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9 de Junio del 2024
Historias
Lectura: 36 minutos
9 de Junio del 2024
Arundhati Roy
Arundhati Roy: el desmantelamiento de la democracia en India afectará al mundo entero
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La narración de Arundhati Roy ilumina los deseos de abrir las redes humanas que caracterizan nuestro mundo y satisfacer su anhelo de un tipo particular de patria: un lugar más gentil, más tranquilo, menos hipócrita y menos transaccional. Foto: thechakkar.com

 

Este es el discurso de aceptación del Premio de Ensayo Europeo 2023, otorgado a la escritora india por la fundación Charles Veillon en septiembre pasado. Lo publicamos aquí con motivo de la finalización de las elecciones generales en India, las elecciones más grandes de la historia (tanto, que tomaron 44 días, del 19 de abril hasta el 1 de junio). Tras la proclamación de resultados el 4 de junio, aunque el Partido Popular Indio sufrió importantes reveses, tendrá los escaños suficientes para ratificar al primero ministro Narenda Modi para un tercer periodo. En su discurso, Roy advierte del descenso de la India hacia el autoritarismo y las posibles consecuencias para el resto del mundo si Modi fuera reelecto.


A

gradezco a la fundación Charles Veillon por honrarme con el Premio de Ensayo Europeo. Talvez no se aprecie con facilidad lo encantada que estoy de recibirlo. Aunque es posible que parezca que estoy alardeando. Lo que más me emociona es que es un premio a la literatura. No por la paz. No por la cultura o la libertad cultural. Por escribir. Y por escribir el tipo de ensayos que yo escribo y he estado escribiendo por los últimos veinticinco años.

"Estos ensayos han mapeado, paso a paso, el descenso (aunque algunos lo vean como un ascenso) de la India a la dictadura de las mayorías y, luego, al fascismo en toda regla. Sí, todavía tenemos elecciones, y por esa razón, para asegurarse un electorado fiable, el Partido Popular Indio (PPI) ha diseminado sin interrupción su mensaje de supremacismo hindú a una población de mil cuatrocientos millones de personas. En consecuencia, las elecciones son una temporada de asesinato, linchamiento y mensajes velados —el tiempo más peligroso para las minorías de la India, en particular musulmanes y cristianos—.

Ya no es solo a nuestros líderes que debemos temer, sino a todo un segmento de la población. La banalidad del mal, la normalización del mal es ahora patente en nuestras calles, en nuestras aulas, en gran número de espacios públicos. La prensa tradicional y los cientos de canales de solo noticias han sido enrolados a la causa del fascismo mayoritarista. La Constitución de la India ha sido en la práctica puesta a un lado. El Código Penal indio está siendo reescrito. Si el régimen actual gana una mayoría en 2024, es muy probable que pronto veamos una nueva Constitución.

También es probable que se lleve a cabo lo que se denomina “delimitación” —una reorganización de los distritos electorales, o gerrymandering, como se lo llama en Estados Unidos— lo que otorgará más curules parlamentarios a aquellos estados de habla hindú en el norte de la India, donde el PPI tiene seguidores. Esto causará un gran descontento en los estado sureños y tiene el potencial de balcanizar a la India. Incluso en el caso de una poco probable derrota electoral, el veneno supremacista ha calado profundo y compromete a todas las instituciones públicas diseñadas para supervisar el sistema de controles y equilibrios. Al momento, casi no existen, excepto una debilitada y desautorizada Corte Suprema.

Permítanme agradecerles otra vez por este prestigioso premio y el reconocimiento de mi trabajo, aunque debo decirles que los premios a la trayectoria hacen que las personas se sientan viejas. Debo dejar de hacer como si no lo fuera. Es, de alguna forma, una gran ironía recibir un premio por veinticinco años de escribir para alertar sobre la dirección a la que nos encaminábamos, cuestión que no fue atendida, sino ridiculizada y criticada tanto por los liberales como por quienes se consideran “progresistas”.

