Back to top
24 de Febrero del 2022
Historias
Lectura: 18 minutos
24 de Febrero del 2022
Christian Escobar Jiménez

Profesor de la Facultad de CC.HH. de la PUCE. 

Kiev y un país a medio camino entre ningún camino
0

Ucrania es un país independiente desde los 90, cuando se separó de la Unión Soviética. Putin ha desconocido su legitimidad histórica.  Fotos: Pixabay

 

Ucrania es un país escindido, que se debate entre la promesa de Europa y la sombra de Rusia. La sucesión y alternancia de presidentes pro europeos y pro rusos desde la Revolución Naranja en la Plaza Maidan así lo ha confirmado.


Hace muchos años, al leer el famoso libro de Samuel Huntington, The Clash of Civilizations, en el que sostiene que los conflictos futuros serán entre bloques civilizatorios, como el árabe islámico y el occidental cristiano, pensé ¿Rusia y Ucrania qué? El libro de Huntington fue publicado en los 90 y los sucesos del 11S parecían confirmar una tesis por demás inconfirmable (sencillamente, en  términos lógicos no se puede confirmar tesis sobre la historia). Cuando lo leí, pensé que Rusia y Ucrania servían como contraejemplo perfecto a esta reducción. Por supuesto, Huntington no sostiene que conflictos como los de estos dos países no sean posibles, pero no ahonda en esta problemática porque son ajenas a su tesis. Sin embargo, probablemente, este conflicto sea uno de los más importantes después de la Guerra Fría, porque supone una nueva versión con casi los mismos actores, sin que el centro de disputa contenga versiones ideológicas sobre los sistemas políticos.

Ucrania como país es un invento de los estertores zaristas. Esto no implica que no haya habido una identidad común en los territorios que ahora forman este país de más de 40 millones de habitantes. Durante la Revolución rusa, Ucrania pasó a ser un país en pleno derecho y durante la era soviética, Kiev se convirtió en la tercera ciudad en importancia de la segunda potencia mundial, después de Moscú y Leningrado. Esta ciudad, otrora enormemente cosmopolita, fue durante la Baja Edad Media, la capital del Reino de los Rus; capital que apenas se trasladó a Moscú mucho después, con el afianzamiento de las invasiones tártaras en los siglos posteriores.


Kiev, la capital ucraniana, fue fundada antes que Moscú. 

Ucrania como país es un invento de los estertores zaristas. Esto no implica que no haya habido una identidad común en los territorios que ahora forman este país de más de 40 millones de habitantes. Durante la Revolución rusa, Ucrania pasó a ser un país en pleno derecho.

Las dos lenguas 

En términos lingüísticos, el ruso, el ucraniano y el bielorruso forman parte de los idiomas eslavos orientales del norte. Como mera referencia, el grado de afinidad entre el ruso y el ucraniano es probablemente el que puede existir entre el español y el portugués o el español y el gallego. De esta manera, habrá quien afirme que no son idiomas separados, sino dialectos diferentes de una misma cosa. En términos políticos, la relación entre el ruso y el ucraniano es similar al que podía existir entre el castellano y el catalán o el gallego en tiempos de la unificación de la Península o durante el franquismo. La idea de que el castellano era un idioma más cultural y civilizado, frente a los bárbaros catalán, gallego o asturiano, afirmaba políticamente la unidad castellana de la Península o la centralidad de Madrid. Tuve más de una amiga ucraniana que no tenía empacho en decir que no hablaba ni quería aprender ucraniano, porque ese es un idioma de campesinos, mientras el ruso era el idioma bello y civilizado.

