Altísimo, él se rebelara, y fuera de servir de rufián a Lucifer. "Yo y Pío IX", "Yo y Napoleón" éste es su modo de hablar (...) Zapatetas en el aire, de medio arriba vestido y de medio abajo desnudo, puede ser que las haga, cuando amores de la República le escamonden quitándole su vestimento para pedirle cuenta y razón de sus traiciones y fechorías. Entre tanto, puede seguir diciendo: Yo y el presidente de los Estados Unidos".

Montalvo cuestiona aquí la soberbia en el ejercicio del poder, cuando el presidente de un país pequeño como el nuestro, se comparaba con los jefes de los estados más importantes del siglo XIX. Lo de las zapatetas hace alusión a un pasaje de El Quijote, en el cual el personaje de Cervantes es humillado por unos pastores y termina semidesnudo. 

9.- "El segundo avaricia (...) Sed de sangre y de dinero, vanidad insensata, estos son los móviles con que muchas veces la fortuna saca de la nada a los más ruines y los dispara hacia la cumbre de la asociación civil, como quien hace fisga de los hombres de mérito."

10.- "El tercero lujuria (...) si se despierta y levanta a las dos de la tarde, es para dar rienda floja a los otros abusos de la vida, para lo único que necesita claridad, pues su timbre es ofender con ellos a los que lo rodean. Da bailes con mujeres públicas, y se le ha visto al infame introducir rameras a su alcoba, rompiendo por la concurrencia de la sala".

11.- "El cuarto ira. La serpiente no se hincha y enciende como ese basilisco. Viéndole están allí, en Quito: eso no es gente; es arsénico amasado por las furias a imagen de Calígula. Me llama ladrón, asesino, delincuente de mil maneras, porque, bajo el ala de la Providencia, he podido escapar del calabozo, los grillos, el hambre, la muerte en el aspecto que aterra al más impávido".

El presidente Ignacio de Veintimilla, blanco de las duras críticas de Juan Montalvo. 

Montalvo se defiende de los ataques del Gobierno de Veintimilla y justifica su huida del país para evitar la cárcel. 

12.-"El quinto gula. Su comida dura cuatro horas; aborrece lo blanco, lo suave: carne, y mucha; carne de buey, carne de borrego, carne de puerco. Las sopas son de cobardes, las frutas de poetas, los dulces de mujeres: hombres comen carne; carne valientes, carne varones de pro y fama. ¿Es perro, es tigre? (...)¿Se llenó? ¿Se hartó? Vomita en el puesto, desocupa la andarga, y sigue comiendo para beber, y sigue bebiendo para comer (...) si le fuera posible, tomara café de carne de puerco, y se echara a los dientes una cuarta de morcilla negra a modo de puro habano".

13.- "El sexto envidia (...) Censura a Bolívar, moteja a Rocafuerte, le da una cantaleta a Olmedo. La ignorancia, la ignorancia suprema, es bestia apocalíptica: el zafio estampa su nombre, sin tener conocimiento ni de los caracteres; no sabe más, y hace sanquintines en los hombres de saber y entender (...) afirma que si él hubiera estado en (la batalla de) Junín la cosa hubiera sido de otro modo; que Sucre triunfó en Ayacucho por casualidad, no porque hubiese dado batalla conforme a las reglas del arte; que Napoleón I perdió la corona por falta de diplomacia, y otras de éstas".

El escritor liberal censura la ligereza con la que Veintimilla se comparaba con los grandes hombres de su tiempo e, inclusive, decía que hubiera hecho las cosas mejor que ellos. 

14.- "El séptimo pereza. Ese hombre, imperfecto, ese monte de carne echado en la cama, derramándosele el cogote a uno y otro lado por fuera del colchón, es el mar Muerto que parece estar durmiendo eternamente, sin advertir a la maldición del Señor que pesa sobre él (...) este mar Muerto de estampa semihumana presume de garzón florido, las da de majo y se anda por ahí a conquista de corazones y caza de supremos placeres". 

