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20 de Diciembre del 2022
Historias
Lectura: 23 minutos
20 de Diciembre del 2022
Grace Jaramillo
¿Quo Vadis? política exterior del Ecuador
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El presidente Guillermo Lasso sonríe durante su visita al presidente los Estados Unidos, Joseph Biden, quien le dió un espaldarazo a su gestión. Foto: Bolívar Parra/ Presidencia de la República

 

El Gobierno de Guillermo Lasso decidió lanzar el péndulo completamente para el lado contrario al del correato y convertir al Ecuador en un estado tributario de la cruzada de EE.UU. contra China. La aprobación final por parte del Congreso estadounidense de la “Ley de Asociación Estratégica EE.UU.-Ecuador 2022” así lo confirma.


El Ecuador terminará este año con una tasa de 24,05 muertes violentas por cada 100.000 habitantes, una tasa casi tan alta como las que México y Colombia (26/100.000) han tenido que soportar.  En un escenario como éste, es posible que poco o nada le interese al ciudadano común lo que pasa con la política exterior del Ecuador, pero han pasado tantas cosas que es necesario hacen un balance.

Lo grave: un alineamiento gratuito

Definitivamente, el Ecuador no puede tener una relación saludable y autónoma con Estados Unidos desde que se firmó la paz con el Perú. Después de casi una década de devaneos contrahegemónicos y alineamientos con posiciones y países anti-estadounidenses como Irán, Rusia, Bielorrusia, que terminaron con la buena fe de las dos partes en temas de inversión, comercio y cooperación para el desarrollo, ahora el Gobierno de Guillermo Lasso decidió lanzar el péndulo completamente para el lado contrario y convertir al Ecuador en un Estado tributario de la cruzada de EE.UU. contra China. La aprobación final por parte del Congreso estadounidense de la “Ley de Asociación Estratégica EE.UU.-Ecuador 2022” así lo confirma. Y no es un ejercicio de interpretación, la motivación es absolutamente clara desde su primera página:

“El Congreso considera que… (2) consolidar la asociación entre los Estados Unidos y el Ecuador presenta una oportunidad de avanzar intereses centrales de seguridad nacional para Estados Unidos y trabajar con otros socios democráticos para mantener un Hemisferio Occidental próspero, políticamente estable y democrático, resiliente contra influencias externas malignas.”

En otras palabras, Ecuador se prestó como conejillo de indias para ver si este tipo de leyes pueden ser aceptadas y aplicadas en otros países del continente como medio para intentar controlarlos. Aún más, la ley forma parte de La Autorización de Ley de Defensa Nacional para el Año Fiscal 2023, es decir que la intención securitizadora ni siquiera se esconde. Según las propias palabras del Comité de Asuntos Externos que la diseñó: “las vulnerabilidades que puede crear el creciente rol de la República Popular China en el Ecuador así como en el resto de América Latina.” Hay que agradecer que estos preámbulos insultantes contra el primer destino de exportación no petrolera del Ecuador fueron eliminados del texto sometido a la última votación. Pero eso no obsta para que todos estos antecedentes, motivaciones y detalles hayan sido debidamente documentados para la historia, al menos en Washington, donde todos estos debates son públicos. Supongo que este fue motivo de alivio para el ministro Julio José Prado, que está negociando un tratado de libre comercio con China, además de la renegociación del pago de deudas con China, o la cumbre empresarial China-América Latina que se estaba llevando a cabo en Quito mientras todo esto pasaba.

