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17 de Enero del 2024
Historias
Lectura: 19 minutos
17 de Enero del 2024
Ugo Stornaiolo (*)
Dos guerras que tienen en vilo al mundo
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Soldados israelíes operan en la Franja de Gaza en medio del conflicto en curso entre Israel y el grupo islamista palestino Hamas. Foto del 18 de diciembre de 2023. © Fuerzas de Defensa de Israel -Vía Reuters

 

El apoyo decidido de los estadounidenses al régimen de Benjamín Netanyahu muestra un doble rasero en las actitudes que está mostrando la primera potencia militar del mundo, donde el gobierno de Biden sigue intentando que el senado de su país apruebe paquetes de ayuda a Israel, pero sin dejar de lado la asistencia a Ucrania, que muchos de sus aliados afirman ya no estar tan dispuestos a conceder.


Es fácil catalogar fenómenos cuando tienen ciertas similitudes. Más aún si es que se trata de guerras que se desarrollan en algunas partes del mundo que, como consecuencia, han traído destrucción y una sinrazón que los libros de historia recogerán en los próximos años. Pero, hay que decir que la invasión de Rusia a Ucrania y el ataque de Israel a la franja de Gaza, ocupada por el grupo islámico Hamás, no pueden ser sujetos de una asimilación, peor de una comparación.

En Gaza y Ucrania se puede constatar la doble moral de EE.UU. y sus aliados, porque mientras el gobierno de Biden busca “unir al mundo” para combatir las amenazas a la democracia, lo que se ve en el campo de batalla dista mucho de ser una lucha por el sostenimiento de lo que se conoce como “modelo de democracia occidental”. Tanto en Rusia y en Ucrania, como en Gaza e Israel, en lo que menos se está pensando es en eso, precisamente.

Rusia es un país dominado por un autócrata con sueños imperiales de devolver a Rusia el brillo de siglos pasados, al punto que Vladimir Putin es calificado como “el zar soviético”, porque su mezcla ideológica tiene tanto del Zar Nicolás II como de Lenin y Stalin. No se queda atrás Volodimir Zelenski, presidente ucraniano, a quien los rusos acusan de ser un fascista, lo que no sería tan descabellado, por la conformación de su gobierno.

Israel ha sido gobernado desde hace algunas décadas por los llamados “halcones”, que son los sucesores de toda una época en la que Israel defendió sus territorios de los ataques de los países árabes que lo rodean, a partir de la creación del Estado judío, con los enfrentamientos bélicos del 48, la Guerra de los Seis Días en los años 60, el Yon Kippur en los 80 y las más recientes incursiones que se vienen realizando en la franja de Gaza y en la frontera con El Líbano con el objetivo de “barrer” con los grupos terroristas que, por algunas décadas, han realizado ataques contra el estado hebreo, a partir de la denominada Intifada hasta la guerra santa.

Han sido muchos los daños causados por los ataques aéreos israelíes en el sur de la Franja de Gaza, mientras que Washington critica a Rusia por los ataques contra civiles en Ucrania, pero los detractores señalan que se ha dicho poco sobre un sufrimiento parecido en Gaza, que ha dejado una cantidad de muertes menor que la de Ucrania, pero no menos notoria.

Según el periodista de The New York Times, Neil MacFarquhar, por más de veinte meses “el gobierno de Joe Biden ha buscado situarse en un plano de superioridad moral frente a Rusia, al condenar la guerra brutal contra Ucrania por matar civiles de manera indiscriminada”, un papel que no parece quedarle al país otrora denominado “gendarme del mundo”.

Mientras Israel bombardeaba la Franja de Gaza, causando la muerte de ya más de cuatro mil personas desde octubre pasado, el apoyo del gobierno de Biden corría el riesgo de crear resistencia en su intento de consolidar un liderazgo mundial que viene siendo cuestionado desde hace algunos años.

Este argumento caló hondo en buena parte de Occidente, pero es visto con desconfianza en el resto del mundo, que percibe estas conflagraciones más como conflictos entre las grandes potencias, donde que los principales beneficiarios son los traficantes de armas, que siguen haciendo grandes negocios en medio de la muerte de civiles y destrucción de ciudades. Las armas van y vienen y llegan a todos los implicados.