Ya sea porque el ruso fungía como lengua franca desde el zarismo y durante el Estado comunista, o por el desprestigio propio de los idiomas minoritarios, el ucraniano no es el idioma más hablado en muchas regiones de Ucrania, incluso como segunda lengua. En el Este de Ucrania, la zona más rusificada en términos lingüísticos y de mayor cercanía política con el Kremlin, el idioma principal y muchas veces único es el ruso. A pesar de ello, no es el idioma oficial. Al ser el idioma más hablado en esa región, pero no oficial (Ucrania es un país unitario, a diferencia de Rusia que es federado), crea problemas claros en los documentos oficiales, en el idioma de enseñanza oficial, etc. Lingüísticamente hablando, esta zona es de hecho rusa, pero legalmente ucraniana. ¿Por qué no hay reconocimiento del idioma ruso en estos casos y por qué es tan importante hablar sobre el idioma? Empiezo por responder la segunda pregunta, porque la idea de nación está íntimamente relacionada a la lengua. Entonces, para la población del Donbass, la zona del conflicto, ser ruso tiene más sentido que ser ucraniano. Lo mismo sucedió en Crimea, y por ello las victorias plebiscitarias para lograr la independencia. Los plebiscitos en Crimea y la independencia del Donbass de Ucrania fueron auspiciados y financiados por el Kremlin, justamente con el pretexto nacionalista y el derecho de los rusos asentados allí a que se los reconozca.


En KIev se mira hacia Europa y Occidente pero también hacia la tradición rusa. 

Ya sea porque el ruso fungía como lengua franca desde el zarismo y durante el Estado comunista, o por el desprestigio propio de los idiomas minoritarios, el ucraniano no es el idioma más hablado en muchas regiones de Ucrania, incluso como segunda lengua.

En cuanto a la primera pregunta, la cuestión es más complicada. Kiev, la enorme ciudad a orillas del gran Dniéper, dador de vida, es una ciudad que está a medio camino entre el este de su país, de filiación rusa, y el oeste pro europeo. En el centro de Ucrania, más del 50% de las personas tienen al ruso como primera lengua, pero se reconocen como ucranianos sin problema. La cuestión va cambiando hacia el Oeste. Lvov (Leópolis en español), es el paradigma del nacionalismo lingüístico ucraniano y ejemplifica que la historia del occidente ucraniano no siempre ha estado ligada a Moscú o lo ha estado bastante menos que con respecto a ciudades del Este, como Kharkov, Donetsk o Lugansk. Lvov fue la capital de Galitzia, región que perteneció durante centurias al Imperio austrohúngaro y no fue parte de la Rusia zarista. Lemberg, el nombre alemán de la ciudad da cuenta de que este lugar cosmopolita tenía un fuerte influjo alemán y judío ashkenazi. El enorme influjo judío, prácticamente ha desaparecido en el este ucraniano por las matanzas o la migración, ya sea por los pogromos antisemitas de la propia población en la Rusia zarista, la invasión nazi o el antisemitismo (aupado por alguien como Stalin). Lvov fue la primera capital del reino ruteno (los proto ucranianos) tras la invasión tártara a la Rus de Kiev. Los cosacos, una mixtura tártara-eslava, son el prototipo de la identidad nacional ucraniana separada de Moscú.

Volviendo al problema del nacionalismo y surgimiento de una nación (idea por la cual estamos dispuestos a morir), Ucrania es un país que surge con derecho propio apenas tras la debacle soviética. Ucrania no existía como país hasta antes del siglo XX, y apenas tuvo algo de vida antes de la anexión de los soviets. Muchas de las regiones de Ucrania son una recomposición de los restos de imperios destruidos, del zarista y el de Viena. Crimea también fue una zona de interés del Imperio otomano. La nación ucraniana se teje en una mezcla de mitos históricos – como el del gran pueblo cosaco – y un fuerte sentimiento antirruso. La historia oficial (la que se enseña en escuelas y universidades) recorre siempre el espanto de las hambrunas provocadas por la colectivización estalinista, o que la mayoría de los muertos de la Segunda Guerra Mundial fueron soviéticos, y de entre ellos, la mayoría ucranianos.

Hay una versión que dice que “Ucrania” significa “nación” otros “frontera”, para unos es “su nación”, para otros “la frontera” desde la perspectiva rusa. La historia oficial reproduce la primera versión. Reconocer al ruso como idioma implica minar la propia construcción de la idea de nación ucraniana generada a partir de la caída del régimen soviético. Para el nacionalismo ucraniano, que niega su origen común, lo ruso representa el comunismo, lo antiguo, el pasado desastroso, las hambrunas, la guerra, la opresión imperialista.

