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4 de Abril del 2024
Historias
Lectura: 18 minutos
4 de Abril del 2024
Ugo Stornaiolo
"¡Corriente y comida!", el grito que se oye en toda Cuba
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La policía cubana y los servicios de inteligencia de la isla reprimen cualquier tipo de protesta contra el heredero de los Castro, Miguel Díaz Canel. Foto: AFP

 

Cuba es hoy una isla que maneja en forma integral y textual, todo el concepto del aislamiento. Un país que, a nombre de una presunta democracia, ha quitado todas las libertades, que reprime a quienes protestan porque no tienen leche, pan, luz eléctrica y todo lo básico para su vida.


Deben ser muy pocos los ingenuos —porque la alta jerarquía castrista lo sabe desde hace mucho—, que creen que esta es, otra vez, la peor crisis por la que ha pasado Cuba, desde el denominado “período especial”, cuando colapsó la Unión Soviética en 1991, y que sigue siendo por causa del “malvado imperialismo yankee” y de los “gusanos” cubanos de Miami. El presidente Miguel Díaz-Canel intenta endosar el malestar a los “agentes infiltrados” en el país, que incitan a la rebelión.

Pero, como dice el viejo adagio, “el peor ciego no es el que no ve, sino el que no quiere ver”, Cuba está viviendo en los últimos días las mayores protestas desde las últimas movilizaciones de julio de 2021, ferozmente reprimidas por la temible Guardia Nacional y por los servicios de la Inteligencia Cubana.

Esta protesta fue iniciada en Santiago de los Caballeros, segunda ciudad de la isla, a causa de los frecuentes y casi continuados cortes de energía eléctrica y la ya endémica escasez de alimentos y a la que, horas más tarde, se sumaron otras provincias. Los gendarmes detuvieron a miles de personas y se denunció muchos casos de represión y abusos policiales. Para intentar paliar este malestar, el régimen envió cargamentos de arroz y leche.

Pero, las limosnas duran lo que los productos enviados. Los cubanos se sienten asfixiados por los cortes de luz (a lo que se suma una fuerte ola de calor en todo el Caribe) y los racionamientos de comida que se han realizado por años y que incluyen cada vez menos productos como leche, pan, pollo o carne. Por décadas, la única salida del país han sido las balsas y precarias embarcaciones en las que los desesperados cubanos buscan llegar a Key West (Cayo Hueso) en la Florida, que está a 92 kilómetros de la isla.

Y no se trata de los “marielitos”, presidiarios y gente de la peor calaña, que fue enviada a Estados Unidos por el régimen de Fidel Castro, intentando corromper desde dentro al “paraíso capitalista”.

Es inevitable hacer una comparación con muchos de los migrantes venezolanos que han llegado a varios países, como el Ecuador y los mismos EE. UU., provocando con sus fechorías que se cree el caos (situación por la que actualmente pasa Nueva York).

Tres son las palabras que resuenan como gritos desesperados que evidencian una situación precaria que bordea los límites de una hambruna nacional: “hambre”, “corriente” (electricidad) y “libertad”. Aunque las autoridades parecen estar conscientes de la emergencia, atribuyen ese malestar a injerencias del exilio cubano en Miami.

El propio presidente, Miguel Díaz-Canel, dio a conocer en las redes sociales que “este contexto (de crisis) se intenta aprovechar por los enemigos de la Revolución, con fines desestabilizadores”. De paso también señaló a los “políticos mediocres y terroristas” que “se alinearon desde el sur de Florida para calentar las calles de Cuba”.

Un nuevo y alarmante deterioro de la calidad de vida provoca protestas en toda la isla. Foto: X The Political Room

Como ya no se puede tapar el sol con un dedo, este tipo de reacción, habitual en el régimen, trata de desviar la atención de la urgencia que el país tiene: buscar una salida a la crisis. Es verdad que el bloqueo de EE.UU. tiene alguna influencia en la situación desde hace varias décadas, donde el régimen cubano ha buscado asociarse con países de similar sistema político (autocráticos) para sustituir la dependencia al cercano país americano. Lo hicieron con los soviéticos, con los chinos, con los iraníes y con los venezolanos (en los tiempos de la bonanza petrolera de Hugo Chávez).

Pero si en algo se caracteriza la actual crisis es precisamente por la incapacidad que el país ha tenido para impulsar su economía. La llamada “tarea de ordenamiento” de 2021, que prometía a la gente mejoras mediante una especie de cohabitación entre el peso cubano y el dólar estadounidense fracasó estruendosamente, provocó que se dispare la inflación y causó la destitución del ministro de Economía, Alejandro Gil, lo que avivó la tesis del lavado de cara del Gobierno por la oleada de recortes y discrepancias internas. Gil era quien manejaba la economía de la isla desde 2018 y su gestión fue un completo desastre. Pero era muy poco lo que podía hacer…

La emergencia tiene distintas caras: escasez de alimentos, una merma en la producción de azúcar (después de tantos años de la famosa “zafra de Fidel”, el país tiene que importar este producto), los recortes de luz y el déficit fiscal que llega al 18,5% el más alto desde hace una década.