Pero hoy el tiempo de las alertas ha pasado. Estamos en un fase histórica diferente. Como escritora, solo espero que mi escritura pueda dar testimonio de este oscurísimo capítulo por el que cursa la vida de mi país. Y ojalá, a través de la permanencia del trabajo de otras como yo, se sepa que no todos comulgábamos con lo que estaba pasando.

Mi vida como una escritora de ensayos no estaba planeada. Solo sucedió.

Mi primer libro fue El dios de las pequeñas cosas, una novela publicada en 1997. Coincidió con el cincuentenario de la independencia de la India del colonialismo británico. Habían pasado ocho años desde la finalización de la Guerra Fría y el comunismo soviético yacía enterrado entre los escombros de la guerra de Afganistán. Era el principio del mundo unipolar dominado por los Estados Unidos, donde el capitalismo era el vencedor incontestado. La India se realineó con los Estados Unidos y abrió sus mercados al capital corporativo.

El dios de las pequelas cosas, 1997, cuenta la historia de dos hermanos gemelos en el Estado de Kerala. 

Entendí que mantenerme callada era tan político como decir mi opinión. Entendí que decir mi opinión significaría el final de mi carrera como la niña mimada del mundo literario. Más aún, entendí que si no escribía lo que pensaba sin importar las consecuencias, me convertiría en mi peor enemiga y quizá no volvería a escribir.

La privatización y el ajuste estructural eran los himnos del mercado libre. La India ocupaba un lugar en la mesa grande. Mas, en 1998 el nacionalismo hindú llegó al gobierno de la mano del PPI. Lo primero que hizo fue llevar a cabo una serie de pruebas nucleares. Fueron celebradas por la mayoría de personas, incluidos escritores, artistas y periodistas en un lenguaje nacionalista chauvinista y violento. Lo que era aceptable como parte del discurso público cambió de un día para otro.

En esos tiempos, al haber ganado el Bookers Prize por mi novela fui, sin advertirlo, concebida como uno de los embajadores culturales de esta agresiva Nueva India. Estaba en las portadas de importantes revistas. Sabía que si no decía algo se asumiría que estaba de acuerdo con todo esto. Entendí que mantenerse callada era tan político como decir mi opinión. Entendí que decir mi opinión significaría el final de mi carrera como la niña mimada del mundo literario. Más aún, entendí que si no escribía lo que pensaba sin importar las consecuencias, me convertiría en mi peor enemiga y quizá no volvería a escribir.

Así que escribí, para salvarme. Mi primer ensayo, El final de la imaginación, se publicó al mismo tiempo en dos importantes revistas de circulación masiva, Outlook y Frontline. De inmediato fui catalogada de traidora y antipatriota. Recibí esos insultos como laureles no menos prestigiosos que el Bookers Prize. Ese ensayo me encaminó en un largo itinerario de escritura sobre represas, ríos, desplazamientos, castas, minería, guerra civil. Un itinerario que profundizó mi comprensión y entrelazó mi ficción y mi no-ficción de maneras en que ya no pueden ser separadas.

Voy a leer un corto extracto de uno de los ensayos de mi libro Azadi, que es sobre la manera en que estos ensayos habitan en el mundo. Se llama, El lenguaje de la literatura:

“Cuando los ensayos fueron publicados por primera vez (primero en revistas de circulación masiva, luego en el internet y luego en libros) fueron vistos con aprensiva sospecha, al menos en algunos círculos, a menudo por aquellos quienes talvez ni siquiera discrepaban con su postura política. La escritura divergía de lo que convencionalmente se piensa como literatura. La aprensión era una reacción entendible, en particular entre los predispuestos a las taxonomías, porque no podían decidir que era esto con exactitud: ¿panfleto o polémica, escritura académica o periodística, diario de viaje o simple aventurismo literario?

