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22 de Enero del 2024
Historias
Lectura: 24 minutos
22 de Enero del 2024
Andrés Lasso Ruales

Cronista y ensayista. Máster en politícas ambientales y territoriales por la Universidad de Buenos Aires. 

Ecuador, territorio cíclope subyugado por la fiera de los cien ojos
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Ilustración: SCH

 

La metáfora de Montalvo que el pueblo es un cíclope nos lleva de nuevo a los conceptos deterministas del siglo XIX que son el de civilización y barbarie, el pueblo casi siempre es el otro, el salvaje, el no domesticado, el que trabaja para el Estado, para la monarquía en la construcción de predios, parques, caminos, mientras que la aristocracia sigue dirigiendo y se emancipa con el poder político.



Catilinaria I y II
 

Montalvo en la primera Catilinaria desde el inicio muestra su intención para conceptualizar la tiranía o explicar ¿qué es un tirano? Por ejemplo, utiliza lo sucedido en la Insurrección de Kościsuko (24 de marzo -16 de noviembre de 1794) contra el reino de Prusia y el Imperio ruso. Esta rebelión intentó liberar a Polonia y a Lituania pero fracasó, el ensayista lo narra de la siguiente manera:

“Desde que Juan Kościusko, cayendo en Podzance bajo una bala moscovita, trazaba sobre la nieve con la punta de la espada estas palabras: Finis Polonia, Polonia desapareció. Esta es una excepción terrible que no saca mentirosa la sentencia: Todo pueblo se merece su sentencia”.

En este párrafo no sé sabe si el autor de Las Catilinarias quiso colocar Juan Kościusko o fue un error de edición, ya que el líder militar que comandó esa revuelta se llama Andrzej Tadeusz Bonawentura Kościusko (1746-1817) y no sólo participó de ese levantamiento sino de la Independencia de los Estados Unidos.  Si así lo hizo Montalvo, tal vez, fue con la pretensión de escribir su primer nombre como comparándose con ese héroe libertario por todo lo que iba a reflexionar en estos ensayos.

Este hecho narrado sirve para que el ensayista explique la conceptualización de pueblo y de cómo una nación debe actuar bajo la tiranía, la injusticia y sobre esa comunión que tiene que existir entre la ciudadanía y el Estado, además se cuestiona para qué sirven las leyes y también la postura de una sociedad que no se desahoga y que se hunde en el sufrimiento; para el ensayista ecuatoriano la libertad de un país debe ser su pretensión más alta.

Quiero tomar en cuenta tres sentencias importantes que Montalvo escribe en la primera y en la segunda Catilinaria: 

“El pueblo es un cíclope; suda a torrentes en su inmensa fragua, pero está forjando las armas de los dioses”, “La tiranía es fiera de cien ojos”, “la tiranía principia, madura y perece; y como todas las enfermedades y como todos los males al principio opone escasa resistencia por cuanto aún no se ha dado el vuelo con que romperá después por leyes y costumbres”. 

En la primera coloca la figura del cíclope, recordemos que estos gigantes en la mitología griega fueron arrojados por los dioses, al Tártaro, el inframundo, pero cuando sucedió la batalla entre los dioses y titanes, los primeros liberaron a los cíclopes para que les ayuden y así lograr la victoria, éstos gigantes agradecidos por su libertad construyeron armas o artilugios para las deidades como el rayo a Zeus y el tridente a Poseidón.

Los cíclopes representan a los plebeyos, a los artesanos, herreros, orfebres, pastores que son invisibilizados por la aristocracia, son los que no pertenecen a un linaje especial en una sociedad determinada.

Barbara Álvarez Rodríguez en su ensayo: Lotófagos, Sirenas y otros seres: la construcción de la alteridad neutra en la épica griega explica que los cíclopes son las criaturas salvajes y están lejos del concepto de civilización:

“Otro signo de la alteridad de los cíclopes es su hábitat. Los cíclopes carecen no sólo de poblados, sino incluso de casas, ya que viven en cavernas (Od. 9.113-114). Las cavernas, en el imaginario griego, representan los estadios de civilización más atrasados, ya que, como dice Buxton (2000, pp. 107-109), fue necesario que Prometeo diera el fuego a los hombres, y con ello la cultura, para que estos dejaran de vivir en la profundidad de las cuevas oscuras”.

Entonces la metáfora de Montalvo que el pueblo es un cíclope nos lleva de nuevo a los conceptos deterministas del siglo XIX que son el de civilización y barbarie, el pueblo casi siempre es el otro, el salvaje, el no domesticado, el que trabaja para el Estado, para la monarquía en la construcción de predios, parques, caminos, mientras que la aristocracia sigue dirigiendo y se emancipa con el poder político.

El pensador en la primera y segunda Catilinaria conceptualiza la tiranía y utiliza alegorías para tratar a la autocracia como que se tratara de una fiera de cien ojos con un poder absoluto, pero también como de una enfermedad que tiene su proceso degenerativo.

Mario Turchetti  En Tiranía: variaciones sobre un tema entre historia y teoría  explica que para los griegos la palabra tiranía es un concepto empírico que abarca una totalidad y designa varios modos de represión graves. “Sabemos que al principio, hacia el siglo VII antes de Cristo se llamaba tirano a un jefe militar y político cualquiera y sólo un poco más tarde, hacia el siglo V, cuando los tiranos empezaron a utilizar la retórica, dice Aristóteles, o sea la propaganda política, se volvieron malvados y crueles”.

