La Feria Internacional del Libro de Quito implicó un intenso debate a partir de las críticas que surgieron desde varios sectores. Se dijo que, tras su realización, el periodismo cultural tendría la oportunidad de investigar esos cuestionamientos y dar luces para el diseño de una verdadera política pública sobre los libros y la lectura en la capital. Sin embargo, muy poco se ha publicado sobre el tema. Plan V, el 28 de junio pasado, publicó un artículo escrito por Eduardo Varas, el cual evidencia el grave problema que atraviesa el periodismo cultural que sobrevive en el Ecuador: es demasiado cercano a la institucionalidad de la cultura. Consecuentemente, he solicitado a Plan V espacio para una respuesta, a fin de topar algunas de las aristas urgentes de este debate.
1. Eduardo Varas, escritor guayaquileño de amplia trayectoria, estuvo invitado a tres eventos en la Feria del Libro. En un contexto en el que la principal crítica a la Feria fue la discrecionalidad en la selección de los invitados, los lectores de Plan V tienen derecho a conocer que el reportaje no partió de un punto de vista imparcial, por el contrario, refleja la visión de un invitado y beneficiario (porque estar allí implica una amplia exposición para su obra literaria, así como contactos con autores y editores nacionales e internacionales que estuvieron presentes). Su posición, varias veces expresada en sus redes sociales, fortaleció una narrativa que estigmatizó a quienes hicimos públicas nuestras críticas. El 20 de junio Eduardo expresó: “La gente que ha articulado esa crítica hacia la organización de la Feria —hacia algunos participantes y personas que han opinado de manera contraria a lo que este grupo de personas piensa correcto—, una ‘crítica’ rellena de una virulencia que ya es parte del día a día del ecuatoriano, debe también hacerse cargo de lo que ha dicho y escrito”. Nada dijo, por supuesto, sobre la virulencia que recibimos los que ejercimos nuestro derecho a cuestionar. A la citada publicación, en la que decía cuestionar la virulencia, acompañó una foto de Johny Cash sacando virulentamente el dedo medio. El chiste se cuenta solo.
2. Sostiene Eduardo Varas que es posible que las críticas no importaran a la gente que se movilizó a la Feria. Titula su artículo con la cifra de asistentes aportada por el alcalde: 60 mil. Incluye los testimonios de una adolescente y su madre, que no tienen por qué saber sobre estos cuestionamientos y que, de hecho, no saben. En todo caso, ¿la alta asistencia borra la validez de las críticas? Es una estrategia que insulta la inteligencia de quienes reclamamos una política cultural transparente sobre cualquier actividad con fondos públicos. Hagamos un símil hipotético para comprender lo burdo de la lógica que se nos propone: Si una obra de infraestructura tiene sobreprecios, pero beneficia a 60 mil personas, quedan sin piso las críticas…
Sostiene Eduardo Varas que es posible que las críticas no importaran a la gente que se movilizó a la Feria. Titula su artículo con la cifra de asistentes aportada por el alcalde: 60 mil. ¿la alta asistencia borra la validez de las críticas? Es una estrategia que insulta la inteligencia de quienes reclamamos una política cultural transparente.
3. Para contrastar los cuestionamientos que varios escritores hicimos a la ausencia de una política pública con objetivos claros, cita la columna de opinión de Martín Riofrío, en la que se afirma que “armar peleas y polémicas en un país como el Ecuador, donde se lee tan poco y es tan pequeño el mundo literario, es contraproducente”. Jamás dice cómo debatir sobre una política pública puede ser contraproducente en una democracia que debe velar por la eficiencia del gasto público. Por otro lado, niega la tradición de la literatura latinoamericana, y particularmente de la ecuatoriana, enriquecida por los intensos debates e incluso las grandes polémicas que, además, han concitado la atención de la opinión pública, generalmente distante a los asuntos culturales. Es evidente que preferirían contar con nuestro silencio. Lo que pasa es que su ‘buenismo’ solo sirve cuando respalda al poder cultural, enquistado en el Estado.
