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9 de Octubre del 2023
Historias
Lectura: 10 minutos
9 de Octubre del 2023
Julian Estrella López

Ingeniero Ambiental por la Universidad de Cuenca. Maestro en Ciencias de la Sostenibilidad por la Universidad Nacional Autónoma de México.

15 de octubre: un plebiscito entre democracia y autoritarismo
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Este domingo 15 de octubre se realizará la segunda vuelta electoral en Ecuador. Foto: PlanV

 

El 15 de octubre el Ecuador decidirá si quiere salir de la democracia, si quiere regresar a un modelo antidemocrático que usará todos los medios posibles para no volver a soltar el poder, con la expectativa, acaso, de que ese modelo garantizará avances en materia de seguridad y lucha contra la pobreza.

Un plebiscito es una forma de consulta popular que ocurre en un país sobre temas políticos clave, principalmente referentes a la estructura del Estado. El plebiscito es utilizado para llevar a consideración de todas las personas que conforman una sociedad decisiones tan importantes como su independencia o forma de gobierno, diferenciándose del referendo, que suele tener un alcance más restringido.

Un plebiscito referencial en el tiempo reciente y en la región es el que ocurrió en Chile, en 1988, documentado en la película “No” de Pablo Larraín. En ese momento, la dictadura de Pinochet, siguiendo disposiciones de la Constitución Política de 1980, convocó a un plebiscito para decidir si él seguía o no en el poder por 8 años más. La victoria del “no” condujo al fin de la dictadura y al inicio de la transición a la democracia.

Un plebiscito para transitar a la democracia es algo no muy frecuente en regímenes totalitarios. Menos frecuente, tal vez inédito, es que el plebiscito trate sobre salir de la democracia. Y eso es, en la práctica, a lo que nos enfrentaremos el domingo 15 de octubre en Ecuador.

El correísmo no es un proyecto democrático, y esto lo ha demostrado con creces.

1. El correísmo no cree en la división de poderes. Muestra de ello fue la consulta popular de 2011, cuando lograron “meter las manos en la justicia” y por tanto terminar con el principio democrático fundamental de la división de poderes. Actualmente, lo que está haciendo el CPCCS en control del correísmo, ¿no es acaso muestra suficiente de su permanente asedio a la institucionalidad democrática? ¿No fue su propio líder el que dijo que el presidente es el jefe de todo el estado ecuatoriano: poder ejecutivo, poder legislativo, poder judicial, poder electoral, poder de transparencia y control social, superintendencias, procuraduría, contraloría? ¿No dijeron recientemente que su plan, en caso de volver al poder, es cambiar la Fiscalía, Contraloría, Procuraduría, Consejo de la Judicatura y Corte Constitucional (como ya lo hicieron)?

2. El correísmo defiende a dictaduras totalitarias. En el último debate, su candidata, para evadir la pregunta de Ruth del Salto sobre si cuestionará o condenará a las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua, dijo que el Ecuador siempre se ha mantenido y debe seguirse manteniendo al margen de los problemas internos de cada país.

En primer lugar, eso es mentira: Ecuador propuso e impulsó la “Doctrina Roldós”, en 1980, documento de gran valor democrático que establecía que el respeto y la defensa de los derechos humanos, políticos, económicos y sociales es una obligación internacional a la que están sujetos los Estados y que está por encima del principio de no intervención. En segundo lugar, que no solo no condenen, sino que defiendan y asesoren a dictadores que persiguen, torturan y exilian a quienes se les oponen, ¿no es un claro mensaje de lo que harían aquí, como Ya lo hicieron?

Rafael Correa ha realizado algunas consultorías para el chavismo venezolano de Nicolás Maduro. Foto: AFP

El hecho de que el líder correista sea asesor económico de la dictadura venezolana y que su candidato a vicepresidente defienda la ideologización de las fuerzas armadas, como ocurrió en Venezuela, ¿no es un claro mensaje de lo que quieren para el Ecuador?

3. El correísmo no cree en las elecciones libres. Cuando tuvieron el poder, uno de sus grandes empeños fue tomarse la función electoral. Lo lograron a través del CPCCS y, a partir de eso, todas las acciones del CNE estuvieron marcadas por la sospecha y la sombra totalitaria. Dos muestras: la eliminación arbitraria de firmas para la consulta popular por el Yasuní, que ocasionó que esa consulta pueda ocurrir recién 10 años después, y la elección presidencial donde ganó Moreno en medio de varias irregularidades. El descaro mayor: que el presidente del CNE que posesionó a Moreno, Juan Pozo, fue condecorado poco después en Carondelet. Tomarse el CNE, ¿también Lo volverán a hacer?

