Back to top
11 de Diciembre del 2023
Historias
Lectura: 24 minutos
11 de Diciembre del 2023
Julio Oleas-Montalvo
El «Nobel de economía» y la revancha de la economía neoclásica (2)
0

En 2018 el Banco de Suecia premió a William Nordhaus por integrar el cambio climático en el análisis macroeconómico de largo plazo. William Nordhaus, profesor de la Universidad de Yale (EE.UU.). Foto: Fundación BBVA

 

Se postula la urgente necesidad de apurar una nueva revolución científica que contribuya a anticipar y resolver las crisis del capitalismo, en particular las crisis financieras y, en especial, la crisis multidimensional desencadenada por el cambio climático generado por las actividades humanas.

El hombre es tan inteligente que se siente impelido a inventar teorías para explicar los sucesos del mundo. Desafortunadamente suele ocurrir que no lo es tanto como para encontrar las explicaciones correctas. De forma que, cuando actúa según sus teorías, con frecuencia se comporta como un lunático.

Aldous Huxley (Texts and Pretexts)


La economía neoclásica (EN) ha marginado a otras escuelas de pensamiento, tal vez por eso se la conoce como la corriente principal, el «mainstream». Es un paradigma excluyente: impide ejercer la docencia a los no-neoclásicos y les niega la posibilidad de publicar en revistas especializadas. Simplemente, el colegio invisible no los considera científicos. La EN formaliza la teoría hasta el punto de hacerla irrelevante para entender la realidad; y omite la historia tanto como la historia del pensamiento económico.

Los partícipes de la EN se engañan a sí mismos creyendo que todo lo que necesitan para considerarse científicos son las matemáticas. Joseph Stiglitz señala que, en lo que respecta a la economía, ha triunfado la ideología sobre la ciencia. En lugar de utilizar teorías para explicar o predecir la realidad, la teoría se ha convertido en el punto de vista irremplazable de cualquier fenómeno económico. El problema es que la realidad del siglo XXI es muy diferente a la del siglo XIX.

A continuación, se describe el ciclo cumplido por la EN como paradigma dominante. Se postula la urgente necesidad de apurar una nueva revolución científica que contribuya a anticipar y resolver las crisis del capitalismo, en particular las crisis financieras y, en especial, la crisis multidimensional desencadenada por el cambio climático generado por las actividades humanas.  

Auge y decadencia de la EN

Los paradigmas del conocimiento cumplen ciclos de vida, como si fuesen seres vivos. Al final del siglo XX, los organismos multilaterales y la mayoría de los gobiernos ya estaban ocupados por partícipes de la EN. Todos hablaban un mismo vocabulario: expectativas racionales, agentes, equilibrio macroeconómico, disciplina fiscal, eficiencia del mercado, libre comercio, libre movilidad de capitales, seguridad jurídica… La EN se convirtió en la atalaya mundial del culto a la desregulación de los mercados, al crecimiento económico y a la globalización del capital.

Más llamativa fue la pretensión de analizar cualquier fenómeno social a través del lente de la EN. Esta predisposición invasora tuvo en Gary Becker a su más conspicuo representante. Becker también estaba filiado a la Universidad de Chicago, era cercano a Friedman, fue presidente de la AEA en 1987 y el Banco de Suecia lo premió en 1992 «por haber extendido el dominio del análisis microeconómico a un amplio rango de comportamientos e interacciones de los seres humanos, incluido el comportamiento fuera del mercado» (https://bit.ly/3QMj44e). Becker estudió el racismo, la delincuencia, la familia, la decisión de acudir a la universidad y otros temas, del dominio de sociólogos, politólogos o abogados, valiéndose de los supuestos de racionalidad y maximización de la utilidad consustanciales a la microeconomía de la EN.

Los paradigmas del conocimiento cumplen ciclos de vida, como si fuesen seres vivos. Al final del siglo XX, los organismos multilaterales y la mayoría de los gobiernos ya estaban ocupados por partícipes de la Economía neoclásica.

Pero el auge duró poco; las anomalías aparecieron en los países periféricos con los ajustes de mercado. El descontento y la exclusión social fueron aliviados temporalmente gracias al super ciclo de los bienes primarios de inicios del siglo XXI. En los países centrales los problemas brotaron en los –recientemente– desregulados mercados financieros. En 1997 el Banco de Suecia premió a Robert Merton y Myron Scholes por inventar un método para valorar los derivados financieros, minimizando el riesgo. Merton y Scholes lo aplicaron en el Long-Term Capital Management (LTCM), fondo de inversiones fundado en 1994 con un aporte inicial de US$ 1.250 millones de inversores como Goldman Sachs, Morgan Stanley y Merrill Lynch. El objetivo del LTCM era producir mejores resultados mediante nueva tecnología de arbitraje y gestión del riesgo. Nueve meses después del premio de Merton y Scholes, el LTCM perdió en dos días US$ 1.000 millones bajo el efecto de la crisis rusa.