En estos pasajes, Montalvo describe los vicios del presidente Veintimilla. Pero también cuestiona una forma de ejercer el poder, tropical, abusiva y poco seria, que será la marca de la política ecuatoriana durante las décadas siguientes. 

Su actitud frente a la vida

15.- "La vida es una guerra: cada día una batalla, cada acción ordinaria una acometida. Los hombres no somos hermanos, somos enemigos; y si somos hermanos, lo somos a lo Caín y Abel (...) No tan insigne guerrero como los grandes capitanes que ganan batallas, pero yo también peleo y he peleado (...) he peleado por la libertad y la civilización; he peleado por los varones ilustres; he peleado por los difuntos indefensos; he peleado por las virtudes; he peleado por los inermes, las mujeres, los amigos; he peleado por todos y por todo. El que no tiene algo de don Quijote, lo vuelvo a decir, no merece ni el cariño ni el aprecio de sus semejantes".

El arzobispo José Ignacio Checa y Barba, jefe de la Iglesia Católica ecuatoriana en esa época. 

La Iglesia Católica y la política

16.- "Hase visto en Quito un cabrón de Mendés subir al púlpito, quemarse las manos con un mechero, meter en la boca una vela encendida, y probando con esto que la virtud de Dios obraba en él, gritar que en ese instante el diablo estaba andando suelto por la iglesia, y formar remolinos espantosos de gente engañada y escarnecida. Y no ha habido policía que baje a ese pícaro del pescuezo y le imponga un fuerte castigo corporal, ni gobierno que lo mande con grillete a Guayaquil, a embarcarle en el primer buque ballenero que aparezca."

17.- "Levantada ahí al punto una armazón de madera en la Plaza de la Catedral de Quito, subió ahí el arlequín, y, desnudo por delante seis dedos bajo el ombligo, forrada la espalda con un cuero de vaca debajo de un tul negro, se dio cinco mil azotes, burlándose así de las cosas santas, del pueblo congregado, del siglo décimonono, del Gobierno y hasta de Sancho Panza, quien, al fin y al cabo, se dio siquiera cinco buenos y pasaderos. En Bogotá, Caracas, Santiago, Lima, Buenos Aires, parecerán imposibles estas escenas de nefanda barbarie, que se han visto repetir en Quito en las mayores aflicciones públicas".

18.- "Terremotos, lluvias de ceniza, cóleras furibundas de los volcanes, allí están los frailes gachupines a quemarse las manos en el púlpito, a morder cabos de vela, a ver al diablo con sus ojos y decir que todo lo provocan y hacen los liberales. ¿Quién puede vivir en pueblo semejante?" 

19.- "Un fraile de alma ilícita, es el demonio: los rayos habían caído, las vacas habían muerto, los padres estaban con hambre, todo a causa de don Juan Montalvo y sus doctrinas, a causa de él y sus prosélitos".

La crítica de Montalvo a la Iglesia Católica, que en el siglo XIX tenía un marco legal que le permitía ser actor político de manera pública, se evidencia en estos pasajes, en donde sostiene que los curas manipulaban a la población a propósito de los desastres naturales. El "cabrón de Mendés" es un ídolo que adoraban los egipcios, y es la forma en la que Montalvo se refería a un obispo católico. La misma alusión aparece en otras obras, como la Mercurial Eclesiástica.

La defensa de su estilo

20.- "Ya molestan tantos insultos. ¿Y quién le obliga a maese Pedro a leerlos, poniéndole entre la espada y la pared? Tras el que parece insulto el lector contemplativo y de buena fe no descubre sino lo que parece el crimen acosado, el vicio escarnecido, la moral triunfante, las leyes divinas y humanas puestas en cobro y adoradas por su belleza y santidad. La ironía delicada es para culpables delicados: Alcides va tras Caco, y, alcanzándole, no le da a entender con finos circunloquios que es ladrón; levanta su clava y le fracasa el cráneo".

Ya en su época, el estilo de Montalvo fue criticado por sus epítetos. En este párrafo se defiende de esas acusaciones y justifica la dureza de sus palabras. 

 

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