Las violaciones de derechos humanos durante el correato en Ecuador motivaron demandas internacionales.  Foto: Archivo El Universo

4. El correísmo no defiende los derechos humanos, por el contrario, los vulnera de manera sistemática. 286 casos graves de violaciones de derechos entre 2007 y 2017, afectando a más de 8.000 personas; entre ellos, 52 asesinatos sin aclarar y 24 ejecuciones extrajudiciales; 170 casos de tortura; 8 ataques armados a pueblos y comunidades indígenas; 2.348 violaciones de derechos a periodistas, entre los que se cuentan amenazas, detenciones arbitrarias, censura, linchamiento mediático y agresiones físicas; 5.630 víctimas de represión y criminalización de la protesta social… Y el encubrimiento terrorífico de más de 900 abusos sexuales en el sistema escolar público.

Un proyecto que no cree en la división de poderes, que desprecia las elecciones libres, que vulnera sistemáticamente los derechos humanos, que defiende regímenes totalitarios, que cree en la ideologización de las fuerzas armadas, no puede llamarse democrático. Elegir ese proyecto es, simplemente, elegir salir de la democracia.

En este punto, en discusiones con ideólogas e ideólogos correistas, su última defensa suele ser: “la democracia no da de comer”. Es sano que acepten que su proyecto no es democrático. Y es deshonesto que digan eso con tanta ligereza, cuando no hay evidencia en la historia de que los proyectos antidemocráticos sean más eficientes a la hora de “dar de comer”.

Por el contrario, una economía planificada desde el estado central, fundamento de las dictaduras socialistas y comunistas, es capaz de matar de hambre a las personas, literalmente, como sucedió entre 1932 y 1933 en Ucrania, durante el Holodomor. Más cerca en tiempo y distancia, ¿no es acaso el hambre, entre otros factores, lo que ha motivado la emigración de millones de personas desde Venezuela? Cuba, Venezuela y Nicaragua son ejemplos cercanos de que las dictaduras implican no solo la vulneración de derechos civiles y políticos, sino también, sobre todo, retrocesos enormes en derechos sociales y económicos.

¡Qué peligroso sería salir de la democracia! Es cierto que la democracia no garantiza, por sí misma, la plena garantía de derechos ni el avance en justicia e igualdad social. La ineptitud e indolencia del gobierno de Lasso dan cuenta de ello.

Pero el gobierno de Lasso, que por acción u omisión dejará un país con mayor violencia, inseguridad y pobreza, ya se va, a diferencia de los gobiernos socialistas de la región, aliados políticos y programáticos del correísmo, que siguen profundizando la violencia, la inseguridad y la pobreza, y lo seguirán haciendo, porque ni siquiera se han planteado la posibilidad de dejar el poder.

Lasso deja tras su gobierno trunco un pais con más inseguridad, pobreza y violencia. Foto: Presidencia de la República

El avance en derechos requiere, necesariamente, de un sistema democrático donde las personas puedan defender esos derechos y las instituciones actúen de manera autónoma. Sin ir muy lejos, los avances más significativos en las agendas de derechos: matrimonio igualitario, despenalización del aborto por violación, consultas populares en proyectos mineros y petroleros, han sido gracias a la existencia de condiciones mínimas que permitan la libre asociatividad, organización y expresión, y a que existe independencia entre las funciones del Estado, como no ocurría en la década correísta.

El 15 de octubre el Ecuador decidirá si quiere salir de la democracia, si quiere regresar a un modelo antidemocrático que usará todos los medios posibles para no volver a soltar el poder, con la expectativa, acaso, de que ese modelo garantizará avances en materia de seguridad y lucha contra la pobreza.

El riesgo: que esos avances se produzcan a través de pactos con el narco y, en materia económica, sean, nuevamente, contraproducentes: eliminación de fondos de emergencia, uso como caja chica de los fondos del Seguro Social y endeudamiento irresponsable, cuando no quiebra e hipoteca del país (como Ya lo hicieron). La alternativa: una propuesta que no ha mostrado, hasta el momento, una visión contraria a la democracia y que, si llegara a hacerlo, tendrá pocas posibilidades de consolidar un modelo autoritario al no tener mayoría en la asamblea ni cuotas en la función judicial y órganos de control.

Eso decidiremos el 15 de octubre: volver a un sistema totalitario o mantenernos en un sistema democrático con un gobierno al que, dentro de un año y medio, podremos volver a cambiar. De eso se trata la democracia, a fin de cuentas: de tener la posibilidad de seguir decidiendo por qué camino ir para avanzar en derechos y mejorar las condiciones de vida para todas y todos.

Decidamos seguir decidiendo, elijamos democracia.

No vo’a decir por quién votaré, pero ahí están todas las señales.

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15 de octubre: un plebiscito entre democracia y autoritarismo
 


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