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27 de Mayo del 2022
Historias
Lectura: 19 minutos
27 de Mayo del 2022
Julio Oleas-Montalvo
Criptomonedas: el avatar del viejo fetiche
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Foto: NanoStock / Getty Images

 

El Comité de Supervisión Bancaria de Basilea ha advertido que, de no establecerse requisitos de capital más rigurosos, “el crecimiento continuo de las criptomonedas podría aumentar los riesgos para la estabilidad financiera mundial”.

El verdadero problema es el del grado de libertad del hombre frente a lo que crea. Y los grandes descubrimientos o la apertura de las minas californianas son creaciones del hombre del mismo modo que las bancas escocesas o la plancha para imprimir papel moneda.

Pierre Vilar

Si el intercambio de mercancías se vuelve una actividad corriente y generalizada la sociedad selecciona una de ellas como el punto de referencia de los valores de los productos intercambiados. Muchos objetos han asumido esa capacidad a lo largo de la historia, es decir la calidad de mercancía-dinero: la sal, el ganado, los granos, la cúrcuma, hachas, hojas de tabaco, metales, símbolos (monedas, billetes) e incluso pagarés y otras formas de deuda. En 1991 la ciudad de Ithaca (estado de Nueva York) estableció las Ithaca HOURS, una moneda local que se podía obtener a cambio de trabajo, o de mercancías, para cambiarla por otras mercancías. “Consideramos que Ithaca HOURS es dinero real, respaldado por personas, tiempo, herramientas y destrezas reales. El dólar, por el contrario, es dinero de fantasía, que ya no está respaldado por plata u oro, sino por menos que nada -una deuda nacional de USD 5,6 trillones,” precisó en su momento un funcionario de esa ciudad.

Cuando la realidad solo podía ser algo tangible, antes de la Internet, para que una mercancía sea ungida como dinero debía ser portable, durable y divisible. Más importante que estas propiedades era su aceptación social, que es lo que en última instancia hace a un objeto suficientemente deseable como para fungir de dinero. En la realidad virtual de la Internet las propiedades físicas de los objetos no son relevantes. Al conceder un crédito, un banco comercial crea dinero activando una tecla de un computador. Solo el 7% de todo el dinero que circula en Europa son billetes y monedas; el 93% restante es de registros electrónicos. La gran mayoría de operaciones económicas ya no se hacen con dinero «contante y sonante», son solo movimientos contables. Y desde el 2009 es suficiente que una comunidad acepte que ciertos registros generados por ciertos algoritmos, bajo ciertos protocolos, sean considerados dinero… y abracadabra: aparecieron las criptomonedas.

Al rotar de mano en mano para expresar el valor de las n-1 mercancías intercambiadas en una sociedad, la mercancía-dinero adquiere una existencia distinta a la determinada por su utilidad como sustancia. Las criptomonedas no pasan de mano en mano; circulan en redes digitales y sus transacciones y pagos se controlan mediante sistemas encriptados que impiden su falsificación.

Además de medio de cambio y unidad de cuenta, al ser almacenado, el dinero puede ser un seguro frente a las incertidumbres que plantea el futuro, en especial cuando el presente es crítico y turbulento.

La ecuación cuantitativa del dinero haría concluir que las criptomonedas no son monedas. en el mejor de los casos serían una representación digital de una porción minúscula de las monedas de verdad, auténtica expresión de la producción total de bienes y servicios de una economía.

En esos tiempos siempre queda la esperanza de que vendrán años mejores para que el dinero almacenado —ahorrado— vuelva a realizar su magia social. Las criptomonedas también se pueden almacenar, no en bancos o en cajas blindadas, sino en discos duros o memorias USB.

Muchos siguen dudando que las criptomonedas sean dinero. Si una moneda es, en esencia, todo poder de compra entregado a una persona —en palabras del historiador Pierre Vilar—, las criptomonedas lo son, plenamente. Pero en la más rancia tradición de la economía doctrinaria, desde Tomás de Mercado hasta Milton Friedman, pasando por John S. Mill e Irving Fisher, la ecuación cuantitativa del dinero haría concluir que las criptomonedas no son monedas; en el mejor de los casos serían una representación digital de una porción minúscula de las monedas de verdad, auténtica expresión de la producción total de bienes y servicios de una economía (dados unos precios y una velocidad de circulación de los medios de pago, para no desmerecer la ecuación). Entonces ¿qué son, si no califican para considerarlas el más reciente eslabón de la larga y azarosa cadena evolutiva del viejo fetiche? 


