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27 de Noviembre del 2019
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27 de Noviembre del 2019
Redacción Plan V
Derecho salvaje: el manifiesto por la justicia de la Tierra
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"Este libro trata aspectos básicos sobre quiénes somos como personas y especie. También trata sobre cómo podemos transfomar nuestras sociedades, si es que queremos detener la destrucción de la vida en la Tierra": Cormac Cullinan.

 

Cormac Cullinan es un abogado sudafricano que en el 2002 publicó Derecho Salvaje: un manifiesto por la justicia en la Tierra. Su tesis central fue que, para salvar la vida, era necesario imponer obligaciones jurídicas planetarias a los seres humanos, a las instituciones y a las corporaciones. Diecisiete años después, un equipo de juristas de la Universidad Andina Simón Bolívar traduce este texto, que puso por primera vez en el debate jurídico los derechos de la naturaleza.

Portada del libro de Cormac Cullinan, traducido y editado por la Universidad Andina Simón Bolívar y Huaponi Ediciones.

Wild Law: A Manifesto for Earth Justice fue, desde su aparición en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, un libro que informó e inspiró un creciente movimiento internacional por los derechos de la naturaleza. Este fue el primer libro sobre el llamado Derecho de la Tierra (Earth Jurisprudence), un enfoque ecológico al derecho y a la gobernanza ambiental. Cormac Cullinan —un abogado ambiental, activista, escritor y defensor de la sostenibilidad ecológica y los derechos de la naturaleza— dirigió la redacción de la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra, proclamada en Bolivia, el 22 de abril del 2010.

Su contendo ha inspirado decisiones colectivas e individuales, institucionales o de sociedad civil para proteger el ambiente sobre la base de los derechos de la Tierra. Una de estas decisiones due la proclamación de los Derechos de la Naturaleza en la Constitución del Ecuador, aprobada por votación popular en el 2008.

En enero del 2011, el autor decía: "El reto que cada uno de nosotros enfrenta es asumir la responsabilidad para orientar nuestras vidas y nuestras comunidades hacia un futuro ecológico, social y espiritualmente sustentable. Sin embargo, también necesitamos actuar colectivamente para cambiar las estructuras de pensamiento y sociales, que nos impiden hacer la transición, una transición que es indispensable si es que queremos proteger la integridad de la comunidad de la vida en la Tierra, y recuperar el significado del propósito y pertenencia, que viene de ejercer un valioso rol dentro de esa comunidad".

La edición para el Ecuador fue fruto de la traducción colectiva de Ramiro Ávila Santamaría (actual juez de la Corte Constitucional y quien hace el prólogo a esta edición), David Cordero Heredia, Agustín Grijalva Jiménez y Claudia Narváez Vásconez, de la Universidad Andina Simón Bolívar. La edición es del escritor, académico y crítico lliterario, Fernando Balseca.

David Cordero:
"Pensar diferente ya es una forma de empezar un cambio"

David Cordero, PhD, abogado, es uno de los traductores del libro. Plan V habló con él sobre los impactos que ha tenido este ensayo y lo que se espera en Ecuador, país donde los derechos de la naturaleza es un mandato constitucional.


David Cordero

¿Cuál es la tesis central de Derecho salvaje?

La tesis central es que desde Occidente, desde Grecia, hemos construido lo que ahora conocemos como "pensamiento occidental" hemos visto a la naturaleza como el enemigo o lo que hay que vencer, dominar y usar como recompensa del progreso y al desarrollo. Cuando nos hemos alejado de las visiones no occidentales vamos a ver que eran personas que tenían de todo. En nuestro pensamiento occidental nos especializamos cada vez en lo más pequeño, mientras las visiones no occidentales nos llevan a pesar en el todo; y cuando vemos el todo, independientemente de lo espiritual, nos sentimos parte de un sistema y vemos la necesidad de cuidar lo que él llama la Comunidad de la Vida.  Cuando nos entendemos como tales, tomamos en cuenta que los otros seres vivos, que están a nuestro alrededor, y la misma naturaleza, son parte de lo que nos mantiene vivos. Cuando vemos el todo empezamos a ver lo que nos rodea, no solamente como cosas que podemos poseer, sino que vemos que también debemos respetar a esas plantas y animales porque tienen una razón de existir, así como nosotros buscamos nuestra razón de exisitir, ellos la tienen y conviven con nosotros. 

¿Cómo aterriza eso en el Derecho y en la jurisprudencia? 

