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10 de Junio del 2019
Historias
Lectura: 16 minutos
10 de Junio del 2019
Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

Ecuador, un país con mano de obra joven pero sin trabajo
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Foto: PlanV

Aunque el grueso de la población ecuatoriana es joven, las oportunidades de empleo son escasas. 

 

La abundancia de mano de obra, la mayor de la historia del Ecuador, debería ser aprovechada en estos años para un gran crecimiento económico, pero la realidad es la opuesta: hoy hay 5,1 millones de desempleados y subempleados.

El Ecuador está gozando de lo que los demógrafos llaman el “bono demográfico”: aquel período ––irrepetible en su historia–– en que la población productiva es mayor que la población dependiente, es decir cuando la población en edad de trabajar (15-64 años) es mayor que los niños y adolescentes (0-14 años) y los ancianos. ¿Ancianos? Sí, aunque nos caiga mal a los mayores de 65 años, esa es la denominación demográfica: ancianos, población a la que, para suavizar la realidad, se nos denomina “de la tercera edad”, aunque también es verdad que ahora la juventud y la edad madura se la prolonga (la prolongamos) por más tiempo.

Desde hace un cuarto de siglo, más del 50% de la población del Ecuador tiene más de 15 y menos de 65 años de edad, pero desde 2010 pasa algo aún más importante, que yo lo llamaría el “súper bono demográfico”: la mayoría de la población tiene más de 20 y menos de 65. En términos redondos, un poco menos de 60% de la población está en edad productiva (o, digámoslo mejor, en “edad potencialmente productiva”) frente a un poco menos de 40% de niños, adolescentes y ancianos. Esto va a durar hasta 2040: 30 años de una ventana inmensa de oportunidades para el país, pues nunca antes en su historia hubo tanta población en edad potencialmente productiva frente a tan pocos dependientes (ojo, cuando uso “muchos” y “pocos”, obviamente lo hago en términos relativos).

Por qué se produce el bono demográfico

Sería un poco aburrido explicarlo en detalle (los demógrafos lo hacen en ensayos con fuerte carga estadística y fórmulas), pero básicamente esto se da por el descenso de la tasa de fecundidad del Ecuador: nunca más habrá tantos niños de escuela, en proporción a la población, como los que hubo entre 2000 y 2010; fue la mayor expansión de la historia. Los mileniales en el Ecuador son realmente los “baby boomers”: la mayor cantidad de niños relativa a la población total del Ecuador en la historia.
Pero eso ya pasó. Porque hoy las madres tienen menos niños. En 1950, el número total de nacimientos por mujer era de 7 hijos; en 1980 la tasa global de fecundidad bajó a 5 hijos por mujer y en 2010, a 2,7. El censo del próximo año ––si es que hay censo el próximo año, lo que creo que sí es posible, ahora que el INEC se ha liberado de la burocrática e ideologizada de Senplades y vuelve a ser una dependencia directa de la Presidencia de la República––, el censo del próximo año, digo, mostrará que esa tasa está más cerca de 2.

La reducción en el número de nacimientos tiene un efecto positivo, en el corto y mediano plazo sobre la composición de la sociedad. Ello se debe a que, al cambiar la relación de dependencia, se requerirá gastar menos para cubrir las necesidades de la población dependiente.

La reducción en el número de nacimientos tiene un efecto positivo, en el corto y mediano plazo sobre la composición de la sociedad. Ello se debe a que, al cambiar la relación de dependencia, se requerirá gastar menos para cubrir las necesidades de la población dependiente.

En efecto, aunque ha disminuido la mortalidad infantil y crece el número de ancianos (en 1955 la esperanza de vida al nacer era de 48 años, en 1980 de 62 años y en 2010 de 75 años), decrece, en números relativos, el peso de la población infantil y, por tanto, de dependientes. Por cierto, y ya que estamos en ello: la reducción de la mortalidad infantil y el alargue de la vida se deben solo en parte a los adelantos de la medicina; la principal razón es la expansión de la higiene, por las mejoras en el alcantarillado, el agua potable y la luz eléctrica, servicios en los que el Ecuador ha tenido un avance notable en el último medio siglo.