4. La columna de Martín Riofrío, por el contrario, es útil para confirmar la discrecionalidad de la selección de los invitados. En un informe remitido al concejal Bernardo Abad el 29 de mayo, Humberto Cedeño y Santiago Vizcaíno, ambos de la Red Metropolitana de Bibliotecas, dijeron que los criterios de selección de autores eran (1) trabajo activo en escritura, edición, producción o comercialización de libros, (2) premios nacionales o internacionales, (3) traducciones, (4) novedades editoriales en los meses alrededor de la FILQ, (5) sólida trayectoria académica y publicaciones académicas recientes, y (6) que tengan experiencia como organizadores de actividades culturales y ferias del libro. Martín es un lúcido columnista e instagramero que, si bien puede ser una promesa de la creación literaria, al momento no ha publicado un solo libro. Sin embargo, fue invitado a dos eventos en la Feria, por los que recibió 150 dólares por cada uno, además de que se le cubrió pasajes aéreos desde Guayaquil y estadía en hotel. Así lo relata en su columna. Parece que al concejal Abad le hablaron de unos criterios que jamás aplicaron.
5. Eduardo y Martín abrazaron la obviedad de que no es posible invitar a una feria a todos los autores del Ecuador. Respecto de los miembros de la revista Sycorax, quizá el grupo de personas con más eventos en la Feria como veremos más adelante, Riofrío dice que hubiese sido un error no invitarlos, pues “muchos de ellos son varios de los escritores más importantes del país en la actualidad”. Nadie les ha dicho que si desean convertir sus gustos personales en criterios de política pública, deberían justificarlo rigurosamente, más aún cuando el Estado invirtió cientos de miles de dólares en este evento. La concejala Sandra Hidalgo pidió a la Secretaría de Cultura la información sobre los procesos de selección, para entender cómo aplicaron los supuestos criterios curatoriales que remitieron al concejal Abad en la selección de los invitados. Burlándose de las preguntas de la edil Hidalgo, Vizcaíno le remitió un documento de 25 páginas con los perfiles resumidos de los invitados. ¿Se puede ser más discrecional? A confesión de parte, relevo de pruebas.
¿Puede, entonces, el periodismo cultural abordar profesionalmente este tema? No ha podido. Hay una deuda en ese sentido. Varios de ellos prefieren la amistad con quienes controlan la institucionalidad cultural, es decir, invitaciones a la Feria y a otros espacios o iniciativas.
6. En otra ocasión ya rechacé la censura a los comediantes e intelectuales Iván Uchur y Ave Jaramillo. No hace falta agregar más al tema, pues Roberto Aguilar lo analizó a fondo en su columna y les recordó, como otros lo hemos hecho, que a los canceladores no les tenemos miedo.
7. Para finalizar su artículo, Eduardo Varas recuerda que más de 140 invitados extranjeros y nacionales asistieron a la edición 2024 de la Feria. ¿Acaso piensa que los que criticamos la Feria somos incapaces de notarlo? Sobra decir que me alegra que mi ciudad haya albergado a escritores de tantas literaturas diversas, es lo que meceremos las y los quiteños. En su afán por estigmatizar las críticas, los defensores de la Feria pretenden acentuar la narrativa tendenciosa que busca hacer creer a la ciudadanía que, quienes cuestionamos, estamos en contra de la magnitud del evento o la calidad de ciertos escritores internacionales. Nada más falso. Cuestionamos prácticas amiguistas de funcionarios públicos y proveedores del Estado, que piensan que sus gustos personales y sus relaciones privadas deben definir la política cultural de la capital del Ecuador.
8. Solo un recordatorio sobre esa discrecionalidad amiguista y virulenta que tanto se pretende negar: María Auxiliadora Balladares, la curadora, se autoconvocó a 5 eventos. Mientras que Vizcaíno, el coordinador de la Red de Bibliotecas, quien elaboró los informes, tuvo 4 eventos y su pareja, Valeria Guzmán, tuvo 3. Todos los “indispensables” miembros de la revista Sycorax tuvieron vastedad de eventos: Daniela Alcívar (Directora Centro Cultural Benjamín Carrión) tuvo 3, Gabriela Ponce (Directora Teatro Sucre) 1, Bertha Díaz 3 y la académica Alicia Ortega (ex pareja de Balladares) 5. Los amigos de los Sycorax también tuvieron su alta participación: Esteban Mayorga (pareja de Ponce) 6 eventos y Fausto Rivera (editor de varios de los indispensables) 4 eventos, por dar dos ejemplos. Increíble, cuando decían que el criterio es que haya de 1 a 3 eventos por autor. Pero los virulentos somos los que hemos preguntado cómo se puede justificar este arbitrario reparto de los espacios culturales…
9. Las prácticas amiguistas trascendieron lo nacional y aparecieron, además, en la curaduría internacional llevada a cabo por el autor colombiano Juan Cárdenas. Así lo alertó el escritor Leonardo Valencia en su columna, escrita con argumentos y sin ningún adjetivo ofensivo. Constan en el programa de la Feria: Cárdenas, Giuseppe Caputo, Emiliano Monge, Diego Zúñiga, Fernanda Trías y Carlos Manuel Álvarez, que son parte de la Indent Literary Agency, de la agente Paula Canal (invitada). Jamás dudaría de la calidad de varios de esos autores, que yo mismo he leído y estudiado. Lo que se cuestiona es que con fondos del Estado ecuatoriano se haya privilegiado la participación de los autores de la agencia de la que es parte el curador internacional que, por cierto, también invitó a su pareja, la filósofa Luciana Cadahia.