El presidente Guillermo Lassoo y miembros del Gobierno asistieron a  la XV Cumbre Empresarial China-Lac 2022. Foto> Twitter Arcsa

La importancia de esta Asociación Estratégica EE.UU.-Ecuador —y lo que implica para Washington como el primer piloto en América Latina— es la principal razón de la invitación oficial al presidente Guillermo Lasso a la Casa Blanca. Y no es para menos. Pero ¿realmente el Ecuador meditó bien esta decisión? Como contexto hay que aclarar que ningún país de América Latina ha dado un paso tan arriesgado, ni siquiera el presidente de Colombia, Iván Duque, o el de Chile, Sebastián Piñera, que en su momento declararon su alineamiento absoluto a EE.UU. (Duque empezó negociaciones pidiendo al menos un paquete adicional de USD 400 millones, pero no prosperó) y más bien han adoptado el principio de “No-Alineamiento Activo” en sus relaciones con las dos potencias, por razones estrictamente pragmáticas: tanto EE.UU. como China son los dos mayores importadores de productos y servicios latinoamericanos, siendo China el comprador con más capacidad de compra en los últimos tiempos. Aún más en un contexto global donde hay ya una presión por detener este enfrentamiento bipolar que está afectando posibilidades reales de cooperación para temas como cambio climático y transición energética.

Mucho ruido, pocas nueces

Si es que la respuesta es positiva y realmente el Gobierno puede justificar este alineamiento (todavía no lo hecho), la segunda pregunta es ¿el Gobierno negoció bien este arriesgado ensayo con EE.UU.? La visita del presidente Lasso a la Casa Blanca dejó claro que no. Para empezar, es evidente que no habrá un TLC con EE.UU. y que se “ayudará al Ecuador” en temas de comercio a través de la Mesa de Comercio ya existente. Cabe resaltar que esto no era una novedad, pues hay un consenso bipartidista en Washington sobre no más TLCs. Ni grandes, ni medianos, ni pequeños. Lo grave es que tampoco negociaron un gran paquete de cooperación al desarrollo. Eso también quedó claro en Washington. La asociación estratégica apenas le costará a Washington USD 13.5 millones extra en apoyo a microfinanzas, USD 5 millones extra para nutrición y dos lanchas de vigilancia marítima en préstamo. El total de ayuda sube de USD 23 a 35.3 millones. Igualmente como contexto, nuestros vecinos (incluso Venezuela), todos países de renta media, con similares o menores problemas que el Ecuador reciben mucha más asistencia al desarrollo. Una pequeña muestra de esta dicotomía puede verse en la siguiente tabla.

*No tiene asignaciones en estos rubros, son asignaciones para salud reproductiva y materno infantil como referencia de las cantidades asignadas a otros países.

De lo que se ve en la tabla, el país que mejor negocia cooperación de Estados Unidos es Perú, independientemente del gobierno de turno, la inestabilidad política o su nivel de renta media y capacidad de inversión social, pues en todos los rubros ha podido mantener asistencia alta y constante, casi a la par de países de mayor interés para EE.UU. como Honduras o El Salvador por el tema migratorio. Países como Colombia y Perú han negociado incluso asistencias significativas para salud reproductiva y materno-infantil. Eso sin contar con asistencia tecnológica para transición energética y adaptación al cambio climático, rubros donde el Ecuador recibe mínimo apoyo. Todos estos países han conseguido rubros importantes para nutrición infantil, biodiversidad y cambio climático, salud pública e inversiones en transferencia tecnológica para combatir crímenes informáticos. Ninguno ha aceptado una ley similar a la recientemente aceptada por el Ecuador.

¿Tal vez la inversión extra está en el presupuesto de Defensa 2023 de EE.UU? Puede que sí, pero sólo fueron asignados USD 20 millones más para el Comando Sur y esta cifra es aún muy pequeña para todas las necesidades de apoyo a las fuerzas que combaten el crimen organizado.

¿Cuál soberanía?

