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10 de Octubre del 2023
Historias
Lectura: 10 minutos
10 de Octubre del 2023
Fernando López Romero

Historiador. Investigador social. Profesor principal e investigador de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador.

El quinto jinete
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Columna de humo tras el ataque de aviones israelíes a la torre Palestina, en Gaza, el 7 de octubre de 2023. EFE/ Mohammed Saber

 

El ataque de Hamas ocurre justamente cuando avanza la iniciativa estadounidense para la creación de una especie de OTAN del Medio Oriente, con Israel a la cabeza de las más reaccionarias monarquías de la región. Es posible deducir que este ataque será utilizado para justificar la política de seguridad norteamericana en toda el área.


En una acción que, por su efecto sorpresa y por su audacia, ha sido comparada con los atentados contra las Torres Gemelas, el 7 de octubre pasado la milicia Hamas, con misiles y cientos de milicianos, atacó al Estado de Israel por tierra y desde el aire.

En pocos días las víctimas se elevan a miles de muertos y heridos, israelitas y palestinos. Y, como en todas las guerras contemporáneas, la inmensa mayoría de víctimas son los no combatientes, especialmente los niños, los ancianos y las mujeres.

También, como en toda guerra, la verdad ha sufrido un terrible revés. Es así como, en el lado occidental del mundo, el Estado de Israel es presentado como la víctima, se cierran filas en su defensa, y se abre el camino para justificar la masacre que se cierne, una vez más, sobre el pueblo palestino.

No extraña que los países que en las Naciones Unidas no reconocen la existencia plena del Estado Palestino, sean los mismos que no solo apoyan la continuación de la guerra en Ucrania sino que baten palmas por su ampliación hacia la península de Crimea.

El ataque de Hamas a la población civil de Israel debe ser condenado, y también la brutal represalia del Estado Sionista contra la población civil de la Franja de Gaza; y condenada la progresiva ocupación de colonos israelitas, amparados por el despliegue de sus fuerzas armadas, de los territorios palestinos en la Cisjordania.

Varias personas trasladan a un herido al hospital Al-Shifa en Gaza, después de un ataque aéreo israelí.EFE/EPA/Mohammed Saber

El ataque de Hamas ocurre justamente cuando avanza la iniciativa estadounidense para la creación de una especie de OTAN del Medio Oriente, con Israel a la cabeza de las más reaccionarias monarquías de la región. Es posible deducir que este ataque será utilizado para justificar la política de seguridad norteamericana en toda el área, cerrando filas en la preparación del escenario del conflicto geopolítico principal por la hegemonía mundial, que se librará en el Pacífico entre los Estados Unidos y China.

Pero hay un aspecto del paralelismo histórico entre el ataque de Hamas y el ataque de Al Qaeda que no es mencionado por el imponente despliegue propagandístico en favor del Estado Sionista: Al Qaeda fue creado a partir del apoyo del Pentágono a los talibanes en Afganistán en los años 80 del siglo pasado, y Hamas es, a su vez, una creación del Estado de Israel.

Ante la denuncia desde hace varios años de los medios occidentales sobre el apoyo de Israel a Hamas, Benjamín Netanyahu, la figura principal de la extrema derecha sionista, justificaba ese apoyo económico como necesario para los intereses del Estado de Israel.

Hacia finales de los años 80, en el marco de la Primera Intifada (“La guerra de las piedras”), el levantamiento de la población palestina de la Franja de Gaza contra la ocupación israelita, fue creada Hamas. Su antecedente fueron las organizaciones asistencialistas financiadas por los Hermanos Musulmanes de Egipto. Israel vio en Hamas el instrumento para debilitar a las organizaciones palestinas nacionalistas laicas, que dirigían a la Autoridad Nacional Palestina. Para la Segunda Intifada, en los años 90, Hamas era ya una milicia armada islamista que obtenía el apoyo popular en la Franja de Gaza. El plan diseñado para debilitar a la Autoridad Nacional Palestina se cumplía con precisión.

Al igual que Hamas, la Franja de Gaza es también una creación de Israel. Es un territorio de apenas 360 kilómetros cuadrados, arrinconado entre el Estado de Israel por el este y el norte, limítrofe con Egipto en el sur, y con el Mediterráneo en el oeste.

Al igual que Hamas, la Franja de Gaza es también una creación de Israel. Es un territorio de apenas 360 kilómetros cuadrados, arrinconado entre el Estado de Israel por el este y el norte, limítrofe con Egipto en el sur, y con el Mediterráneo en el oeste. Hacia lo que fue un pequeño puerto pesquero han sido desplazados por la fuerza los despojados de su tierra, que no tienen cabida en el cada vez más expandido Estado de Israel. Allí, en una especie de Soweto, sobreviven dos millones de palestinos, con altos niveles de desempleo, casi sin servicios, y soportando las frecuentes intervenciones militares y policiales de Israel.