“Para algunos, ni siquiera contaba como escritura: Oh, ¿por qué has dejado de escribir? Estamos esperando por tu próximo libro. Otros imaginaron que solo era una pluma de alquiler. Aparecieron toda clase de ofertas: Querida, me encantó ese artículo que escribiste sobre represas, ¿podrías escribirme uno sobre abuso infantil? (Esto pasó en realidad.) Fui sermoneada con severidad (en particular por hombres de castas altas) sobre cómo escribir, los temas sobre los que debía escribir y el tono que debía adoptar.

“Pero en otros lugares —llamémosles lugares apartados de la carretera— los ensayos fueron traducidos con rapidez a otras lenguas indias, impresos como panfletos, distribuidos sin costo por bosques y cuencas fluviales, en pueblos bajo ataque, en campus universitarios donde los estudiantes estaban hartos de que les mientan. Porque estos lectores, allí en las primeras líneas, ya chamuscados por el fuego en expansión, tenían una idea muy diferente de lo que era o debía ser la literatura.

“Menciono esto porque me enseñó que el lugar para la literatura es construido por los escritores y los lectores. Es un lugar frágil, de alguna manera, pero indestructible. Cuando está roto, lo reconstruimos. Porque necesitamos un cobijo. Me gusta mucho la idea de una literatura que es necesaria. Literatura que proporciona un cobijo. Cobijo de todo tipo.”

Hoy es impensable que algún medio tradicional en India, todos los cuales viven de la publicidad corporativa, vaya a publicar un ensayo como estos. En los últimos veinte años, el mercado libre, el fascismo y la así llamada prensa libre, han danzado juntos para llevar a la India a un lugar donde de ninguna manera se la puede llamar una democracia. 

En enero del 2023 pasaron dos cosas que sirven para ilustrar esto de una forma que quizá nada más pueda hacerlo. La BBC emitió un documental en dos episodios titulado India: The Modi Question, y unos días más tarde una pequeña firma estadounidense llamada Hindenburg Research especializada en investigar actividades especulativas en bolsa publicó lo que ahora se conoce como el Reporte Hindenburg, una detallada revelación de escandalosas prácticas dolosas por parte de la corporación más grande de la India, el Grupo Adani.

El momento Hindenburg-BBC fue tratado en los medios indios como si fuera un ataque a las torres gemelas de la India: el primer ministro Narenda Modi y el empresario industrial Gautam Adani, quien era, hasta hace poco, el tercer hombre más rico del mundo. Las imputaciones que se hicieron contra ellos no son sutiles. La película de la BBC implica a Modi en la incitación de asesinatos masivos. El Reporte Hindenburg acusa a Adani de mandarse “la más grande estafa corporativa de la historia”. El 30 de agosto, The Guardian y el Financial Times publicaron sendos reportajes en base a documentos obtenidos por el Proyecto para la Investigación de la Corrupción y el Crimen Organizado que apuntalan el Reporte Hindenburg.

Las agencias de investigación y la mayoría de medios de la India no están en posición de investigar o publicar estas historias. Por lo tanto, cuando lo hace la prensa extranjera, en la actual atmósfera de seudo hipernacionalismo es fácil pintarlo como un ataque a la soberanía india. El primer episodio de The Modi Question, el film de la BBC, trata sobre el pogrom antimusulmán que se propagó a través del estado de Gujarat después de que algunos musulmanes fueron responsabilizados de haber prendido fuego al vagón de ferrocarril donde 59 peregrinos hindúes fueron quemados vivos. Modi había sido nombrado —no elegido— ministro en jefe del estado solo unos pocos meses antes de la masacre.