Para quienes crear la “La ley de asociación” es una declaración inocua que tiene sólo “como objetivo incentivar la cooperación bilateral, facilitar la relación comercial, promover el desarrollo económico inclusivo, luchar contra las economías ilícitas y la corrupción, fortalecer la democracia, y fomentar la conservación del medio ambiente”, como dice el comunicado de la Cancillería (Comunicado Oficial 2022-12-16), piénsenlo otra vez o —mejor aún— lean la ley. Por para poder dos ejemplos de la Sección 5543, se ordena:

“Al Secretario de Estado en coordinación con el Secretario de Comercio, la Representante de Comercio (USTR) y el Secretario del Tesoro, así como los jefes de otros departamentos y agencias federales, que sean relevantes, desarrollar e implementar una estrategia de fortalecimiento de lazos comerciales y económicos entre Estados Unidos y Ecuador… (3) estableciendo marcos o mecanismos de revisión de las implicaciones de seguridad y sostenibilidad fiscal de largo plazo de inversiones extranjeras en el Ecuador en sectores estratégicos o de servicios; (4) estableciendo un proceso competitivo y transparente de selección de proyectos de infraestructura y compras públicas en el Ecuador que promuevan transparencia, competencia abierta, sostenibilidad financiera y robusta adherencia a los estándares y normas globales.”

Nótese que en ningún momento se menciona siquiera al Gobierno del Ecuador o siquiera a las autoridades ecuatorianas pertinentes en el mandato de generar los marcos regulatorios pertinentes o de “revisión” de las inversiones extrajeras que el Ecuador pueda o no recibir. En ninguna de las secciones se menciona al Gobierno del Ecuador como agente, sólo como receptor de las políticas, marcos regulatorios y acciones que vendrán de EE.UU. ¿Cuáles son los equipos ecuatorianos de contraparte? ¿El Ecuador ya tiene planes para cada una de las áreas mencionadas o dejará que los EE.UU. impongan los suyos? ¿Cómo el Gobierno va a garantizar que compras públicas puedan servir todavía como herramienta de reactivación económica si las compras públicas serán reformadas de acuerdo con esta ley?

La ley de asociación estratégica es prácticamente una ley trole que anuncia planes, desde resguardar  las Galápagos hasta proteger la biodiversidad amazónica; desde controlar el narcotráfico y la corrupción hasta parar el desangre en las cárceles; desde ayudar a desarrollar la agricultura hasta asistir a la inclusión de pueblos indígenas y afros en el desarrollo económico y social, además de todo lo citado anteriormente. Esto explica por qué el embajador Fitzpatrick se sintió con derecho de decir cuán mal funciona el sistema de justicia y qué debe hacer el Ecuador en público, cosa que EE.UU. no se atrevía a hacer en Ecuador desde los años 90.

El presidente Guillermo Lasso y su comitiva fueron recibidos en la Casa Blanca por el mandatario norteamericano, Joe Biden Foto: Bolívar Parra/ Presidencia de la República

Pensar en el largo plazo

En un país tan fragmentado y crecientemente polarizado como el nuestro, una decisión tan fundamental como ésta no ha convocado debate por fuera de los ataques correístas a través de la Asamblea Nacional o las redes sociales. El país se merece una sincera y profunda explicación por parte del canciller Juan Carlos Holguín y de la Cancillería sobre cuáles fueron las motivaciones que llevaron al Gobierno de Guillermo Lasso a aceptar una ley de esta naturaleza, que pone una camisa de fuerza a cualquier opción de autonomía relativa, no se diga de soberanía que podía tener el Ecuador frente a la ya declarada guerra fría entre los dos titanes de la economía mundial: Estados Unidos y China.

En abril de este año, un grupo de académicos emitimos un comunicado abierto al país que contenía varias preguntas sobre la pertinencia de esta decisión, tanto al Canciller como al ministro de Comercio Exterior y Producción. Preguntamos si esta ley fue debidamente negociada, si existen análisis de las consecuencias del alineamiento pro-estadounidense para los sistemas de seguridad existentes, de los montos de ayuda negociada, de cómo condicionará la relación con China en el futuro, por qué no se incluyó en la toma de decisiones a otros sectores políticos y sociales. El ejercicio terminó con la creación de un Foro Permanente de Política Exterior que siguió haciendo estas preguntas e invitando a delegados de la Cancillería y el Ministerio de Comercio Exterior en un foro abierto para discutir estos y otros temas de política exterior en el entendido de que ésta es un tema de estado, no sólo de gobierno.

