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25 de Agosto del 2023
Historias
Lectura: 20 minutos
25 de Agosto del 2023
Andrés Lasso Ruales

Cronista y ensayista. Máster en politícas ambientales y territoriales por la Universidad de Buenos Aires. 

Las Catilinarias, el acto de extenderse para buscar el alma de la república
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Ilustraciónes: SCH

 

En esos doce ensayos, el pensador ambateño crítica la tradición y quiere convertirla en una nueva postura o esencia de lo que debería significar ser ecuatoriano; tal como el estilo del rococó, por así decirlo, con una perspectiva, descripción y argumentación diferentes, y buscando la delicadeza de las minucias en los sucesos, los ejemplos, las historias, los valores, en las costumbres, en la sociedad, en las leyes y en los derechos ciudadanos.



 

Su nombre aparece en el espacio geográfico como parroquia, cantón, barrio. Y en las urbes del país también emerge como calle, avenida, plaza, glorieta, parque. Y si de predios se trata, también lo han denominado para escuelas, colegios e institutos de educación superior. Y si esto fuera poco, en la década de los noventa su retrato fue a parar en una cifra significativa de una moneda que sólo quedará en un recuerdo triste y funesto para la economía de la Mitad del Mu­ndo. El billete de cinco mil sucres llevaba su estampa de pensador implacable. Toda esa circunstancia para un común de los mortales sobra y basta, pero para él, un tipo entregado a la lectura, a la escritura y sobre todo al pensamiento no le hubiera gustado para nada tanto símbolo cívico si la mayoría de ecuatorianos y ecuatorianas no han leído su obra, o la tildan de compleja. Ese hombre transformado en emblema patrio en el derrotero de la historia del Ecuador se llamó Juan Montalvo Fiallos (1832-1889).

La erudición del pensador, ensayista y escritor ambateño fue avasalladora para el país de la centuria del XIX. Montalvo tenía una capacidad de producción, de asociación, de retención particular, fue polímata, sin duda, y me atrevo a decir que fue un genio. Pudo dedicarse a la política, pero no quiso. Prefirió la pluma y sus libros para dedicarse al pensamiento y a la escritura. Creo que le hubiera gustado ser soldado e ir a una guerra, por eso, tal vez cuando criticaba se daba el lujo de optar por la invectiva. Estudiosos de su obra como Plutarco Naranjo, Galo René Pérez, Miguel de Unamuno, Blanco Fombona y Benjamín Carrión por citar algunos lo identifican con la diatriba como estilo, pero leyéndolo con detenimiento, la injuria es más sólo un adorno que una argucia.

¿Cuál fue el estilo de Juan Montalvo? se preguntarán si son lectores o lectoras suspicaces. La educación del escritor ambateño podemos dejarla a los biógrafos, lo que podemos destacar es que desde niño fue un lector voraz y un autodidacta incesante. Si en el siglo que vivimos actualmente nos sorprendemos de la IA (inteligencia artificial) —que ahora responde a cualquier interrogante, ya que posee un alto contenido en archivos de todo lo que ha inventado y conceptualizado la especie humana a través del tiempo, y que además tiene la competencia de reinterpretar lo que se le indica o comanda—, imagínense una persona que tenga ese talento en el siglo XIX.

¿Cuál fue el estilo de Juan Montalvo? se preguntarán si son lectores o lectoras suspicaces. La educación del escritor ambateño podemos dejarla a los biógrafos, lo que podemos destacar es que desde niño fue un lector voraz y un autodidacta incesante. 

Pues, Montalvo poseía esa capacidad porque desde niño cultivó el conocimiento en historia, literatura, geografía, teología, filosofía, ciencias naturales y hasta en la botánica, porque hay que destacar que su poder de asociación e interpretación textual era apabullante. Es por eso que, cuando uno lee al ambateño, parece que ingresa a un aparato que transforma. El pensador ecuatoriano, en los ensayos catilinarios, utilizó al pasado para desacomodar al presente, transformarlo en moderno y arrojar sugerencias para el mañana.

La forma de construir sus textos no solamente se debe a ese ejercicio meticuloso por los saberes. Montalvo podía leer desde un tratado filosófico del siglo XVIII hasta un pasquín mequetrefe de un político como el ex presidente, Ignacio de Veintimilla, que más pensaba en el vino y en sus caballos que en la nación. Además, el ensayista poseía la férrea convicción de siempre escribir para expandir la idea. Montalvo tuvo cuadernos y en ellos practicaba el aforismo y el francés como para relajarse, entonces, tal vez, esa manía lo llevó a caer en el reino de la digresión, el acto de extenderse para el escritor de Los Capítulos que se le olvidaron a Cervantes (1895) era más que un ejercicio de pensamiento, era un acto de vida que le permitía sobrellevar su condición de pensador político y filósofo del Ecuador. 