La película cuenta no solo del asesinato, sino también de la búsqueda de veinte años que algunas víctimas emprendieron a través del laberíntico sistema legal indio, manteniendo la fe, esperando justicia y responsabilidades políticas. Incluye testimonios de testigos presenciales, el más emotivo el de Imtiyaz Pathan, quien perdió diez miembros de su familia en la “masacre de la Sociedad Gulbarg” en la que sesenta personas fueron linchadas, incluido el exparlamentario Ehsan Jafrri, quien fue desmembrado y quemado vivo. Él era un rival político de Modi y había hecho campaña en su contra en una elección reciente. Fue una de muchas masacres igual de espeluznantes que tuvieron lugar en Gujarat durante esos pocos días.

Otra de las masacres —que no aparece en el documental— fue la violación colectiva de Bilkis Bano, de diecinueve años, y el asesinato de catorce miembros de su familia, incluida su hija de tres años. En agosto pasado, mientras Modi se dirigía a la nación sobre la importancia de los derechos de las mujeres, su gobierno, ese mismo día, perdonaba a los violadores asesinos de Bilkis y su familia que habían sido condenados a prisión de por vida. La mayoría de su condena la habían pasado en libertad bajo palabra. Ahora eran hombres libres. Fueron recibidos con guirnaldas fuera de la prisión, son ahora respetados miembros de la sociedad y comparten foros con políticos del PPI en programas públicos.

Otra de las masacres  fue la violación colectiva de Bilkis Bano, de diecinueve años, y el asesinato de catorce miembros de su familia, incluida su hija de tres años. En agosto pasado, mientras Modi se dirigía a la nación sobre la importancia de los derechos de las mujeres, su gobierno, ese mismo día, perdonaba a los violadores asesinos de Bilkis.

El documental de la BBC reveló un informe interno comisionado por el ministerio de Relaciones Exteriores británico en abril de 2002, que no había sido visto por el público. El reporte, que tenía como objetivo corroborar hechos, estimó que “al menos dos mil” personas habían sido asesinadas. Consideró a la masacre un pogrom planeado con anticipación “con todas las marcas de limpieza étnica”. Decía que contactos confiables les habían informado que la policía había recibido órdenes de abandonar el lugar de los hechos. El informe establecía sin tapujos la culpa en la puerta de Modi. Después del pogrom de Gujarat los Estados Unidos le negaron la visa. Modi ganó tres elecciones consecutivas y continuó como ministro en jefe de Gujarat hasta 2014. Cuando se convirtió en primer ministro, la veda para entrar en Estados Unidos fue revocada.

El gobierno de Modi ha prohibido el documental. Todas las redes sociales cumplieron con la prohibición y han retirado todos los enlaces y referencias al mismo. Semanas después de la trasmisión del documental, las oficinas de la BBC fueron cercadas por la policía y allanadas por agentes de impuestos.

El Reporte Hindenburg acusa al Grupo Adani de estar involucrado en “manipulación descarada de acciones y esquemas de fraude contable” que —a través de empresas de papel offshore— inflaron el valor de sus principales compañías e inflaron los activos de su director. De acuerdo al reporte, siete de las compañías Adani están sobrevaluadas en más del 85%. Modi y Adani se conocen hace décadas. Su amistad se consolidó tras el pogrom de Gujarat de 2002.

En ese momento, gran parte de la India, incluida la India corporativa, rechazó horrorizada la abierta matanza y violación colectiva de musulmanes que tuvo lugar en las calles de los pueblos y ciudades de Gujarat a manos de hordas de justicieros hindúes en busca de “venganza”. Gautam Adani respaldó a Modi. Junto a un pequeño grupo de empresarios industriales, estableció una nueva asociación de empresarios. Condenaron a los críticos de Modi y lo apoyaron cuando relanzó su carrera política como Hindu Hriday Samrat, el Emperador de los Corazones Hindúes. Así nació lo que se conoce como el modelo de “desarrollo” Gujarat: un violento nacionalismo hindú respaldado por los grandes capitales corporativos.

