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10 de Abril del 2023
Historias
Lectura: 18 minutos
10 de Abril del 2023
Redacción Plan V
Simón Pachano explica el fenómeno correísta en un nuevo libro: La Utopía Reaccionaria
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Simón Pachano es cientista social, profesor de la Flacso y columnista del diario El Universo. Fotos: Flickr Casas de América

La Utopía Reaccionaria es un ensayo que pasa revista a la década correísta. El juicio que Pachano hace de la izquierda que colaboró y apuntaló al gobierno, así como sus influencias y contexto político y social, explica buena parte de la retórica del régimen. Se trata del régimen caudillista más largo de la historia nacional, pero al autor le quedan dudas de si podrá seguir o retomarse sin el propio Correa.

La Utopía Reaccionaria es una nueva publicación de Pescadito Editores, la marca editorial que dirige Santiago Basabe y es de la autoría de Simón Pachano. El ensayo, que se lee con facilidad y tiene una prosa ágil y refrescante, se aleja del estereotipo del "paper" norteamericano, que exige citas a pie de página y datos para "sustentar", una tópico que ha afectado el género cultivado por grandes ensayistas, sobre todo, en Hispanoamérica.

Portada del nuevo libro de Rafael Correa. 

El ensayo se refiere a los diez años que constituyeron la década de la autoproclamada Revolución ciudadana, entre 2007 y 2017. Una de las etapas caudillistas más largas de la historia nacional, tan prolífica como otras de América Latina en la presencia de caudillos civiles y militares.

De ser un profesor universitario de economía en una universidad de Quito, Rafael Correa pasó a convertirse en la figura central de la política ecuatoriana durante una década, superando los controles institucionales y estableciendo un modelo autoritario que, en el papel, pretendía ser un gobierno de izquierda revolucionaria, pero realmente ocultaba un autoritarismo conservador. Lo que parecería una incoherencia fue realmente un fórmula de equilibrio, que le permitió al correísmo inflitrarse y controlar varios ámbitos de la sociedad ecuatoriana.

En el libro incluye las columnas de su autoría publicados durante aquellos años en el diario El Universo, y realiza un agudo análisis de los elementos que constituyeron la génesis del discurso correísta, en donde se tomaron elementos que podrían parecer incompatibles, pero que fueron poco a poco convirtiéndose en la ideología del Estado durante la década de Correa.

Clamores ciudadanos, irracionalismos un tanto frívolos, como el famoso "Que se vayan todos" (se fueron todos, y lo dejaron a él), críticas falaces a una "partidocracia" que nunca existió, pues en el país nunca ha habido partidos sólidos en cuarenta años de democracia, y la creación de un enemigo más falaz aún como la "prensa corrupta", fueron los elementos del intoxicante cóctel ideológico correísta, que para contentar a todos incluía también una densa moralina católica, y formas de actuar que no desagraban a los defensores del autoritarismo conservador más ortodoxo.

Al insólito brebaje ideológico se sumaron aspectos como el pachamamismo del mundo indígena, las ideas del socialismo del siglo XXI de inspiración chavista o el neoconstitucionalismo que entendieron mal y aplicaron peor, así como una visión corporativista de la sociedad que tomaron del fascismo italiano y del franquismo español más que del marxismo latinoamericano. 

Pero a ese contexto, se suma el apoyo de una izquierda incoherente a la que no le pareció importante el detalle de que Correa era, ante todo, un hombre formado en ideas reaccionarias, pero con alguna inclinación por la teología de la liberación, pero no un izquierdista en sentido estricto. 

De ahí que buena parte del libro de Pachano sea una crítica a la izquierda, que recibió a Correa, un hombre sin militancia, formación ni trayectoria, como la figura clave con la cual intentar llegar al poder (aunque sea marginalmente) una fórmula tan antigua en el Ecuador que hay antecedentes de ello en el apoyo de las izquierdas del pasado al ex presidente Velasco Ibarra.