Pero volvamos a lo que veníamos tratando: el bono o beneficio demográfico es resultado de lo que los demógrafos llaman la “transición demográfica”; de tener una alta natalidad con alta mortalidad y corta esperanza de vida estamos pasando a tener una baja natalidad, con menor mortalidad y más larga esperanza de vida. Es en ese tránsito de una demografía a otra, que se produce esta etapa irrepetible de acelerado crecimiento de la población en edad de trabajar. Como consecuencia, si todos o la mayoría de personas en posibilidad de trabajar encontrasen empleo, al haber muchos más adultos (es decir población productiva) que niños y ancianos (es decir, población no productiva), el resultado lógico sería una disminución de la carga económica por productor y, por tanto, la posibilidad de una mejor distribución de los bienes económicos.

Ese bono demográfico es lo que permitió a los “tigres asiáticos” su impresionante crecimiento económico. La mayor abundancia relativa de fuerza de trabajo fue plenamente aprovechada por China, Corea del Sur, y otros países. Un crecimiento inusitado de la fuerza de trabajo y una muy rápida urbanización durante tres décadas junto con una industrialización masiva, permitieron a estos países aprovechar su ventana de oportunidad poblacional para impulsar aún más el crecimiento económico, con tasas PIB superiores al 10%.

Ese bono demográfico es lo que permitió a los “tigres asiáticos” su impresionante crecimiento económico. La mayor abundancia relativa de fuerza de trabajo fue plenamente aprovechada por China, Corea del Sur, y otros países.

Por si se me interpreta mal, recuerdo que el crecimiento económico depende de varios factores, tales como capital, tecnología, el mercado y la fuerza de trabajo. En el caso de Corea del Sur, China, Singapur y otras cuantas economías, su gran auge económico se basó en una mano de obra joven y productiva, la cual jugó un papel crucial para su despegue. Durante esas décadas, esos países aprovecharon la estructura de edad de su población. El bono demográfico, sin embargo, se acabó: China, por ejemplo, cada año desde el año 2012, sufre de disminución real de la fuerza de trabajo.

El Ecuador no se ha preparado

Al contrario de esos países que sí lo supieron aprovechar, el Ecuador se encuentra del todo incapacitado para aprovechar esta abundancia de mano de obra, esta plenitud poblacional, que hoy además está incrementada por la oleada de refugiados colombianos y venezolanos, la mayoría de quienes están en la edad productiva. Pero la realidad es la contraria: solo 36% de la población tiene empleo adecuado y más de 5’100.000 personas o están desempleadas o están subempleadas. 
Así, en vez de ser una bendición el bono o beneficio demográfico tal vez sea para el Ecuador una catástrofe, casi una maldición: precisamente cuando más gente hay disponible para trabajar, menos oportunidades de empleo existen en el país. La industria, la pequeña industria, el sector servicios, la construcción, que deberían absorber la mayor parte de esa mano de obra y crecer a buen ritmo, están en un período de debilidad, rodeados de temores sobre el futuro, por lo que el mercado de trabajo está detenido. No solo detenido sino que va para atrás: de un año a esta parte han desaparecido 260.000 empleos en el Ecuador.

Teóricamente, la estructura demográfica está ofreciendo al pueblo ecuatoriano la ventana de oportunidad para vivir mejor, incluso con cierta prosperidad, porque la mayoría debería tener trabajo digno con menos cargas familiares. Sin embargo, con un horizonte de crecimiento cero o incluso de recesión este año y de casi nulo crecimiento en los años inmediatos, Ecuador no va a ser capaz de aprovechar los beneficios del dividendo demográfico, es decir no puede aprovechar la gigantesca fuerza de trabajo disponible (de nuevo, gigantesca vista en términos históricos).

Para aprovechar la composición demográfica, el Ecuador debería acelerar la creación de empleo. Esto se inserta en el actual debate sobre reformas a las condiciones de nuevos empleos o flexibilización laboral, que el gobierno y el FMI impulsan.

Para aprovechar la composición demográfica, el Ecuador debería acelerar la creación de empleo. Esto se inserta en el actual debate sobre reformas a las condiciones de nuevos empleos o flexibilización laboral, que el gobierno y el FMI impulsan.