Mientras Israel bombardeaba la Franja de Gaza, causando la muerte de ya más de cuatro mil personas desde octubre pasado, el apoyo del gobierno de Biden corría el riesgo de crear resistencia en su intento de consolidar un liderazgo mundial que viene siendo discutido y cuestionado desde hace algunos años y, que con la presencia del expresidente Donald Trump en el escenario electoral estadounidense, podría llevar a fojas cero cualquier tipo de ayuda a Ucrania y vería reducida la presencia de tropas de ese país en Medio Oriente, por la postura del polémico político.

Tanques israelíes, estacionados cerca de la frontera con Líbano, el 11 de octubre de 2023. Foto: Ariel Schalit / Associated Press

Biden confunde las cosas al poner en el mismo plano el apoyo de EE.UU. a Ucrania y a Israel señalando que ambas naciones son democracias enfrentadas a enemigos decididos a “aniquilarlas”. Rusia quiere completar su obra (Putin dijo que duraría dos semanas y han pasado casi dos años) anexionándose buena parte del territorio de Ucrania, mientras que Hamás, que controla Gaza y niega la existencia del Estado judío, organizó un ataque terrorista que mató alrededor de 1400 personas en el sur de Israel. La respuesta de los “halcones” fue inmediata y violenta.

El apoyo decidido de los estadounidenses al régimen de Benjamín Netanyahu muestra un doble rasero en las actitudes que está mostrando la primera potencia militar del mundo, donde el gobierno de Biden sigue intentando que el senado de su país apruebe paquetes de ayuda a Israel, pero sin dejar de lado la asistencia a Ucrania, que muchos de sus aliados afirman ya no estar tan dispuestos a conceder.

Según los analistas, se vuelve a colocar al Medio Oriente como un escenario en donde se desarrolla una lucha por la influencia en el sur global -el nombre colectivo que se les ha dado a las naciones en desarrollo de África, Asia y América Latina- que tiene como rivales a Occidente con Rusia y China.

“La guerra en Medio Oriente abrirá una brecha cada vez mayor entre Occidente y países como Brasil o Indonesia, países clave del sur global”, dice Clifford Kupchan, presidente del Eurasia Group, una organización de evaluación de riesgos con sede en Nueva York. “Eso dificultará aún más la cooperación internacional para Ucrania, como la aplicación de sanciones a Rusia”, agregó.

Manifestantes con banderas y pancartas marchan en apoyo a los palestinos en Londres, sábado 21 de octubre de 2023. Los letreros dicen "Libertad a Palestina. Terminar la ocupación israelí". La guerra entre Hamas e Israel sigue remeciendo al mundo. Foto: AP Foto / David Cliff

Las reacciones en todo el mundo

El presidente de Indonesia, Joko Widodo, la nación musulmana más poblada, al tiempo que desconoce a Israel condenó las “continuas injusticias contra el pueblo palestino”. Para este líder, la guerra en Gaza solo empeorará la situación mundial y provocará el aumento de los precios del petróleo, mientras que la guerra en Ucrania ya detuvo las exportaciones de trigo.

El presidente de Brasil, Lula da Silva, criticó el suministro estadounidense de armas a Ucrania por “alentar” la guerra, pero culpó a ambas partes del conflicto y se ofreció como mediador. Brasil, que preside el Consejo de Seguridad de la ONU, redactó una resolución para el cese al fuego humanitario en Gaza y a su vez deploró “los atroces ataques terroristas de Hamás”.

EE.UU. vetó esa resolución por no mencionar el derecho de Israel a la autodefensa. Líderes árabes, como el presidente de Egipto, Abdulfatah al-Sisi; el rey de Jordania, Abdalá II, y el ministro de Relaciones Exteriores saudita, el príncipe Faisal bin Farhan arremetieron contra lo que calificaron como doble moral en los discursos en la cumbre de paz de El Cairo. Los palestinos critican a los países occidentales por no expresar la misma indignación por el bombardeo de Gaza como cuando calificaron los ataques con misiles rusos contra ciudades e infraestructura ucraniana.

Cuando inició la invasión rusa a Ucrania, los palestinos veían complacidos la postura occidental contra un país que ocupaba otro, dijo Nour Odeh, una comentarista política palestina, “pero parece que la ocupación solo es mala si la hacen los tipos que no están de tu lado”.

