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13 de Julio del 2021
Historias
Lectura: 9 minutos
13 de Julio del 2021
Manuel Novik
Chulpicine: 20 años llevando el cine a los niños en los barrios
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Este 2021 se conmemoran 20 años de la celebración del festival infantil y juvenil Chulpicine en Ecuador, dirigido a llevar el cine a los sectores más vulnerables. Fotos y videos: Cortesía de Chulpicine

 

Este año vuelve Chulpicine con modalidad mixta: habrá funciones presenciales y virtuales y se proyectará en siete provincias. La iniciativa busca "democratizar la cultura" pero aún tiene trabas tributarias y, sobre todo, falta de auspicios de la empresa privada.


El 24 de julio de 2021 inicia el festival de cine infantil y juvenil con más de 120 funciones hasta el 25 de septiembre. Se proyectará en centros de arte, salas de cine, calles y por vía digital. Lo que empezó en 2002, como una visita de cine itinerante en los barrios de Quito, llegará este año a Pichincha, Chimborazo, Imbabura, Azuay, Guayas, Manabí y Orellana. Este 2021 se cumplen dos décadas de un cine fuera de las grandes productoras dirigido a sectores populares.

El estreno será en la Cinemática de la Casa de la Cultura a las 11h00. Una combinación de funciones presenciales y virtuales busca mantener vigente a un festival que en 2020 tuvo solo el 10 % de la asistencia habitual debido a la pandemia. El Ministerio de Cultura se ha encargado de aprobar ante el COE los protocolos de bioseguridad. Aforos limitados, mascarillas gratuitas y un remolque para lavarse las manos son algunas de las medidas que impulsará el festival.

Cine distinto, e inédito

Ver las películas del festival Chulpicine será una oportunidad única para los niños. Las producciones no estarán disponibles en las grandes salas ni en la televisión. Conseguir las películas ha sido un proceso largo de negociación, “para el estreno estuvimos más de 7 meses en conversaciones, el cine infantil se cuida más de la piratería que impera en Latinoamérica” dice Alexander Páliz, director de Chulpicine.

El estreno será la colaboración irlandesa-francesa y británica titulada Wolfwalkers.

Gracias a la longevidad del festival hay autores como el uruguayo Walter Tournier o el francés Michel Ocelot, referentes globales de la animación infantil que colaboran año a año con la causa. Hay géneros tan distintos como cortometrajes, ficción o animación. Los directores que se han presentado vienen de China, Japón, España, Chile, Francia, entre otros países.

Para la apertura se proyectará la película Wolfwalkers, una colaboración irlandesa, francesa y británica que se estrenó este 2020. Cada año las productoras crecen y obtienen la exclusividad de las películas. Por eso el valor agregado de Chulpicine es el de entablar esos contactos que cada vez son más difíciles de conseguir en el mercado.

Gracias a la longevidad del festival hay autores como el uruguayo Walter Tournier o el francés Michel Ocelot, referentes globales de la animación infantil que colaboran año a año con la causa. Hay géneros tan distintos como cortometrajes, ficción o animación.

Cine para todos

El cine ha posibilitado llegar a lugares recónditos del país. Francisco Ortiz, coordinador de prensa, relata cuando fueron a Zamora Chinchipe, a la comunidad de Río Blanco en la frontera con Perú: “el lugar no tenía energía eléctrica y peor televisión. Los niños nunca habían visto una pantalla o un proyector”. También recuerda cuando arribaron a Napo, Sucumbíos y Orellana que habían sido las provincias con mayor número de suicidios infantiles.

Sus viajes por el país los llevaron a fundar el espacio para “Chulpi Comunicadores”. Enseñaron a los niños a manejar los equipos de cine para que puedan hacer sus propias películas. Los pequeños se conseguían motos, lanchas o mulas para transportar las cámaras y proyectores en sus pueblos. 

Uno de los proyectos de los Chulpi Comunicadores fue un noticiero comunitario en Zámbiza. Cada dos semanas se proyectaban las noticias locales donde los vecinos se veían a sí mismos en la pantalla. En un inicio había 15 espectadores, luego de algunas semanas todo el barrio estaba expectante de las funciones.

Se entrevistaba a los panaderos, mecánicos y distintos vecinos. Por este medio se llegó a entrevistar a un historiador del barrio que reveló que Zámbiza es más antigua que la misma fundación de Quito. “A través de esta iniciativa pudimos relegar la concepción de que el barrio es un botadero, la gente se empezó a conocer entre sí” dice el director del festival.


El cine itinerante se puede instalar en cualquier calle, iglesia o sala del país. El equipo está conformado por áreas de dirección, producción, logística, coordinación, talleres y contaduría.  

Uno de los proyectos de los Chulpi Comunicadores fue un noticiero comunitario en Zámbiza. Cada dos semanas se proyectaban las noticias locales donde los vecinos se veían a sí mismos en la pantalla. En un inicio había 15 espectadores, luego de algunas semanas todo el barrio estaba expectante de las funciones.


Francisco Ortíz es el coordinador de comunicación y Alexander Páliz el director del festival.  

Cómo sostener el cine independiente

El festival es gratuito ya que su objetivo es llegar a los sectores más vulnerables que quizás nunca han visto un filme internacional. Pero siempre se depende de la voluntad de los políticos de turno, que no logran institucionalizar una ayuda sistematizada a un festival que fue declarado como emblemático por el Ministerio de Cultura.

Los aportes privados también han disminuido debido a que las empresas han iniciado sus propias fundaciones de responsabilidad social. Alexander cuenta que la exoneración de impuestos para empresas que ayuden a fundaciones no está clara aún: “conseguimos contactos pero al momento de ir al SRI todavía no estaba en práctica esta medida”.

Tanto desde el Gobierno como desde el sector privado han sugerido que deberían cobrar por las entradas, ante esto Alexander se niega: “no vamos a cobrar entradas a familias que a veces tienen un dólar para comer en el día” enfatizó el director del festival.

Han conseguido fondos del Instituto de Fomento a la Creatividad y la Innovación, pero estos son limitados. También han participado en campañas como “Reacciona Ecuador, el machismo es violencia”, el seminario “Ahí te ves qué ves” que discutía los contenidos en televisión nacional o el asesoramiento para la categorización por edades de los programas en los medios de comunicación.

Tanto desde el Gobierno como desde el sector privado han sugerido que deberían cobrar por las entradas, ante esto Alexander se niega: “no vamos a cobrar entradas a familias que a veces tienen un dólar para comer en el día” enfatizó el director del festival.

Chulpicine ha llegado a más de 150.000 espectadores a nivel nacional a través de alrededor de 1500 funciones desde su fundación en 2002.

“El cine no da votos”

Chulpicine es mucho más que la proyección de películas. El festival ha significado la participación de las comunidades donde han ido. La gente ahora pregunta por ellos y pide un espacio para cada año. Los vecinos organizan comidas y toda la familia se dispone siempre al programa de cine móvil para los más pequeños.

Francisco cuenta que el camino no ha sido fácil: “el arte en el país es visto como un gasto y no como una inversión. Se han hecho tantos cálculos políticos donde obviamente los niños no figuran como votantes”. El festival ha llegado a más de 150.000 espectadores a través de alrededor de 1.500 funciones.

En última instancia, iniciativas como ésta sirven para la apropiación de espacios, “la gente sale a las calles y eso vuelve a las ciudades más seguras” añade Francisco. Chulpicine le sigue apostando a promover un contenido de calidad, fomentar el cine como una herramienta de aprendizaje y democratizar la cultura.

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