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24 de Septiembre del 2023
Historias
Lectura: 25 minutos
24 de Septiembre del 2023
Luis Verdesoto Custode
Cientista político, catedrático en varias universidades de Ecuador y Bolivia. 
Las (nuevas) dimensiones del debate presidencial
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Luisa Gonzales, de Revolución Ciudadana, Lista 5; y Daniel Noboa, de la alianza ADN, integrada por los movimientos Pueblo, Igualdad y Democracia (PID) y Mover (antes Alianza PAIS), se enfrentan en el debate por el balotage, este domingo 1 de octubre. Fotos: CNE

 

La legitimidad es fundamental en un mercado político complejo. Fundamentalmente, que los candidatos están en la segunda vuelta por una sustentación histórica y social. Y no por la casualidad de la vida y/o de las relaciones políticas.


El debate debe ser un bien público de calidad. La ciudadanía tiene que interesarse en el debate, conociendo algunas de sus connotaciones, para adoptar decisiones. Estas notas plantean algunas de las variables del debate del próximo domingo. 

El debate debe ser parte de la construcción de la democracia deliberativa. En el plano discursivo, es la expresión más importante, inmediatamente anterior a la expresión cuantitativa mediante el voto. Las condiciones de igualdad entre los candidatos son creadas también por el debate en sí mismo. La metodología, buena o mediocre, sin embargo, debe ser observada rigurosamente. El mandato popular surgido de las urnas debe ser, entre otros factores, la forma más alta de deliberación.

El debate se inscribe en el marco de los derechos humanos, especialmente, de los civiles y políticos. Es un ejercicio de la libertad y de las libertades del sistema político como el flujo libre y transparente de la opinión. Por ello, el debate organizado transparentemente es inconcebible en el autoritarismo.

Es, además, una contribución a la acumulación de información en la ciudadanía, que asume cómo debe ser su participación en la democracia, de modo más activo o pasivo. El voto informado es el sustento del voto deliberado. Y el voto deliberado es un ejercicio de la pluralidad que demanda la democracia contemporánea. La deliberación es expresión pública permanente cualitativa antes y después de su expresión mayoritaria en el voto. El voto es una de las expresiones públicas más altas de la representación, idea que cabe reiterar, una y otra vez, cada vez que corresponda.

El debate utiliza un bien público comunicacional del más alto valor. La concentración de audiencias y la  utilización de oportunidades que convergen en torno al debate son bienes que contribuyen a la conformación pública durante una elección. Para lograrlo se requiere de un manejo eficiente y transparente de la comunicación.

Por ventaja para Ecuador, el debate es una institución de cumplimiento obligatorio, que ya no puede ser evadido por quienes asumen el compromiso importantísimo que es tratar de ser elegidos. Por ello, ahora, es parte del Código de la Democracia, incorporación que lo reconoce como uno de los componentes deliberativos de la democracia y de conformación de la representación.

El debate utiliza un bien público comunicacional del más alto valor. La concentración de audiencias y la  utilización de oportunidades que convergen en torno al debate son bienes que contribuyen a la conformación pública durante una elección. 

El primer elemento de juicio práctico que tienen los candidatos y que debemos tener todos los ciudadanos es conocer nuestra percepción respecto a la institución debate electoral. No todos pensamos lo mismo y los candidatos adoptan posturas particulares para la comparecencia en el debate. Están en su derecho. Lo inscriben en su estrategia electoral. Para unos tiene la forma de una trampa en el camino que debe ser superada. Y tratan de saltar rápidamente por sobre el “obstáculo”. Para otros es la ocasión de asentar un perfil de candidatura. Para las dos partes, el debate es parte de un tiempo muy largo asignado a esta segunda vuelta. Inédito en nuestras segundas vueltas.  

La opinión pública percibe que existe una baja calidad de voto sustentado en el conocimiento y en la deliberación. Existe un déficit de conocimiento de la política y de conocimiento de los candidatos. Es evidente que a la ciudadanía le faltan vías para sustentar su voto por los candidatos. El déficit es comunicacional, de los partidos y del organismo electoral.