Sobra decir que las preguntas que hay muchas preguntas que no han sido contestadas. Y esto pasa por varias razones. La primera y más importante es que es que a diferencia de Rafael Correa, quien personalizaba y micro-gerenciaba todo, Lasso delega tanto que se nota su falta de conocimiento profundo en temas fundamentales de política pública y el manejo exterior no es una excepción.

Después de que prometió una política exterior no ideologizada y pragmática, su ejercicio de gobierno más bien ha seguido el principio británico o canadiense de “aferrarse como sea a los Estados Unidos.” Alineamientos de este tipo son tan graves como los lo que criticábamos a Correa respecto a su simpatía con todo lo que suene contrahegemónico. Un país pequeño tiene pocos recursos estratégicos internacionales, pero el principal de ellos es su autonomía, respetabilidad internacional y neutralidad en el ajedrez internacional. En el caso de un duelo de titanes globales, los países más débiles son las primeras víctimas.

El país se merece una sincera y profunda explicación por parte del canciller Juan Carlos Holguín y de la Cancillería sobre cuáles fueron las motivaciones que llevaron al Gobierno de Guillermo Lasso a aceptar una ley de esta naturaleza, que pone una camisa de fuerza a cualquier opción de autonomía relativa, no se diga de soberanía que podía tener el Ecuador.

La segunda razón deriva de la primera. Ante la persistente crisis interna, agravada por la falta de políticas sociales y productivas inclusivas, cualquier noticia en el frente externo se empaqueta fácilmente como “un hito sin precedentes” o logros incuestionables, cuando en realidad son procesos difíciles, con costos altos o de largo aliento. Hemos tenido muchos ejemplos de esto en las últimas semanas.

En la última semana de noviembre (a propósito de la cumbre de la CELAC en México) se anunció que prácticamente el TLC con México estaba sellado o como suelen anunciar: 99% concluido. Uno sólo tenía que leer la versión mexicana, ya sea de su Cancillería o en las conferencias  de prensa mañaneras del presidente López Obrador, para enterarse que él apenas lo está pensando y que sus reticencias siguen en pie.

Apenas unos días después, el Canciller anunció que la exención del visado Schengen era casi un hecho, cuando en realidad había que explicar que este es un proceso largo, donde apenas pasamos la primera exclusa y aún si ésta se aprobase en todas las instancias, la comunidad Schengen puede tomarse un par de años para hacerlo realidad para los ecuatorianos.

Finalmente algo que conozco de cerca, el anuncio de un acuerdo comercial con Canadá o como diría el ministro Prado “la fase 0 del TLC con Canadá". Bien por Ecuador por supuesto, pero la verdad es que cuando los canadienses anuncian “conversaciones exploratorias” quieren en verdad decir que agradecen el gesto, pero seguramente no lo van a implementar. El gobierno canadiense ha hecho sistemáticas evaluaciones costo-beneficio de iniciar nuevas negociaciones de comercio desde 2018, cuando concluyó el proceso del Acuerdo Transpacífico. Para ese entonces, tenía cubierto el 97% de su canasta de exportaciones con sendos TLCs firmados y ratificados y lo único pendiente era una negociación con la Alianza del Pacífico, Australia y Nueva Zelanda. Este tratado estaba a cuatro rondas de concluir cuando llegó AMLO al poder y esta negociación se cayó. Desde entonces, Indonesia, la Asociación de Países del Sudeste Asiático (ASEAN) y algunos otros han tratado de convencer a Canadá de negociar TLCs, sin resultados. Sería una excelente victoria diplomática que Ecuador convenza a Canadá cuando toda la ASEAN no ha podido, pues no hay imposibles en relaciones internacionales. La vía más fácil de lograr un acuerdo con Canadá es como parte de una renovada Alianza del Pacífico, cosa cada vez más difícil en el escenario actual.

