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28 de Febrero del 2024
Historias
Lectura: 14 minutos
28 de Febrero del 2024
Richard Salazar Medina

Antropólogo y politólogo. Docente universitario

Donald Trump y la amenaza rusa
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Las relaciones entre Estados Unidos y la OTAN son parte del debate electoral en Estados Unidos y la postura de Trump es cuestionada.  Foto: Mike Segar / Reuters

 

Trump, un cultor de la posverdad, aseguró haber advertido al “presidente de un gran país europeo” que, “si no hubiera pagado sus facturas con la OTAN” y Rusia atacara ese país no solo que no lo protegería, sino que alentaría a su atacante. Estas declaraciones, dichas por un potencial presidente de los EEUU, han encendido las alarmas.


La posverdad es una mentira creíble y emocionante. Hace pocos días, durante un mitin de campaña para su ansiado retorno a la Casa Blanca, Donald Trump, un cultor de la posverdad, aseguró haber advertido al “presidente de un gran país europeo” que, “si no hubiera pagado sus facturas con la OTAN” y Rusia atacara ese país no solo que no lo protegería, sino que alentaría a su atacante. Estas declaraciones, dichas por un potencial presidente de los EEUU, han encendido las alarmas en Europa y entre políticos y expertos de los propios EEUU. El presidente de ese país, Joe Biden ha calificado estos comentarios como “espantosos y peligrosos”. Para Joseph Borrell, representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Seguridad, esas palabras no son más que “tonterías” de Trump.

Tal conducta, proclamada por Trump, transgrediría el leitmotiv de la coalición, que promulga la defensa mutua de los estados miembros. El Artículo 5 del estatuto de la Alianza Atlántica afirma que cualquier ataque contra un miembro representa un ataque a todas las naciones que la conforman. Pero lo dicho por el expresidente republicano sería todo lo contrario; significa que EEUU con Trump empezaría a militar en contra de la OTAN.

Sin embargo, lo del “pago de facturas” es impreciso y genera malentendidos que encienden la reacción de los estadounidenses; a nadie le gusta que le timen. Dicho así, da la impresión que EEUU es el único país que aporta dinero, que luego se usa para defensa y usufructo de otros países.

El expresidente ha expresado reiteradamente que el dinero de los contribuyentes de su país debe ser usado para el bienestar de los americanos. Detrás de todo esto se encuentra la narrativa de “hacer grande a América otra vez” o Make America great again. Analicemos la realidad.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) fue creada en 1949 con la finalidad de convertirse en un bloque disuasorio (léase militar) de Europa occidental y Norteamérica contra amenazas bélicas. Ello después de los millones de muertes, desastres y miserias que ocasionaron las dos guerras mundiales en Europa (y Japón). La mayor preocupación de Occidente en ese momento era contener a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Como contraparte, la URSS promovió en 1955 la creación del Tratado de Amistad, Colaboración y Asistencia Mutua conocido como el “Pacto de Varsovia”, del cual formaban parte los países alineados con Moscú. Así se dio forma al orden mundial bipolar de la segunda mitad del siglo XX. Fue el telón de fondo de la Guerra Fría, que encarnaba la potencial confrontación bélica de dos modelos hegemónicos de organización política y económica (capitalismo versus comunismo), liderados por EEUU y la URSS. Este orden cambió, entre otras cosas, por la caída del Muro de Berlín (1989) y la disolución de la URSS (1991), lo cual extinguió, al mismo tiempo, al Pacto de Varsovia.

En Vilna se realizó las más reciente foto de familia de los jefes de estado de la OTAN.  Foto: NATO North Atlantic Treaty Organization (CC BY-NC-ND 2.0)

No obstante, la OTAN siguió existiendo y creciendo. Luego del colapso del bloque soviético, 16 nuevos países fueron admitidos. Los últimos fueron Finlandia, en 2023, y Suecia el 26 de febrero de 2024. Ambos países aceleraron su solicitud de admisión tras la invasión rusa a Ucrania (2022).

Así, en la actualidad esta coalición cuenta con 32 Estados miembros: Albania, Alemania, Bélgica, Bulgaria, Canadá, Croacia, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, EEUU, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Islandia, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Macedonia del Norte, Montenegro, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa, Rumania, Suecia y Turquía.

