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24 de Enero del 2022
Historias
Lectura: 12 minutos
24 de Enero del 2022
Julian Estrella López

Ingeniero Ambiental por la Universidad de Cuenca. Maestro en Ciencias de la Sostenibilidad por la Universidad Nacional Autónoma de México.

Campo minado: ¿Nos llevará Lasso por el largo camino minero?
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Fotomontaje: PlanV

 

Guillermo Lasso no es el primer presidente con la variante ecuatoriana de la fiebre del oro. Por el contrario, de seguir con su plan de reapertura del catastro minero y de impulso a los proyectos estratégicos de minería de gran escala, estaría solamente recorriendo el camino abierto por el gobierno de Rafael Correa y continuado por el de Lenin Moreno.


Trescientos habitantes de la ciudad de Zaruma intentaban salvar los bienes que podían durante la mañana del jueves 16 de diciembre de 2021. Desde la tarde anterior, un hundimiento en la calle y el derrumbe de una vivienda de tres pisos había sembrado el pánico en la pequeña ciudad patrimonial. Para el jueves, había un boquete de 25 metros de diámetro en media ciudad; a su alrededor, cinco casas se mantenían precariamente en pie. 

No es la primera desgracia que ocurre en Zaruma debido a las excavaciones para la realización de prácticas de minería metálica, ni será la última, a decir de las alertas que datan de 2013 y antes. Lamentablemente, no es más que otro capítulo de una serie de desastres anunciados. Y aún peor, podría ser la piedra angular para la legitimación de la minería “legal” y de gran escala por parte del gobierno de Guillermo Lasso, que ve este tipo de minería como una de sus propias piedras angulares para la inversión extranjera y, teóricamente, para el “desarrollo sostenible” del país.


Las labores mineras en túneles bajo el mismo centro de Zaruma, en El Oro, terminaron provocando un socavón que destruyó varias casas. Foto: El Universo

En efecto, de todo lo dicho y llevado a cabo por el Gobierno después del 16 de diciembre, nada hace pensar que los planes de minería a gran escala se encuentren en entredicho; por el contrario, las declaraciones ministeriales y del presidente han puesto énfasis únicamente en el control de la minería ilegal. Así, la voz oficial es que “el problema no es la minería per sé, si no la minería ilegal”.

Como ha ocurrido con la mayoría de panaceas regionales y globales: azúcar, caucho, café, petróleo, etc., el interés en expandir la explotación metálica es más económico que social, y más particular que colectivo...

Lasso no es el primer presidente con la variante ecuatoriana de la fiebre del oro. Por el contrario, de seguir con su plan de reapertura del catastro minero y de impulso a los proyectos estratégicos de minería de gran escala, estaría solamente recorriendo el camino abierto por el gobierno de Rafael Correa y continuado por el de Lenin Moreno, que a su vez no hacían más que llevar a cabo un plan global orientado a multiplicar exponencialmente la explotación de metales preciosos, como supuesta nueva panacea para solucionar los problemas de hambre y pobreza en el mundo. En realidad, como ha ocurrido con la mayoría de panaceas regionales y globales: azúcar, caucho, café, petróleo, etc., el interés en expandir la explotación metálica es más económico que social, y más particular que colectivo... además de todos los desastres ecológicos causados por estos booms, incluyendo al boom minero.

Pero, ¿puede realmente la minería de gran escala contribuir al desarrollo sostenible? ¿puede ser la minería, “sostenible”? ¿o la senda minera no es más que un campo minado, donde irremediablemente explotaremos... o nos hundiremos?

Desarrollo sostenible

A diferencia de la concepción tradicional de desarrollo, basada en el crecimiento económico para mejorar las condiciones de vida de las personas, sin mayores consideraciones acerca del entorno natural, el Desarrollo Sostenible parte de la comprensión de que la calidad de vida de la sociedad humana, presente y futura, depende totalmente del mantenimiento de ecosistemas saludables, y por tanto promueve una conjunción entre bienestar social y económico y equilibrio ecológico.

Estas tres dimensiones: social, económica y ecológica, más una cuarta referente a lo político, son la base de la “Agenda 2015-2030 para el Desarrollo Sostenible” y sus 17 “Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)”. La riqueza de la Agenda 2030 reside en definir que los ODS, sus metas y sus medios de implementación son universales y de carácter integrado, indivisible e interrelacionado. Así, ningún proyecto o actividad que pretenda contribuir al cumplimiento de uno de los objetivos, debería afectar la posibilidad de consecución de los otros, sino que tendría que propender a la sinergia, en la línea de la propuesta de “Desarrollo a Escala Humana” (Max-Neef y colaboradores), que plantea que la satisfacción de una necesidad humana esencial no debe condicionar o poner en riesgo la satisfacción de otras necesidades.

Desde la propia definición de desarrollo sostenible, la minería no tiene cabida porque, a nombre de satisfacer objetivos económicos y sociales, pone en riesgo la única dimensión de la cual dependen las otras: la ecológica.