Foto de Alesia  Kozik. Pexels

Otro producto de la crisis

En agosto de 1971 Estados Unidos rompió su compromiso de respaldar con oro su emisión monetaria a una tasa fija (USD 35 = 1 onza troy); en esa década la inflación estaba en auge y la OPEP controlaba el precio mundial del petróleo. El dinero plástico ya tenía más de 20 años cuando en 1975 John K. Galbraith publicó Money, una historia del dinero considerada un clásico en la literatura del tema. Este famoso académico de las universidades de Harvard y Princeton tenía razón al afirmar que la historia del dinero conducía hacia el dólar y, “de momento, termina en el dólar.” Fue testigo del triunfo del capital financiero en los primeros años del siglo XXI, pero murió dos años antes de la crisis de 2008.

La crisis de 2008 fue desencadenada por la concupiscencia de los bancos y otros agentes financieros norteamericanos, supuestamente autorregulados, pero en realidad repletos de activos tóxicos y de hipotecas subprime. Para capear el temporal las autoridades prefirieron la «flexibilización cuantitativa», evitando regular el mercado financiero y castigar a los concupiscentes. Con gigantescas emisiones inorgánicas se sorteó una nueva gran depresión. La reducción de las tasas de interés y las devaluaciones monetarias debilitaron muchos bancos, y los gobiernos optaron por rescatarlos con el dinero de los contribuyentes. Para la gente común quedó claro que los bancos centrales podían malograr el dinero y que las autoridades de control no respaldan a los depositantes, sino a los dueños de los bancos, en especial si son too big to fail.

En medio de la crisis, en enero del 2009 Satoshi Nakamoto (se desconoce con certeza si ese nombre corresponde a una persona o si es el de un grupo de expertos) publicó un algoritmo para crear una moneda digital capaz de engendrar un mercado realmente autorregulado, llamado a terminar con la injerencia de los gobiernos. Nakamoto quiso que los usuarios del protocolo Bitcoin pudieran hacer transacciones entre sí, respaldadas en un registro que además verificaría que ninguna moneda se gaste más de una vez. Para neoliberales recalcitrantes y libertarios de ultraderecha esto era una verdadera epifanía (https://bit.ly/3sXrPxi).

Bitcoin es una moneda virtual descentralizada (ninguna entidad oficial puede manejarla o regularla) transada en la red blockchain, tecnología que registra, conserva y protege la información de cualquier tipo de operación digital, sin la intervención de terceros

Bitcoin es una moneda virtual descentralizada (ninguna entidad oficial puede manejarla o regularla) transada en la red blockchain, tecnología que registra, conserva y protege la información de cualquier tipo de operación digital, sin la intervención de terceros (https://bit.ly/3wy7BLo). Cada bitcoin se divide en 100 millones de Satoshi; el sistema usa tecnología P2P (los compradores y vendedores se comunican entre sí, sin necesidad de un servidor central) y un sistema de código abierto, de diseño público que nadie posee ni controla (https://bit.ly/3wzoxkI). Además de bitcoin, las criptomonedas más conocidas son ethereum, tether, binance coin, USD coin, cardano, solana, BNB, terra… Lo que las diferencia son los «proyectos» que las animan. Pueden ser medios de pago, como bitcoin, o «contratos inteligentes» como los de ethereum (https://bit.ly/3NehfJW).

Por ser creadas por sus usuarios, directamente, sin la intervención del banco central o de los bancos privados, las criptomonedas no están atadas ni al control ni a los objetivos de señoreaje de los gobiernos. No requieren respaldo de una entidad emisora y tampoco se sujetan al mecanismo de endeudamiento propio de la moneda creada por los bancos comerciales al otorgar créditos. Como no necesitan intermediarios, las transacciones con criptomonedas no pagan las comisiones exigidas por los bancos u operadores de tarjetas de crédito. Estas características las hacen preferibles al dinero convencional desde para compras a domicilio hasta para grandes operaciones en los mercados de futuros.

Pero siguen siendo instrumentos de cambio de bienes y servicios cuyo valor se ha medido en monedas convencionales (generalmente el dólar norteamericano, el euro, el yen o el yuan). Es decir, no cumplen la función de unidad de cuenta de las monedas respaldadas por los Estados o por un conjunto de ellos, como es el caso del euro.