Profesores Robert Merton y Myron Scholes. Foto: Fundación Nobel

Alan Greenspan, presidente del FED (Reserva Federal de los EE.UU.) entre 1987 y 2006, consideró que el LTCM era demasiado grande para caer (too big to fail) y autorizó su rescate con US$ 3.650 millones (septiembre de 1998), cifra que palidece frente a los US$ 700.000 millones que costó el rescate de las entidades financieras fallidas durante la crisis de 2008, detonada por una burbuja inmobiliaria. En esta ocasión, la crisis se originó en productos financieros que empaquetaban títulos de alto riesgo en inversiones aparentemente respetables, de alto rendimiento. Jean-Phillippe Bouchaud sostiene que la EN carece de un marco para entender los mercados «descontrolados». En esta ocasión otro presidente del FED, galardonado por el Banco de Suecia en 2022 por sus investigaciones sobre bancos y crisis financieras, Ben Bernanke, también creyó apropiado rescatar a AIG y a Bear Sterns, así como reducir las tasas de interés para estimular la economía, y comprar activos con bonos del Tesoro. Es decir, incrementó la deuda pública norteamericana y rescató entidades a costa de los contribuyentes.  

La EN no solo ha fallado en anticipar crisis financieras; además ha obligado a los contribuyentes a financiar los rescates y, en la crisis de 2008, convirtió «lo que podría haber sido una […] recesión ‘del montón’ en una crisis mayor del capitalismo» (https://bit.ly/47jbrZM). No era, por lo demás, una crisis imposible de prevenir. Steve Keen, economista australiano autodefinido como postkeynesiano y sraffiano, agudo crítico del neoclasicismo dominante, anticipó su ocurrencia y sus consecuencias –la prolongada recesión que marcó el inicio del fin de la globalización.

Las críticas a la EN comenzaron mucho antes. En 2000 un grupo de estudiantes de Francia pidió reformar el currículo de las facultades de economía para contrarrestar lo que llamaron «autismo» neoclásico (en francés ‘autisme’ significa subjetividad anormal, aceptación de la fantasía antes que de la realidad). En septiembre de ese año se publicó el primer número de la Post-Autistic Economics Newsletter (https://bit.ly/3N20Hav), luego Post-Autistic Economics Review y actualmente Real-World Economics Review (hace poco se publicó el no. 104). En junio de 2001, 27 doctorandos de la Universidad de Cambridge pidieron «abrir la economía». Dos meses más tarde, en la ciudad de Kansas, estudiantes de 17 países publicaron una carta abierta demandando reformar el currículo de la carrera de economía (https://bit.ly/47yOzpL).  

¿Por qué los partícipes de la EN afirman ser tan bien intencionados, y al mismo tiempo todas sus recomendaciones favorecen a los ricos y a los privilegiados? Steve Keen cree que la razón de esas conductas, ideológicas y destructivas de la cohesión social, no tienen que ver con patologías personales.

Pero nada, o casi nada, ha cambiado. En 2009, en plena crisis financiera, Paul Krugman publicó en el New York Times una columna titulada ¿Cómo pudieron equivocarse tanto los economistas? Luego de la crisis de 2008, Ben Bernanke insiste que no hay necesidad de revisar la teoría económica, pues es necesario distinguir entre «ciencia económica», «ingeniería económica» y «gestión de la crisis». Según Bernanke, la crisis de 2008 se debió a fallas de la ingeniería y de la gestión, pero las deficiencias teóricas serían irrelevantes (https://bit.ly/47jbrZM).

¿Por qué los partícipes de la EN afirman ser tan bien intencionados, y al mismo tiempo todas sus recomendaciones favorecen a los ricos y a los privilegiados? Steve Keen cree que la razón de esas conductas, ideológicas y destructivas de la cohesión social, no tienen que ver con patologías personales. La razón sería más compleja y estaría alojada en las aulas, donde los futuros economistas son inculcados con pautas de comportamiento propias de fanáticos (https://bit.ly/47jbrZM).