Empezando por el final

El ensayo de Pachano sobre el correísmo empieza por el 2017, cuando Correa decide no correr para la reelección e inclusive, impone un candado legal que le inhabilitaba para volver a presentarse. A diferencia del relato triunfalista de que fueron las luchas sostenidas del anticorreísmo las que le disuadieron de continuar en el poder, Pachano destaca que no está clara la razón por la cual Correa decidió irse, y nombrar un sucesor -Lenin Moreno- cuya lealtad no había evaluado lo suficiente. Pachano no descarta que el ex presidente, que es economista de profesión, vio venir una crisis económica que no tenía la intención de administrar directamente, aunque siempre quedó claro que aspiraba a seguri gobernando por medio de un títere.

Cuando Moreno no quiso ser ese títere, se produjo la ruptura entre ambos políticos, y empezó el declive de lo que se podría llamar el correísmo más clásico y ortodoxo. Un correísmo, señala Pachano, que como cualquier otro caudillismo latinoamericano, está relacionado con la duración de la vida biológica del líder o, siendo menos drásticos, con su vigencia personal, como es el caso de Correa. Para Pachano, el modelo correísta de la década de 2007 a 2017 no podría volver a funcionar sin la presencia de Correa y, en especial, en condiciones tan distintas como las actuales. 

Pachano explica que, en resumen, la autoproclamada revolución fue un cambio superestructural, que por medio de cambios legales como la Constitución y las leyes orgánicas, estableció un cambio normativo, pero nunca se pudo lograr cambios en las prácticas de los actores políticos.

Los inicios del correato

Tras relatar los últimos días del correísmo ortodoxo, Simón Pachano pasa a recordar los primeros años. Suscribe la tesis según la cual el correísmo se encaramó en el poder como consecuencia del hastío de sectores de la población con la política y los políticos, así como su quemimportismo. El hecho de que Correa no presentó candidatos para el Congreso de la época habría sido una expresión de ese desencanto. En el ánimo de la población, además, se había pavimentado el camino para el experimento autoritario que se vendría, con la tácita autorización de algunos sectores de la población de que se gobierne sin contrapesos ni balances. Pachano recuerda la frívola afirmación de algunas personas en esos tiempos que clamaban por un "Pinochet" sin analizar mucho las implicaciones de lo que pedían.

Los políticos, la prensa y varios sectores subestimaron a Correa, evidencia Pachano en otra parte del ensayo, pues lo consideraban un joven sin experiencia, cuya militancia más cercana eran grupos católicos y excursiones de boy scouts, y ello contribuyó a que fueran sorprendidos por el nuevo presidente. 

Subestimar a Correa no les dejó ver venir el golpe de los manteles, lo que para Pachano fue un golpe de estado con todas las de ley, aunque se disumuló en el marco de una supuesta decisión del Tribunal Supremo Electoral y dejó fuera del parlamento a los legisladores de oposición. 

Correa se manejó de manera similar durante diez años, a partir de 2007, recuerda Pachano. Pateó el tablero político y se impuso como única voz, no solo entre sus seguidores, sino también en el resto de fuerzas políticas y sociales. Sus acciones parecían actos suicidas, un juego de todo o nada, impuso su ritmo y desconcertó a propios y extraños, así como marcó la agenda para los años siguientes.

Pachano recuerda el spot de TV en donde Correa blandía un cinturón, que pegó entre los defensores de la mano dura y los adoradores del fetiche patriarcal del padre administrando latigazos. Además, destaca la naturaleza ecléctica del relato correísta: por un lado hablaba de heterodoxia económica, lo que atrajo a las izquierdas, pero por otro sostenía un autoritarismo conservador que entusiasmó a la derecha tradicional. En lo económico propugnaba un rol central del Estado en la economía y coqueteaba con abandonar la dolarización, aunque realmente nunca lo hizo. En lo político, propugnaba un gobierno fuerte, lo que llamaba la atención de las izquierdas autoritarias, pero lo hacía desde posiciones paternalistas y moralistas, lo que entusiasmó a todas las derechas. Lo que parece un oportunista chaulafán ideológico, explica Pachano, era realmente la concepción que Correa tenía del ejercicio de la autoridad.