Daniel Noboa y su esposa, Lavinia Valbonesi, llegan al primer debate presidencial, en el cual su participación catapultó las preferencias electorales a su favor. Foto: CNE

La ciudadanía inserta al debate en la rendición de cuentas. Si bien existen mecanismos legales para garantizar la rendición de cuentas, la mayoría de la población no los conoce y en consecuencia no los ejerce. Entre otros, la revocatoria de mandato, iniciativa ciudadana, silla vacía y asambleas comunitarias. De este modo, la ciudadanía reduce el debate a un examen de la capacidad de comunicación y liderazgo de los candidatos. 

El debate es poco conocido en algunos segmentos, especialmente los de menores ingresos y es demandado por los sectores medios.  Por ello, para los estrategas electorales, el sentido de la confrontación entre el mero “lucimiento” del candidato y la finalidad que es mostrar que el candidato conoce la realidad, escucha a las percepciones de la  población y responde a las exigencias de la ciudadanía. Las clases medias y los sectores populares quieren, al finalizar el debate, un ganador y un perdedor.

¿Cómo evaluar al primer debate en esta elección? Su característica fue pisar sobre un muy delicado contexto. El magnicidio de Fernando Villavicencio había creado un vacío en las opciones electorales.

Lo que se dijo en ese debate tuvo la impronta del hecho violento y que una parte muy importante del electorado había recapacitado en su voto. El Consejo Nacional Electoral impidió el rápido reemplazo del candidato asesinado. Se reconfiguraron las opciones electorales y emergieron otras. Se potenciaron demandas electorales escondidas en los intersticios, fundamentalmente de renovación generacional de los liderazgos.

¿Tienen una misma tendencia ideológica los dos candidatos? No. ¿Interesa a la gente este plano de las diferencias? Relativamente, la asocian con la “vieja política” que disfrazó de ideas a protervos intereses. ¿Saldrá una forma constructiva del debate? Aspiran a que sí. Pero cuestionan a las alianzas y repudian a los pactos. Nuestra política es así, se deshacen unos nudos para atar otros.

Las preguntas y las respuestas del primer debate fueron muy generales, dice la gente. La mayoría de los candidatos no contestó a las preguntas sino que dijeron lo que les convenía. Los moderadores dejaron que los candidatos hicieran lo que quisieron. Las preguntas previamente definidas recogieron temas que no reflejaban las necesidades reales de la población. Y los candidatos no se interpelaron, entre ellos, con propiedad. Tampoco hubo el suficiente tiempo para escuchar a los candidatos. No todos los candidatos estuvieron preparados, no tenían qué decir más allá de los mensajes previamente aprendidos. El formato fue más una exposición de buenas intenciones, que debate de ideas para contrastar proyectos.

La gente dijo que no es conveniente una gran cantidad de candidatos, que no están capacitados. Ahora, en la segunda vuelta, superficialmente, parece no estar disconforme, masivamente, con las opciones que le presentan. O, al menos, no lo dice fuerte y claro. ¿Tienen una misma tendencia ideológica los dos candidatos? No. ¿Interesa a la gente este plano de las diferencias? Relativamente, la asocian con la “vieja política” que disfrazó de ideas a protervos intereses. Y devaluó a las ideologías y a la política. ¿Saldrá una forma constructiva del debate? Aspiran a que sí. Pero cuestionan a las alianzas y repudian a los pactos. Nuestra política es así, se deshacen unos nudos para atar otros. 

Luisa Gonzales llegando al debate de la primera vuelta presidencial. Foto: CNE

¿Qué expectativas tiene la ciudadanía con el debate? Que en algo se contribuya a superar las deficiencias de conocimiento, que existan preguntas y respuestas concretas, que denoten preparación en políticas públicas y en el ejercicio de liderazgo. Y que se puedan diferenciar las propuestas, para concretar/afirmar una decisión. Es decir, aspiran a que se decante la demagogia y a que la “magistralidad” de las respuestas corresponda a un mínimo nivel.

Este segundo debate presidencial tiene la opción de convertirse en una sana confrontación. Esperemos que así sea. Porque existen formas de cotejo de ideas. Que no tienen que ser formas “dulces” de presentación de ideas. Pero deben ser formas de reconocimiento del otro, en que las distancias presentadas contribuyan a la construcción del bien común. El debate no se dirige a la producción de consensos sino a clarificar las distancias y obstáculos para construir un bien público de calidad, la gobernanza y la gobernabilidad.