Otro activo financiero

Las criptomonedas se pueden comprar en plataformas especializadas (los exchangers), o minarlas, resolviendo complejos problemas matemáticos. Esta singular minería requiere computadores de gran potencia con elevados consumos de energía. Las primeras transacciones de bitcoin se registraron en 2010, año en que el precio más alto fue de USD 0,39 (técnicamente, en 2009 el precio fue nulo, o igual a cero).

Desde la pandemia de la covid-19 los inversionistas —minoristas e institucionales— han redoblado su interés en las criptomonedas. En Famous First Bubbles el economista de la Universidad de Chicago, Peter Garber, estudia cómo en los Países Bajos del siglo XVII nadie compraba tulipanes por sus cualidades ornamentales, sino porque subían de precio. En el 2020 los especuladores comenzaron a demandar bitcoin por la misma razón, con las facilidades prestadas por una flexibilización cuantitativa que no se canalizó a la reactivación productiva.

En marzo del 2020 el bitcoin costaba USD 4.000. En noviembre de 2021 subió a un máximo histórico de USD 67.544. Pero en mayo del 2022 bajó nuevamente, hasta USD 27.127 (una pérdida de valor de casi 60% en relación con su máximo histórico). En tiempos de crisis y de convulsión internacional la realidad virtual no parece un lugar adecuado para guardar activos capaces de almacenar poder de compra para sus dueños. Además, desde la aparición de la covid-19 los precios de las dos criptomonedas más importantes —bitcoin y ethereum— presentan una fuerte correlación con los índices de las bolsas de valores. Dicho de otra manera: ya no sirven para diversificar los riesgos.

El Crypto 10 Index de Avatrade, que pondera el valor de la capitalización de mercado de nueve criptomonedas (bitcoin y ethereum son las de mayor peso), informa que esos activos han descendido de un máximo de 17.969 (el 4 de abril del 2022) a 9.196 (el 18 de mayo del 2022). Los expertos atribuyen este desplome a la invasión de Rusia a Ucrania, al rebrote mundial de la inflación y a la política monetaria estadounidense.

usd 27.127 era el valor de cada bitcoin en mayo del 2022. una caída atribuida a la agresión armada de rusia a ucrania, al rebrote mundial de la inflación y a la política monetaria de los estados unidos. 

CoinGecko, firma que registra la evolución de más de 13.000 criptomonedas, informa que en el 2017 la capitalización total de esos activos era de USD 600 mil millones. Para noviembre del 2021 alcanzó los USD 3.000 billones (más del doble del PIB de España, para tener una idea más clara de su dimensión). Pero en mayo del 2022 ese total se redujo a USD 1.150 billones (https://bit.ly/3ll5o0A). Usadas como instrumentos de especulación, el comportamiento de las monedas virtuales resulta similar al de cualquier otro activo financiero.

El Comité de Supervisión Bancaria de Basilea ha advertido que, de no establecerse requisitos de capital más rigurosos, “el crecimiento continuo de las criptomonedas podría aumentar los riesgos para la estabilidad financiera mundial”. Para el FMI el tamaño y las interconexiones de las criptomonedas con los mercados financieros han llegado a un punto en el que sus fluctuaciones podrían generar impactos notables en otros activos o “desencadenar un efecto dominó” (https://bit.ly/3NqlUsh). Ya ha sugerido a sus asociados adoptar un marco regulatorio global integral y coordinado para asumir parámetros de supervisión y atenuar los riesgos financieros que plantean los criptoactivos. De ocurrir, esta «formalización» anularía una de las principales «virtudes» de las criptomonedas.

De la realidad virtual a la realidad del subdesarrollo: Bitcoin City


La Bitcoin City ya tiene una maqueta para su planeación urbanística. Fuente: Nayib Bukele / Twitter

Nada es más peligroso que la ilusión de la novedad, que “no suele ser otra cosa que ignorancia de la historia”, advierte Pierre Vilar. El Salvador asumió el bitcoin como moneda legal en septiembre del 2021; ese año registró un crecimiento económico de 10,3% («rebote estadístico» producto de la parálisis económica provocada por la covid-19 en el 2020) y recibió remesas del resto del mundo equivalentes a 26% de su PIB (USD 7.517 millones). En ese país operan 17 zonas francas en donde campea un centenar de maquilas que dejan de pagar impuestos al gobierno hasta por USD 1.200 millones cada año. Una cuarta parte de su población (unos 1,6 millones) ha preferido emigrar, preferiblemente a EE.UU., tratando de huir de la violencia y de la pobreza. Según la Cepal el 30,7% de salvadoreños son pobres, el 8,3% son extremadamente pobres y el 70% no tiene cuenta bancaria.