El paréntesis, ese territorio que usaba Montalvo para emancipar su ejercicio crítico, su forma a veces catalogada como barroca por el perifollo del libelo, también puede ser comparada con el arte plástico. Creo, sin temor a equivocarme, que hubo muchos escritores y pensadores dentro de Montalvo, pero su estilo se encasilla en el siglo de las luces, no sólo porque fue un gran lector de esa centuria, sino que su obra tiene más del movimiento artístico rococó que del romanticismo exaltado del XIX.

Para la estudiosa Guadalupe Álvarez de Araya Cid, una de las características del rococó “fue el abuso del contrapicado y caída del horizonte de la escena pintoresca” y es esa perspectiva aérea de las iconografías que ponía como en otra postura al observador. Las imágenes descienden del cielo a la tierra. Otra de las principales singularidades de esta corriente era mostrar la opulencia y la elegancia de la figura humana o del paisaje. Al contrario del barroco, este movimiento prefiere los sobresaltos particulares y ornamentados que los abarrotamientos desmedidos.

Jean Starobinski sobre Las cartas persas, de Montesquieu, parece que describe esa corriente artística del XVIII y lo hace de la siguiente manera:

“La moderación, tal como la practica Montesquieu, no es una virtud de empequeñecimiento. Por el contrario, es la actitud que hace posible la apertura más vasta hacia el mundo y la más amplia receptividad. He ahí la razón de que esta obra moderada nos parezca ser tan diversa, cargada de riquezas al grado de no evitar las contradicciones (que muchas veces no intenta siquiera conciliar). Las cartas persas, a mitad del camino entre el ensayo y la ficción, entre la ironía y la metafísica, entre la sensualidad y la inteligencia”.

Esta apreciación de Starobinski sobre el estilo de Montesquieu, cabe como anillo al dedo al método Montalvo que tiene bastante de este filósofo del XVIII. En esa obra ensayística, sátira política bien cuidada llamada Las Catilinarias —que a través del tiempo siempre fue injustamente calificada como violenta, como un ejemplo de “el arte de la injuria”— el ensayista decora las costumbres sociológicas, la identidad nacional de manera templada, tal como lo hace el francés en su ficción. Entonces, la injuria, los calificativos a los expresidentes, o a Veintimilla especialmente, son más como un marco referencial para ornamentar a la reflexión y a la crítica de la ecuatorianidad.

En esos doce ensayos, el pensador ambateño crítica la tradición y quiere convertirla en una nueva postura o esencia de lo que debería significar ser ecuatoriano; tal como el estilo del rococó, por así decirlo, con una perspectiva, descripción y argumentación diferentes, y buscando la delicadeza de las minucias en los sucesos, los ejemplos, las historias, los valores, en las costumbres, en la sociedad, en las leyes y en los derechos ciudadanos. Pero, léase bien, critica la ecuatorianidad de una manera intelectual y artísticamente como buscando la armonía en un terreno fangoso. Para él, la política jamás dejará de ser una ciénaga de corrupción y delirio.

El título del libro es en honor a la obra de Marco Tulio Cicerón (106 - 43 a.C). La denominación se debe a que el filósofo romano escribió una crítica contra el político, Lucio Sergio Catilina (108 - 62 a.C), que quiso ser cónsul de Roma, fue su adversario político y estaba preparando una rebelión. Pero el problema que tenía Cicerón es que Catilina estaba respaldado por políticos de alto fuste, como Marco Licino Craso (115 a.C), y sobre todo tenía buena relación con Julio César (100 - 44 a.C); entonces a Cicerón se le ocurrió construir cuatro discursos escritos para tener más credibilidad con el pueblo y con la cúpula política, a esas peroratas las llamó Las Catilinarias.

Montalvo, lector y admirador del pensador originario de Arpinio, crea también a su estilo sus textos satíricos para criticar y reflexionar la política ecuatoriana y a sus representantes, especialmente a los expresidentes como: Ignacio de Veintimilla, García Moreno, José María Urbina.