La digitalidad. Su irrupción, especialmente en las estas elecciones, ha generado  muchas distorsiones, a las que ha contribuido la negativa de hacer una reglamentación adecuada. Existen muchas vías equivocas de información, que bajan la calidad del voto especialmente de su sustentación. Los alcances, tipos y contextos de la reflexión ciudadana se confunden, además por la cantidad de instituciones que no se usan y por el bajo contacto con la ciudadanía, especialmente por las condiciones impuestas por la violencia. Pereciera que se ha reintroducido la lejanía de los tiempos de pandemia.

Cada adversario pondrá “trampas” a su adversario en las repreguntas. El debate se “gana” antes del debate, en el mismo debate y en el post-debate, especialmente en las agendas mediáticas y en la informalidad comunicacional, léase, la “radio bemba” (el chisme/comunicación local, boca a boca, rumor, sin medios) y las redes.

Los componentes de un debate comprenden una gama muy variada. Las fases de un debate son: previo (preparación de las condiciones y significantes del debate), el debate mismo (interacción con tensiones) y el post-debate (disputa por los significados, inscripción de lo dicho en el universo del otro). En suma, existe un lenguaje explícito y muchos metalenguajes, que están en el infra y en el intra-debate.

Supuestos: la ciudadanía mira y escucha el debate desde un imaginario, que es más fácil ratificar antes que modificar. Esta es una dificultad que conoce cada uno de los emisores. Lo sabe cada candidato y disminuye el riesgo. Los contendientes comparecen con agendas públicas y siempre llevan una agenda oculta, lo cual es legítimo. Cada adversario pondrá “trampas” a su adversario en las repreguntas. El debate se “gana” antes del debate, en el mismo debate y en el post-debate, especialmente en las agendas mediáticas y en la informalidad comunicacional, léase, la “radio bemba” (el chisme/comunicación local, boca a boca, rumor, sin medios) y las redes.

En la historia de la política se pueden ver distintas articulaciones entre adversarios, que finalmente eran enemigos. La lucha ideológica o la interacción discursiva se asentaba en la fuerza militar. El presupuesto era que el enfrentamiento militar (fuerza) era el sustento de la lucha ideológica. Finalmente, la política se “resolvía” en la violencia de las armas en un enfrentamiento. Esta es la esencia de la política pre-moderna. El discurso se dirigía hacia los adversarios más fuertes ideológicamente, mientras que la acción armada hacia los eslabones más débiles de los enemigos. 

El debate moderno, esencial en la política moderna, es una forma de cotejar de ideas que finalmente construyen a la opinión pública, a uno de cuyos segmentos adhiere la ciudadanía. Dentro de limitaciones, es cierto. El debate ahora está relacionado con la confrontación parlamentaria, intercambio de posiciones políticas mediante ideas, por fuera de la confrontación física u otra forma de resolución. Se busca atacar al de mayor fortaleza ideológica, para, desde allí, lograr la capacidad para orientar los comportamientos. Esto es conducción política desde la razón.

Pero la racionalidad política ha adquirido también otros derroteros. Básicamente la conformación del liderazgo desde las percepciones. Esto es el manejo de los sentidos. Examinémoslos. 

El liderazgo. Prioritariamente se conforma en una ecuación entre imagen (que incluye a los lenguajes gestuales), sentidos (expectativas y atracciones) y conocimientos (presunciones de prácticas y técnicas). La confrontación ideológica es lo explícito, probablemente lo menos importante en la conquista del voto. Lo implícito, quizás el factor de mayor importancia en la ponderación final de la decisión electoral, se constituye en: cómo cada sujeto, desde sus múltiples identidades, se siente reflejado en la conversación estructurada como debate, que no sería una confrontación.

Desarrollémoslo.

La disyuntiva pareciera ser entre la selección de ideas confrontadas versus lo que ahora pareciera predominar, es decir, la inclusión de identidades en el discurso. Se puede afirmar con cautela, que ha cambiado la dirección del debate, por los roles de emisores y receptores del debate. Dicho resumidamente, los ciudadanos en su faceta de votantes se preguntan ¿de qué modo se incluyen en cada discurso –verbal y gestual- lo que les ofertan y de qué modo ellos –los candidatos- toman la iniciativa de incluir a los votantes? La ciudadanía entra en un juego de mercado político muy complejo. Más aun, se convierte en un factor de mercado.