Lo que pasa en Israel y la franja de Gaza no es sólo la continuación del conflicto palestino-israelí, sino la formación de un nuevo "eje del mal": Rusia-Irán-China (más sus países satélites), que está destruyendo el orden mundial pretendido, de acuerdo la visión de Occidente.

El conflicto en Gaza parece haber beneficiado al Kremlin, pues desvió la atención de la guerra en Ucrania y mejoró la imagen de Putin y Rusia en el Medio Oriente y el sur global. El presidente ruso, Vladimir Putin, intenta recuperar la influencia perdida por la URSS en esta región, enviando fuerzas militares a las guerras civiles de Siria y Libia y se ha acercado a Irán, un país que Israel considera una amenaza para su seguridad. Putin comparó el ataque en Gaza con el asedio a Leningrado en la segunda guerra mundial.

China también intenta ampliar su influencia en el Medio Oriente, y fue parte de un acuerdo entre Irán y Arabia Saudita para restablecer relaciones. Por otra parte, ni Rusia ni China condenan a Hamás, pero sí critican el trato de Israel a los palestinos. La causa palestina siempre tuvo apoyo de los países en desarrollo. La guerra en Gaza no hizo más que acrecentar el resentimiento que tienen en África, Asia y América Latina ante el hecho de que EE. UU. y sus aliados traten a Ucrania como un caso especial e ignoren lo que ocurre en Medio Oriente.

La guerra, un año después: así ha cambiado Ucrania tras la invasión de Rusia Foto: Getty Images

Hay la percepción de que Occidente “se preocupa más por los refugiados y los civiles ucranianos que sufren, que cuando hay sufrimiento en Yemen, en Gaza, en Sudán, en Siria”, dijo Hanna Notte, analista de Eurasia en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, con sede en Berlín. Por eso EE. UU. y sus aliados no pueden convencer a países como India y Turquía que apoyen sanciones contra Rusia.

En Medio Oriente

Lo que pasa en Israel y la franja de Gaza no es sólo la continuación del conflicto palestino-israelí, sino la formación de un nuevo "eje del mal": Rusia-Irán-China (más sus países satélites), que está destruyendo el orden mundial pretendido, de acuerdo la visión de Occidente. No está claro que Irán tenga algo que ver con los ataques de Hamás contra Israel, mientras que China parece no entrar en este juego, pero la sombra de ese país se halla en las acciones de rusos, iraníes e incluso norcoreanos. Irán patrocina tanto a Hamás como al Hezbolá libanés. Armas rusas en manos de los terroristas de Hamás parecen evidenciarlo.

Por ahora, Israel parece haber recuperado el control sobre sus territorios y continúa con sus acciones bélicas en Gaza. Mientras tanto, en la frontera con Líbano la presencia de Hezbolá es relevante. Muchos analistas sostienen que el ataque de Hamás contra Israel fue preparado y apoyado por actores más influyentes. Los israelíes buscaron venganza, rápida y dura. La brutalidad excesiva y una operación terrestre atraen a organizaciones terroristas y países que podrían implicarse en una guerra contra Israel. Hay interrogantes sobre un reciente ataque iraní en territorios de Siria (presuntamente atacando al Estado Islámico) y en la región kurda del sur de Iraq (por la supuesta presencia de una célula del Mossad israelí —la inteligencia de ese país— en esos territorios).

El grupo chií libanés se atribuyó la autoría del lanzamiento de misiles antitanque perpetrado contra el norte de Israel. Ahmed Saad / Reuters

Rusia aparece del lado de Hamás, organización terrorista históricamente financiada por la URSS y luego por Irán y aún mantiene vínculos con esos grupos. La Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa ucraniano advierte que Rusia impulsará la idea de que fue Ucrania que suministró armas a Hamás.

China tiene más presencia en la escena mundial por su expansión en Europa, Asia y África, con la ayuda de “estados canallas” como Corea del Norte, Irán y Rusia, que dependen de la asistencia china. Mientras tanto, Pekín crea conflictos y reanuda viejas guerras —como fueron los casos de Hong Kong y algunas escaramuzas en Taiwán—, oponiéndose al modelo democrático liderado por EE.UU.