Las raíces heroicas

El correísmo, un movimiento surgido de las clases medias, que alternan ideas izquierdistas con visiones ultramontanas, a veces en la misma oración, buscó, como relata Pachano, encontrar raíces en la historia nacional y en algunos aspectos de su cultura, pues pretendía ser un movimiento nacionalista.

De ahí que buscó apropiarse de la Revolución liberal de Eloy Alfaro, en busca de un antecendente histórico que le permitiese manifestar su supuesta vocación de transformación revolucionaria. También atrajo al correísmo el carácter épico de las luchas liberales de principios de siglo, y la concepción de la política como una cruzada, en la que el caudillo puede ofrendar la vida hasta el martirio, como ocurrió con Alfaro en 1912.

El afán correísta de identificarse con la Revolución liberal (evitando cualquier mención a su carácter laico y antirregioso, por supuesto, dada la raíz confesional del correísmo) se evidenció en la construcción de la Ciudad Alfaro en Montecristi, que además de ser la sede del proceso constituyente, tiene un mausoleo con parte de los restos de Alfaro.

Correa reivindicó también el apellido materno del caudillo liberal, Delgado, que coincidía con el suyo, en una estrategia para encontrar una cercanía con ese régimen. Al presunto alfarismo de Correa se sumó su adanismo, explica Pachano. 

En una operación política similar, el correísmo, que tendría fuertes choques con el movimiento indígena, se apropió de manera tan falaz que del alfarismo del pachamamismo, que se evidenció en el concepto del buen vivir. Una broma de aquellos años destacaba la prosperidad material de las clases medias urbanas enchufadas al correísmo con un "buen vivir" pero más que esas expresiones de arribismo, explica Pachano en su ensayo, el correísmo, al apropiarse del pachamamismo, buscaba una conexión con el mundo indígena y ancestral. Para el relato correísta, el pachamismo le era útil como un guiño de ojo a quienes buscaban elementos de un pasado precolombino supuestamente armónico con la naturaleza y, además, glorioso, en la medida de su resistencia a la conquista española. Al correísmo le gustaban tanto el ecologismo cuanto el colectivismo que se podían extraer del pachamamismo, para hacerlo funcionales al proyecto autoritario.

Pero al igual que con el alfarismo (cuyo carácter laico el devoto presidente olvidó) con el pachamamismo ocurrió que no significó ni armonía ni respeto, en especial, para los pueblos indígenas.

El pachamamismo se limitó al folclore de un presidente que cambió el traje y la corbata por camisa con bordados, una moda de mesero de restaurante de comida típica, enfatiza Pachano, que además prohibió que nadie más usara.

Otras fuentes de las que bebió el correísmo fueron el neoconstitucionalismo y el socialismo del siglo XXI, una creación del chavismo venezolano, que se evidenciaron en una Constitución que establece el rol de un Estado protector y rector de todas las actividades.

Era muy difícil que un régimen que se había inspirado en estos principios pudiera cumplir con mínimos estándares democráticos, señala Pachano, pues buena parte de la propuesta correísta carecía de los elementos de un Estado de derecho.

Fiel a su costumbre, el correísmo también se empeñó en tomar elementos de otros sistemas políticos, como el fascismo y el franquismo, al imponer un modelo corporativista con el Consejo de Participación, cuyo objetivo fue quitarle todas las atribuciones posibles al Poder Legislativo.

El correísmo, señala Pachano, se propuso estatizar la participación ciudadana y fortalecer al Ejecutivo durante el proceso constituyente, y ya en el poder, criminalizó la protesta social, coartó la libertad de expresión y retomó los conceptos, ya superados, de la doctrina de la seguridad nacional.

"La Constitución quedó como el testimonio delirante de una utopia reaccionaria", concluye Pachano.

