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15 de Agosto del 2023
Historias
Lectura: 22 minutos
15 de Agosto del 2023
Grace Jaramillo
Ensayo sobre el Ecuador
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En Carapungo una pancarta de Luisa González, blandiento una utopía del pasado, con la foto del ex presidente Correa como bandera, condenado a 8 años de prisión por una condena por cohecho. Foto: Luis Argüello. PlanV

 

Después de todos estos años, la autodenominada revolución ciudadana sólo ha cambiado de membrete y colores promocionales, pero se ha rehusado a reconocer errores pasados, peor aún actos probados de corrupción y menos a cambiar de tono de un mensaje constantemente confrontativo y amenazador, en una sociedad que vive en la zozobra.


Empecé a escribir este artículo hace un mes. Lo termino apenas unos días después del magnicidio del candidato presidencial Fernando Villavicencio, apenas unos días antes de las elecciones porque creo que mucho está en juego para el Ecuador y este crimen político marcará un antes y un después en la política nacional y tendrá repercusiones los años que vendrán.

En noviembre del 2014 escribí un artículo de opinión en Diario El Comercio, titulado Bajar a Tierra. Mi tesis central era que Guillermo Lasso —como líder de la oposición en ese momento— debía dar un paso al costado como candidato presidencial para el 2016, con el fin de hacer posible un candidato de centro que tenga mejores posibilidades no sólo de enfrentar al correísmo, sino de generar políticas de consenso que tengan una conexión directa con los ciudadanos de a pie, con aquellos que más estaban sufriendo los embates de la pobreza y para entonces los efectos del terremoto de Manta en la economía de Manabí. Mi texto sentenciaba: “Si el líder máximo de la Revolución Ciudadana hubiera soñado con el contrincante ideal, nunca le hubiera salido tan bien. Guillermo Lasso es simplemente perfecto: banquero, conservador, aristócrata y para gran beneficio de los verdeflex (ahora azul cardenillo), alejado de las más básicas preocupaciones nacionales del día a día…” Decía también que “era la representación más acabada de que no hemos aprendido nada como país. Porque después de la era plutocrática de principios de siglo XX y el feriado bancario de principios de siglo XXI, se necesita realmente ser de teflón para ser banquero y buscar la presidencia del Ecuador. Es como si después de la debacle del 2008, el presidente de Goldman Sachs quisiera ser presidente de los Estados Unidos.”

El entonces líder de la oposición no tardó ni dos días en escribir una furiosa Carta al editor, acusándome de querer inhibir su derecho constitucional a ser elegido, diciéndome que no es conservador ni aristócrata porque es hijo de un funcionario público y, finalmente “lamento que la periodista Jaramillo haya incurrido en la ingenuidad de escribir un texto que será manipulado por el aparato de propaganda del Gobierno, además de no contribuir a promover la unidad de la oposición.”

Guillermo Lasso era banquero, no ha podido ser más conservador en temas sociales y económicos y para culminar, las mujeres ya no sólo tienen que defender todos los días sus derechos sexuales y reproductivos, sino también mendigar la ampliación de presupuestos básicos para albergues y soporte integral contra víctimas de violencia doméstica.

Recordarlo es ahora una necesidad, la constancia de que no sólo seguimos dando vueltas en círculo como país si no que vamos cada vez de mal en peor. Guillermo Lasso era banquero, no ha podido ser más conservador en temas sociales y económicos y para culminar, las mujeres ya no sólo tienen que defender todos los días sus derechos sexuales y reproductivos, sino también mendigar la ampliación de presupuestos básicos para albergues y soporte integral contra víctimas de violencia doméstica. Sobre lo del mote de aristócrata, sobra decir que estaba siendo gentil, apenas usando las múltiples definiciones incluidas en el Diccionario de la Real Academia para adjetivar a “individuos que sobresalen entre los de su mismo ámbito por alguna circunstancia o, al ejercicio del poder político por una clase privilegiada.” En verdad, no es otra cosa la búsqueda de un poder oligárquico, es decir el gobierno de unos pocos que generalmente también detentan poder económico.

Guillermo Lasso ante la Asamblea Nacional. Foto: Carlos Silva / Presidencia de la República.