La tesis del libro Derecho Salvaje, ya aterrizando en el Derecho, es que nosotros debemos comenzar a pensar en que hay un derecho superior, un Gran Derecho, como dice el autor, y este se refiere a las leyes que rigen el Universo, la Naturaleza y nos dicen cómo debemos mantener la vida. Y Cormac nos dice que cuando escuchamos a la ciencia, cuando vemos todos esos informes sobre el cambio climático, la naturaleza está dándonos las señales de cómo nosotros estamos violando esas leyes, las que nos permiten avanzar hasta cierto punto en la actividad humana sin que destruyamos la vida misma, que es lo que estamos afectando con esta visión occidental de poseer, cosificar y volver mercancía la naturaleza. Él plantea que los sistemas de gobernanza, económicos y legales tienen que estar pensados ya no en esta idea del aprovechamiento económico o utilitario de la naturaleza, sino en  conservar la vida. 

Suena utópicamente muy bien, pero podemos llegar a pensar que las leyes de la naturaleza pueden reemplazar a la cultura. La naturaleza es violenta, sus leyes son rígidas y crueles desde nuestra visión ¿No hay ahí una paradoja?

Ahí el autor dice algo interesante: los animales se comen unos a otros, hay depredadores, pero cuando un animal ataca a otro o se consume una planta, generalmente es un refuerzo de la idea de la vida. Lo hacen para mantenerse con vida y de alguna manera están en ecosistemas en que ese consumo es sustentable. Es algo que sostiene la cadena de la vida.  El gran depredador finalmente termina aportando al ecosistema. Y dice: puede existir violencia pero este Gran Derecho nos pone límites, y cuando lo cruzamos ya no estamos consumiendo para sobrevivir; cuando llegamos a acumular tanto y llegamos a cruzar esa línea, ya no estamos en el equilibrio de la comunidad de la vida y empezamos a extinguir a las demás especies y destruyendo la naturaleza. Estamos acumulando bienes que para los seres humanos son importantes, pero que nos priva a futuro de la posibilidad misma de existir, porque nos quita desde lo más elemental: tener acceso a agua y aire limpios. 

Estamos acumulando bienes que para los humanos son importantes, pero que nos priva a futuro de la posibilidad misma de existir, porque nos quita desde lo más elemental: tener acceso  a agua y aire limpios, por ejemplo.

¿Estamos dentro o fuera de la naturaleza, como seres humanos?

Lo que se ha discutido dentro de los derechos de la naturaleza es que nosotros estamos dentro de la naturaleza pero tenemos un lugar privilegiado, porque entendemos los mecanismos por los cuales esta se maneja. En cambio los animales no pueden escapar a esos mecanismos, por los instintos. Nuestro comportamiento no está regido por esas leyes naturales. Pero como dice Cormac, nosotros racionalmente, en cierta medida tenemos que volver a considerar esas leyes naturales para reacomodar nuestro comportamiento, de forma que no destruyamos la naturaleza y sobre todo su posibilidad de regenerarse. 

Si el libro Derecho salvaje fue editado hace diez años, ¿qué ha pasado en esta década con el mesaje que lleva?

Es interesante. El libro se basa en los estudios de un panel que se instaló para estudiar los efectos del cambio climático. Este panel produce informes cada año, y algo que me llamó la atención mientras traducíamos el libro, es que algunos pronósticos que el autor planteaba hace diez años se fueron cumpliendo. Y esto es grave porque lo que este panel nos decía es que si en este momento los seres humanos paramos toda actividad productiva, el mundo, la Tierra se regeneraría, hasta ahora todos los impactos del ser humano en la naturaleza son reversibles. Pero nos decía este panel que cuando crucemos cierta línea ya no habrá vuelta atrás y todo se irá deteriorando, la calidad del agua, de la tierra, del aire.  Si nos matamos entre nosotros ahora, no pasaría nada en la naturaleza, pero estamos a punto de llegar a una línea en la cual ya no se podrá evitar la destrucción. Una de las discusiones con colegas que no están alineados con los conceptos de los derechos de la naturaleza, es si estamos llegando a un extremos de separarnos de lo humano. Que se ve en algunas expresiones y comportamientos como querer más a una mascota que a un niño. 

¿El concepto hegemónico de humanidad entra en crisis? 