El punto es que es el mismo Gobierno crea una ansiedad innecesaria sobre tratados comerciales y otros temas internacionales sobre las cuales tiene poco control, anunciando fechas o porcentajes de finalización, cuando en realidad lo que más afecta a la producción y competitividad del Ecuador es la crisis interna. Explicaciones menos triunfalistas aportarían más transparencia sobre las apuestas que están haciendo el gobierno de Guillermo Lasso en el escenario internacional.

El presidente Guillermo Lasso firmó el libro de visitas en la Casa Blanca, ante la mirada de su comitiva.  Foto: Bolívar Parra/ Presidencia de la República

El presidente, Guillermo Lasso se reunió en Washington con Susan Segal y con miembros de la Sociedad de las Américas / Consejo de las Américas (ASCOA), dos tanques de pensamiento de EE.UU. Foto: Bolívar Parra/Presidencia del Ecuador.

Más transparencia

La política exterior depende del nivel de institucionalización y mística del servicio diplomático y, después de los años de maltrato a muchos de ellos durante el correísmo, es claro que los funcionarios que sobrevivieron están agradecidos por la renovada confianza depositada en funcionarios de carrera para el manejo de la Cancillería.

Este Gobierno ha respetado más la carrera diplomática que los de Correa y Moreno, sobre todo para cargos internos, pero sigue usando los cargos en el exterior como moneda de pago de favores a amigos, parientes, coidearios, etc., sin ninguna explicación al país sobre la pertinencia, la ética o la necesidad de esos nombramientos, todos estos requisitos sujetos de análisis por parte de la Junta Consultiva para cualquier nombramiento político hasta el 2007.

Muchos olvidan que la cuota política es un asunto de ética política antes que de simple legalidad. El autodominio de los políticos de hacer lo correcto, no sólo lo legal, es uno de los pilares de la democracia; el abuso de recursos abona a que las democracias mueran, según Steven Levitsky y Daniel Ziblatt.

La prueba es que los últimos gobiernos sólo se han preocupado por mantener los nombramientos por debajo de la cuota, para evitar cuestionamientos incómodos, pero nunca se preguntan si debían o no hacer esos nombramientos o si es ético hacerlos. Por eso, a nadie le ha parecido mal que las embajadas más estratégicas en Europa y Estados Unidos estén ocupadas por nombramientos políticos y nadie se ha preguntado si tienen las credenciales para hacerlo o por qué fueron nombrados. Es una decisión que pudo haberse tomado o mucho antes o después de concluya el período.

La embajada de Israel va por la tercera nominación en apenas 18 meses de gobierno después de que dejaron sin efecto el nombramiento de una embajadora de carrera, como muchas otras embajadoras de carrera que están en puestos menores, como siempre, por mucho que hagan celebraciones de género cada marzo o noviembre. Priman los intereses particulares, antes que los institucionales.

Hay que recordar también que hubo buenas noticias en el frente externo este año. El éxito de conseguir vacunas contra el COVID-19 y completar la vacunación a principios de este año, el retorno de estudiantes de Ucrania, la presidencia de la Comunidad Andina, el asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU se debe a la existencia de un cuerpo diplomático organizado y con mística. Fue saludable también que el gobierno sea firme en su decisión de no otorgar salvoconductos a personas acusadas por casos de corrupción o de delitos comunes que nada tienen que ver ni con el espíritu, ni con el contexto en el que se negoció la convención sobre asilo diplomático y claramente, ha sido y será abusada en una región que ha recreado escenarios de Guerra Fría, cada vez que hay cambios de gobierno. Al menos el Canciller ha durado todo el año, dada la volatilidad de los gabinetes de Guillermo Lasso.

Grace Jaramillo es PhD en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales por Queen’s University. Profesora adjunta en la Universidad de British Columbia, Canadá.

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