Montalvo, lector y admirador del pensador originario de Arpinio, crea también a su estilo sus textos satíricos para criticar y reflexionar la política ecuatoriana y a sus representantes, especialmente a los expresidentes como: Ignacio de Veintimilla, García Moreno y José María Urbina. Para ese fin, el ensayista utilizó la diatriba, como habíamos mencionado antes. Por ejemplo, inventó apodos como: Ignacio de la Cuchilla, Ignacio de los Palotes y Ignacio Fraudador de los Ardides. Pero hasta esa elaboración de calificativos se convierten en un ejercicio crítico sobre lo que ocurría en la sociedad del país en ese período republicano.

De otra parte, cabe indicar que Montalvo fue uno de los pensadores que se adelantaron a la época en la que tuvo que existir. Por esa postura de ser un hombre-revista no se le escapaba nada; criticó hasta el volar de una mosca en el territorio ecuatoriano. Por ejemplo, él construyó de manera solitaria revistas que marcaron a la patria como: El Espectador (1886), tres volúmenes y El Cosmopolita (1866-1869) que contiene sesenta y siete artículos.

En Europa, por ejemplo, está el caso del ensayista, periodista y pensador austro-húngaro, Karl Kraus que creó en 1899 la revista Die Fackel (La antorcha) magazine, que escribió durante 37 años para criticar a la prensa y a la sociedad de masas europea.

En una conferencia en la sociedad Juan March, el crítico literario español, Ignacio Echevarría, que trataba sobre Elías Canetti indicó que Karl Kraus entre las dos guerras mundiales no fue simplemente un pensador, prácticamente formó una secta, a sus conversatorios iban multitudes para observar y escuchar al creador de La Antorcha. Kraus era algo así como un influencer-estrella de las redes sociales del presente porque además de exponer sus ideas era un interventor performático.   

Pero, tal vez, Montalvo con la tecnología del siglo XX, para ser más claro, si hubiera tenido la oportunidad de realizar un programa de radio no hubiera demostrado lo que Karl Kraus hizo en su región. Él, más bien, era un hombre tímido, de voz aguda y casi a apagada. El escritor en la oralidad no tenía el don de la improvisación, era algo temeroso. Tal vez se deba a que tenía algunos traumas por causa de su cojera. Galo René Pérez, uno de sus mayores biógrafos, explicó en una entrevista para el programa: Cita con la Historia, que se puede observar en la plataforma Youtube, que Montalvo tendía a la misantropía, a la altivez, a la arrogancia y eso le atrajo muchos problemas con sus enemigos políticos y literarios.

Ahora, en lo que respecta a la escritura, el autor de los Siete Tratados se transformaba. Cuando escribía, Montalvo parecía entrar en una especie de trance, la erudición que tenía se desbordaba en cada textualidad que construía. Por eso, Las Catilinarias es la fiel demostración de su sabiduría y genialidad. El ensayista ambateño quiso ser un profeta y tal vez fue desdichado porque no fue comprendido.

Por eso, en ese aparato ensayístico, Montalvo quería prevenir para que exista un mañana mejor. Los procedimientos fueron importantes, si leemos con atención. El pensador utiliza varias figuras literarias como la metáfora, la hipérbole, el pleonasmo y principalmente la digresión para aclarar conceptos como la tiranía o la democracia. A veces lo hace revisitando los hechos que marcaron la historia personal, o sea, ese inciso también decora la idea propagada que quiere explicar y mostrar al lector en cada acápite de la obra.   

Como un ejercicio crítico en este preámbulo de este libro profético para algunos y complejo para otros, interrogué o mejor dicho comandé a la IA (Inteligencia artificial) para que me indiqué ¿qué se podría ejecutar o crear con Las Catilinarias de Montalvo en el siglo XXI?, hubo varias respuestas, pero muestro la más destacada:

Título de la ópera: "Catilinarias del Alma"

Acto I: La ópera "Catilinarias del Alma" se abrió con una obertura que evoca la atmósfera del Ecuador del siglo XIX. El escenario mostraría paisajes y escenas que representan la vida cotidiana en esa época, desde las coloridas festividades hasta los contrastes sociales entre la élite y la población común.

El protagonista, Juan Montalvo, sería presentado como un personaje introspectivo y observador, quien a través de un emotivo aria reflexiona sobre las costumbres y problemáticas sociales de su país. La música expresa la melancolía y el deseo de cambio que impulsa al protagonista a compartir sus pensamientos con el público.

Acto II: En este acto, Montalvo interactuaría con una variedad de personajes que representan diferentes estratos sociales y culturas del Ecuador. Cada encuentro estaría acompañado de arias y dúos que expresarían las experiencias y desafíos de esos personajes, y cómo están influenciados por las costumbres arraigadas.

