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6 de Junio del 2024
Historias
Lectura: 22 minutos
6 de Junio del 2024
Redacción Plan V
Esmeraldas: el cura Maeso carga un arsenal de títeres y palabras contra la violencia y la muerte
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José Antonio Maeso junto a una de sus títeres, la muñeca Pazita, que es parte de su arsenal de muñecos para explicar a los niños la situación que se vive en Esmeraldas. Foto: Nación de Paz Flickr

 

Le dicen "el cura pandillero", pero ahí está, en los barrios más duros de Esmeraldas "dando los primeros auxilios", dice, en una zona de guerra, donde actúan los militares y los grupos delincuenciales, y las víctimas y sobrevivientes son, sobre todo, las familias empobrecidas y los niños, niñas y adolescentes. Esta es su intervención en un acto académico en la Universidad Andina Simón Bolívar, al que asistió Plan V.


Los asesinatos de niños y adolescentes en el Ecuador crecieron un 700% en cuatro años, según datos publicados por la Unicef, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. Desde este dato José Antonio Maeso responde a la pregunta de quiénes son estas personas. Cada semana, dice el cura católico español —coordinador del Vicariato Apostólico de Esmeraldas, de Cáritas y director del programa Nación de Paz— tengo al menos dos entrevistas con organizaciones internacionales, que preguntan "qué pasa". Y ¿qué pasa con el qué pasa? se pregunta.  Y alguien de estas organizaciones le dijo que para actuar efectivamente hay que esperar una década, porque se necesita más información. Y en diez años, dice el sacerdote, nos habremos quedado sin jóvenes, porque los están matando en los barrios. 

Con esas declaraciones, dichas con el dramatismo que la situación encierra, el sacerdote que trabaja con los pobladores podres y los niños y niñas y jóvenes de Esmeraldas, empieza una exposición en la Universidad Andina Simón Bolívar, un acto académico, con invitados especiales, catedráticos y activistas dispuestos a experimentar vicariamente lo que este cura vive todos los días. Para la ocasión, en un salón relativamente pequeño para la trascendencia del tema, luce un sombrero de paja, un poncho a rayas y en sus muñecas luce varias pulseras de muchos colores. Carga un muñeco pequeño, que es parte de su arsenal de títeres con el cual esquiva a la muerte en las casas de caña y calles de lodo. Esta vez se trata de un duende; "creo en los duendes, ¿ustedes creen?", dice. 

Maeso en una actividad de niño, niñas y adolescentes en los barrios y escuelas de Esmeraldas. Foto: Nación de Paz. Flickr

La foto y los azotes de Cristo

Los están matando, los GDO y los militares, dice, y en el salón académico se hace el silencio. Empieza a relatar su semana. Lunes: serían sobre las diez de la mañana. Tenemos una jornada de educación para la paz con tres mil doscentes de toda la provincia, con un enfoque socio afectivo para dar esperanza, no para dar datos, los datos no nos sirven, nosotros estamos para dar los primeros auxilios. Y en medio del evento una profesora me dice: José Antonio, rápido, rápido, ¿qué pasa?, acaban de tumbar la puerta los militares, me dice, están mi mamá, mis hermanos, están todos, no sabemos lo que está ocurriendo. Cogí mi carro, estas cosas las hago normalmente y las gente no sabe dónde voy, y si preguntan qué es del padre dicen que estoy reunido. Nos acercamos con unas personas y encontramos el olor a gas que apestaba, había menores de edad con lágrimas no solo del susto sino del gas; los militares pararon la agresión, había un camarógrafo internacional y cuando dijo "prensa internacional" quedaron callados, porque a la prensa nacional muchas veces la tienen comprada, porque no sabemos los muertos que existen, y porque estamos en guerra la narrativa es: yo, el Estado, estoy solucionando un problema y estoy ganando. 

(El documentalista internacional muestra luego a Plan V las fotos de esa incursión militar en una casa. Muestra la foto, que guardará celosamente para su documental internacional, de la espalda de un hombre mulato, trazada por una red de vertical de heridas rojas y brillantes, producto de azotes).

¿Ustedes creen en los duendes? Pregunta el cura a su audiencia. Sí, responde él mismo ante la duda general; porque creemos en las mentiras que nos dicen en la televisión, porque nos dicen que todo está bien, porque no tenemos datos de los que mueren. Desde el lunes acá (miércoles) yo tengo al menos cuatro muertos en Esmeraldas: policías y adolescentes, y no están en los medios de comunicación. Vivimos realidades paralelas, porque el oficialismo en estado de guerra tiene sus narrativas y esas narrativas nos dicen «los militares nos están protegiendo». Yo sí creo en los duentes, dice, porque cuentan cuentos para los niños, pero también para despertar a los adultos. Los adultos tienen que despertar, reclama Maeso. 