El régimen trata de disimular el descontento con represión, pero existen tensiones en el aparato gubernamental, expuestas a principios de febrero con la destitución del ministro de Economía, Alejandro Gil Fernández, a quien Díaz-Canel le achacó “graves errores” y anunció que lo investigaría por corrupción sin que se conozcan las acusaciones.

Al no existir una verdadera democracia en ese país, no se puede exigir al presidente soluciones ni que escuche las demandas de la población.

Un segundo “período especial”

Lo de las largas filas en cualquier centro de abasto, panaderías, carnicerías o en las gasolineras es algo que no llama la atención y, aunque el gobierno lo intenta esconder, es algo que ya forma parte de la vida cotidiana de los cubanos.

Como se preguntaba la periodista de Deutsche Welle (DW), Rosa Muñoz Lima ¿vive Cuba un segundo Período Especial? "Cuba se enfrenta a la peor crisis económica desde el Periodo Especial", como advertía a inicios de 2023 el economista cubano Carmelo Mesa-Lago, en un artículo publicado por el Cuban Research Institute de la Universidad Internacional de Florida.

Aunque las colas para adquirir alimentos llevan décadas en Cuba, en los últimos meses la situación se agravó.  Foto: Archivo Reuters

Mesa-Lago considera al actual como “un segundo Período Especial” -en relación a la crisis tras la caída de la Unión Soviética en 1991- y que se manifiesta en tres formas: protestas públicas, éxodo masivo y abstencionismo electoral. Según Mesa-Lago, en Cuba están acostumbrados a culpar de la crisis a una sola causa: la ineficiencia del sistema de planificación centralizada y estatal del régimen comunista o al embargo o “bloqueo” económico estadounidense.

De acuerdo con el experto, que vive en Miami, la crisis tiene otros elementos. El principal es el desgaste de los vínculos con Venezuela (país que se encuentra en una crisis similar porque se trataba del principal proveedor de combustibles y alimentos a la isla hasta que estalló la crisis que vive actualmente el régimen de Maduro), el impacto de la pandemia del Covid y la guerra en Ucrania, que ha hecho inalcanzables los precios de alimentos y combustibles.

Con una economía acostumbrada a la importación de casi todos los alimentos (entregados con cartillas de racionamiento), cualquier sobresalto internacional y caída o aumento de precios afecta a una economía acostumbrada desde hace 65 años a los subsidios y a la presencia estatal en casi todo. Por eso, cualquier cambio, a Cuba lo afecta mucho más.

Una de las joyas de la corona, la zafra del azúcar, presente desde el comienzo de la revolución en todos los planes económicos, a partir de la llegada al poder de los barbudos, encabezados por Fidel Castro, se ha visto cada año más afectada y en franco deterioro, porque el azúcar es esencial para la vida cubana, como endulzante y para la fabricación de uno de los productos estrella del país, el ron.

La agricultura ha recibido apenas el 40 % del combustible, el 4 % de fertilizantes y el 20 % del alimento animal que necesita. A esto hay que agregar que la producción de huevos ha disminuido. Apenas 5 huevos mensuales por familia. La producción de arroz igualmente ha bajado y en el caso del fréjol, solo se ha logrado un 9 % de la producción, comparada con el 2016. Y lo mismo pasa con el café (la producción alcanza para un día al mes).

Mientras los consumidores luchan contra la inflación y la escasez de bienes, el peso cubano (CUP) sigue devaluándose y llegó a 260 pesos por dólar en el mercado informal, menos de la mitad de su valor de 2023, en un país donde el salario promedio de un médico o educador llega a los 6.000 pesos -unos $20- mensuales.

El 11 de julio de 2021, miles de cubanos salieron a las calles a gritar "tenemos hambre", "abajo la dictadura" o "libertad", en unas protestas inéditas desde la revolución de 1959. Y pese a las duras condenas impuestas a muchos manifestantes, los cubanos parecen haber perdido el miedo a ventilar públicamente su descontento.

En 2021 fuertes protestas evidenciaron nuevamente la inconformidad de la población. Yamil Lage (AFP)

En 2022 hubo manifestaciones esporádicas contra los apagones o cortes de electricidad en varias provincias. En mayo de 2023, decenas de personas se manifestaron contra la escasez de alimentos y medicinas en Caimanera, una localidad a mil kilómetros al este de La Habana. Más recientemente, un grupo de mujeres cerró una calle en la Habana Vieja, para protestar por la escasez de agua potable.

Las elecciones parlamentarias del año pasado tuvieron uno de los mayores índices de abstención desde 1959. Con un sistema unipartidista y una participación electoral casi unánime, solamente uno de cada cuatro cubanos convocados a las urnas (el 24,08 %) acudió a votar, como un voto de castigo en medio de la crisis. Aunque el abstencionismo en las municipales de noviembre de 2022 fue mayor, con el 31,42 %.

El Gobierno comunista cubano culpa de las crisis a las seis décadas del embargo económico de EE. UU. En los cálculos, entre marzo de 2022 y febrero de 2023, se hablaba de pérdidas de casi 5 mil millones de dólares. Para las autoridades cubanas ese “bloqueo” supuso a su economía una pérdida de alrededor de 159.000 millones de dólares desde el inicio del veto. Los EE. UU., sostienen que “son herramientas para hacer avanzar la democracia y promover el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales” en el país caribeño.