Occidente fracasó en su intento de instaurar regímenes democráticos en Medio Oriente (los fiascos en Iraq o en Afganistán lo evidencian), lo que más más bien alentó el surgimiento de regímenes autoritarios y movimientos revolucionarios violentos.

Occidente teme que se desate una guerra mundial de imprevisibles consecuencias por lo que ese nuevo "eje del mal" —China, Rusia e Irán— representa. Las autocracias se movilizan más ágilmente, porque no respetan las reglas del juego ni las normas del derecho internacional. Por su parte, Occidente intenta sostener su desgastado modelo democrático y para ellos la guerra no es la opción viable. A esa disyuntiva se opone la postura de Rusia, Irán y China que, con su poder bélico y nuclear, no se lo puede soslayar.

Por eso, se exige a Occidente una actuación más decidida, porque hay ejemplos de su ineficacia en el pasado, como su débil reacción ante la anexión rusa de los territorios ucranianos del Dombás y de Crimea y ante la acción de las tropas de Putin en Georgia. A esto se suma una ola de golpes de estado que se han estado dando en países africanos que, aparentemente, no tienen la impronta rusa.

El conflicto palestino-israelí tiene raíces históricas de larga data. Pero este nuevo estallido es precisamente por la débil respuesta occidental a las pretensiones rusas. Las sanciones económicas contra ese país ya no surten efectos, mientras que los paquetes de ayuda bélica resultan insuficientes. Y todo esto juega a favor de Rusia, mientras el senado estadounidense le sigue negando a Biden financiamiento para la ayuda a Ucrania.

Rusia, Hamás y Hezbolá parecen tener un objetivo común claro, con la única diferencia que Rusia posee armas nucleares. Y la debilidad de Occidente ante Rusia demuestra que si, a lo anterior, se suman grupos terroristas con posibilidades de acceder a ese armamento, el riesgo puede incrementarse peligrosamente. 

Occidente fracasó en su intento de instaurar regímenes democráticos en Medio Oriente (los fiascos en Iraq o en Afganistán lo evidencian), lo que más más bien alentó el surgimiento de regímenes autoritarios y movimientos revolucionarios violentos. Los gobiernos autocráticos y dictatoriales son esencialmente terroristas y lo van a seguir siendo.

¿Es posible comparar los conflictos entre Hamas e Israel y Rusia con Ucrania?

Aunque ambos son conflictos internacionales, existen diferencias significativas entre lo que sucede entre Hamas e Israel y entre Rusia y Ucrania. El problema entre Hamas e Israel tiene raíces principalmente en disputas territoriales, políticas y religiosas en la región de Israel y Palestina. El conflicto entre Rusia y Ucrania se originó con la anexión de Crimea por parte de Rusia en 2014 y se ha exacerbado por tensiones políticas y étnicas, especialmente en las regiones orientales de Ucrania.

Hamas es un grupo islámico palestino que controla la Franja de Gaza, mientras que Israel es un Estado judío en medio de países árabes como una cuña (definición geopolítica de Friedrich Ratzel). El conflicto involucra a actores no estatales, como Hamas, así como a fuerzas militares estatales, las de Israel. En el caso de Rusia y Ucrania, ambos son Estados soberanos, con Rusia como potencia mundial —nuclear y bélica, no hay que olvidarlo— y Ucrania como un país independiente que trata de alejarse de la égida rusa y acercarse al occidente europeo, buscando unirse a la OTAN y a la UE.

El conflicto entre Hamas e Israel está arraigado en la compleja historia de la región de Oriente Medio, con implicaciones religiosas, históricas y políticas, mientras que el conflicto ruso-ucraniano tiene ramificaciones más amplias en términos de las relaciones que mantiene Rusia con la comunidad internacional, especialmente con la Unión Europea y los EE. UU.

En el conflicto entre Hamas e Israel, la comunidad internacional ha buscado una mediación y ha expresado su preocupación por los derechos humanos en la región. En el caso de Rusia y Ucrania, las respuestas internacionales incluyeron sanciones contra Rusia y esfuerzos diplomáticos para encontrar una solución pacífica. Aunque ambos son conflictos internacionales, cada uno tiene sus propias dinámicas y desafíos únicos. Las causas subyacentes, los actores involucrados y el contexto geopolítico son diferentes.

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