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20 de Mayo del 2019
Cultura
Lectura: 11 minutos
20 de Mayo del 2019
Redacción Plan V
La varias veces centenaria biblioteca del convento de Santo Domingo se renueva
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Fotos: Luis Argüello / PlanV

Hay quince libros corales de gran formato en el Convento de Santo Domingo en Quito. 

 

Fotos: Luis Argüello / PlanV

Las restauradoras de la fundación Conservartecuador intervienen la biblioteca del convento, ubicada en el segundo piso. 

 

Fotos: Luis Argüello / PlanV

El local de la biblioteca fue restaurado y se realiza una limpieza de los libros. 

 

Más de 32 mil volúmenes del acervo de varios siglos se conservan en la biblioteca del Convento de Santo Domingo. Con cooperación de un fondo de los Países Bajos se están haciendo trabajos de mantenimiento y cuidado de los libros.

En el Centro Histórico de Quito se levanta el convento de Santo Domingo. Se trata de uno de los grandes edificios monacales de la colonia española, que fueron centros de colonización y evangelización de las tierras conquistadas en América. 

El convento y su iglesia, de varios claustros, albergaron en sus tiempos dorados a cientos de personas, entre religiosos y empleados de la orden dominicana. Hoy, solo ocho religiosos viven en el claustro central del edificio, dominado por un amplio patio en cuyo centro hay una fuente de piedra y en donde altas palmeras andinas han crecido.

En torno a los patios, en los paredes y en los pisos, se pueden ver las lápidas de tumbas muy antiguas, cuyos propietarios solían ser nobles de la Colonia que eran enterrados en ese sitio, para estar más cerca del cielo y de Dios. 

Hay un profundo silencio en el claustro principal, pero no es difícil imaginar la presencia de varias generaciones de religiosos que, inspirados en el ejemplo de Santo Domingo, se dedicaron a la contemplación y el silencio. Pero hay ruidos de voces juveniles que vienen del lado norte. En los claustros de ese lado del complejo funciona un colegio católico. Se oyen risas, gritos y juegos. La vida sigue y se cola entre el silencio y el misticismo que se observa en el patio, rodeado de varios pórticos con columnas de piedra. 


En los tejados de Santo Domingo, las cúpulas de las capillas están recubiertas de azulejos. 

Se oyen risas, gritos y juegos. La vida sigue y se cola entre el silencio y el misticismo que se observa en el patio, rodeado de varios pórticos con columnas de piedra.

El punto más alto es la torre, y desde el coro de la Iglesia, profundamente reformada en el siglo XIX por dominicos italianos, se accede a las cúpulas, decoradas con azulejos de color verde, de las capillas del templo. 


El interior de la iglesia fue modificado en el siglo XIX. 


El templo y el convento se encuentran en la plaza de Santo Domingo. 


En el claustro principal, grandes palmeras andinas enmarcan la fuente central. 

 

Intervención en la biblioteca

Pero aunque ya no escuchan en el convento los cantos de los monjes, en la biblioteca han quedado sus libros corales. Son libros de gran formato, hechos con pergaminos, en donde se pueden ver la letra de los cánticos en latín en honor de varios santos, así como pentagramas que indican las notas que los monjes, con la voz, reproducían en los cánticos con los que celebraban a Dios. Se puede ver también una antigua Biblia  políglota de 1645, escrita en siete idiomas, incluyendo el árabe, que está perfectamente conservada y que se usaba para las ceremonias religiosas. Se sabe que hay solo tres ejemplares en el mundo, de los que uno se encuentra en la biblioteca de los dominicos. 


En la biblioteca de los dominicos se conservan casi 33 mil volúmenes. 


Los libros corales están hechos de pergamino de cuero de res. 

Betty Costales, de la Fundación Conservartecuador, es restauradora y museóloga. En el centro de la biblioteca del convento, la experta, con guantes en las manos y mascarilla, manipula los libros corales que en siglos pasados solo podían tocar los monjes. Costales explica que el libro coral fue elaborado en Quito, en los tiempos de la colonia, probablamente en el siglo XVII. Los cantos a San Jerónimo y a Santa Inés, que se realizaban en estilo gregoriano, están decorados con pan de oro y con tintas rojas y negras de origen mineral. Las páginas son de pergamino de cuero de vaca, y han sido elaboradas tomando en cuenta las antiguas técnicas europeas. Están cosidas con una fibra vegetal, tal vez de cáñamo. Hay por lo menos quince de estos libros corales en la biblioteca del convento de Santo Domingo. 

Sonia Merizalde, quien también trabaja en el proyecto de restauración, explica que los libros corales tenían ese tamaño para que los frailes pudieran ver de lejos las notas y textos y saber qué entonar. La decoración de los libros corales, explica, tiene influencia europea y también del Oriente Medio. 