Desde la propia definición de desarrollo sostenible, la minería no tiene cabida porque, a nombre de satisfacer objetivos económicos y sociales, pone en riesgo la única dimensión de la cual dependen las otras: la ecológica. Y es que la minería de gran escala es una de las actividades humanas más destructivas y contaminantes, debido a la intensidad y duración de las afectaciones ocasionadas a los ecosistemas. 

Minería y contaminación

En general, los daños a los ecosistemas tienen que ver con el elevado uso de agua, la contaminación de acuíferos con compuestos altamente tóxicos como cianuro, arsénico, plomo y mercurio, y la enorme producción de desechos sólidos, desechos peligrosos y ácidos atmosféricos. Estos impactos ponen en riesgo no solo a los seres vivos y elementos superficiales de los ecosistemas, sino también, y sobre todo, al elemento más importante de ellos: el agua. Solo como ejemplos, según datos del Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina (OCMAL), el uso de agua de un proyecto minero llega a ser de 250.000 Litros por hora para procesamiento, y en Estados Unidos se ha estimado que cada proyecto minero estaría contaminando hasta 4 mil millones de galones de agua cada año debido al drenaje ácido de minas. Incluso negando el valor intrínseco de los ecosistemas y traduciéndolo a términos económicos de costo-beneficio, el costo de remediación por la contaminación del agua de un solo proyecto minero puede llegar a ser de 1.700 y hasta 2.000 millones de dólares... por año, cada año. En Ecuador, un caso referencial es el de la contaminación del Río Junin con arsénico, manganeso y zinc, y de las Cascadas Gemelas, en Intag, Imbabura.


Las cascadas gemelas de Íntag cambiaron de color luego de que se realizaran trabajos de prospección minera en el sector.  Foto: Carlos Zorilla. Archivo

Pero no solo que la minería de metales preciosos va en detrimento de la sostenibilidad por sus afectaciones directas a los ecosistemas; también están comprobados los efectos negativos de la minería en cuanto a la superación de las condiciones sociales de marginalidad y exclusión.

Pero no solo que la minería de metales preciosos va en detrimento de la sostenibilidad por sus afectaciones directas a los ecosistemas; también están comprobados los efectos negativos de la minería en cuanto a la superación de las condiciones sociales de marginalidad y exclusión. La industria minera, en lugar de asociarse con experiencias de superación de brechas sociales, está ligada, en general, a procesos de reproducción de la pobreza, marginación social y poca aportación al empleo y la industria. En cuanto a empleo, según la Organización Internacional del Trabajo, la minería representa únicamente el 1% de la fuerza de trabajo mundial, y al mismo tiempo es causante de alrededor del 8% de accidentes mortales en el trabajo. Además, la actividad se encuentra ligada a situaciones de aumento de la violencia de género y prostitución en sus zonas de influencia, además de impactos a la salud psicosocial de las personas. Por último, la explotación minera, debido a su alta conflictividad, requiere normalmente de la complicidad de los estados a través de leyes que favorezcan la explotación e incluso mediante el uso de la fuerza para para imponer los proyectos y reprimir la resistencia social, como se ha documentado largamente en proyectos mineros en Perú, México, Argentina, Chile, Colombia, Honduras, Ecuador y más países de la región. En nuestro país, con la megaminería todavía sin consolidarse, ya se han producido desalojos violentos en comunidades como Nankintz y San Marcos.

Estos datos, que son solo una muestra, confirman que no se puede considerar a la industria minera de gran escala una actividad sostenible: 1) es una actividad que no puede perdurar en el tiempo porque trabaja con elementos no renovables, 2) pone en riesgo el ya de por sí delicado equilibrio ecológico, 3) profundiza los problemas sociales relacionados con la escasez y contaminación del agua, y 4) los aportes socioeconómicos que puede generar son mínimos al contrastarlos con los problemas sociales que ocasiona, la energía que consume, los desechos que genera -y sus costos de remediación- y la conflictividad que causa.

El problema no es la minería ilegal, presidente Lasso. El problema es la minería. Y si no lo cree, debería, antes de seguir impulsando la minería de gran escala, ir a las comunidades afectadas por los proyectos mineros.

El problema no es la minería ilegal, presidente Lasso. El problema es la minería. Y si no lo cree, debería, antes de seguir impulsando la minería de gran escala, ir a las comunidades afectadas por los proyectos mineros, y constatar usted mismo los niveles de abuso por parte de las mineras, a veces en complicidad con el Estado, y las graves afectaciones a los ecosistemas y a los cuerpos de agua, de quienes depende, en última instancia, el sostenimiento de nuestras sociedades. Si, a pesar de todo esto, y a pesar de la oposición y resistencia de las comunidades afectadas por los proyectos mineros y de quienes defendemos una sostenibilidad real, usted insiste en llevarnos por ese campo minado, es seguro que Zaruma no será la última catástrofe ocasionada por la minería, ni la más grave.

 

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