Quizá por eso jamás han investigado, como sí lo alertó Carlos Burgos en una columna, que desde hace al menos cinco años la organización de los premios municipales de Quito se queda, varias veces, en el mismo grupo de amigos, cuyos miembros suelen ser jurados y premiados dependiendo de la ocasión.
10. Me adelanto a un posible ataque escatológico y virulento ya que, en respuesta a las críticas de Leonardo Valencia, Cárdenas protagonizó el acto más violento de todo este debate, al escribir y filtrar la carta insultante y procaz que le dirigió (cuestión que Eduardo Varas supo y omitió, pese a que le alerté sobre esa violencia). Quizá Cárdenas no entiende que velar por el buen uso de los recursos y espacios públicos es un derecho y que él, a quien el Estado ecuatoriano contrató como curador de la Feria, debe rendir cuentas y responder las preguntas. Ahora, si lo quiere y necesita, que insulte y que siga demostrando su desprecio por la libertad de expresión y la crítica. Me tiene sin cuidado.
11. Pese a todo lo narrado en los puntos 8 y 9, en un informe remitido a la concejala Sandra Hidalgo el 20 de junio, Vizcaíno esgrime: “No existen relaciones de familiaridad o afinidad entre miembros de la organización y la curaduría de la Feria Internacional del Libro de Quito 2024 y los autores seleccionados para participar en las diversas actividades del evento”.
12. Decidí redactar esta réplica a fin de continuar este debate, ya que las respuestas a los concejales que han pedido información rayan en la burla y la impericia, por decir lo menos. ¿Lo permitirán los concejales Bernardo Abad y Sandra Hidalgo? En este punto, deberá ser también la Contraloría General del Estado la que audite que esos recursos públicos hayan sido usados correctamente y sin discrecionalidades. ¿Se atreverán los organizadores de la Feria otra vez a enviar 25 páginas de perfiles profesionales resumidos? ¿Entiende el alcalde Pabel Muñoz que su administración está protegiendo prácticas amiguistas y con riesgo de nepotismo? ¿Está de acuerdo con ello?
13. ¿Puede, entonces, el periodismo cultural abordar profesionalmente este tema? No ha podido. Hay una deuda en ese sentido. Varios de ellos prefieren la amistad con quienes controlan la institucionalidad cultural, es decir, invitaciones a la Feria y a otros espacios o iniciativas. ¿No entienden, acaso, que la imparcialidad no sólo es una profesión de fe sino un proceder que transmite confianza a la sociedad que consume esos productos periodísticos? La Feria del Libro de Quito ha evidenciado este chasco: la incapacidad deontológica de preservar el sentido crítico frente a los grupos de amigos que reparten, como lo diría Rancière, las participaciones en los espacios culturales. Quizá por eso jamás han investigado, como sí lo alertó Carlos Burgos en una columna, que desde hace al menos cinco años la organización de los premios municipales de Quito se queda, varias veces, en el mismo grupo de amigos, cuyos miembros suelen ser jurados y premiados dependiendo de la ocasión. Los medios tendrán que optar, si desean de verdad cubrir este asunto, por periodistas de otras secciones, más habituados a la imparcialidad.
NOTA DE LA REDACCIÓN
Plan V es un espacio de ideas. Se nutre de la pluralidad de voces que documentan necesarios debates públicos en el país. En ese sentido, nuestra plataforma periodística ha redactado y publicado varias noticias y artículos de opinión sobre la Feria del Libro de Quito, textos que dan cuenta de un contrapunto de posiciones sobre el encuentro. Concluimos la serie con esta entrega.