En 2014, después de tres periodos como ministro en jefe de Gujarat, Modi fue elegido primer ministro de la India. Voló a su ceremonia de posesión en Delhi en un jet privado con el nombre de Adani estampado a lo largo de su costado. Durante los nueve años del mandato de Modi, Adani se convirtió en el hombre más rico del mundo. Su riqueza creció de 8 mil millones de dólares a 137 mil millones.

En 2014, después de tres periodos como ministro en jefe de Gujarat, Modi fue elegido primer ministro de la India. Voló a su ceremonia de posesión en Delhi en un jet privado con el nombre de Adani estampado a lo largo de su costado. Durante los nueve años del mandato de Modi, Adani se convirtió en el hombre más rico del mundo. Su riqueza creció de 8 mil millones de dólares a 137 mil millones. Solo en 2022, se embolsó 72 mil millones, más que la ganancia combinada de los siguientes nueve hombres más ricos del mundo. El Grupo Adani ahora controla una docena de puertos que se ocupan del 30% de la carga de India, siete aeropuertos que manejan el 23% de los pasajeros de la India, y bodegas que juntas guardan 30% del grano del país. Posee y opera centrales energéticas que constituyen el mayor generador privado de electricidad.

Sí, Gautam Adani es uno de los hombres más ricos del mundo, pero si observamos su gasto durante las elecciones, el PPI es no solo el partido político más rico de la India, sino quizá del mundo entero. En el 2016, el PPI introdujo el esquema de bonos electorales que permite a las corporaciones financiar a los partidos políticos sin que sus identidades sean públicas. Se ha convertido en el partido con, de largo, la mayor proporción de contribuciones corporativas. Parecería que las torres gemelas en gran medida tienen los mismos cimientos.

Del mismo modo que Adani respaldó a Modi en sus tiempos difíciles, el gobierno de Modi ha respaldado a Adani y se ha negado a contestar una sola pregunta de las que han planteado parlamentarios de la oposición, para lo que ha ido tan lejos como extirpar sus discursos de las actas del parlamento.

Al mismo tiempo que el PPI y Adani acumulaban sus fortunas, en un informe concluyente Oxfam reportó que el 10% más rico de la India posee 77% de la riqueza nacional. 73% de la riqueza generada en 2017 fluyó hacia el 1% superior, mientras que los 670 millones de indios que constituyen la mitad más pobre solo incrementaron su riqueza combinada en 1%. Mientras el mundo mira a la India como una potencia económica con un enorme mercado, la mayoría de su población vive en una pobreza apabullante.

Millones viven de raciones de subsistencia entregadas en paquetes con la cara de Modi pintada en ellos. India es un país muy rico con gente muy pobre. Una de las sociedades más inequitativas del planeta. Por sus esfuerzos, Oxfam India también fue allanada. Y Amnistía Internacional y una plétora de otras ONG problemáticas han sido acosadas hasta tener que cerrar en la India. 

Nada de esto ha tenido la menor importancia para los líderes de las democracias occidentales. A pocos días del momento Hindenburg-BBC, luego de “cálidas y productivas” reuniones, el primer ministro Modi, el presidente Joe Biden y el presidente Emmanuel Macron anunciaron que India compraría 470 aviones Boeing y Airbus. Biden dijo que el acuerdo crearía más de un millón de puestos de trabajo en Estados Unidos. Los Airbus estarán equipados con motores Rolls Royce. “Para el boyante sector aeroespacial británico”, dijo el primer ministro Rishi Sunak, “el cielo es el límite”.

un informe de Oxfam reportó que el 10% más rico de la India posee 77% de la riqueza nacional. 73% de la riqueza generada en 2017 fluyó hacia el 1% superior, mientras que los 670 millones de indios que constituyen la mitad más pobre solo incrementaron su riqueza combinada en 1%. 

