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25 de Febrero del 2022
Historias
Lectura: 7 minutos
25 de Febrero del 2022
Soraya Constante
Dejar una vida: el drama de una familia ecuatoriana que huye de Ucrania
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Esta joven familia ecuatoriana ha tenido que abandonar su casa en Kiev con su bebé ante el inicio de la guerra.  Fotos: Cortesía 

 

Se fueron a estudiar, como los más de 700 ecuatorianos que residen, sobre todo en la capital del país, pero tras terminar sus maestrías consiguieron trabajo y decidieron quedarse. El relato de esta joven familia que logró llegar a la frontera con Polonia da cuenta de la zozobra que se vive en esa parte del mundo.

Jefferson Sarzosa y Viviana Santillan son ecuatorianos y están intentando salir de Ucrania con su hija Zhittya de apenas un mes de nacida. La pareja tiene 29 y 28 años, respectivamente, y llevan casi 10 años en Kiev. Se fueron a estudiar, como los más de 700 ecuatorianos que residen, sobre todo en la capital del país, pero tras terminar sus maestrías consiguieron trabajo y decidieron quedarse. El relato de esta joven familia que logró llegar a la frontera con Polonia da cuenta de la zozobra que se vive en esa parte del mundo. 


La congestión afecta a todas las vías hacia las fronteras del oeste del país. 

Jefferson y su familia salieron de Kiev el jueves de madrugada, después de las primeras bombas que cayeron en la ciudad. Un amigo que vive cerca del aeropuerto les llamó asustado y les dijo que la guerra había empezado, que cogieran ropa abrigada, que pusieran gasolina en el vehículo y que se marcharan. La familia tuvo suerte porque vivía en las afueras de Kiev y condujeron su Chery Tiggo durante 17 horas hasta la ciudad de  Lviv que está cerca de la frontera con Polonia. “Nos levantamos en shock, cogimos dinero, documentos y a mi bebé que tiene apenas un mes de nacida. La salida estaba llenísima de tráfico, un trayecto que antes me tomaba unos 3 o 4 minutos, me tomó 5 horas. Una amiga nos decía que mejor nos quedemos en casa, que bastaba con alejarse de las ventanas, pero decidimos avanzar. Menos mal hallamos gasolina, aunque no se pudo pagar con tarjeta”, cuenta Jefferson la tarde de este viernes desde un punto desconocido de Ucrania, que según Google Maps está a unos 20 kilómetros de Polonia.


La aviación rusa ha lanzado bombardeos sobre las ciudades de Ucrania. 

Jefferson y su familia salieron de Kiev el jueves de madrugada, después de las primeras bombas que cayeron en la ciudad. Un amigo que vive cerca del aeropuerto les llamó asustado y les dijo que la guerra había empezado, que cogieran ropa abrigada, que pusieran gasolina en el vehículo y que se marcharan.

Mientras espera que la fila de coches que tiene delante se mueva, observa que hay botellas de agua fuera de las casas de la gente de la zona y hace una foto, y cuenta que en el camino hubo gente que les dio té y galletas, pero también hubo mucho miedo porque escuchaban en la radio que los pequeños aeropuertos que dejaban atrás eran bombardeados y que las ciudades ponían toque de queda por seguridad de la población.

Llegaron a Lviv de madrugada, con temor de no poder entrar y descansaron un par de horas en la casa de una amiga hasta que sonó nuevamente la alarma que anuncia un ataque aéreo. “A las cinco de la mañana de este viernes sonó nuevamente la misma alarma que ya habíamos oído en Kiev. La gente decía que eso no había sonado desde la Segunda Guerra Mundial. Es estremecedor. El sonido te pone de los nervios, no sé cómo expresar esa sensación, pero nos asustamos. Nos habían dicho que una alarma significa estar atentos y tres alarmas seguidas significan que debemos buscar refugio. En la casa donde nos quedamos había un sótano y nos metimos allí durante una media hora, luego dijeron en noticias que habían atacado por segunda ocasión el aeropuerto de Lviv y que los aviones estaban llegando a la frontera”, recuerda el ecuatoriano que hasta hace poco era manager de cuentas de una empresa transnacional que precisaba de su español. 

La población de Ucrania ofrece agua a quienes huyen de las ciudades hacia la frontera

La pareja no sabe si va a poder cruzar hoy mismo a Polonia, su plan no era dejar Ucrania sino solamente quedarse en Lviv unos 15 días, hasta que todo se solucione por la vía diplomática como había dicho el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, en días pasados. En su coche ahora viajan también dos ecuatorianas más que también quieren salir de Ucrania. Jefferson cuenta que recién les pasaron un mensaje al móvil a todos los ecuatorianos para que vayan a una universidad de Lviv donde supuestamente va a haber transporte, pero ellos como tienen transporte propio y no quieren regresar. “Con la bendición de Dios pensamos salir a Polonia”, dice y añade que quiere compartir algo personal que estaba pensando en las últimas horas. “Si pensábamos volver a Ecuador, pero no de esta manera, dejamos todo como si fuéramos a volver: la ropa colgada, las camas destendidas, el pan encima de la mesa, el cuarto del bebé que recién estábamos armando, teníamos una cunita que nunca usó y no sabemos si va a usar…esa era nuestra vida”. 

“Si pensábamos volver a Ecuador, pero no de esta manera, dejamos todo como si fuéramos a volver: la ropa colgada, las camas destendidas, el pan encima de la mesa, el cuarto del bebé que recién estábamos armando, teníamos una cunita que nunca usó y no sabemos si va a usar…esa era nuestra vida”.

En el audio que transmite finalmente se oye a su esposa, Viviana “Hay muchos estudiantes que hasta se alegrarán de volver a sus casas, pero hay gente que ya teníamos una vida hecha aquí, yo entiendo bien el idioma y entendía que decían en las noticias que iba a ver una guerra, pero me negué a creerlo, decía estas cosas ya no pasan en este siglo y aquí estamos tratando de huir y no sabemos a qué atenernos ya saliendo de Polonia, no sabemos cuánto va a cambiar nuestra vida”. 

Ellos hablan desde dentro de su vehículo y la charla se interrumpe por el llanto de la pequeña Zhittya. Lo último que les pregunto es saber qué significa el nombre de la niña y me responden que “vida”.


Ante las alarmas de ataque aéreo, las personas buscan refugio en los sótanos y en los túneles del metro 

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