La violencia es la única forma de sobrevivencia

El sacerdote continúa con la historia de la muchacha que lo sacó del evento pedagógico. Van los militares a su casa y tumban la puerta sin ninguna orden, militares varones ejerciendo la fuerza la sacan de la cama, gasean a todos, y luego entre todos, varones (insiste en el término) la suben a un carro. Llegamos, hablamos, y pedí ver a la chica. Y dije a la familia: síganla, sigan a los militares, que tenemos miendo que nos disparen, no les van a disparar no se atreverán, porque hay casos de familias que han pasado hasta cuatro días pidiendo a los militares recuperar a sus hijos vivos. Los que no, están desaparecidos, y eso nadie lo cuenta, porque si lo cuenta es un antipatria, un anti Ecuador.

Se fueron tras los militares y la chica y el padre Maeso retornó al evento con los docentes. Cuando se enteró que devolvieron a la niña y no quiso decir, a esta audiencia académica, si hubo abuso sexual o no. Lo contaré después, dice con prudencia, pero sí cuenta lo que dijeron los uniformados a la chica: «esta vez te has salvado, si no hubieran estado (la prensa y internacional y la familia) estarías muerta». Ella tiene 20 años de edad. Su hermano fue azotado (el de la foto) como el Cristo de la película de Mel Gibson, compara el cura, pero en Esmeraldas, dice, no te receptan las denuncias porque se ha dicho desde el oficialismo que todas las intervenciones hechas en el marco de la "guerra" van a ser anmistiadas. Aunque los crímenes de lesa humanidad no prescriben, la gente tiene miedo.  Esa es la real política, dice Maeso, quien pone los muertos en la calle impone el poder. Antes lo hacían los GDO, ahora lo hace el Estado y cuidado con hablar, le dicen, porque eres extranjero y te mandamos a tu casa. Y si lo publicas en redes aparecen una serie de insultos a los cuales él ya se ha acostumbrado... y no pasa nada. 

¿Cuál fue el delito de esta chica? Que tuvo un novio que era parte de un GDO, pero eso le ocurre a cualquier joven que está mal parqueada en un barrio de Esmeraldas, mayores y menores de edad. ¿Saben a quién le importan?, pregunta Maeso, "a nadie. Y todo eso es fruto de una violencia estructural que viene de años, que es habitual, que es impercepible porque es permanente, es acumulativa y afecta especialmente a grupos afros, de pobres. Todos sabían cuáles eran los objetivos al principio de esta guerra: negro, con tatuajes y con vestiduras urbanas. No sé, pero eso me sabe a genocidio, porque es atentar contra una población específica, que ha sido siempre sufridora de la violencia estructural, y que ha encontrado en esa violencia la única forma de sobrevivencia".

Es así cómo las víctimas de la violencia estructural se convierten en victimarios. Hay un problema adicional ahora, que son las cárceles. No hay comida ni agua, y menos médicos donde se agolpan las apedimias, la varicela, la dermatitis y también las golpizas, denuncia. El domingo 2 de junio, cuenta el sacerdote, los pabellones fueron vaciados uno a uno y en los patios los militares de un  nuevo turno les dieron la "bienvenida". Pero eso no ocurre, estamos en estado de guerra y no lo puedes contar porque cuidadito, sabemos dónde estás, y si te pones pesado tú no eres ecuatoriano, te mandamos a tu casa, y ya se encargan los medios oficialistas de hacerte ver como parte de las GDO cuando el propio Estado te pide y casi te obliga a ser un mediador, cuando ellos mismo muestran luego las fotos de los actos de mediación, de las cuales se salía con la advertencia de tendrás cuidado, que los francotiradores no se equivoquen y te peguen un tiro en la cabeza

Esta es la otra versión, la que no cuentan los medios. Y Maeso, relata: en las mediaciones se llegó a un acuerdo: rendimos las cárceles ante la Iglesia. Patio rendido, 1500 PPL sentados con las manos atrás, cero violencia para que hagan la requisa. Horas después, un preso que se había muerto por paro cardio respiratorio. Como todos, uno cuando se muere tiene paro cardio respiratorio. Sin contar los golpes, el lado morado, el orificio lleno de sangre, pero se le había parado el corazón. Cuando el Estado dijo que respetaría los derechos humanos. Y los Cristos crucificados que iban pasando, llenos de golpes, pero como estamos en guerra. Y en la voz oficial no pasa nada. 