En julio (2023), Modi viajó a los Estados Unidos en una visita de estado y a Francia como Invitado Principal del Día de la Bastilla. ¿Pueden siquiera imaginárselo? Macron y Biden lo adularon de la manera más vergonzosa, con la certeza de que esto sería oro puro electoral en las elecciones generales de 2024 en que Modi se presentará para un tercer periodo. No hay nada que ellos puedan no haber sabido del hombre al que estaban abrazando.

Tienen que haber sabido sobre el papel que Modi tuvo en el pogrom de Gujarat. Tienen que haber sabido sobre la nauseabunda regularidad con la que los musulmanes están siendo linchados en público, cómo algunos perpetradores de esos linchamientos fueron recibidos con guirnaldas por un miembro del gabinete del señor Modi y sobre el abrupto proceso de segregación y confinamiento en guetos de la población musulmana. Tienen que haber sabido de la quema de cientos de iglesias por parte de justicieros hindúes.

Tienen que haber sabido sobre la persecución de políticos de oposiciónestudiantesactivistas de derechos humanos, abogados y periodistas, algunos de los cuales han recibido largas sentencias en prisión, sobre los ataques de la policía y probables nacionalistas hindúes a las universidades, sobre la reescritura de los textos de historia, la prohibición de películas, el cierre de Amnistía Internacional India, el allanamiento de las oficinas indias de la BBC, sobre la inclusión de activistas, periodistas y críticos del gobierno en misteriosas listas que les impiden viajar y la presión sobre los académicos, tanto indios como extranjeros.

Tienen que haber sabido que la India hoy ocupa el lugar 161 de 180 países en el Índice Mundial de Libertad de Prensa, que muchos de los mejores periodistas indios han sido acosados para que dejen los medios tradicionales y que los periodistas pronto podrían estar sujetos a un régimen regulatorio censor en que un órgano nombrado por el gobierno decidirá si una noticia o comentario sobre el gobierno es falso o engañoso. Y sobre la nueva ley de tecnologías de información que está diseñada para reprimir la disidencia en redes sociales.

Tienen que haber sabido sobre las violentas turbas de justicieros hindúes que abiertamente y con regularidad —y blandiendo espadas— llaman a la aniquilación de los musulmanes y la violación de mujeres musulmanas.

las grandes potencias optaron por otorgar a Modi todo el oxígeno que necesita para destruir el tejido social e incendiar la India. Para mí, esto es una forma de racismo. Dicen ser demócratas, pero son racistas. No creen que los “valores” que profesan deben aplicarse a países que no son blancos. Es una vieja historia, por supuesto.

Tienen que haber sabido sobre la situación en Cachemira, a la que desde inicios de 2019 se la sometió por meses a un bloqueo de comunicaciones —el más largo bloqueo de internet que ha habido en una democracia— y cuyos periodistas sufren acoso, arrestos e interrogaciones. Nadie en el siglo XXI debería tener que vivir como tienen que hacerlo ellos, con una bota en la garganta.

Tienen que haber sabido de la Ley de Reforma de la Ciudadanía promulgada en 2019 que con descaro discrimina contra los musulmanes, las protestas masivas que desencadenó y cómo esas protestas solo terminaron luego de que docenas de musulmanes fueron asesinados al año siguiente por las turbas hindúes en Delhi (que, incidentalmente, tuvieron lugar mientras el presidente Donald Trump se encontraba en la ciudad en visita oficial, y sobre las que no mencionó una palabra). Tienen que haber sabido cómo la policía de Delhi forzó a jóvenes musulmanes heridos de gravedad que estaban tirados en el piso a cantar el himno nacional indio mientras les pateaban y daban puyazos. Uno de ellos murió más tarde.