La sede de la OTAN está en Bruselas. Cada país miembro cuenta con una delegación liderada por un embajador. La contribución de los países a la alianza es de dos tipos: por un lado, la más importante, la inversión en defensa que se proponen hacer los países miembros; por otro, los recursos económicos para el funcionamiento de su sede, un pequeño porcentaje en función del anterior.  Profundicemos en esto. 

La principal sede de la OTAN se encuentra en Bruselas, Bélgica.  Foto: Johanna Geron / Pool / Reuters / Archivo

Respecto de la contribución para defensa, se trata de la inversión de cada miembro en sus propias fuerzas armadas, las que se pondrían a disposición de la OTAN si alguno de sus miembros se viera afectado. Estos no son fondos que se entregan a la organización, sino recursos bélicos que los países se comprometen a mantener. En estricto sentido no hay una norma que estipule una contribución precisa.

Sin embargo, desde 2006, cuando se sentía que la organización estaba relajada (algunos países europeos bajaron su inversión en defensa ya que sentían que la amenaza se había desvanecido debido al desplome de la URSS), se adoptó la pauta de que cada país hiciera un gasto anual en defensa del 2% de su Producto Interno Bruto (PIB).

En principio pocos países se concentraron en cumplirlo. Sin embargo, esto cambió abruptamente en 2014, cuando Rusia anexó por la fuerza la península de Crimea (ucraniana). Ese año solo tres países alcanzaban el porcentaje planteado (EEUU, Grecia y Reino Unido). Entonces hubo una declaración más asertiva para tomar en serio la defensa, y la Alianza se planteó el objetivo de que todos sus miembros cumplan con el 2% de inversión anual en defensa hasta 2024. No todos lo han logrado, pero el número de quienes lo cumplen ha subido a 11 hasta 2023; así: Polonia (3,9%), EEUU (3,49%), Grecia (3,01%), Estonia (2,73%), Lituania (2,54%), Finlandia (2,45%), Rumanía (2,44%), Hungría (2,43%), Letonia (2,27%), Reino Unido (2,07%), Eslovaquia (2,03%).  Es paradójico que el país con la más alta inversión respecto a su PIB sea Polonia, habiendo sido la sede de firma del Pacto de Varsovia.

Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos participan en ejercicios de militares de la OTAN en Europa, como estos en Noruega.  Foto: Yves Herman / Reuters

Respecto a los aportes directos de los miembros para el funcionamiento de la sede de la OTAN, es preciso decir que son también proporcionales a la economía de cada país y representan apenas el 0,3% del gasto anual en defensa de los miembros. Esto es, el 0,3% del 2% del PIB de cada país.   
En síntesis, el valor fundamental de la OTAN radica en la defensa colectiva, la combinación de todas las fuerzas armadas de sus miembros, y no en sus oficinas en Europa. Es decir, ningún país de la OTAN le debe nada a EEUU. Tampoco es cierto que EEUU paga mientras otros países no lo hacen. Si bien el nivel de gasto que hace este país en defensa y seguridad es muy superior al de cualquiera del resto de miembros (para 2024, más de 886 mil millones de dólares), y que representa alrededor de dos tercios del valor total de capital de defensa que tiene la OTAN, ello es una inversión en sus propias fuerzas armadas. Por otra parte, tomando en cuenta que esta aportación va en proporción de su propio PIB, siendo la primera potencia económica del mundo, es obvio que el número es superior al del resto de miembros.

Si fuera verdad lo que dice Trump —que pretende hacer menos inversión en compromisos con la OTAN, para hacerlo en favor de los ciudadanos estadounidenses— la solución es sencilla: gastar menos en sus fuerzas armadas e invertir más en programas sociales, productivos u otros que se consideren necesarios (tanto por hacer en EEUU, un país donde puede ser más barato y sencillo comprar un arma que curarse una muela). Al fin y al cabo, es verdad que el gasto de los EEUU en defensa es descomunal frente al de cualquier otro país del mundo: invierte más que China, India, Rusia, Reino Unido, Italia, Alemania, Francia, España, Japón, Corea del Sur y Australia juntos.