El gobierno se sostiene en que con los terroristas no se negocia, dice Maeso. Y luego dirige una pregunta incómoda para la audiencia: ¿se negocia con los terroristas, sí o no? Hay silencio en el claustro académico. Su respuesta es firme: ¡siempre! España con ETA, el IRA con Inglaterra, OLP en Palestina, Colombia con las FARC... Los diálogos de paz son necesarios y toda guerra solo acaba de una manera: con diálogos de paz, pero la diferencia la hacen los muertos que deja ese camino, lo responsables que seamos nosotros en esa guerra y el partido que hayamos tomado en ella. Más del 40% de quienes están en las cárceles tienen entre 18 y 29 años de edad. Ahí está nuestra juventud. Más de 120.000 no pudieron acceder este año a la educación. Hablan de trata de mujeres, ellas están acostumbradas a esa violencia: total me van a violar igual, pasan las camionestas para llevarlas a las palmicultoras o, del otro lado, paran taxistas y ellas les amenazan con denunciarlos por violación si no les dan dinero. Ese es el modelo que estamos enseñando.  La situación de los jóvenes es que están condenados en los barrios.

El capellán José Antonio Maeso, con barba en el centro de la foto, en la puerta de la cárcel de Esmeraldas. Foto: El Mundo

Pobres no, empobrecidos

Maeso cambia de escena. Hay un taxista desaparecido con evidencias, por los militares dice, desde hace dos meses. Lo único que se sabe es que fue detenido en un retén militar, que hubo gritos, hay señales de sangre y nadie sabe nada, asegura. Y quien sufre eso no son ustedes, en Quito, sino en los barrios y las cárceles de Esmeraldas, que están llenas de empobrecidos. No de pobres, aclara. Ecuador, con sus recursos, puede abastecer hasta seis veces a su población, pero hay millones de empobrecidos por la injusticia social y la violencia estructural. Víctimas de un narco estado y de la narco política, que es lo que vemos en los casos Metástasis, Purga, Plaga.. y los demás. Y ya mismo, bromea, aparece el Caso Estola, porque dirán que estoy con las bandas. Hay risas en el auditorio. Hace falta un poco de humor, reflexiona Maeso, porque tenemos que sobrevivir a la violencia. Y estamos cansados de ser víctimas y hemos optado por ser sobrevivientes. Y hemos tomado partido en esta guerra. Yo la he tomado, la gente que trabaja conmigo la ha tomado. Y hemos tomado partido por la dignidad de la persona.  No me gustaría ser hijo, padre o esposa de estos militares que golpean, maltratan y abusan. En las cárceles femeninas se han registrado cinco embarazos de tres meses de gestación y no ha entrado una sola visita. Vienen de violaciones de las fuerzas públicas sobre los PPL, porque hay un asedio de comida, de agua, de medicina y un sometimiento sexual que solo ha ocurrido en las grandes guerras. Y esas poblaciones son nuestros jóvenes. 

Hay, dice Maeso, distorsiones cognitivas causadas por el miedo, que nos llevan a un pensamiento catastrófico a decir que todo está mal, y hace que nazcan salvadores como ciertos políticos diciendo: yo voy a salvar al país a cualquier precio, y todos encerrados en nuestras casas diciéndonos que no podemos hacer nada. Y también la generalización: los negros, los afros, los pobres; aporofobia, racismo, xenofobia. Ellos son los malos. Y no solo es un problema social, sino económico y la plata que roban se la roban a los jóvenes. Y luego el cuento de la polarización o crorreísta o de Noboa, o eres blanco o negro, o rico o pobre. Esto es abandono educativo, 120.000 chicos y chicas, reclutamientos, hay datos, muchos, los pueden encontrar. Hay un problema también jurídico, porque si esto se acaba se va a acabar de un lado o del otro con la impunidad y el perdón. Hay que hacer la reconciliación social, procesos en los cuales, especialmente nuestros jóvenes que han sido excluidos puedan hacerlo.

El sacerdote español durante su testimonio en la Universidad Andina Simón Bolívar, sede Ecuador. Foto JCCV.

Los barrios: vivir en otra prisión

Nación de Paz trabaja en todos los barrios de Esmeraldas para recomponer el tejido social, informa Maeso. Los milagros son posibles, anuncia. Los niños están capacitados en temas de gestión de riesgos y participan con sus padres. Recuerda las últimas inundaciones cuando junto a estos comités auxiliaron a 12 barrios con una cocina, un tanque de gas, una olla, una paila, un quintal de arroz cada dos días, un galón de aceite y una caja de atún. Él calcula que casi diez mil personas fueron beneficiadas de todo eso, porque se movilizaron todos, sobre todo los niños, niñas y adolescentes. Estuvieron en los barrios complicados y hasta los "terroristas" apoyaron. Estos niños y niñas fueron importantes para que las disputas y las extorsiones menguaran contra los maestros y maestras. Dato de la realidad: en las escuelas hay niños y familias extorsionadas, a niños de una banda contra otras. Niños y jóvenes que si no han podido irse por el Darien se ven obligados a unirse a la banda que controla la zona, para que no violen a sus hermanas, para que no maten a sus padres y si piden ayuda a las bandas de alguna manera se la cobran. Todo eso es un reclutamento forzado, eso es vivir en otra prisión y su única posibilidad de libertad es la muerte. Jóvenes que están presionados por las bandas criminales o por los militares. ¿Qué les queda? Y seguimos con las narrativas de que estamos ganando, y el que ha ganado es el narco, como la ganó en la pandemia. Todo el narco circula por nuestras ciudades, sale con nuestros barcos, en grandes barcos exportadores contaminados, y les echamos la culpa a los jóvenes, los asediamos. 