Algo más que una disputa entre economistas

En 2018 el Banco de Suecia premió a William Nordhaus por integrar el cambio climático en el análisis macroeconómico de largo plazo (https://bit.ly/47SaVlI). Nordhaus también fue presidente de la American Economic Association (1993), por lo que el colegio invisible no duda que sus aportes son «buena Economía». Su modelo ha sido aceptado por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), la agencia de protección ambiental de EE. UU., los analistas de riesgo global, los servicios financieros y la mayoría de las universidades del mundo. No es exagerado afirmar que su trabajo puede afectar la vida de miles de millones de personas, pues sus cálculos son la base de las principales propuestas para mitigar las emisiones de carbono (https://bit.ly/3GpiTHc).

La «adaptación óptima» de la economía global al cambio climático se lograría con un incremento de la temperatura media del planeta de entre 2,7°C y 3,5°C. Por óptimo se entiende seguir quemando combustibles fósiles durante casi todo el siglo XXI, para proveer la energía necesaria para el crecimiento económico, sin mayores esfuerzos por cambiar la tecnología predominante. La humanidad podría –según Nordhaus– adaptarse a un calentamiento de esa magnitud con inversiones módicas en infraestructura, cambios sociales graduales y pocos sacrificios en los países desarrollados.

Un estudio publicado en 2022 en el Journal of Economic Methodology, por Joseph Stiglitz, Nicholas Stern y Charlotte Taylor (dos economistas y una botánica) concluye que el modelo de Nordhaus no considera la «profunda incertidumbre y el riesgo extremo» que trae consigo el cambio climático. Más todavía, no toma en cuenta «las potenciales pérdidas de vidas y medios de vida a gran escala, ni la transformación y destrucción de nuestro medio ambiente natural». ¿Acaso el economista considerado como mentor por la entidad encargada de guiar a la humanidad a través de la crisis climática (el IPCC), «…que ha sido premiado con un Nobel por el costeo climático, que es ampliamente festejado como el decano de su campo de estudio, no sabe de lo que está hablando» (https://bit.ly/3GpiTHc)?  

La «adaptación óptima» de la economía global al cambio climático se lograría con un incremento de la temperatura media del planeta de entre 2,7°C y 3,5°C. Por óptimo se entiende seguir quemando combustibles fósiles durante casi todo el siglo XXI, para proveer la energía necesaria para el crecimiento económico, sin mayores esfuerzos por cambiar la tecnología predominante.

Con la notable excepción de los partícipes de la EN, todos los científicos que no han sido cooptados por grupos interesados en «optimizar» las emisiones de gases con efecto invernadero consideran una locura proponer la optimización de algo (en este caso, del crecimiento económico) con un calentamiento de tan solo 2°C. En un artículo publicado en 2017 en Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS), Y. Xu (Department of Atmospheric Sciences de la Universidad de Texas A&M) y V. Ramanathan (Scripps Institution of Oceanography de la Universidad de California en San Diego) consideran que un calentamiento de 1,5°C es peligroso, que uno de 3°C o más sería catastrófico y que uno de 5°C sería más que catastrófico: ninguno de ellos es economista. Poco antes de morir, el químico australiano Will Steffen advertía, junto a otros científicos (no economistas), que los 2°C era una marca crítica, en la que se podrían activar otros puntos de inflexión en una cascada tipo dominó que elevaría más aun la temperatura. Esa cascada provocaría, rápidamente, un escenario de invernadero planetario.

El tránsito hacia ese escenario, improbable según Nordhaus y sus colegas de la EN, será largo y doloroso. Las sequías y el calor han reducido al menos 10% la oferta mundial de cereales. Si esto continúa, las consecuencias predecibles se traducirían en aumentos de precios, agitación social, pérdidas financieras, hambre y muerte. Otro artículo del PNAS publicado en 2022 (Climate Endgame: Exploring catastrophic climate change scenarios), afirma que existe mucha evidencia de que el cambio climático podría ser catastrófico, incluso con calentamientos aparentemente modestos. La razón: se activarían factores indirectos (daños económicos, pérdidas de suelo y agua, e inseguridad alimentaria) que al fusionarse en un cambio súbito del clima podrían detonar fallas sistémicas que desmoronarían la sociedad. Los 11 científicos (ningún economista) que firman este artículo están anticipando, en buen romance, un colapso global.

Johan Rockström, director del Potsdam Institute for Climate Impact Research, de Alemania, advierte que en un planeta 4°C más caliente que la media preindustrial sería difícil «acomodar a 1.000 millones de personas». En noviembre de 2022 el planeta tenía 8.000 millones de personas y cada año se suman 80 millones más. Por su parte Nordhaus afirma que, con un calentamiento de 6°C, se esperaría daños de entre 8,5% y 12,5% del PIB mundial en el transcurso del siglo XXI.