Es un fenómeno que predomina en América Latina. Desde Vicente Fox a Rafael Piñera, pasando por Mauricio Macri y, por supuesto, Guillermo Lasso. Líderes de grupos económicos, entidades financieras o conglomerados se creen llamados también a captar el poder político, ya sea como presea final a sus múltiples logros económicos o como complemento para captar un poder inigualable en una sociedad en sí misma desigual. Siendo también generosa, quiero pensar que Guillermo Lasso buscó la presidencia por lo primero, no por lo segundo. Pero, aún si se trataba de lo primero y lo que buscó Guillermo Lasso es la más grande presea, ser presidente de la República, eso no explica su triste, tristísimo desempeño. Pasó 12 años buscando la presidencia y ¿no tenía listo planes y programas de gobierno con detalles, con planes de implementación? ¿Análisis actualizados de los riesgos del país ya penetrado por el narcotráfico y el sicariato, uno de sus negocios derivados? ¿O anticipada la plana mayor de su gabinete? Muchos recordamos cómo improvisaron un gabinete —sólo una vez ganada la elección presidencial— incluyendo ministro de Relaciones Exteriores, de Defensa, de Gobierno, Educación, etc. Y las consecuencias están a la vista de todos, tres cancilleres en menos de tres años, dos ministros de finanzas, cuatro de Defensa y otros cuatro de Gobierno y del Interior. Los portadores de las mayores carteras del Estado han estado —como siempre— tratando de sobrevivir desde el inicio guerras intestinas, desacuerdos hasta ideológicos en un gobierno ya bastante ideologizado. Esto era suficiente para predecir la tormenta que se avecinaba (Me pregunto si un banco como el de Guayaquil podría sobrevivir y generar ganancias con tantos cambios de personal en puestos directivos clave). Si sumábamos a esto el embate constante de una oposición no leal —el correísmo— y de las movilizaciones indígenas que son constantes en el Ecuador, quien se comprometía a gobernar el país, debía anticipar el mejor equipo posible con las mejores estrategias de implementación en la historia.

el presidente Lasso tenía la misión no sólo de respetar las instituciones y las leyes, si no también de ser efectivo en la provisión de servicios básicos de gobierno, porque la ilusión por el populismo caudillista florece cuando los Estados no responden.

Nada más alejado de lo que hizo el presidente Guillermo Lasso desde el primer día de su mandato. Hay que reconocerle que respetó el sistema democrático y las libertades individuales de los ecuatorianos: algo que hay que reconocer, dada la triste trayectoria de la democracia ecuatoriana. Pero falló miserablemente en eficacia y eficiencia gubernamental, dos elementos que determinan no sólo el apoyo popular si no también el futuro de la democracia. Precisamente por ello, el presidente Lasso tenía la misión no sólo de respetar las instituciones y las leyes, si no también de ser efectivo en la provisión de servicios básicos de gobierno —más allá y por encima de lo urgente para detener la pandemia—, porque la ilusión por el populismo caudillista florece cuando los Estados no responden. Y Lasso presidió el descalabro de muchas tareas estatales básicas como seguridad ciudadana, registro civil, servicios de salud integral, medicinas, en fin… Con más de 26 muertes violentas por 10.000 habitantes, Ecuador está a un nivel de desangre como nunca antes en su historia. Tomando las palabras de la periodista María Sol Borja, “Ecuador está en llamas” y la desidia e ineficiencia del Presidente Lasso es demasiado evidente.

Guillermo Lasso no fue una lección política para nadie en la centroderecha. Foto: Jonathan Miranda/ Presidencia de la República del Ecuador

Empiezo esta reflexión por el final, porque al parecer Guillermo Lasso no fue una lección política para nadie en la centroderecha. Tenemos una nómina de candidatos presidenciales que quieren repetir el guión de Lasso, pues no terminaron de entender que el peso a nivel internacional y el peligro local que tiene que representantes de grupos empresariales busquen con tanto ahínco el poder. Y todo parece indicar que estos candidatos, aún con estudios internacionales en universidades de prestigio, nunca tomaron un curso de Democracia 101 o democracias en perspectiva comparada, donde se lee de cajón un libro muy reciente publicación: Cómo mueren las democracias, de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt. Ya que estamos en este punto, les recomiendo desde ya que compren su segundo libro, La tiranía de la minoría, que sale este septiembre 2023, justo antes de la segunda vuelta electoral.

Empecemos por el arquetípico representante de esta categoría: Daniel Noboa es literalmente el niño póster de esta categoría, siendo uno de los herederos del más grande emporio bananero del Ecuador creado por su abuelo, e hijo del cinco veces candidato presidencial, Alvaro Noboa. El lema de “República Bananera” nació precisamente para describir la colusión entre poder económico (el de las plantaciones de exportación con personajes como estos en América Latina tanto Central como del Sur). Si llegara a alcanzar la banda presidencial ahora o en el futuro, enviaría inmediatamente un mensaje a Washington, Nueva York, Bruselas y Beijing de que todavía vivimos en una sociedad de principios del siglo XX y ésta todavía es una “Banana Republic.”