Pero es más que improbable que Trump esté dispuesto a hacerlo. La de las armas es una de las principales industrias de su país. Además, estar a la vanguardia exige alta tecnología y una costosa investigación. Así, por ejemplo, los mejores aviones caza del mundo, los sofisticados F-35 de origen estadounidense, cuestan 100 millones de dólares cada uno.  Y no es todo. Los costos en defensa tienen un alto porcentaje de fondos para pago de nómina de personal militar,  administrativo, infraestructura (que no solo está en EEUU), mantenimiento, etc. Por más que quisiera, es inverosímil pensar que los EEUU pudieran gastar menos en este rubro. Así que, aunque EEUU se saliera de la OTAN ese porcentaje de inversión en defensa sería igual, sino superior… Al menos si EEUU quiere seguir siendo la primera potencia mundial.

Lo dicho por Trump, entonces, no es más que demagogia de campaña que, con una información no solo inexacta sino siniestra, busca ganar votos y, quién sabe, también el favor del Kremlin. No hay que olvidar que durante su mandato (2017-2021) enfrentó dos procesos de impeachment por la supuesta intervención de Rusia en las elecciones presidenciales de 2016. Rusia fue señalada como responsable de ciberataques y hackeos de correos electrónicos para perjudicar a la demócrata Hillary Clinton.

Quedaron muchos cabos sueltos. Entre otras cosas, el exasesor de seguridad nacional, Michael Flynn, se declaró culpable de haber mentido al FBI sobre sus contactos con el embajador ruso. George Papadopoulos, otro exasesor de Trump, también admitió haber mentido sobre sus reuniones con intermediarios rusos.

Y un exabogado de Trump, Michael Cohen, se declaró culpable de haber dado falsos testimonios al Congreso sobre los negocios de Trump en Rusia y aseguró que durante la campaña estuvo negociando la construcción de una Torre Trump en Moscú; por ello pagó tres años de prisión. Persisten las opacidades que revelan vínculos influyentes y grandes intereses económicos de Trump en Rusia.

Este es un momento complicado para el expresidente. Hace pocos días un juez del estado de Nueva York lo declaró culpable por un caso de fraude y le ordenó pagar una multa de 355 millones de dólares. Y no es el único juicio. En enero fue condenado a pagar 88,3 millones de dólares a la escritora E. Jean Carroll, por haberla violado en la década de 1990 y luego haberla difamado. Tiene además pendiente el juicio por “conspiración contra Estados Unidos, obstrucción de un procedimiento oficial e interferencia con los derechos electorales”. Todo esto en torno a la elección de 2020 que perdió con Biden. Asimismo, es acusado como instigador de los hechos violentos que protagonizaron sus seguidores el 6 de enero de 2021, para evitar que salga de la Casa Blanca. Aun no se sabe la fecha de este juicio que, en principio, debía llevarse a cabo en marzo. No obstante, de los 9 jueces de la Corte Suprema que debe decidir en esta causa, 6 son conservadores (léase, afines con el partido republicano), y 3 de ellos fueron designados por Trump durante su mandato.

Del otro lado del mundo, Putin ha demostrado que va en serio en Ucrania y territorios vecinos; y que, en las postrimerías de su vida, no piensa dejar pendiente la que considera su misión en la historia: el “hacer grande a Rusia otra vez”. Retorna la sombra de la Guerra Fría. Hay que recordar que este momento China está apoyando a Rusia (“el enemigo de mi enemigo es mi amigo”)…

La relación entre Vladimir Putin y Donald Trump es ambigüa.  Foto: Sergei Bobylev / AP

En 2016 Trump elogió al nuevo zar ruso. Dijo, “Putin es un gran líder… me llevaría muy bien con él. Y no creo que tuviera los tipos de problemas que está teniendo ahora mismo”. Si bien Putin ha dicho que prefiere a Biden en la Casa Blanca, la declaración de Trump resulta también un mensaje para él: te dejaré que hagas lo que quieras, que invadas el país que quieras, es más, te alentaré a que lo hagas….  Quién sabe Putin esté dispuesto a darle una mano (¿de nuevo?) para llegar a la Casa Blanca y, con ello, pueda Trump promover una agenda de impunidad personal, un clásico de la corrupción en la política.

Lo novedoso en este caso es que sería a costa de una agenda geopolítica multilateral construida durante décadas.

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