Los coros jugarían un papel importante para retratar las festividades tradicionales y las celebraciones religiosas, pintando una imagen vibrante y colorida del país, pero también destacando las contradicciones y conflictos latentes.

Acto III: En este acto, Montalvo enfrentaría la resistencia y la censura de las autoridades y las élites debido a sus opiniones francas sobre las costumbres arraigadas. A través de un poderoso dúo con un líder político o religioso conservador, Montalvo expresó su lucha por la libertad de expresión y su defensa de un cambio cultural y social más progresista.

El coro ciudadano jugaría un papel clave en esta escena, mostrando el apoyo y la simpatía del pueblo hacia Montalvo y sus ideas de cambio. La música reflejaría la intensidad del conflicto y la pasión de Montalvo por defender sus ideales.

Acto IV: El clímax de la ópera llegaría cuando Montalvo decidió escribir y publicar las "Catilinarias," una serie de ensayos contundentes que critican las costumbres y la corrupción del Ecuador del siglo XIX. La ópera culminaría con un emocionante coro final, donde Montalvo recita partes de sus Catilinarias en un monólogo poderoso y conmovedor.

El coro ciudadano se uniría en apoyo a Montalvo, expresando su deseo de un cambio y una renovación social. La ópera cerraría con una nota de esperanza y determinación para superar las costumbres arraigadas y buscar un futuro más justo y libre.

La ópera "Catilinarias del Alma" de Juan Montalvo sería una obra teatral y musical que exploraría las costumbres y la realidad social del Ecuador del siglo XIX a través de la perspectiva del propio Montalvo. Con música evocadora y emocional, la ópera capturaría la esencia del libro y transmitiría su mensaje de cambio y transformación a través del arte y la interpretación escénica.

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Además, este libro que podría considerarse como el fundacional del Estado en el Ecuador, también se puede convertir en un amplio mural que retrate la consolidación de la vida republicana, la génesis del ecuatorianismo; ya que esta obra ensayística invita a la ruptura, a la innovación de una época, o al menos un intento por transformar la tradición y mejorar como nación desarrollada. Montalvo despliega en esta obra formas, ideas, reflexiones, casos, sucesos históricos del país en esa centuria.  

En estos ensayos ejecutaré un ejercicio crítico sobre Las Catilinarias y estará dividido en tres partes. La misión es ser neutral, para también revisar los sesgos y los prejuicios del autor dentro de la obra, pero además se describirá y analizará los aciertos, los juicios, las críticas que realizó en esta compilación sobre la nación y la ecuatorianidad.

 

Bibliografía:

Álvarez de Araya Cid, G. (2009). Algunas fuentes compositivas de la pintura de costumbres en América Latina. Aistehesis. Revista Chilena de Investigaciones de Estética. Pontificia Universidad Católica de Chile.

Blanco Fombona, Rufino. (1917). “Montalvo”. Grandes Escritores de América. Madrid. Renacimiento.

Cita con la historia: Juan Montalvo. (2020) Héctor Villacís. https://www.youtube.com/watch?v=_M8uehYGAmw

Echevarría, Ignacio, (2020)Elías Canetti: La profesión de escritor. Fundación Juan March. https://www.march.es/videos/?p0=11807

Iglesias, Carmen. (2015) Montesquieu, Las Cartas persas y la mirada del otro. Fundación Juan March. https://www.youtube.com/watch?v=oGCb4mTOE9g

Montalvo, Juan. (1882) Siete Tratados. Besanzon. Imprenta José Jacquin.

Montalvo, Juan. (1921) Capítulos que se le olvidaron a Cervantes. París. Ed. Garnier. Hnos.

Montalvo, Juan (1886)El Espectador. París. Ed. J. Y. Ferrer.

Montesquieu. (1992)  Las Cartas Persas. Consejo Nacional para la cultura y las artes. México.

Naranjo, P. y Rolando, C. (1966), Juan Montalvo: estudio Bibliográfico. Casa de la Cultura Ecuatoriana: “Benjamín Carrión”. Quito.

Pérez, Galo R. (2003) Vida de Juan Montalvo. Colección Media  Luna. Casa de la Cultura Ecuatoriana: “Benjamín Carrión”. Quito. Campaña Nacional Eugenio Espejo por el Libro y la Lectura.

Starobinski, J. (1989) Montesquieu. Fondo de Cultura Económica. México.CDM.

 

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