Pero también tiene que ver con la educación: si aún tenemos 20 o quizás 30 años de bono demográfico, los niños y jóvenes deberían estar mejor educados que nunca, a fin de que puedan conseguir mejores empleos que sus padres. Pero, penoso es reconocerlo, el promedio de los bachilleres está saliendo de las aulas ¡peor que nunca! Sea por la absurda reforma del bachillerato, sea por la masificación de muchos colegios, sea por la desmotivación surgida de la ideologización del correísmo, el promedio de los bachilleres está menos preparados en lectura, escritura, matemáticas, y por supuesto en la comprensión del mundo. Me he topado con bachilleres que no saben diferenciar los brotes de soya de las berenjenas, no entienden para qué sirve un abrelatas, no recuerdan a ningún otro presidente que no sea Correa, mucho menos saben qué se conmemora el 10 de agosto o en qué parte del mapa están Italia o China. Tampoco pueden hacer el cálculo mental de operaciones sencillas de enteros, no se diga hacer con lápiz y papel una de quebrados o decimales (asuntos que se ven en primaria en las escuelas privadas). Profesores de los primeros años de la Universidad coinciden en afirmar que la calidad de los estudiantes ha descendido notoriamente en estos cuatro o cinco últimos años. Y, además, con la criminal supresión de la educación técnica, tampoco están preparados para trabajar por su cuenta ni iniciarse en un oficio.

Reformas indispensables

Para aprovechar el bono demográfico (repito: el aumento absoluto y relativo de la población en edad de trabajar) de las siguientes décadas, el Ecuador debería estimular un proceso de mejor educación, mayor empleo, más ahorro e inversión, junto con mejoras a la productividad. Solo así podrá resolver la fuerte demanda de empleo. Por ahora, el desajuste entre gran oferta de mano de obra y poca demanda de trabajadores ha hecho crecer el desempleo en forma exponencial, y la baja calidad de la educación ahonda el problema.

Para bajar esa masa de desempleados y aprovechar los beneficios del bono demográfico, el Ecuador tiene que hacer reformas estructurales. Seguir haciendo las cosas como las estábamos haciendo no va a llevar a ninguna parte. En este sentido, la elasticidad del trabajo, aunque suene anatema a los oídos de los trabajadores que tienen empleo estable y seguro y a sus conservadoras cúpulas sindicales, va a tener que entrar de alguna forma. Es preferible que un trabajador tenga trabajo por horas y gane un salario (y tenga afiliación a la seguridad social) que continúe dependiendo de arañar unos dineros vendiendo chucherías en las calles o con trabajos aún más precarios y sin seguridad social.

El Ecuador está abocado a hacer cambios estructurales sustanciales para atraer inversión, pues solo así se generará nuevo empleo y empleo de calidad y con salarios competitivos.

La clave está en cómo Ecuador revitalice su industria, la grande y la pequeña, la construcción y los servicios, que son los que absorben la mayor cantidad de fuerza de trabajo. Aunque estemos escépticos sobre el camino a seguir, y muchos duden de las reformas que plantea el FMI, el Ecuador está abocado a hacer cambios estructurales sustanciales para atraer inversión, pues solo así se generará nuevo empleo y empleo de calidad y con salarios competitivos. Si no es la introducción del trabajo por horas el camino, los sindicatos deberían indicar cuáles reformas hay que introducir para generar más empleos ahora. Una de las formas de emplear esa abundante mano de obra sería que el Gobierno y la empresa privada realicen ahora las inversiones en salud, vivienda e infraestructura que se va a necesitar cuando esta misma gran población en edad productiva llegue a la edad de retiro, pues entonces, con menos proporción de personas en edad laboral, el número de adultos mayores, es decir dependientes de edades avanzadas, se va a incrementar y requerirán de (sus) cuidados.

Mientras eso llegue, hay que facilitar hacer negocios hoy y lanzar emprendimientos en el país: la montaña de regulaciones y permisos, la burocracia y la corrupción ponen barreras muy altas a quienes quieren emprender. Sin duda, el inicio de la explotación minera va a crear algunos miles de empleos, pero de ninguna manera va a ser la respuesta, sobre todo porque no hay encadenamientos productivos con los minerales extraídos.

El gobierno está promoviendo incentivos tributarios, pero estos deberían estar ligados no solo a la inversión sino a la creación intensiva de empleos.

A la vez, hay que acelerar la reforma educativa, volver a crear colegios técnicos, sistemas duales de estudio-trabajo y otro tipo de educación vocacional, así como mejorar la educación universitaria, para asegurarnos que los jóvenes que salgan al mercado laboral estén mejor calificados y el país pueda sacar toda la ventaja que debería del bono demográfico, para que este sea una bendición y no una maldición.

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