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3 de Octubre del 2023
Historias
Lectura: 9 minutos
3 de Octubre del 2023
Fermín Vaca Santacruz
La tarima de Daniel Noboa que pudo ser una historia de Instagram
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Los teleneros de Noboa: varios grupos musicales amenzaron la espera del candidato.  Fotos: Luis Argüello. PlanV

 

Durante la semana previa al debate, el postulante a la presidencia de la República hizo una campaña en donde no parecía sentirse del todo cómodo en la tarima. Conversatorios con estudiantes, visitas a diplomáticos y algunas entrevistas marcaron la agenda de Noboa en la capital.

Acompañada de su perro, una mujer de la tercera edad aprovechaba que la tarde lluviosa se había despejado parcialmente para salir de su casa, ubicada en las cercanías del parque del bulevar Santa Clara, en el Valle de los Chillos, al suroriente de la capital, para intentar ver a Daniel Noboa.

Desde principios de la tarde, las primeras lluvias invernales que caen sobre Quito y sus suburbios no habían impedido que varios cientos de simpatizantes de la campaña de Daniel Noboa lo esperen ante una tarima instalada en ese parque, en donde es posible ver un río que las lluvias de la tarde habían vuelto más torrentoso de lo habitual.

Una tarde sombría y lluviosa fue el marco de una concentración de Daniel Noboa en Sangolquí. 

La mujer se abrió paso entre los simpatizantes con prendas de color morado, algunos de los cuales, habían formado parte de los grupos de apoyo a la campaña de Fernando Villavicencio en el cantón Rumiñahui, jurisdicción a la que pertenecen esos barrios de Quito.

Decenas de vehículos de todos los tamaños se habían estacionado en el parqueadero del parque y en las calles aledañas, incluyendo al Bulevar, en donde está prohibido, lo que activó a los agentes de control de tránsito con grúas que empezaron a multar y a llevarse varios carros.

Algunos simpatizantes llegaron en buses, mientras el Ejército desplegó tropas en un camión. 

Pero cuando  la mujer con el perro llegó, le contaron que Daniel Noboa se había ido ya. Quedaban los cantantes, pues la invitación anunciaba la presencia de varios grupos de música popular.

"Yo lo quería oír a él, no a los cantantes", dijo la mujer con un gesto de decepción, mientras un par de hombres de mediana edad también se lamentaban: "ni siquiera dijo buenas tardes".

Los simpatizantes esperaban a Noboa tras un vallado de seguridad. 

Y es que en el sitio se habían apostado grupos de militantes de Noboa con pancartas, ante una tarima que contaba con todos los artefactos de rigor: desde los grandes parlantes hasta la pantalla gigante, pues en ese lugar se había anunciado la visita del postulante. Pero el ambiente en el sitio, a pesar de la potente tecnocumbia que sonaba, era más bien frío, acaso por la fuerte lluvia, que motivaba a los asistentes a esperar con paraguas al candidato.

La seguridad aprendió la trágica lección

En torno a la tarima se había montado un nutrido operativo de seguridad, a tono con la violencia política que caracterizó a las elecciones anticipadas. En un camión llegaron decenas de efectivos del Ejército, que se sumaron a policías vestidos de negro y a guardaespaldas privados de la campaña, algunos de aspecto extranjero y otros locales. 

Las fuerzas de seguridad aprendieron la lección tras el crimen de Villavicencio, y esta vez, el filtro de seguridad había puesto los ojos en los cuatro puntos cardinales. Entre el armamento que portaban los soldados del Ejército, estaban los fusiles de combate y también escopetas, así como lanzagranadas de gas lacrimógeno.

El Ejército y la Policía formaban una cápsula de seguridad junto con guardaespaldas privados. 

De su lado, encabezados por dos extranjeros, los agentes privados de la campaña, con chalecos delgados y pistolas de nueve milímetros, revisaban constantemente la ruta por donde debía llegar Noboa Azín.

Los agentes de seguridad de Noboa supervisaban la cápsula de control. 

