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14 de Marzo del 2022
Historias
Lectura: 8 minutos
14 de Marzo del 2022
Manuel Novik
El Gobierno da por terminados los vuelos humanitarios; 53 compatriotas decidieron quedarse en Ucrania
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El canciller Juan Carlos Holguín hizo un balance de los tres vuelos humanitarios organizados por el Gobierno. Foto: Cancillería del Ecuador

El Gobierno ha traído a 711 ecuatorianos procedentes de Ucrania. En tres vuelos humanitarios y varios vuelos comerciales se logró evacuar a los compatriotas de la zona de guerra. Mientras tanto, muchos otros decidieron quedarse en Ucrania o en países vecinos. Salir de Ucrania no es tarea fácil.

El último vuelo humanitario que dispuso el Gobierno aterrizó con éxito este lunes 14 de marzo de 2022. Alejandra, una de las ecuatorianas que vino en el avión, fletado por el Gobierno a una empresa española, narró su travesía para salir de la zona de guerra. La joven llegó a Quito con una sensación agridulce. Por un lado, está agradecida del trato que recibió de los voluntarios ucranianos, húngaros y de los  funcionarios de la Cancillería. Por otro, dejó su vida en Leópolis (Lviv), Ucrania.

En Leópolis, que supuestamente era una ciudad alejada de los combates, se empezó a sentir la cercanía del conflicto con los rusos. En un inicio, Alejandra, estudiante universitaria ecuatoriana, había decidido permanecer en la ciudad ya que estaba a puertas de culminar su carrera. Ella vivía en Leópolis desde hace años. Estudiaba medicina, estaba en sexto año y se graduaba en junio. La universidad no les avisó mucho sobre su futuro, pero Alejandra ya tenía trabajo en Ucrania y se proyectaba en el largo plazo en el país europeo, pues no pensaba volver al país.


Alejandra vivía en Leópolis desde hace seis años. Esa ciudad fue una de las más concurridas por los ecuatorianos que iban hacia Polonia.

Pero todo cambió cuando los rusos atacaron la planta nuclear de Zaporiyia el 4 de marzo, cercana a su ciudad. Alejandra veía que todos los ecuatorianos se empezaron a ir. Las alarmas empezaron a ser más frecuentes, de tener alertas una vez por día empezaron a bajar a los bunkers hasta seis veces diarias. También notaron el paulatino desabastecimiento  de alimentos en los supermercados.

Todo esto le llevó a formar un grupo de siete ecuatorianos para salir de Leópolis. Hablaron directamente con el canciller Juan Carlos Holguín para pedir rescate, “todos los días nos llamaban a pedir que salgamos. Hablaban con nosotros para convencernos” dijo. Entonces, por instrucciones de la Cancillería se dirigieron hacia Budapest, la capital de Hungría.

Pero primero tomaron un tren a Chop, cercano a la frontera con Hungría. En la estación de tren “todo el mundo quería subirse, las mujeres gritaban, había un solo tren al día” relata la joven estudiante. A pesar de que tenían boleto, la aglomeración era tal que no pudieron subir a su vagón. Entre llantos e impotencia consiguieron subir a otro vagón. Tras las seis horas de viaje, tomaron otro tren de cinco horas más para cruzar la frontera hacia un pueblo ya en Hungría.

Pero todo cambió cuando los rusos atacaron la planta nuclear de Zaporiyia el 4 de marzo, cercana a su ciudad. Alejandra veía que todos los ecuatorianos se empezaron a ir.

“No es fácil salir, normalmente salir a Chop son cuatro horas, a nosotros nos tomó 16 horas. Las estaciones en Lviv están colapsadas”. Según relata Alejandra, fuera de la estación de trenes hay gente de todo lugar que hace filas de hasta tres cuadras para entrar. A este grupo de ecuatorianos no les sirvió tener boletos. Tuvieron que conseguir su lugar en el tren a la fuerza, en medio de empujones y desesperación.