Hay muchas cuestiones fundamentales, que no se dicen y que deben ser colocadas en el debate para comprender lo que está ocurriendo en Palestina:

Que el actual Israel es una creación histórica reciente, que se remonta al repliegue del antiguo Imperio Otomano y su suplantación por el Imperio Británico, una de las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial. Que el Estado Sionista, creado en 1948, actúa desde entonces en Palestina como una fuerza de ocupación colonial.

Que la idea de la creación de un Estado Nacional Judío en Palestina, luego de la segunda Guerra Mundial contó con el apoyo de las potencias europeas, de los Estados Unidos y de la antigua Unión Soviética. Cada cual, con sus propios intereses y sin considerar la existencia de Palestina.

Que cuando fue creado el Estado de Israel, todavía los sionistas eran un sector minoritario dentro de los judíos, pero que sus organizaciones armadas, como el Irgun, cumplieron un papel decisivo para suprimir la resistencia de los palestinos a la ocupación de sus territorios, y para imponerse sobre los otros sectores judíos.

No se dice, que entonces y ahora, no todos los judíos son sionistas. Que, a lo largo de los años, miles de judíos se han opuesto al servicio militar obligatorio y que han ido a la cárcel como objetores de conciencia.

Tampoco se dice que no todos los sionistas son judíos. En el marco del crecimiento de la extrema derecha en Europa y los Estados Unidos, el sionismo es apoyado con entusiasmo desde los trumpistas norteamericanos, la extrema derecha holandesa y escandinava, hasta el Vox español, los pinochetistas chilenos, Bolsonaro, y los libertarios argentinos, quienes ven al Estado de Israel, como expresión de la presencia del occidente civilizado, en el Oriente Medio oscuro y tribal.

El cuerpo de una niña palestina, que murió en los ataques isralíes, es trasladada a la morgue del hospital Al-Shifa de Gaza, este lunes. ASHRAF AMRA (ANADOLU AGENCY / GETTY

Como Bush hijo en el año 2001, Netanyahu salió inmediatamente a anunciar la venganza, el ojo por ojo. Y los medios adictos a la derecha internacional baten palmas. La guerra entre Israel y Hamas será larga, dicen sus titulares y pronostican sus gurús. Callan que se trata de una guerra del Estado Sionista de Israel contra el pueblo palestino hacinado en la franja de Gaza, que es la oportunidad para acabar con “el problema palestino”, no con Hamas.

El ataque a las Torres Gemelas sirvió para legitimar la llamada Guerra contra el Terror. De inmediato, la operación venganza se cernió sobre Afganistán, con una larga guerra imperialista que ha llevado a la victoria de los talibanes. Después llegó la destrucción de Iraq y su secuela, la creación de Isis y la guerra de Siria. No es aventurado entonces imaginar una extensión del conflicto a escala regional, involucrando a vecinos como El Líbano, que está sumido en una crisis muy grave, y extendiéndose hacia Kurdistán.

Los fundamentalistas islámicos de Hamas y los sionistas coinciden en una cuestión. Unos y otros plantean la existencia de un solo Estado en las tierras de Palestina. Hamas propone un Estado Islámico, integrista y reaccionario, los otros un Estado Sionista, criminal y colonialista.

Los fundamentalistas islámicos de Hamas y los sionistas coinciden en una cuestión. Unos y otros plantean la existencia de un solo Estado en las tierras de Palestina. Hamas propone un Estado Islámico, integrista y reaccionario, los otros un Estado Sionista, criminal y colonialista. Ni el uno ni el otro son posibles sin una conflagración larga y cada vez más brutal; una guerra de exterminio físico, religioso y cultural, que del lado sionista lleva en marcha desde hace tres cuartos de siglo.

Tampoco es viable la existencia de dos Estados, confrontados permanentemente en condiciones cada vez más asimétricas y pasto de los intereses geopolíticos imperiales.

La alternativa que se alienta desde las voces más comprometidas con la paz y con la justicia, es la creación en Palestina de un Estado plurinacional, laico y tolerante con todos los credos y denominaciones religiosas, autónomo y democrático, como alternativa de convivencia de los antiguos pueblos que desde hace miles de años han habitado en las tierras de los pastores hebreos, de los navegantes fenicios, del “Cantar de los Cantares”, de los peregrinos y de los profetas.
 

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