La presencia del candidato se había anunciado para las 17:00, pero eran las 17:45 cuando finalmente apareció una caravana de potentes camionetas de alto cubicaje, con los vidrios polarizados y luces policiales, que los soldados del Ejército, los policías y los guardaespaldas empezaron a proteger con el cuerpo y en todas las direcciones. Los agentes de aspecto extranjero hacían su trabajo a conciencia: un hombre de elevada estatura parecía mirar cada rostro y cada gesto, y con rapidez se movía de un lugar a otro de la cápsula de seguridad, dado rápidas instrucciones por medio de un radio que tenía. Dos vecinas curiosas del sitio se preguntaban: "¿Serán españoles? ¿Serán israelíes?". 

El presidenciable llegó 45 minutos luego de la hora anunciada en camionetas de alto cubicaje. 

La caranava de alta cilindrada 

La caravana se abrió paso por la parte posterior de la tarima y de la parte posterior de una de las camionetas saltó Daniel Noboa, luciendo un chaleco negro y una camiseta de color morado. La gente que había acercado apenas pudo verlo, pues los anillos de seguridad del postulante lo rodeaban. Subió rápidamente a la tarima, y pidió el micrófono.

Daniel Noboa no destaca por su elocuencia o su capacidad de improvisación, evidentemente. Tomó el micrófono, paró la música, y la gente que había esperado bajo la lluvia del Valle de los Chillos pudo ver su rostro en la pantalla gigante.

Tres horas de espera y tres minutos de discurso de Daniel Noboa en Sangolquí. 

Empezó a hablar: reiteró nuevamente que en su gobierno no se afectarán ni la salud ni la educación, algo que se ha vuelto una consigna tras las desafortunadas declaraciones de su binomio, que intentó emular al polémico argentino Xavier Milei y le salió pésimo. Insistió en que la suya es una propuesta nueva y joven. Saludó a los simpatizantes del cantón Rumiñahui. Los llamó a votar por él el 15 de octubre. Y devolvió el micrófono y se fue. La concentración de los noboístas fue de tres horas de espera y tres minutos de discurso. 

Mientras hablaba, los soldados del Ejército y los guardaespaldas se colocaron en los cuatro extremos de la tarima, con los fusiles listos y los ojos en todas las direcciones.

Y tal como había llegado, escoltado por una seguridad implacable, apuradísimo como si tuviera muchas más cosas que hacer, parco en lo que tenía que decir y sin nada nuevo que agregar, Daniel Noboa se volvió a subir a la potente camioneta negra que esperaba con el motor encendido y se fue del lugar, dejándo entre los simpatizantes un extraño sabor de boca, pues aunque nadie esperaba un discurso de varias horas, cual Hugo Chávez, ni estamos en los tiempos del "dadme un balcón" del ex presidente Velasco Ibarra, la tarima de Noboa bien pudo ser una historia de Instagram, y nadie se hubiera mojado.

Varias de las bases de la campaña de Fernando Villavicencio en localidades cercanas se hicieron presentes en el sitio. 

Los Noboa Azín en Quito

Durante esa semana, Noboa le dedicó más tiempo a los conversatorios con estudiantes, mientras se alojaba con su esposa y su madre en una casona quiteña de amplios patios, con paredes blancas y ventanas pintadas de azul añil. Les acompañaba Álvaro, un pequeño de pocos años que es hijo de la pareja pero que no pierde oportunidad para explorar todos los rincones.

Influencer de primera línea, Lavinia Valbonesi registró su estadía en la casona, tomándose fotos con su suegra, mientras en la campaña de Noboa la gran ausente es la binomio, Verónica Abad, quien oficialmente está de gira, aunque no queda claro en dónde ni en calidad de qué. Valbonesi aprovechó para subir las fotos de los tres en una misa en Quito, destacando su devoción católica, en contraste con el credo protestante de Luisa González. 

Noboa pasaría la víspera del debate en la casa donde se alojaba con su familia. Ahí preparó sus últimos detalles antes de concurrir al canal EcuadorTV, al norte de Quito. Tras el debate, Noboa volvió a Guayaquil y a retomar los recorridos por las provincias de la Costa. 

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La tarima de Daniel Noboa que pudo ser una historia de Instagram
 


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