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4 de Noviembre del 2015
Cultura
Lectura: 7 minutos
4 de Noviembre del 2015
Desirée Yépez
Gabriel Baumann provoca con letras y melodías

Foto: David Parra

El joven cantante, hijo del cómico alemán Cristoph Baumann y de la ecuatoriana Tamara Navas, es vocalista de Swing Original Monks. 

 

Foto: David Parra

Su contacto formal con la música se dio a eso de los 20 años, cuando empezó a hacer letras, poesía, rap, como necesidad de sacar las ideas que crecían en su cabeza. 

 

Para el vocalista de Swing Original Monks, la música, el arte en general, sirve para cuestionar e inspirar al público. Sus letras surgen de sus inquietudes existenciales. Actualmente prepara la segunda producción discográfica de la banda.

Gabriel Baumann es un creador. Y la música es uno de los tantos caminos que recorre para crear.  Inventa realidades y busca la “quinta pata al gato”. Sus letras responden a preguntas existenciales sobre la vida, el mundo… El vocalista de Swing Original Monks tiene ganas de contar, inventar, crear.

El centro de inspiración del ‘alemanaba’ es diverso. Los cuentos e historias que transforma en canción llegan de un periódico, un cartel, una situación en la calle. Su fin es provocar al público, conectar e inspirar. Como artista disfruta de que la gente baile, llore, piense, contemple. Es decir, que haga de su propuesta un buen libro, una buena experiencia.

El arte como forma de vida

Gabriel es hijo de artistas. Sus padres, el alemán Christoph Baumann y la manaba Tamara Navas, siempre estuvieron relacionados con el arte. “Cuando era bebé me llevaban en un canasto gigante a los ensayos y las obras de teatro”. El escenario le resulta algo orgánico, natural.

Sus primeras exploraciones en el arte fueron con el dibujo, las marionetas. A eso de los 13 años se encontró con la música a través de los tambores. “Tocaba en las fogatas, era algo más hippie… Pero fue un paso importante porque desarrollé el ritmo, el contacto con el tiempo musical”.

Más grande, cuando tenía 19, un proyecto de negocio familiar también le dio luces sobre su esencia creativa. En ese entonces, junto a Christoph, emprendió una tienda de panes yuca, corviches, bolones, tortillas, todo al estilo manaba. ‘Mr. Bumbass’ se involucró con el diseño del lugar, desarrollo de recetas, logo… “Al año de estar ahí me di cuenta que no soy una persona de repetir fórmulas. Sentí que el proceso creativo me gustó. Soy un creador”.

La anécdota sirve para entender que Gabriel es un autodidacta. Como cantautor la fórmula ha sido la misma. “Es un camino duro. No es el vago que se queda en la casa, es ir solo, descubrir. Llegas a resultados fuertes, pero es un proceso largo de estar contigo mismo, batallando. Buscas los métodos, un profesor, lees, te informas… Es lanzarme a hacer las cosas a veces sin saber”.

Su contacto formal con la música se dio a eso de los 20 años, cuando empezó a hacer letras, poesía, rap, como necesidad de sacar las ideas que crecían en su cabeza.  “La idea era hacer hip-hop. Con un amigo empezamos a hacer pistas y rapear. Lo mío iba por el lado poético, enfocado al contenido”. Y sobre eso enfatiza en que no le gustan los raperos que hablan de sí mismos permanentemente. “Una letra es más creativa la llevas a otro lado, cuando son diversas”. En esa búsqueda de diversidad también es crítico con esa música que se concentra en fórmulas repetitivas como el amor, desamor… Él quiere hacer algo distinto, no hablar de lo que todos hablan.


Foto: Jimmy Luna

Los Swing Original Monks, una propuesta integral

Cuando empezó a esbozarse la idea de Swing Original Monks, hace aproximadamente seis años, ‘Mr. Bumbass’ la entendió como una propuesta que integre música, teatro, video… Que suponga un espectáculo audiovisual, que combine todas las artes. “Al principio era un proyecto electrónico para rescatar la música popular, tradicional, combinada con ritmos modernos”.

En sus palabras, la propuesta no pretendía ser gran cosa. Nació de la humildad, de ser genuinos en el escenario. “En el medio musical hay una pose del ‘músico’. A veces se descuida el contenido de lo que quieres decir. Hay un compromiso al subirte a un escenario, es algo de mucho respeto, se comunican ideas, sensaciones. A ratos falta sinceridad de mostrarse y decir soy lo que soy y se imponen poses”.

Ellos, como grupo, buscan que el público viva una experiencia y disfrute de una propuesta sincera. “No ostenta ser algo que no es. Somos una mescolanza”. De ahí su primer disco Santa Fanesca (2013). Una propuesta atrevida que combina los intereses de cada uno de los miembros del grupo: rock, punk, cumbia…

Parte de la propuesta ha sido provocar, inspirar a quien los escucha. Pero en este momento de la carrera, Gabriel es consciente de que esa decisión no le compete, sino que es la gente quien escucha lo que quiere escuchar. “A veces me siento un muñeco, un objeto que se sube al escenario y al bajar se siente como un entretenimiento, cuando lo que quieres es llegar más a fondo, transmitir un mensaje, pero te conviertes en una diversión. Con el tiempo lo vas aceptando, porque no puedes controlarlo”.

Actualmente la banda está en una etapa de decisiones. Luego de cinco años descubrieron que si bien el proyecto tiene “cierto potencial”, lo más fuerte es cómo llegar más allá si en Ecuador no hay una industria musical. “El ecuatoriano todavía es inseguro de sí mismo, su cultura, si le gusta lo suyo, comparándolo con lo de afuera. Es complicado, peleas por convencer que te oigan… No es un problema de calidad, sino de difusión para captar público”.

Al mismo tiempo surgen interrogantes de, como artistas, cómo conectar con la gente si, en Ecuador, se escuchan mayoritariamente otros ritmos. “Es una pregunta cultural… Si quieres vivir de esto (música) te lo tienes que preguntar. Cómo hago que funcione económicamente”.

A pesar de los obstáculos, los Swing Original Monks tiene acogida a escala nacional e internacional. De hecho, en el verano de Europa tocan más de lo que tocan en un año en Ecuador. Por eso el reto es conectar con más gente. Ahora preparan el segundo disco, bajo la producción de Eduardo Cabra, de Calle 13. Para lograr financiarlo desarrollaron una campaña de ‘crowfunding’. La idea es que la gente apoye comprando el disco antes de que esté listo.

Sea como sea, Gabriel Baumann tiene claro su panorama. “No voy a dejar de hablar, de decir mis cosas. Algo me pica, me molesta y me incita a sacarlo. No lo presiono. Lo que yo hago es sacar mis ideas, filosofías… Seré un provocador”.


Foto: Romina Luna

 

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