Esta redefinición del debate desde la competitividad, ¿qué aporta a la calidad del debate y al ejercicio de la ciudadanía? La operatividad de la política debe reconocer, de entrada, cuál es la forma vigente para intentar dirigirla. Es decir, la capacidad y forma de la confrontación en el debate, debe adecuarse al diseño impuesto por el período político en que se inserta. 

La legitimidad es fundamental en un mercado político complejo. Fundamentalmente, que los candidatos están en la segunda vuelta por una sustentación histórica y social. Y no por la casualidad de la vida y/o de las relaciones políticas.  

Foto: CNE

Los dos candidatos tratarán de responder, desde su personalidad, a la imagen formada por los electores. Fundamentalmente, preparación y capacidad para gobernar; fortaleza para afrontar los problemas y especialmente a la violencia; experiencia y preparación técnica, y entorno personal de soporte

Las circunstancias. Este debate está rodeado de un específico contexto, especialmente las expectativas que rodearon a la “muerte cruzada” (desgaste presidencial y parlamentario, incapacidad de procesar diferencias), el magnicidio de un candidato (la presencia del gran crimen y la gran corrupción que pretenden conducir los comportamientos de la sociedad civil y la sociedad política), la generalización de la violencia (que atemoriza a los ciudadanos y al aparato productivo) y la posibilidad de los dos candidatos de usar del período de transición (que aunque las partes no lo asumen claramente, en un caso tenderá a convocar una asamblea constituyente para el retorno de su líder y, en el otro, la preparación de la candidatura 2025).  

El mensaje programático. ¿Es una adecuada pretensión evadir a la ideología desde el pragmatismo, tratar de inaugurar otros parámetros de clasificación? Fuera a la división izquierda y derecha, apropiarse del centro parece lo adecuado. ¿Cualquier candidato puede hacerlo? ¿Por qué se quiere devaluar a la palabra? La ideología como cosmovisión general no pierde sentido. Los códices ideológicos, es decir, los dogmas no permitieron la construcción moderna de la interacción ideológica.

Todo implica cosmovisiones estratégicas y de futuro, aceptadas o rechazadas por los integrantes del cuerpo social. Esto es ideología en el estricto sentido. La gente y especialmente los jóvenes buscan cómo construir en común, cómo evitar la vuelta a cosmovisiones que no se hablan entre sí. Un diálogo en torno a lo concreto. Suponer que lo técnico es a-ideológico o una respuesta única es evadir o destruir a la opinión pública. La razón técnica existe en tanto es correlato de la sociedad que vivimos.

Mensaje personal: Los dos candidatos tratarán de responder, desde su personalidad, a la imagen formada por los electores. Fundamentalmente, preparación y capacidad para gobernar (estudios); fortaleza para afrontar los problemas y especialmente a la violencia (respuestas a la difícil agenda nacional); experiencia y preparación técnica (especialmente laboral); y, entorno personal de soporte (conformación y entorno familiar). Se presentarán como legítimos defensores de derechos —mujeres, niñas, niños y adolescentes, trabajadores, naturaleza-— y de garantías —trabajo, inversión, servicios— y tratarán de mostrar a su contendor como ilegítimo. A su vez, invocarán al territorio mostrándose como conocedores del sector público y del privado, en su caso, de los jóvenes, de la sierra y de la costa.  

La forma de realizar preguntas tiene condumio y forma. Los contendientes tienen que preguntar con naturalidad. Preguntar es un conocimiento y una destreza. Ser directo, confrontativo pero no extremo es una virtud, que permite entrar al debate, no rehuirlo o simplemente descalificar al contendor.

Libretos: El debate tiene un guion preparado por sus organizadores. Pero cada contendiente también comparece con un libreto que manejará a través de las preguntas, réplicas y contrarréplicas que haga. Esta “caja de mensajes” articula aquellos que han presentado a lo largo de la campaña. Pueden hacerlo de modo torpe o articulado, esto es, la repetición inconexa de una consigna de campaña al iniciar o terminar una intervención, o la concatenación articulada de “frases resumen”, como colofón necesario de cada parte del discurso. Depende de la habilidad y la capacidad comunicadora de los candidatos. La capacidad de liderazgo consistirá en la más coherente articulación de la secuencia de los mensajes tanto propositivos y positivos como de respuesta y de ataque. 