Hay una versión que dice que “Ucrania” significa “nación” otros “frontera”, para unos es “su nación”, para otros “la frontera” desde la perspectiva rusa. La historia oficial reproduce la primera versión.


Ucrania fue escenario de duros conflictos entre la Unión Soviética y la Alemania Nazi. 

El imperialismo ruso

El imperialismo y la política paneslavista del imperio moscovita (ya sea zarista o soviético), siempre vio a esta zona como suya. El discurso paneslavista fue muy importante en esta región durante el siglo XIX, pues suponía una forma apropiación de territorios y de lucha contra el enemigo acérrimo: los austrohúngaros. Al igual que en el pangermanismo nazi, todo lo eslavo debía seguir el redil de Moscú, pues tal como afirmaba Stalin (un comunista extranjero y nacionalista pro ruso), el espíritu del gran pueblo eslavo y soviético residía en Rusia y tenía a Moscú como su prototipo.

Por supuesto, el discurso de Putin no es paneslavista, pero sigue la tónica del típico imperialismo ruso, que ha tenido una continuidad ininterrumpida desde el zarismo. El discurso de Putin se reduce a la necesidad de proteger a la población y los intereses rusos. El pretexto de la protección de los ciudadanos rusos en Ucrania es también un típico discurso nacionalista sin más. Siempre puede existir la peregrina idea de que Putin representa una especie de contra hegemonía y es un adalid antiyanqui y antieuropeo, a favor de un nuevo mundo. Esperemos que esta muestra sea suficiente para desmentir tal cosa, ya que las miles de acusaciones de abuso de derechos humanos y las guerras en Abjasia y Chechenia no han podido hacerlo.

La zona del Donbass fue uno de los motores metalúrgicos de Rusia y esa es su importancia. Además, aunque las tierras más fértiles están hacia Europa, Ucrania ha sido considerado siempre como el granero de Europa.

La riqueza mineral

Pero estas ideas sencillamente ridículas esconden mal la obviedad de los intereses de la riqueza mineral del oriente ucraniano. La zona del Donbass fue uno de los motores metalúrgicos de Rusia y esa es su importancia. Además, aunque las tierras más fértiles están hacia Europa, Ucrania ha sido considerado siempre como el granero de Europa. Dios no será quien dé el pan a los europeos, sino los campesinos ucranianos de las tierras negras. Hitler lo sabía, y por ello, entre otras razones, se apoderó de Ucrania. Vale decir que el apoyo ucraniano a la invasión nazi en contra de los soviéticos no fue menor ni marginal, además de por el odio a los rusos, por el fuerte sentimiento antisemita. Recuérdese que, hasta antes de la llegada de los nazis, Rusia y Galitzia eran las zonas con mayor población judía en el mundo.


La minería es clave en la zona de Donbass, en donde operan las tropas rusas. Foto: Mathilde Dorcadie

Otra cuestión central conocida por todos es la importancia estratégica de Ucrania para el transporte del gas ruso hacia Europa. También es relevante saber que los grandes puertos comerciales de granos rusos y manufacturas están en el Mar Negro, en el sureste del país. Hasta antes del conflicto en Crimea (región que siempre perteneció a los rusos y que fue cedida a Ucrania en los cincuenta), la mayoría de los territorios marítimos pertenecían a Ucrania, sobre todo los grandes puertos, principalmente la famosa ciudad de Odessa.