Tienen que haber sabido que, al mismo tiempo que agasajaban a Modi, los musulmanes estaban escapando de un pequeño poblado en Uttarakhand, en el norte de la India, luego de que extremistas hindúes afiliados al PPI marcaran con una equis la puerta de sus casas y les ordenaran marcharse. Se habla abiertamente de un Uttarakhand “libre de musulmanes”. Tienen que haber sabido que bajo la supervisión de Modi, el estado de Manipur en el nororiente de India ha descendido a una bárbara guerra civil. Una forma de limpieza étnica a tenido lugar. El Centro es cómplice, el gobierno estatal está parcializado, las fuerzas de seguridad están divididas entre la policía y otras sin cadena de mando. El internet ha sido cortado. Las noticias demoran semanas hasta filtrarse al exterior.

Aún así, las grandes potencias optaron por otorgar a Modi todo el oxígeno que necesita para destruir el tejido social e incendiar la India. Para mí, esto es una forma de racismo. Dicen ser demócratas, pero son racistas. No creen que los “valores” que profesan deben aplicarse a países que no son blancos. Es una vieja historia, por supuesto.

No importa. Pelearemos nuestra propia batalla —y al final recuperaremos nuestro país—. Sin embargo, si piensan que el desmantelamiento de la democracia en India no afectará al resto del mundo, deben estar delirando.

Para quienes creen que India todavía es una democracia, estos son solo algunos de los eventos en los meses recientes. A esto es a lo que me refiero cuando digo que hemos pasado a una fase distinta. Ha pasado el tiempo de las alertas, y debemos temer a sectores de la población tanto como tememos a nuestros líderes:

En Manipur, donde una guerra civil arrecia, la policía, que está parcializada por completo, entregó a dos mujeres a la muchedumbre para que las exhiban desnudas a través del poblado y luego sean violadas por múltiples hombres. Una de ellas vio como mataban a su joven hermano frente a sus ojos. Mujeres que pertenecen a la misma comunidad que los violadores han respaldado a los violadores e incluso han incitado a sus hombres a que violen.

En Manipur, donde una guerra civil arrecia, la policía, que está parcializada por completo, entregó a dos mujeres a la muchedumbre para que las exhiban desnudas a través del poblado y luego sean violadas por múltiples hombres. Una de ellas vio como mataban a su joven hermano frente a sus ojos. 

En Maharashtra, un oficial de la Fuerza de Protección de Ferrocarriles se paseó a lo largo del corredor del tren disparando a pasajeros musulmanes y demandando que la gente vote por Modi.

Un justiciero hindú de inmensa popularidad, a menudo fotografiado codeándose con importantes políticos y policías, hizo un llamado a los hindúes a que participen en una marcha religiosa a través de un asentamiento densamente poblado por una mayoría musulmana. Él es el principal acusado en el asesinato de dos jóvenes musulmanes a quienes ataron a un vehículo y quemaron vivos en febrero (2023). La ciudad es Nuh, que linda con Gurgaon, donde grandes corporaciones internacionales tienen sus oficinas. Los hindúes en la marcha cargaban ametralladoras y espadas. Los musulmanes se defendieron. Como podía esperarse, la marcha terminó en violencia. Seis personas fueron asesinadas. Un imán de diecinueve años fue despedazado en su cama, su mezquita vandalizada y quemada. La respuesta del estado fue demoler todos los asentamientos musulmanes más pobres y provocar que cientos de familias huyan por sus vidas.

El primer ministro no ha tenido nada que decir al respecto. Era temporada de elecciones. Estamos listos para más derramamiento de sangre, asesinatos en masa, autoatentados, guerras fingidas y cualquier cosa para polarizar aún más a una población ya polarizada.

Acabo de ver un video escalofriante filmado en una clase de una pequeña escuela. La profesora hace que un niño musulmán se pare junto a su escritorio y pide a los demás estudiantes, niños hindúes, que se acerquen uno por uno a abofetearlo. Recrimina a quienes no lo golpean con la suficiente fuerza. Las acciones tomadas hasta el momento consisten en que los hindúes del pueblo y la policía han presionado a la familia musulmana para que no presente cargos. La pensión del niño musulmán ha sido reembolsada y él ha sido sacado de la escuela.