Activo promotor de bitcoin, el presidente Nayib Bukele se considera un impulsador de la libertad financiera, en un país que se encuentra en estado de excepción desde el 27 de marzo del 2022 y en el que se tramita una reforma legal para que los niños de 12 años sean juzgados como adultos. Bukele tiene ideas similares a las de los republicanos radicales y otros grupos de anarcocapitalistas para quienes bitcoin es el símbolo de la libertad frente a la tiranía del dólar (https://bbc.in/37SYBrZ), moneda oficial de El Salvador desde el 2001.

luego de nueve meses de asumido como moneda de curso legal, el bitcoin sigue siendo de uso marginal. Solo lo aceptan los salvadoreños educados y expertos en tecnología, según se infiere de los resultados de un estudio realizado en el National Bourea of Economic Research. 

El gobierno ha propuesto varios incentivos para generalizar el uso del bitcoin: de regalo, una “Chivo,” billetera electrónica con USD 30 en bitcoin; descuentos en las gasolineras más grandes del país, solo para usuarios de Chivo; un fondo nacional de USD 150 millones para subsidiar tarifas pagables en bitcoin; una red de más de 200 cajeros automáticos bitcoin; y, más importante, el estatuto de curso legal, por lo que las empresas deben aceptar bitcoin y las personas pueden pagar sus impuestos con esa criptomoneda. Pero luego de nueve meses de asumido como moneda de curso legal, el bitcoin sigue siendo de uso marginal. Solo lo aceptan los salvadoreños educados y expertos en tecnología, según se infiere de los resultados de un estudio realizado en el National Bourea of Economic Research mediante una encuesta a 1.800 personas (https://bit.ly/3PCEgZ7).

El plan de Bukele incluye la emisión de un bono en el mercado internacional respaldado en bitcoin, que se sumaría a una deuda pública que ya asciende a 85% del PIB. La mitad del dinero adquirido con esa emisión se destinaría a comprar bitcoin y la otra mitad a financiar la construcción de una urbe futurista, al pie del volcán Conchagua, que se sostendría con energía geotérmica. Esa energía también alimentaría los computadores empleados en minar más bitcoin. Bitcoin City sería la capital mundial de la criptomoneda; una suerte de ciudad-maquila libre de impuestos donde los inversionistas (¿los especuladores?) podrían crear su propio paraíso terrenal. El bono volcán debía emitirse en marzo pasado, pero la invasión de Rusia a Ucrania habría alterado los planes del presidente salvadoreño.

La especulación es inherente al capitalismo y se intensifica cuando cae la rentabilidad de los sectores productivos. En esos casos el capital migra hacia el sector financiero, esperando mejores tasas de ganancia. Esta es la razón del auge de las criptomonedas y de su reciente caída. Los especuladores ya anticipan una desaceleración de la economía real y buscan activos menos volátiles para cubrir sus riesgosas inversiones.

Un reciente artículo de Bloomberg comienza afirmando que las “criptomonedas son lo opuesto a una inversión prudente: son volátiles, tienen pocos usos prácticos más allá de la especulación y el crimen, se pierden o son robadas con frecuencia y carecen de los flujos de caja del mundo real que respaldan el valor de bonos y acciones” (https://bloom.bg/3NFmxP2). “El capital financiero siempre es ingenioso para inventar nuevas formas de especulación y estafas,” precisa el economista británico Michael Roberts (https://bit.ly/3lKdMHc). El FMI ya ha advertido a los salvadoreños sobre los “graves riesgos para la integridad financiera y del mercado” que “puede ocasionar pasivos fiscales contingentes” (https://bit.ly/3wySod7).

Al parecer, el milenial presidente Bukele pretende fundamentar el desarrollo de su país sobre un castillo de naipes digitales. Propósito que desborda el sueño más delirante del realismo mágico latinoamericano.

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