Las falacias del correísmo y la creación de enemigos

Pachano analiza también varias de las falacias que el correísmo que fueron asumidas por buena parte de la población sin mucho análisis y que sirvieron, sobre todo, para la construcción del enemigo. Una de ellas, la "partidocracia" un absurdo en un país donde el sistema de partidos no cuajó, pero Pachano señala que la "palabreja" pronunciada por el caudillo fue repetida por personas que no quisieron detenerse en exquisiteces conceptuales. 

De su jerga costeña, Correa extrajo la palabra "pelucón", con un cierto "dejo vintage", precisa Pachano, que fue tremendamente útil para descalificar a ciertos grupos sociales que aún mostraban resistencias a Correa.

Y también acuñó el concepto de "prensa corrupta" enfocado a los medios de comunicación, pero, en especial, a los periódicos, lo que le permitió posesionar entre la población la idea de que controlar a los medios significativa controlar una visión más objetiva de la realidad. También, que la opinión se diluía en la comunicación.

Así fue como Correa identificó tres enemigos, que se habían aliado para explotar al pueblo ecuatoriano: partidocracia, pelucones y prensa corrupta.

Pachano precisa que Correa dio una larga batalla por la palabra, por el control de los conceptos, en una lucha conceptual que sería tan constante y permanente como la lucha electoral. Para el control de las ideas, impuso un mecanismo legal, como fue la Ley de Comunicación, inspirada en una normativa del franquismo español. Y no dudó en ocultar sus rencores personales contra medios como el diario El Universo, del que se declaró una víctima cuando en 1986 no le dejaron entrar a sus oficinas y, además, ejercieron en su contra una "dictadura mediática".

Los sucesos del 30S, cuando se sublevó la Policía, supuestamente de forma espontánea por cuestiones laborales, le serviría a Correa en su guerra conceptual para identificar un nuevo enemigo. Durante el resto de su administración, lo ocurrido con la sublevación de la Policía sería presentado por el régimen como la muestra de una revolución amenazada por fuerzas reaccionarias.

La sumisión de las izquierdas y el hybris 

Pachano analiza cómo las izquierdas se entregaron de la manera más sumisa al autoritarismo de Correa. Muchos políticos y política confundieron la militancia con la sumisión más absoluta. Estas contradicciones se evidenciaron cuando al interior del correísmo se discutieron algunos temas sociales que no fueron del agrado de Correa.

El ensayista destaca como, para buena parte de la izquierda, la defensa de los valores tradicionales católicos era parte de la identidad nacional, por lo que históricamente poco han hecho de crítica al respecto. Esto facilitó que Correa, hiciera gala de su "formación confesional y vocación apostólica", pero no hubo un conflicto significativo, porque mucho del izquierdismo local veía en Correa un referente también en temas de moral y religión. Al final, explica Pachano, esa izquierda confesional ecuatoriana terminaría encontrando en Correa, en el boy scout y misionero, el cuadro que había estado buscando en décadas anteriores sin éxito. En temas de valores y moral, el silencio y la complicidad de las "izquierdas" se evidenciaron en que nunca intentaron siquiera detenerlo, sobre todo, porque estaban en la mayoría de cosas de acuerdo con él. "La confluencia de esas izquierdas con Correa fue el encuentro feliz de dos corrientes reaccionarias. La utopía era una sola y tenía esa marca".

Correa también tenía, dice Pachano, todos los síntomas del llamado síndrome de Hybris, pasando por su narcisismo, sus aires de infalibilidad y su poco respeto por otros criterios y opiniones. 

La conclusión del ensayo es que al correísmo lo alimentó el victimismo del Ecuador, que desde tiempos coloniales se ha quejado de los conquistadores españoles, de los vecinos siniestros como el Perú, de los imperialistas norteamericanos y europeos, sediento de una supuesta voluntad superior que lo redima, a la que eligió una y otra vez. El Ecuador escogió una utopía reaccionaria, y le dio la espalda a la democracia, entendida como la ampliación de las libertades y la realización individual.

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