Con esta cámara de aire se realiza una limpieza profunda de cada uno de los libros. 

El trabajo de los expertos de la fundación Conservartecuador, que dirige Ramiro Endara, magister en restauración, se concentra actualmente en la renovación del área de la biblioteca. Hay por lo menos 32 mil 500 libros en ese espacio.

El trabajo de los expertos de la fundación Conservartecuador, que dirige Ramiro Endara, magister en restauración, se concentra actualmente en la renovación del área de la biblioteca. El techo fue recientemente restaurado, y los libros más antiguos del convento, que son anteriores al año 1500 son guardados con seguridades especiales. En varias estanterías de madera se pueden observar libros de distintas épocas, desde los primeros tiempos de la colonia hasta la actualidad. Algunos lucen pastas de cuero de res, otros empastados más modernos. Hay por lo menos 32 mil 500 libros en ese espacio. 


Ramiro Endara, director de la Fundación Conservartecuador, encabeza el equipo. 

La gran mayoría de ellos son de teología, de religión y de filosofía, pero hay una apreciable cantidad de volúmenes de medicina y otros conocimientos, pues la bibliteca servía para la educación de los frailes que vivían en el enorme convento.

Merizalde destaca el buen estado de conservación de los libros en la biblioteca del convento, donde hay una temperatura de 17,5 grados y una humedad relativa de 55%. Los libros corales fueron, hace un año y medio, limpiados y restaurados, y se pudo determinar que las pinturas originales fueron restauradas con una nueva sobreescritura. La limpieza se hace con agua y alcohol, así como con brochas.


Las condiciones de temperatura y humedad del recinto son monitoreadas. 


Los libros están inventariados y clasificados desde 1996 

Hoy, la fundación Conservartecuador realiza una intervención en la biblioteca que consiste en la limpieza de los libros. La mayoría de ellos, que ya están inventariados y numerados, son retirados de sus estanterías y llevados a una mesa de trabajo. En ella se les quita parte del polvo y, luego, se los coloca en una cámara de aire en donde varias aspiradoras retiran el polvo que tienen los volúmenes. Las estanterías son limpiadas y luego se los devuelve a su sitio. Los libros son analizados en un laboratorio para determinar la composición de las tintas y los papeles usados en los tomos de la biblioteca. 

El libro más antiguo del convento está fechado en 1482, y es un libro de filosofía, que mantiene los frailes bajo su custodia. 

El libro más antiguo del convento está fechado en 1482, y es un libro de filosofía, que mantieneN los frailes bajo su custodia en una caja fuerte especial.

Cooperación holandesa 

Ramiro Endara Martínez destaca que el trabajo se realiza con el apoyo del Fondo del Príncipe Claus de los Países Bajos. Claus, príncipe consorte de Holanda, fue el esposo de la reina emérita Beatrix y padre del actual rey, Guillermo Alejandro. El fondo que lleva su nombre financia varias obras de conservación en América Latina, región de donde proviene la reina Máxima, quien es argentina.

Endara destaca que cuenta con apoyo internacional para el financiamiento de este tipo de programas, en especial, con la cooperación del Fondo del Príncipe Claus. Varias obras de restauración integral se han hecho en el convento de Santo Domingo, como la capilla de la Virgen del Rosario. La restauración de la torre del reloj de Calceta, en Manabí, y la restauración de la biblioteca del convento de San Agustín en Quito son otras obras que ha realizado la fundación que dirige. Por lo menos nueve personas están trabajando en el proyecto, incluyendo filólogos y restauradores de papel.

"Varios expertos creen que unas de las colecciones de libros coloniales están en los conventos de Quito. La colección más grande de incunables del Ecuador se encuentra aquí", explica el experto. 


El equipo de resturadores recibe recursos del fondo del príncipe Claus, de los Países Bajos. 

"Varios expertos creen que unas de las colecciones de libros coloniales están en los conventos de Quito. La colección más grande de incunables del Ecuador se encuentra aquí", explica el experto.

Según Endara no se han recibido fondos del Gobierno ni del Municipio para este proyecto, si bien los análisis químicos se hacen en los laboratorios del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural. El Ministerio de Cultura realiza la supervisión de las obras. El experto cree que las colecciones y la estructura del convento de Santo Domingo se encuentran en buen estado de conservación, pero siempre es necesario realizar trabajos de mantenimiento continuo. 

En 1996 se hizo una catalogación inicial de la biblioteca, destaca Endara, pero asegura que la fase final será mejorar los sistemas contraincendios, antirrobo y la posibilidad de que el público acceda a la biblioteca, proyecto que podría llegar a valer hasta USD 50 mil. El actual proceso de restauración concluirá a fines de este mes de junio. 

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