¿Cómo explicar la diferencia entre científicos del clima y economistas del clima? Los partícipes de la EN no saben o no les interesa cómo es el mundo real. El problema comienza en las universidades, donde el adoctrinamiento de los futuros economistas se inicia con un diagrama de flujo circular del ingreso en el que se intercambia dinero por bienes y servicios, en un sistema cerrado e imperturbable que permanece en equilibrio. En ese sistema no existen insumos tomados del ambiente (petróleo, minerales, agua, suelo, alimentos) ni residuos expulsados al ambiente (basura, contaminación, energía disipada, metano, CO2…).

Johan Rockström, director del Potsdam Institute for Climate Impact Research, de Alemania, advierte que en un planeta 4°C más caliente que la media preindustrial sería difícil «acomodar a 1.000 millones de personas». En noviembre de 2022 el planeta tenía 8.000 millones de personas y cada año se suman 80 millones más.

Nordhaus extrae sus conclusiones del modelo de su invención, el Dynamic Integrated Climate-Economy (DICE), en el que el efecto de un clima más cálido se mide como una pérdida/ganancia porcentual del PIB. El DICE se basa en el modelo de crecimiento de Frank Ramsey (1928), también usado como base de los modelos que no pudieron predecir la crisis financiera de 2008 (https://bit.ly/3N3Kphl). Nordhaus asume que el PIB crecerá de todas maneras, a pesar de los shocks climáticos (en lenguaje técnico, lo considera exógenamente determinado). Para los científicos del clima, este supuesto es el sumun de la arrogancia. Otro error garrafal es el uso de ecuaciones que no pueden representar cambios climáticos irregulares. El DICE simplemente no puede dar cuenta de climas extremos, epidemias, migraciones y desplazamientos, guerras, pérdidas de la biodiversidad, inestabilidad política o restricciones de alimentos, combustibles o agua.

Nordhaus calcula el PIB de una circunscripción geográfica en función de la temperatura de ese lugar, lo que es absurdo. Y asume que, como el 87% del PIB mundial se realiza en lo que llama «ambientes cuidadosamente controlados» –¿bajo techo? – no será afectado por el cambio climático. Esto incluye la manufactura, minería, transporte, comunicaciones, finanzas, seguros, bienes raíces, comercio, servicios privados y gubernamentales. Ha afirmado que la agricultura es el sector económico más sensible al cambio climático, pero como representa 3% del PIB norteamericano, las alteraciones del clima en la producción agrícola no afectarían mucho al crecimiento del PIB (https://bit.ly/3T8OW5R). Es decir, según Nordhaus los alimentos son perfectamente fungibles con el resto de los bienes y servicios contabilizados en el PIB. Y, al parecer, buen tiempo (weather) es lo mismo que buen clima (climate).

Resulta difícil creer que un modelo tan cuestionable haya servido de fundamento para que su autor reciba el premio del Banco de Suecia. Nicholas Stern, execonomista jefe del Banco Mundial, critica el DICE por ser demasiado simplista. Joseph Stiglitz lo considera esencialmente pragmático, pues no prefigura ningún riesgo. La activista Naomi Klein cree que la economía del cambio climático de Nordhaus es un obstáculo para la acción climática. Mucho más enérgica es la reacción de Steve Keen, quien cree que se trata de un caso de ignorancia (The appallingly bad neoclassical economics of climate change, Globalizations 18:7).

El up date necesario

Qué ocurre cuando la realidad cambia y el conocimiento permanece estancado, se había preguntado al inicio de este ensayo. El siglo XXI no puede representarse como un ferrocarril avanzando hacia el horizonte del progreso. Más apropiada sería una alegoría del Antropoceno, dadas las condiciones físicas del planeta (véase gráfico siguiente). La desigualdad (de ingresos, de apropiación de los activos, de oportunidades y de huellas ecológicas), el cambio climático, las crisis del estado-nación y de la democracia, un turbulento escenario internacional, desplazamientos masivos, la delincuencia y otros fenómenos hacen de ésta una época extraordinaria. La previsibilidad es imposible, prevalecen el riesgo y la incertidumbre y hasta la dicotomía verdadero-falso se diluye en la complejidad.

Hace 40 años, los filósofos Silvio Funtowicz y Jerome Ravetz señalaron que la ciencia se adapta a los problemas de cada época y que, en la actualidad, esos problemas son complejos y están cargados de riesgo e incertidumbre. La racionalidad reduccionista de la investigación científica tradicional, exitosa en el pasado, ya no es apropiada para el mundo actual. Las prácticas científicas contemporáneas deben incluir la gestión de las inevitables incertidumbres éticas y del conocimiento, y aceptar la legitimidad de diferentes perspectivas y formas de conocer y valorar, lo que promovería sociedades más democráticas, participativas y tolerantes, concluyen (Science for the post-normal age, Futures vol. 25 n.7).