En el tercer vuelo humanitario llegaron 189 pasajeros, entre ellos 45 extranjeros. Foto: Cancillería del Ecuador

Una vez en el país húngaro recibieron un buen trato. Les dieron refugio y alimentos en una carpa temporal. Con una escolta policial fueron a la estación de tren y tomaron el último trayecto hacia  Budapest. En la capital húngara, había presencia de varias ONGs que les daban alimentos, medicinas, elementos de higiene y hasta alimentos para las mascotas. Ahí se contactaron con un funcionario de la Cancillería que tenía el contacto de un refugio en una iglesia para los ecuatorianos. En este campamento también tuvieron un buen trato de parte de los religiosos que los recibieron.

“Al refugio iban abogados y voluntarios que nos ayudaban con la situación migratoria” relata Alejandra. Les informaban que en Hungría se podían quedar hasta tres meses de manera legal en calidad de protegidos. Finalmente, cuatro de sus amigos decidieron quedarse y no tomaron el vuelo humanitario. “Tienen trabajos allá en Europa” dice la ecuatoriana.

Esta estudiante tiene la esperanza de que la situación mejore para poder volver a Ucrania, pues ya tenía un trabajo regular. Su vida estaba allá. Desde el primer año vivía con su hermana en un departamento. Sus papás les ayudaban con unos USD 400 a cada una. “Un trabajo allá te pagaba, sin título, unos USD 700, con eso vives allá” agregó. El arriendo podía estar entre los USD 200 y USD 300. La universidad alrededor de los USD 4700 anuales. Más allá de los costos, Alejandra está segura de  que acá no podrá encontrar las mismas oportunidades.

Desde Budapest, Alejandra tomó la decisión de retornar al país. La situación en Ucrania se estaba volviendo insostenible. Ahora está en clases virtuales, pero su proceso de graduación es incierto.

Al aeropuerto de Quito llegaron 189 pasajeros y 43 mascotas. Entre los tres vuelos humanitarios y los dos vuelos comerciales 711 ecuatorianos que habitaban en la zona de conflicto ya se encuentran en territorio nacional. Durante la operación de retorno las autoridades nacionales han impreso 213 pasaportes de emergencia para ecuatorianos indocumentados. Pero muchos ecuatorianos se quedaron, al momento se sabe de 106 en Polonia, 53 en Ucrania, 30 en Hungría, 17 en Eslovaquia, 16 en Rusia, entre otros países.


Con este último vuelo sumaron 711 las personas que vivían en Ucrania y regresaron al Ecuador. Todavía hay cientos de ecuatorianos en países fronterizos a Ucrania y al menos 43 se quedaron en el país ucraniano. Foto: Cancillería del Ecuador.

En horas de la tarde, en la Cancillería, el ministro de Relaciones Exteriores, Juan Carlos Holguín, dijo que aún hay 53 ecuatorianos en Ucrania: “tenemos pocas posibilidades de acción, todo se hace en coordinación con los gobiernos locales. Solo queda un caso crítico. El resto de los ciudadanos decidieron quedarse en Ucrania” dijo. Muchos de ellos serían intermediarios y residentes en Ucrania que llevaban  estudiantes a ese país.

Por otro lado, el canciller confirmó que ninguno de los siete ecuatorianos rescatados de Sumy, una zona de alto conflicto, quiso regresar al Ecuador. “Una de las chicas que quería volver fue convencida por sus compañeros de permanecer en territorio europeo” dijo Holguín. También informó que el caso de Dominic Cortés, cuyo hijo estaba atrapado en una zona de riesgo, llegó a buen puerto. “Está en un país seguro” dijo Holguín, aunque por “razones de seguridad” no se dio su ubicación. Sobre el caso de Diego Moncayo, no se habilitó un corredor humanitario por lo que tuvieron que detener momentáneamente el proceso de evacuación, aunque confirmaron que seguirán haciendo las gestiones para mover al ecuatoriano a una zona segura.

 

 

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