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Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

24/08/2016
El espectáculo de las firmas
¿Cómo esperan que creamos los ecuatorianos que, para armar este teatro de megalomanía y arribismo, estas fanáticas dispongan, como han dicho, de un ejército de más de 7 mil personas? Eso querría decir que dispusieron de 32 voluntarios para cada uno de los 221 cantones o 6 para cada una de las 1149 parroquias de todo el Ecuador. Eso es totalmente ridículo. Ni la Iglesia Católica, ni la Coca Cola tienen ese nivel de organización.
15/08/2016
Hijos del castrismo
En Cuba no hay libertad. Hay un solo partido: el comunista; un solo periódico: el Granma; un solo empleador legal: el Estado. Pero sus élites son felices y no pasan hambre. Se dan una vida de monarcas. Igual que en la Venezuela de Chávez, en la Argentina de los Kirchner o en el Ecuador de Correa.
05/08/2016
¿Fraude en Penipe?
Pero aquí solo puede haber una mentira absoluta y, además, una verdad absoluta. Es absolutamente imposible que un cantón con menos de 7 mil personas se consigan 45 mil firmas. Es una mentira ridícula que todos y cada uno de esos habitantes, incluyendo ancianos, enfermos, niños, minusválidos y mujeres en gestación, hayan dejado sus ocupaciones para conseguir 6.4 firmas ¡cada uno!
25/07/2016
La ley Cayambe
Después de casi una década de vivir del correísmo, Fausto Cayambe asegura que las críticas le provocan daños emocionales y que ser criticado por la opinión pública o por los adversarios ideológicos debe ser prohibido y perseguido por la ley. Siguiendo la influencia del fraseo ridículo del “linchamiento mediático”, Cayambe propone para esta figura el nombre de “bulling laboral”.
18/07/2016
El correísmo es fascismo
El correísmo es hoy un capitalismo de Estado. Su modelo empresarial público busca convertir a la economía ecuatoriana en un sistema donde se estatiza los aportes del Estado a entidades públicas no estatales y se confisca lo privado. Representa lo más agrio del capitalismo de Estado porque se considera dueño de las asignaciones constitucionales a los municipios y a los demás gobiernos locales, a las universidades públicas y cofinanciadas, a los jubilados en forma de pensión y, próximamente, de los sueldos del funcionariado público.
11/07/2016
Rafael, contigo nunca
Rafael Correa no puede ser candidato en las próximas elecciones. Aunque lo deseara con desenfreno o aunque esto dependa de la bravuconería de los mismos de siempre, no puede. Correa, contigo estarán los que estén dispuestos a derogar la democracia. Los demás, Rafael, contigo nunca.
04/07/2016
¿Viteri contra Lasso?
El correísmo tiene que decidir qué poder del estado quiere conservar. Si se decide por mantenerse en el Legislativo y bloquear la fiscalización de los últimos nueve años de impunidad, entonces candidatizará a Lenin Moreno en el primer puesto de la lista nacional para asambleístas. Pero así gastaría su única carta para conservar el poder Ejecutivo, con el riesgo de que la Asamblea se llene de opositores con ganas de fiscalizar.
20/06/2016
Agente de la CIA
Las acusaciones de Telesur, del diario El Telégrafo y de otros aparatos de propaganda correísta acompañadas de las confirmaciones hechas por el mismo presidente Correa revalidan los intentos trasnochados de incriminar a los críticos en trabajos espionaje para la CIA. Esto delata la textura de un estilo político antidemocrático y el intento de ejecutar moralmente a los opositores.
08/06/2016
Sed de venganza
En estos días, TeleSur, la cadena chavista financiada con impuestos de los países bolivarianos, se encuentra en una apasionada campaña de desprestigio a algunos de los opositores y críticos por desvelar graves denuncias de corrupción en contra del gobierno del presidente Correa. En la fantasía correísta todos los críticos son traidores. Por eso los oficialistas insisten en su teoría de que una nueva época para la política en Ecuador es imposible sin ellos. Ellos son la patria y lo demás, es la antipatria.
23/05/2016
El triunfo de la estupidez
Las libertades de opinión y de expresión, la separación de poderes, los límites al ejercicio del poder, la transparencia en la administración de las cuentas y la moral pública son algunos de los elementos más representativos, además de muchos otros, que demuestran que esta década será recordada como la derrota de la democracia.

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