Así, Ucrania es un país escindido, que se debate entre la promesa de Europa y la sombra de Rusia. La sucesión y alternancia de presidentes pro europeos y pro rusos desde la Revolución Naranja en la Plaza Maidan así lo ha confirmado. Ucrania no es miembro pleno de la Unión Europea y lo será difícilmente. Los indicadores del país no se lo permiten. Uno de los países con mayor emigración del mundo es Ucrania. Su población se ha reducido en varios millones desde hace veinte años. Durante la primera época de los soviets, en el país vivían más de 50 millones de personas, hoy hay 10 millones menos de esa cantidad. Ucrania produce mano de obra calificada para otros países, y en su economía es importantísimo el tráfico de drogas, armas y personas. La trata de personas en los países del Este poscomunistas es legendaria. El salario básico en ciertas partes del país no llega a los 200 dólares, y con una inflación altísima que ha ido sepultando al grivna de a poco, para la población común es difícil sostenerse. Además, Ucrania es uno de los países más cercanos a lo que podríamos llamar un narco estado en Europa, y los niveles de corrupción son muy altos. La presencia de las mafias es intolerable. Recuerdo haber leído – aunque no podría decir la fuente ni la calidad de los datos, pero funciona como para hacerse una idea del problema – que la penetración de los negocios mafiosos en las zonas fronterizas con Rusia (como Kharkov, por ejemplo), alcanzaban a más del 15% de la población económicamente activa. La deuda pública ucraniana, supera los 120.000 millones de dólares, una cantidad un tanto inferior a su PIB nominal. Parte de esa deuda es con Rusia y ha habido varias moratorias durante los últimos años, lo que acrecienta los descontentos en el Kremlin. En el 2016, el Estado se negó a pagar la deuda contraída por el pro ruso Yanukovich durante su administración.

En términos de desigualdad, el Gini ucraniano es bastante positivo. Según datos del Banco Mundial es de 25, pero la cantidad de fortunas asociadas al apoderamiento de recursos públicos y a la explotación de materias primas sigue la misma tónica que todos los Estados poscomunistas. Ucrania tiene su propia versión de oligarcas, liderados por el amo y señor de la zona del Donbass, Rinat Akhmetov, un billonario de tintes similares a Roman Abramovic. Akhmetov rehízo Donetsk, la ciudad más importante de la zona en conflicto y base de la metalurgia ucraniana. 

El entrenamiento militar es el mismo que se heredó de los soviéticos, con dos años de servicio obligatorio y cierto hábito de guerra extraño para nosotros. Probablemente esta sea una de las cosas más preocupantes para la escalada bélica.

Por último, en este breve y desordenado recorrido, quisiera recordar que, tras la disolución del Unión Soviética, buena parte del armamento nuclear quedó en manos de Ucrania. Este país tiene una industria bélica importante y desarrolla tecnología militar a considerar. El entrenamiento militar es el mismo que se heredó de los soviéticos, con dos años de servicio obligatorio y cierto hábito de guerra extraño para nosotros. Probablemente esta sea una de las cosas más preocupantes para la escalada bélica.

Kiev no solo es una ciudad gozne que separa su país en dos, es un asentamiento a medio camino entre la historia ucraniana y rusa, entre los tártaros y eslavos, entre Rusia y Europa, entre el ejército ruso y las fuerzas de la OTAN. En Ucrania hay mucha riqueza material en juego y también una reedición de guerras simbólicas.

[RELA CIONA DAS]

La santa guerra sacrílega
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Gloria a Ucrania: el alma rusa (10)
Patricio Crespo Coello
El miedo de los poderosos a la muerte y a la cárcel
Mariana Neira
Gloria a Ucrania: los combustibles fósiles (9)
Patricio Crespo Coello
¿Oligarcas buenos, oligarcas malos?
Julio Oleas-Montalvo
GALERÍA
Kiev y un país a medio camino entre ningún camino
 


[CO MEN TA RIOS]

[LEA TAM BIÉN]

La devolución de los bienes de los Isaías inquieta a campesinos en haciendas
Redacción Plan V
Los nudos críticos de la relación Ecuador China y el acuerdo comercial
Redacción Plan V
La foto oficial de Guillermo Lasso estaría lista
Redacción Plan V
El candidato de Leonidas Iza, Gilberto Talahua, perdió la presidencia de la Ecuarunari
Redacción Plan V

[MÁS LEÍ DAS]

El círculo jurídico de Leandro Norero impulsó el habeas corpus para Jorge Glas
Redacción Plan V
Los pecados del boom inmobiliario de Quito según la Contraloría
Redacción Plan V
Bien Futuro: Una nueva fórmula para tener casa propia que reducirá el precio de las viviendas
Redacción Plan V
¿Qué hay detrás del juicio político del correísmo contra la Judicatura?
Redacción Plan V