Silvio Funtowicz

Los valores juegan un papel fundamental para identificar los problemas y para proponer soluciones. Según la EN, el valor supremo a considerar es el valor de cambio. Otras escuelas de pensamiento económico asumen como fundamental el valor de uso. Ambos «valores» pueden representarse en términos monetarios. Pero el dinero es tan solo uno de entre tantos valores engendrados y anidados en las diferentes culturas que, fácilmente, pueden colisionar al analizar un problema ambiental y más todavía al proponer sus soluciones. Además, como esas soluciones afectan a los miembros de la sociedad, es preferible que sean tomadas en forma participativa y no impuestas por expertos que, supuestamente, deciden al margen de sus propios valores, afirman Funtowicz y Ravetz.

A la EN le está ocurriendo lo que a la astrología: el prestigioso conocimiento del astrólogo del Medioevo devino en superchería de la era moderna. Así mismo, la autorizada voz del economista neoclásico de la era moderna, está decantándose como charlatanería de la era postmoderna, la era del calentamiento global.

En el siglo XXI los problemas surgen dentro de sistemas complejos, cuyas propiedades no son la suma simple de las propiedades de sus partes. Esos sistemas son capaces de reaccionar en respuesta a su entorno, y son impredecibles. Es imposible resolverlos con teorías que resuenan como fragmentos apologéticos de axiomas (agente económico racional, mercado perfecto, mano invisible…) supuestamente tan lógicos que no requieren contrastación empírica. Los ejemplos más conocidos de sistemas complejos son las redes sociales, los ecosistemas, el clima o la economía.

La propuesta de Funtowicz y Ravetz se condensa en la «ciencia post-normal», que parece ser adecuada para procesar la incertidumbre o ambigüedad de la realidad, que considera relevante la pluralidad de valores que pueden confluir, y que gestiona la participación de una comunidad ampliada de interesados para asumir las decisiones. Más que una alternativa epistemológica, la ciencia post-normal es una opción metodológica de conjugación de diversos saberes con la participación de todos los involucrados. Esto se sintetiza en el sistema de notación NUSAP (acrónimo de Number, Unit, Spread, Assessment y Pedigree), que permite generalizar y sistematizar las prácticas científicas tradicionales. Una de esas prácticas tradicionales es la EN, que podría colaborar con otras disciplinas del conocimiento menos dogmáticas, pero más conectadas con la realidad, con los fenómenos naturales generados por el uso de energía, agua y otros recursos naturales en la producción de bienes y servicios, en su transporte y en su consumo. Y, en especial, más propensas a considerar el principio precaución al predecir escenarios futuros.

Desde la perspectiva de la ciencia post-normal, emplear el DICE para optimizar una trayectoria de crecimiento económico en un escenario de calentamiento global sería absurdo, temerario y antidemocrático. A la EN le está ocurriendo lo que a la astrología: el prestigioso conocimiento del astrólogo del Medioevo devino en superchería de la era moderna. Así mismo, la autorizada voz del economista neoclásico de la era moderna, está decantándose como charlatanería de la era postmoderna, la era del calentamiento global.

GALERÍA
El «Nobel de economía» y la revancha de la economía neoclásica (2)
 


[CO MEN TA RIOS]

[LEA TAM BIÉN]

Juicio contra Carlos Pólit (día 5): Olivio Rodrigues aseguró que las coimas de Odebrecht pasaron por las empresas Cosani, Plastiquim e Italcom
Susana Morán, desde Ecuador para PlanV, y Marcos Medina, desde Miami para PlanV y El Universo
¿Qué dice la denuncia por "traición a la patria" contra Rafael Correa?
Redacción Plan V
¿Qué sanciones busca México contra Ecuador y cuán posibles son?
Redacción Plan V
Juicio contra Carlos Pólit (día 5): En la casa del excontralor se hallaron 15.000 euros en efectivo, dijo un policía
Susana Morán, desde Ecuador para PlanV, y Marcos Medina, desde Miami para PlanV y El Universo

[MÁS LEÍ DAS]

Mayra Salazar cosechó un amplio repudio en redes sociales como X y Facebook
Redacción Plan V
7 claves para entender el juicio de Carlos Pólit que inicia en Miami este 8 de abril
Susana Morán
Ivonne Núñez: el trabajo por horas va a cambiar la situación del desempleo en cortísimo plazo
Juan Carlos Calderón
La embajadora de México es la viuda de Bolívar Echeverría