Todo eso es un reclutamento forzado, eso es vivir en otra prisión y su única posibilidad de libertad es la muerte. Jóvenes que están presionados por las bandas criminales o por los militares. ¿Qué les queda? Y seguimos con las narrativas de que estamos ganando, y el que ha ganado es el narco.

(El cura Maeso calla abruptamente. Sus ojos se llenan de lágrimas y luego de unos segundos retoma la palabra, Ayer, cuenta con la voz temblorosa, mataron a la pareja de una compañera que acompañaba con todos los protocolos a las familias y personas víctimas de la violencia de los extorsionadores. Su misión era hacer todos los documentos que las personas extorsionadas tienen que hacer para salir de la ciudad cuando hay un riesgo inminente para su vida. Una joven a la que mataron a su hermana y ahora a su pareja, y que su trabajo es salvar vidas para que les maten. Una joven que es víctima e imagínense la polarización en nuestro ser cuando, como a mí me toca, debemos trabajar por las víctimas, esas que dicen que no hay, y los victimarios para que respeten sus derechos).

No cabe la desesperanza

Esa semana, el Vicariato y otras organizaciones realizaron un congreso de más de tres mil doscentes. Un congreso que el Estado dijo que no se podía hacer porque Esmeraldas es incapaz de hacer nada. Y todo el congreso fue enfocado sobre las nuevas narrativas, en una nueva visión sobre nuestros jóvenes y evitaron los términos que los narcopolíticos quieren que digamos. Nuestro pueblo necesita jóvenes que se levantan, que resisten, que sean un modelo que no tenemos. ¿Qué referentes tienen nuestros adolescentes? Tienen a los narcos. Quieren ser como ellos, esos son sus modelos. Tienen plata, mujeres, pistolas, tenemos todo... Y si las muchachas quieren ser algo en los barrios, les toca ser sus enamoradas. ¿Qué futuro les espera?  Creo que se pueden hacer cosas, y cuanto antes empecemos el cambio, antes se acabará todo esto. 

La Iglesia en Esmeraldas trabaja con las Cáritas parroquiales (que son las organizaciones y comunidades de acción social y caritativa de la Iglesia Católica), con más de 200 voluntarios, en Nación de Paz trabajan una decena de personas especializadas en temas de violencia y resolución de conflictos, guía y educación. Más de 30 líderes barriales, y muchos más aliados, que apoyan con información y formación. "Somos muchos, aunque invilizados, pero aquí estamos", dice Maeso. Su trabajo, además de prevenir es mitigar. Y se mitiga desde cuatro elementos, como Vicariato, aliados con organizaciones y gentes de buena voluntad. Primero: asistencia inmediata a las víctimas, por ahora son más de 120 familias con niños, niñas y adolescentes. "Se te parte el alama cuando una niña de doce años de edad te dice ¡sáquenme, porque me van a matar, han ido a mi casa! Tienen que sacarla con el riesgo de no saber si a dónde se las manda es un sitio seguro. Hay un equipo de más de 20 psicólogos voluntarios que apoyan a las víctimas, porque en el corazón profundo de Esmeraldas se entiene que es también un problema emocional, "como esta guerra es también un tema emocional", dice el cura Maeso, "no es una guerra real, es una guerra psicológica, en la que los medios de comunicación y las redes alimentan ciertas narrativas, sobre todo el odio. Y se alimenta también desde el Estado. La violencia solo engendra violencia, dice Maeso, "y es una espiral diabólica porque se da vuelta sobre sí misma, y estamos combatiendo el fuego con gasolina y nos va a explotar. Cambienos la narrativa de la guerra, de la muerte y el odio, por la paz, la justicia y la reconciliación. ¿Saben cuándo cambian las cosas? Cuando haces sentir al otro (a ese ser victimizado, abandonado, empobrecido) que le importas. Cuando el otro me importa, cuando tú no te sientes solo. Tengo esa responsabilidad y también la de sanar, y dar esperanza para el día a día. Desterremos una visión sin esperanza, sí hay esperanza". 

 

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