Diego Noboa es también otro heredero de una fortuna oligárquica vinculada a la industria alimenticia y a la exportación de banano. Foto: Facebook de Daniel Noboa

Jan Topic está muy cerca del arquetipo sin duda. pero con tonalidades más crípticas y peligrosamente fascistoides, porque su mensaje y oferta es mano dura contra el crimen, nada más y su carta de presentación para la más alta magistratura del Estado es haber sido mercenario.

Jan Topic está muy cerca del arquetipo sin duda. pero con tonalidades más crípticas y peligrosamente fascistoides, porque su mensaje y oferta es mano dura contra el crimen, nada más y su carta de presentación para la más alta magistratura del Estado es haber sido mercenario (porque ese es el nombre apropiado para quienes se enlistan para luchar en territorios que no son su patria). Topic, es otro heredero de un gran emporio, ya no del pasado sino del presente y del futuro, el de las telecomunicaciones, el internet y la banda ancha, con capacidad para controlar a voluntad los canales de información que consumen los ciudadanos y, por supuesto acceder a información individualizada.

Topic representaría el peor conflicto de intereses en la historia del Ecuador. Foto: Redes sociales de Jan Topic

Sólo este hecho —el del control de la conectividad del país— representaría el peor conflicto de intereses y sería el peor de la historia del Ecuador. Mucho mayor que el que ya ha representado Guillermo Lasso y el que podría representar Noboa. Es como si en lugar de Donald Trump, el presidente hubiera sido Larry Page o Mark Zuckerberg. Si a esto se añade el hecho de que estuvo involucrado en un acto de corrupción de su padre (él recibió en su cuenta dinero proveniente del tío del ex vicepresidente Jorge Glas) suma elementos suficientes para que alguien —al que verdaderamente le importa el país y sus instituciones— se abstenga de participar. Pero está en la papeleta ofreciendo nada menos que solucionar el más grande problema del Ecuador del momento: la inseguridad y ola de violencia que vive el país.

Tenemos otros dos candidatos provenientes del mundo empresarial, Otto Sonhenholzner y Xavier Hervas, para quienes también debería aplicar la misma reflexión, pero ninguno de los dos ostenta el poder económico y simbólico de los dos anteriores. La magnitud importa, pero también las forma y las acciones que tomaron para entrar en la política. Por suerte, Hervas es apenas un accidente de la fuerza organizativa que recuperó la Izquierda Democrática hacia el año 2000, pero que no sobrevivió a su crisis. Su candoroso reconocimiento de no conocer siquiera la política o cómo funciona, es suficiente para descartarlo en esta y otras vueltas futuras. La situación de Sonhenholzer es un tanto diferente. No es directamente el empresario, aunque sus vínculos empresariales familiares son vastos. Es claro que tiene una vocación de político de carrera, pero entró por la ventana a una vicepresidencia efímera pero importante que decidió abandonar, apenas a un año de aceptarla. ¿Es esto un buen antecedente para una futura gestión? ¿Abandonar el barco, y no un barco cualquiera, la vicepresidencia de la república, en un momento tan acuciante como la pandemia? ¿Qué garantías da esa referencia para un ejercicio presidencial por demás demandante? Como van las cosas, es muy posible que llegue a la presidencia, si es que no esta vez, la siguiente o la subsiguiente, pero le haría muy bien reflexionar desde ya que haber sido huésped en Carondelet y luego en Harvard por un año en cada caso no le alista para gobernar. Si acaso nomás para “saber dónde se apaga la luz” como suele él remarcar en sus intervenciones.

Otto Sonnenholzner durante su campaña. Foto: Redes sociales de Otto Sonnenholzner

Hay que recordar que las personas hacen las instituciones y mucho dice del candidato haberse presentado a las presidenciales con las credenciales de dos partidos que están vinculados con casos de corrupción y donde ni siquiera ha militado. Cabe recordar que el partido Avanza fue creado por Ramiro González.

Gobernar significa no sólo comprender la complejidad de la cosa pública, si no construir una base partidista que forme cuadros que sepan cómo hacerlo y cómo hacerlo bien. Que estas personas tengan trayectoria suficiente en el país, entre otras cosas. Hay que recordar que las personas hacen las instituciones y mucho dice del candidato haberse presentado a las presidenciales con las credenciales de dos partidos que están vinculados con casos de corrupción y donde ni siquiera ha militado. Cabe recordar que el partido Avanza fue creado por Ramiro González, en ese entonces presidente del Directorio del IESS, usando el cargo que ocupaba para canalizar fondos para un partido propio donde fue su fundador y primer presidente. ¿Necesito decir algo más? Ser y parecer es en política la condición sine qua non para sobrevivir. Y Macchiavello ya lo señaló hace más de 500 años. Nada nuevo bajo el sol.