Una de las cosas es debemos pensar es que la Tierra, que sostiene la vida de los animales, las plantas, el agua, y también la de nosotros, está en el centro. Si no la ponemos en el centro y nosotros como humanos creemos que somos el centro, no tendremos ninguna posibilidad de existencia. Sin la Tierra, sin la naturaleza no sobrevivimos. No necesariamente, este avocarnos a la naturaleza tiene que negar la humanidad, no se trata de arrancarse lo humano. Lo que plantea el libro es que debemos ser egoistas porque salvar a la naturaleza es salvar a la especie humana. No es algo altruista, es simplemente entender que sin la naturaleza no podemos vivir y que tenemos que conectarnos con esa idea de que solo el cambio de modos de vida ahora permitirá que las próximas generaciones humanas sobrevivan. Algo que me angustia personalmente es pensar en el mundo que van a vivir nuestros hijos ahora pequeños. Y más en nuestra cultura latinoamericana donde es tan fuerte esto de trabajar por el futuro de nuestros hijos. Nuestra forma de vida, de producir, de consumo, está condenando a nuestro hijos a una vida en la cual no puedan gozar de algo tan simple como que el agua sea gratis al menos en su estado natural, en cosas como salir a jugar sin recibir quemaduras de sol, en el disfrute de la diversidad de las plantas, de los animales...

Sin la Tierra, sin la naturaleza no sobrevivimos. pero No necesariamente, este avocarnos a la naturaleza tiene que negar la humanidad. no se trata de arrancarse lo humano.

Es casi natural ahora el hecho del capitalismo transnacional alimentario, del extractivismo, la esa forma de vida que llevamos. ¿Lo que plantea el libro no es solo la angustia infundada de una minoría?

Esto de lo natural es interesante. Cormac es sudafricano y contaba que cuando iba a la universidad sus profesores al hablar del Derecho no necesariamente estaban haciendo una defensa del apartheid, pero sí les enseñaban que esa era la forma en que estaba organizada la sociedad y así tenía que ser. Y decía él que cuando uno aprende las cosas de esa manera, deja de ver. Y decía que los blancos en Sudáfrica vivían de una forma en que los africanos eran invisibles. La forma en que aprendemos a vivir en esta sociedad nos ciega y nos priva de ver otras formas de vida. Y este pensamiento no occidental está presente. Los mismos pueblos indígenas que viven de otra forma y no han desaparecido. Han resistido a condiciones terribles de exclusión y violencia, pero están ahí. Hay otras formas de vivir. No es fácil, eventualmente va a pasar pero la pregunta es: cuándo nos vamos a dar cuenta de que tenemos que pensar en hacer lo que tenemos que hacer. Cuando crucemos esa línea de no retorno, cuando sea inminente la desaparición de la vida, será tarde. Una forma importante de empezar ese cambio es salir de la matriz en que vivimos, la cual nos dice: esto es natural o no se puede hacer o no se puede cambiar. 

¿Qué se espera en el Ecuador con la difusión de este libro?

El autor contaba que cuando escribía el libro, la gente le decía que es una locura. Que esto de los deechos de la naturaleza nunca iba a suceder. Bueno, sucedió en el Ecuador y él nos decía que en el 2008 en el Ecuador se zanjó la discusión. Ya están ahí, en la Constitución; no se han aplicado, no es algo perfecto, pero están ahí. Y cuando habla de la jurisprudencia de la Tierra, él dice: podemos ir encontrando ejemplos en varios países donde la gente está pensando esto. Pensar diferente ya es empezar un cambio. Tenemos ríos protegidos en Estados Unidos, en Colombia se decretó que un río tenía derecho a no ser alterado, y todos estos elementos hacen que pensemos por fuera del marco que nos impone la modernidad. Entonces, lo que buscamos es que la gente se cuestione. En este momento no hay soluciones sobre el futuro, pero sí es imperioso que empecemos a diseñar el futuro. Me llama la atención ahora que los niños y adolescentes no están en este molde; aún no les convencemos de que lo ideal es la forma de vida que llevamos. Muchos adultos están siendo educados por estos niños y empiezan a preocuparse. Es fundamental abrir espacios de discusión y creo que hay gente en todas las ramas de la ciencia que está pensando en qué hacer; creo que el Derecho se ha rezagado un poco y por eso es importante que este libro esté aquí. Es mucho lo que se puede hacer desde el Derecho. Y fuera de ese ámbito es también importante ver esos otros ejemplos que existen, de formas de vida que no son "nuestra" forma de vida y que vemos como natural, y aprender de las visiones alternativas. 

 

 

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