Las sanciones limitan los vuelos y remesas a Cuba, inversiones, transacciones financieras y acceso a créditos, presionan a los bancos que actúan como corresponsales de bancos cubanos, dificultan el acceso a tecnología para la industria biofarmacéutica, y otros aspectos. Pero, niegan su responsabilidad en que Cuba tenga que importar pollo de EE. UU. y no lo produzca y tampoco de la caída de la industria azucarera

En los últimos dos años, la emigración superó el medio millón de cubanos, según datos oficiales de la Patrulla Fronteriza estadounidense. Solo en el último año, un 2 % de los cubanos (alrededor de 220 mil) intentaron salir de una isla con 11 millones de habitantes. Este éxodo reciente supera las cifras de las olas migratorias anteriores y reúne al grupo de población económicamente activa, entre 19 y 49 años. La isla ya tiene problemas demográficos, una población envejecida, mientras que jóvenes y adultos en edad laboral se van porque no ven un horizonte ni futuro.

“Lo que Cuba necesita es una reforma integral”, concluye la analista Everleny Pérez. Pero se pregunta “si hay voluntad política para hacerla”. Y recuerda que incluso Vietnam, con un sistema político similar, “demostró que realmente hay que jugar con el mercado de una forma más creciente”.

A pesar de las limitaciones con la internet, las protestas populares se organizan por medio de redes sociales en la Cuba actual.  Foto: Reuters

¿Se cae el comunismo en Cuba?

Para Gonzalo Ortiz, en un reciente artículo, se trata del derrumbe del comunismo en Cuba. “Miles, de hombres y mujeres protestaron el domingo al grito de “¡Corriente y comida!”, Reclamaban por la falta de corriente eléctrica que se traduce en largos apagones, de 10 horas diarias en algunas regiones (y hasta de 12, hace poco, en Bayamo), y la carencia generalizada de alimentos básicos. En la protesta no solo se reclamó la electricidad y la comida (conmovedor el grito de “Tenemos hambre”)”.

Agrega Ortiz que “aquellas voces también clamaban Libertad y Patria y vida, el grito que se popularizó en las manifestaciones de 2021. El presidente Miguel Díaz-Canel en su previsible respuesta, acusó de haber organizado las protestas a “terroristas radicados en EE. UU.”. Los medios oficialistas se dieron el trabajo de decir que muy pocas personas gritaron “Patria y vida” y que no hubo quién los siguiera, un acto fallido donde los haya, pues muestra lo que de verdad teme el régimen: que, del reclamo por la carencia de alimentos y energía, la población pase a una reivindicación política, extremo que siempre se ha reprimido con ferocidad en estos 65 años”.

No se trata de agitadores o disidentes, como proclama el régimen castrista. Son madres que carecen de lo básico para su subsistencia, jóvenes que no tienen trabajo, personas mayores que se cansaron de soportar las arengas y proclamas, como las famosas de más de ocho horas que hacía Fidel Castro desde la Plaza de la Revolución.

“Como se expresa en el adolorido grito de Tenemos hambre, el problema alimenticio en Cuba es mucho mayor. Tampoco hay harina de trigo ni aceite comestible, ergo no hay pan. El arroz es muy escaso. Los apagones arruinan la poca comida que se consigue (y eso que aún no ha llegado el verano)”, agrega Ortiz.

“Y, para remate, absurdo en una economía centralmente planificada, hay una inflación incontrolada que hace subir en espiral el precio de los pocos productos que se venden. Si los cubanos han vivido una crisis perpetua desde la caída del bloque soviético, ahora el deterioro es general y ha llegado hasta a la salud pública y la educación, de las que antes se gloriaban… ¿No es para estar hartos del comunismo?”, señala el columnista.

Muchos de los jóvenes de anteriores generaciones que, en algún momento, hace cinco décadas, vieron en la Revolución Cubana una esperanza, hoy ven una dictadura sanguinaria, como a la que los barbudos derrotaron cuando cayó Fulgencio Batista, pero que acentuaron y han convertido en lo peor del sistema político que dicen reivindicar. Hoy son más decepciones que certezas y hay trasnochados que siguen viendo en el socialismo las soluciones que el mundo necesita.

Cuba es hoy una isla que maneja en forma integral y textual, todo el concepto del aislamiento. Un país que, a nombre de una presunta democracia, ha quitado todas las libertades, que reprime a quienes protestan porque no tienen leche, pan, luz eléctrica y todo lo básico para su vida. Se acusa de disidentes y contrarrevolucionarios a quienes disienten con el régimen. Si ya ni exportan azúcar, producto del que eran los principales proveedores mundiales hasta 2018. “Es la pura ineptitud, que ha sacrificado el bienestar de generaciones ante el altar de un marxismo mecánico y cerril”, concluye Ortiz Crespo. Para muchos cubanos es algo que ya han vivido y que no saben cuándo terminará...

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