Volviendo a Cómo mueren las democracias, Levitsky y Ziblatt son muy claros en señalar que las democracias mueren no sólo por claras violaciones constitucionales y legales, sino también por comportamientos que van contra el sentido común y la mínima ética política de las democracias: la tolerancia mutua (al adversario político, al que no piensa como uno) y, el autocontrol institucional, que implica freno, moderación, tolerancia en las acciones por parte de políticos y funcionarios de los diversos poderes del Estado. Violaciones consistentes a estos dos principios ahondan los conflictos de interés y merman sistemáticamente la confianza y la buena fe en las instituciones democráticas. Es claro que los cuatro candidatos no se han detenido a reflexionar que no debieron, ni deberían tratar de alcanzar la primera magistratura del Estado. Que aunque les asista el derecho, ellos tienen el deber y la responsabilidad cívica de autocontrolarse y abstenerse de participar precisamente para salvaguardar la democracia. Esa falta de autorreflexión ya dice mucho de quienes nos quieren gobernar.

Quedan dos candidatos-no-empresarios que tienen posibilidades reales de pasar a la segunda vuelta: Yaku Pérez y Christian Zurita, en reemplazo de Fernando Villavicencio. Pérez está aglutinando lo que sería la izquierda tradicional ecuatoriana, incluidos los líderes que históricamente ambicionaron el poder como Gustavo Larrea y Alberto Acosta (los dos fueron incluso candidatos presidenciales en algún momento), bajo la promesa y la premisa de una agenda verde, que dé prioridad al manejo sostenible de recursos naturales. Esto, acompañado de las dos consultas populares que también deberemos resolver los votantes sobre la explotación del Yasuní-ITT y del Chocó Andino, podrían haber catapultado su candidatura a la segunda vuelta. El asesinato de Villavicencio ha trasladado esa agenda a segundo plano en un escenario de terror generalizado.

Christian Zurita Ron y Andréa González Nader durante la campaña, protegidos con chalecos antibalas. Foto: Dolores Ochoa. AP

rc5 Es el único movimiento político que se enorgullece de su vocación caudillista e insista en atar todos sus mensajes a la figura de su líder máximo quien asegura que la venganza va a ser personal e implacable, quien trata de tonto o tonta a todos quienes le llevan la contraria...

Christian Zurita asumió una candidatura presidencial para la que nunca se preparó en momentos extremadamente difíciles a nivel personal y social. La presión de posicionar en una semana, con valentía, la lucha anti-corrupción dejada en la palestra por su amigo Fernando tendrá resultados significativos en las urnas. Hay precedentes en América Latina de apoyo a los sucesores de candidatos asesinados en media campaña, como Luis Carlos Galán en Colombia y Luis Donaldo Colosio en México. Es muy difícil predecir en este momento el nivel de apoyo por esta candidatura. No obstante, lo más importante en este contexto es que la sociedad civil asuma con valentía el reto de la lucha contra la violencia política y, al menos signifique un bloque contundente en la Asamblea Nacional que siga luchando por los mismos temas.

Y finalmente, tenemos la candidata Luisa González, del Movimiento Revolución Ciudadana. Y lo que queda claro es que después de todos estos años, la autodenominada RC sólo ha cambiado de membrete y colores promocionales, pero se ha rehusado a reconocer errores pasados, peor aún actos probados de corrupción y menos a cambiar de tono de un mensaje constantemente confrontativo y amenazador, en una sociedad que vive en la zozobra. Es el único movimiento político que se enorgullece de su vocación caudillista e insista en atar todos sus mensajes a la figura de su líder máximo quien asegura que la venganza va a ser personal e implacable, quien trata de tonto o tonta a todos quienes le llevan la contraria, o sentencia desde redes que se les va a acabar la fiesta a sus opositores y detractores. Nada —ni siquiera el asesinato de Villavicencio o antes del alcalde Intriago— le ha hecho desistir de esa práctica profundamente fascista de personalizar para las masas de fanáticos los ataques personales, de usar la novela 1984 de George Orwell como manual, y no como fuente de reflexión sobre los peligros del totalitarismo y la posverdad. Nada parece moverlo o sensibilizarlo y, después del debate, es claro que su candidata fue escogida por su lealtad ciega no sólo al líder, sino a la práctica sistemática de negar la realidad hasta que se vuelva verdad y ofrecer el pasado como utopía y no como cuestionamiento o peor aprendizaje.

Duele el Ecuador porque en medio de la peor crisis de seguridad interna de su historia, nadie parece ver la luz al final del túnel y menos estar dispuesto a ceder posiciones para reconstituir el país.

*PhD en Ciencia Política y Relaciones Internacionales y profesora de políticas públicas y estudios globales en la Universidad de British Columbia.

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