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8 de Diciembre del 2023
Historias
Lectura: 6 minutos
8 de Diciembre del 2023
Álex Ron

Escritor y catedrático universitario.

Hotel Quito: mirador patrimonial en riesgo
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El hotel en 1964. Foto original. Fotos: Archivo Cortesía

 

Desde 2017, el hotel que era propiedad del IESS, fue vendido a la empresa china, Road and Bridge Corporation. Esta ha dejado que el hotel pierda su majestuosidad, porque luce despintado y desvaído. La empresa china, junto a la misma constructora de la desangelada torre que destruyó la vista panorámica del hotel, ahora pretende edificar algunas torres alrededor de esta joya arquitectónica.


Una ciudad no sólo es su área urbana, es un espacio simbólico. Las ciudades con más carga histórica y simbólica seducen porque van más allá de veredas, calles, avenidas y miles de construcciones. Quito es una ciudad barroca, contradictoria, repleta de lomas y quebradas, no es homogénea, siempre sorprenden sus contrastes. No sólo es su paisaje andino y su centro colonial, también está la sensación mística que atraviesa algunos barrios del norte que surgieron a inicios y mediados del siglo XX:  Mariscal, Floresta, González Suárez. Una de las edificaciones más representativas de la modernidad arquitectónica de posguerra es el Hotel Quito. Lamentablemente, hoy es un espacio simbólico en riesgo por el avance de una verticalización arquitectónica grotesca.

Charles Foster McKirahan, fue el arquitecto norteamericano que diseñó el hotel, el mismo que fue inaugurado en 1960. Foster trazó una obra horizontal, sinuosa, que sigue la línea MiMo del sur de Florida. El máximo logro de la obra de McKirahan fue captar la complejidad del paisaje andino integrándolo al mismo. El hotel, de siete pisos, transpira el aire místico que sube con la niebla desde Guápulo, es en un espléndido minarete con una vista panorámica de todo el valle de Tumbaco, el centro histórico, el Panecillo, el volcán Pichincha y el norte de la ciudad. Desde el último piso del hotel existe un paisaje único, por un instante parecería que estamos más cerca de nubes, cielo y cordillera. Sin embargo, la magia se rompe abruptamente cuando miras hacia el occidente y te encuentras con una monótona torre de más de veinte pisos que destroza la armonía entre paisaje y ciudad. Nuevamente las constructoras y sus moles de cemento destruyen la magia del espacio urbano.

El hotel en el año 1967 

Andrés Núñez, experimentado arquitecto e investigador urbanístico, junto a un diverso grupo de colegas, artistas y vecinos de la Floresta y la González Suárez, han emprendido una decidida defensa de esta construcción patrimonial. Definitivamente, es un hotel atípico y barroco, y para Andrés, debe ser la construcción simbólica más distintiva del norte capitalino, por algo fue declarada en 1998 como Patrimonio Cultural Nacional por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural.

Estas corporaciones sólo piensan en el valor económico del predio, algo más de una hectárea, en la zona de más alta plusvalía de Quito. Desde 2017, el hotel que era propiedad del IESS, fue vendido a la empresa China Road and Bridge Corporation.

En Quito del siglo XXI, vivimos en medio de un crecimiento vertiginoso de nuevas construcciones de edificios que siguen cánones muy parecidos, cada vez las calles y avenidas se parecen más. Para las grandes constructoras el místico hotel no representa nada. Estas corporaciones sólo piensan en el valor económico del predio, algo más de una hectárea, en la zona de más alta plusvalía de Quito. Desde 2017, el hotel que era propiedad del IESS, fue vendido a la empresa China Road and Bridge Corporation. Esta empresa ha dejado que el hotel pierda su majestuosidad, porque luce despintado y desvaído, sin los detalles que le dotaban de elegancia y misterio. La empresa china, junto a la misma constructora de la desangelada torre que destruyó la vista panorámica del hotel, ahora pretende edificar algunas torres alrededor de esta joya arquitectónica. Están yéndose en contra de una ley patrimonial que protege no sólo al hotel, sino también a la integralidad del proyecto arquitectónico, es decir al predio repleto de jardines y espacios verdes.

El hotel en 1996.

Respecto al predio asediado por estos monopolios del espacio vertical, el urbanista Fernando Carrión es muy claro. “No sólo está dentro del área de conservación el propio edificio, sino que está todo el espacio en el cual se desarrolla el Hotel Quito. De tal manera que, por ejemplo, construir torres, eso ya no se podría hacer. Ya no sólo es un tema de altura, como estaba planteado —es decir, de densidad— sino de mantenimiento del patrimonio.” Está claro que el valor patrimonial del hotel  está dado por la impresionante vista que posee.

Sacrificar un paisaje patrimonial, con una alta carga simbólica, para continuar con esta fiebre inmobiliaria es una distopía arquitectónica porque destruye los imaginarios constitutivos de la identidad espacial de nuestra ciudad. Una ciudad sin identidad cultural es una ciudad sin alma. En nombre del progreso, las corporaciones no pueden seguir arrasando con edificaciones patrimoniales porque Quito es una ciudad milenaria, cuyo máximo atributo turístico no son los centros comerciales sino todo el vértigo que transmite su arquitectura barroca. El hotel Quito es un bastión patrimonial que debe ser respetado porque ya es parte de nuestra memoria histórica, es la construcción paisajista más compleja de la arquitectura moderna del siglo XX.

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