Lo que está pasando en India no es esa variedad vaga de fascismo de internet. Es el artículo auténtico. Nos hemos convertido en nazis. No solo nuestros líderes, no solo nuestros canales de televisión y periódicos, sino vastas porciones de nuestra población también. Muchos entre la población india hindú que vive en Estados Unidos y Europa y Sudáfrica ofrecen apoyo tanto político como material a los fascistas. Por el bien de nuestras almas y de las de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos, tenemos que hacerles frente. No importa si fallamos o tenemos éxito. Esa responsabilidad no es solo de quienes estamos en India. Pronto, si Modi gana en 2024, todos los caminos de disidencia se cerrarán. Ninguno de ustedes en este auditorio debe pretender que no sabía lo que estaba pasando.

Nos hemos convertido en nazis. No solo nuestros líderes, no solo nuestros canales de televisión y periódicos, sino vastas porciones de nuestra población también. Muchos entre la población india hindú que vive en EAE.UU. y Europa y Sudáfrica ofrecen apoyo político y material a los fascistas.

Si me lo permiten, finalizaré con la lectura de una sección de mi primer ensayo,  El final de la imaginación. Es una conversación con una amiga sobre el fracaso —y mi manifiesto personal como escritora.

“Le dije que, de todas formas, la suya era una perspectiva externa de las cosas, esa suposición de que la trayectoria de la felicidad de una persona, o digamos su satisfacción, ha llegado a su pico (y ahora tiene que decaer) porque ha tropezado por accidente con el éxito. Estaba fundamentada en la creencia inimaginativa de que la riqueza y la fama eran el condumio obligado de los sueños de todos.

“Has vivido demasiado tiempo en Nueva York, le dije. Hay otros mundos. Otros tipos de sueños. Sueños en que el fracaso es factible. Honorable. Incluso, en ocaciones, digno de esforzarse por alcanzarlo. Mundos donde el reconocimiento no es el único barómetro de esplendor o valor humano. Hay muchos guerreros que conozco y quiero, personas mucho más valiosas que yo, que van a la guerra cada día con el convencimiento de que fracasarán. Es verdad, son menos exitosas, en el sentido más vulgar de la palabra, pero de ninguna manera menos satisfechas.

“El único  sueño que vale la pena, le dije, es soñar que vivirás mientras estés viva y morirás solo cuando estés muerta. (¿Premonición? Talvez.)

“ ¿Lo que significa qué? (Cejas arqueadas, un poco molesta.)

“Intenté explicárselo, pero no hice un gran trabajo. A veces necesito escribir para pensar. Así que se lo escribí en una servilleta de papel. Esto es lo que escribí: Amar. Ser amado. Nunca olvidar tu propia insignificancia. Nunca acostumbrarse a la inexpresable violencia y la vulgar desigualdad de la vida a tu alrededor. Buscar júbilo en los sitios más tristes. Ir a buscar a la belleza hasta en su guarida. Nunca simplificar lo que es complicado o complicar lo que es simple. Respetar la fuerza, nunca el poder. Sobre todo, observar. Intentar comprender. Nunca mirar para otro lado. Y nunca, nunca, olvidar.

Permítanme agradecer otra vez por este premio. Me encantó la parte del veredicto que dice, “Arundhati Roy utiliza el ensayo como una forma de combate.”

Sería presuntuoso, arrogante e incluso un poco estúpido que una escritora crea que puede cambiar el mundo con su prosa. Pero sería vergonzoso si ni siquiera lo intenta.

Antes de irme, solo quiero decir lo siguiente: este premio viene con un montón de dinero. No se quedará conmigo. Será compartido con los muchos activistas, periodistas, abogados, cineastas, valerosos hasta lo imposible, que continúan confrontando a este régimen con poquísimos recursos. Sin importar lo desalentadora que sea la situación, por favor sepan que hay una formidable rebeldía.

** Traducción de Andrés Vallejo Espinosa.

 

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