Preguntas y réplicas: La forma de realizar preguntas tiene condumio y forma. Los contendientes tienen que preguntar con naturalidad. Preguntar es un conocimiento y una destreza. Ser directo, confrontativo pero no extremo es una virtud, que permite entrar al debate, no rehuirlo o simplemente descalificar al contendor. Las preguntas también presentan al candidato en su ubicación ideológica y su capacidad de diálogo. Son el vehículo para mostrar el acuerdo perseguido (no con el contendiente sino “por sobre” el contendiente), es decir, que son portadores de un proyecto nacional. 

Comunicación. La empatía con el público es fundamental (lo que supone que los candidatos –y no solo sus asesores- deben saber lo que buscan), requieren información (lo que el público quiere saber de su propuesta) y liderazgo (conducir el debate que es una muestra de cómo conducirá al país).

El lenguaje verbal es fundamental

Las preguntas y respuestas deben ser parte de una pedagogía. Solamente el que entiende bien algo, puede comunicarlo. El lenguaje verbal debe ser acompañado por un lenguaje corporal, que muestre una actitud de madurez y firmeza.

Parte de la comunicación política es la teatralidad. Manejo de gestualidad e incluso de la arrogancia. La firmeza sin desafío hacia el interlocutor. Y también las formalidades. Lo humano y personal que los candidatos dejan ver. La actitud corporal puede ser definitiva. La interpelación corporal es un detalle muy importante. Una forma que ha caducado es el uso de chaleco anti-balas. El uso inicial en el primer debate denotó que se incorporaba a las filas de los agredidos por los asesinos del candidato. El uso del mismo chaleco en la playa ya no causó el mismo efecto.

¿Qué huellas de ideología subsisten? Toda visión de Estado es ideológica. Por ejemplo, el pacto fiscal en descomposición y el nuevo pacto fiscal que se presenta. Reconocerlo, no consiste en evitar el plano de la confrontación de ideas —que debe ser permanente— sino llevarlo hacia el plano de la construcción común. Hay un segmento del electorado que ha vivido la política desde su degradación y la forma pragmática que la sustituyó, que sabe de lo público por la noticia, no desde su construcción cotidiana.

El redimensionamiento del debate desde la no-política se debe a la degradación de la política en el mundo. Pero la política debe ser reconformada, reconstruida. La política es la única forma de interactuar de las comunidades, cotejamiento de los intereses construcción de los comunes.

La técnica disfrazada de neutralidad son datos desvinculados de su contexto. Olvidan o nunca supieron que los datos hablan en contextos determinados. Esto es construyendo colectivamente a la opinión pública, el mayor bien común de la modernidad. El   bien común que se construye históricamente. Las soluciones no vienen de la inteligencia artificial ni de las computadoras, que son programadas por humanos.

El redimensionamiento del debate desde la no-política se debe a la degradación de la política en el mundo. Pero la política debe ser reconformada, reconstruida. La política es la única forma de interactuar de las comunidades, cotejamiento de los intereses construcción de los comunes. Intereses y los espacios comunes para convivir. Esos son los objetivos de la gobernanza dirigida hacia una finalidad de justicia. Para eso vivimos juntos, en una comunidad nacional.

¿Qué debemos evitar siempre y más aún en el debate? Reforzar las burbujas de conocimiento, relatos y percepciones en las que nos han encerrado, en las que vivimos. Primero se trata de no confundir a la violencia física o verbal con el debate. La violencia no tiene cabida en un debate. El debate ideológico no es una versión de la violencia física. El debate es una construcción colectiva desde una situación de intercambio frontal. Dentro de una arena delimitada con reglas claras. Dirigido hacia audiencias de todo tipo. Es preciso abrir las burbujas e intercambiar. Es la construcción de futuro

El debate es una ritualidad antes, durante y después, cuyos resultados deben construirse en común. Los candidatos deben mostrarnos lo que comparten con todos los ecuatorianos y que están aptos para construirlo.

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Las (nuevas) dimensiones del debate presidencial
 


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