En estos ensayos catilinarios, al autor, además de calificar, de ir a ejemplos de tiranía también afirma que cuando el dictador ya se instala siempre genera indignación y enojo en una parte de la sociedad y ese resultado es como el primer remedio de la afección. Michel Foucault (1924-1986) en su ensayo Historia de la Sexualidad explica sobre esta reacción:

“Que donde hay poder hay resistencia, y no obstante (o mejor: por lo mismo), ésta nunca está en posición de exterioridad respecto del poder…el carácter estrictamente relacional de las relaciones de poder. No pueden existir más que en función de una multiplicidad de puntos de resistencia: éstos desempeñan, en las relaciones de poder, el papel de adversario, de blanco, de apoyo, de saliente para una aprehensión”.

Montalvo también en estas dos primeras Catilinarias narra cómo era la personalidad de Ignacio de Veintimilla y sus manías corruptas para gobernar e incluso lo perfila al exmandatario en el segundo capítulo según los siete pecados capitales: soberbia, avaricia, lujuria, gula, ira, envidia y la pereza. Además, cuenta actitudes que ejecutaba el expresidente, por ejemplo, cuando dijo que si no le querían si iba a ir a Europa porque ahí lo valoraban más. Entonces, el crítico ambateño increpa esa actitud cínica del gobernante y lo acusa de haber recibido seiscientos mil pesos por el tren de Yaguachi o también cuenta que tenía un chiribitril (habitación pequeña) escondite en el Congreso para escuchar a los legisladores que estaban en contra de su gobierno;  o como narra en la segunda catilinaria cuando trata sobre una convención de autoridades políticas en Ambato, y ahí explica  que el gobierno de Veintimilla estaba más preocupado de la logística del alcohol que de las acciones y los problemas políticos de dicha reunión:

“Como avíos de gobierno entraron a la ciudad de Ambato sucesivamente doscientas acémilas cargadas de licores fuertes: gastos de conducción, arriaje todo se pagó allí por el Tesoro; el infame artículo mismo había sido comparado con las rentas fiscales. La embriaguez de esa horda de eunucos que se bebieron mil botellas de coñac en cuatro días, en cuanto daban leyes, no es asunto de este lugar; más aún el robo al Erario, y la impudicia del pícaro que las introduce como elemento público de civilización y progreso”.

Montalvo en esta primera parte quiere mostrar su postura de provocador, pero también es un defensor de las bellas letras, es excesivamente cuidadoso con la utilización del lenguaje toda idea que explaya lo ilustró siempre con alguna figura retórica incluso para adornar la anécdota.

Por ejemplo, cuando Veintimilla estaba en una sesión en la Cámara de Diputados donde parlamentaban sobre la desaparición de dos hombres acusados de sospechosos, uno llevaba una mascarilla y el otro parecía un fraile, y ambos se encontraban en una posada de Guaranda. Después de escuchar el suceso el primer mandatario indica que la revolución está en camino, luego se agacha, según Montalvo, y se esconde tras la mesa de su alta plataforma, bebe un trago y cuando se endereza lo cuestionan:

“<<Su señoría; el señor ministro, no tiene otras pruebas que aducir?>>. <<Pruebas, señor presidente? eso es lo que sobra; más antes dignaos advertir que entre señor y señoría hay pleonasmo>>. << ¿y cómo no? replica el presidente; pues si lo que habemos menester en nuestras apuradas circunstancias es un pleonasmo, un gran pleonasmo, de esos con los cuales Mitríades salva a Francia y Benedicto XIV pone a raya a…Torre Tagle. Un pleonasmo, sí, señores, pleonasmo; lo que se llama pleonasmo>>”.

El autor de Las Catilinarias después de explicar el suceso indica que la Cámara de Diputados se exhorta por la sabiduría del presidente y dice que los legisladores no estaban tan ebrios como la autoridad suprema.

En el ensayo sobre el escritor francés Raymond Roussel (1877-1933), Foucault analiza la obra de este autor y en el capítulo llamado: Las Bandas de Billar cita al gramático y filósofo francés César Chesnau de Demarsais (1676-1756) sobre la dinámica del lenguaje para causar efectos:

“Es así que, por necesidad y por elección, las palabras se apartan a veces de su sentido primitivo para adquirir uno nuevo que se aleja más o menos del primero, pero con el cual, tienen más o menos relación. Este nuevo sentido de las palabras se llama sentido tropológico y esta conversión, este rodeo que lo produce recibe el nombre de tropo”.

El filósofo francés explica que tropo es ese espacio que nace de todas las figuras de la retórica como: metonimia, metalepsis, catacresis, sinécdoque, antonomasia, litote, metáfora, hipálage entre otros que sirven de giro en el lenguaje. La experiencia de Roussel, según Foucault, como autor fue la de crear una red de palabras idénticas, de secretos, de signos que provienen de un procedimiento del lenguaje. 

Esa postura de Roussel es similar a la de Montalvo con respecto a la utilización del lenguaje sobre todo en Las Catilinarias que es una máquina de efectos, de giros para ampliar o crear representaciones sobre la idea o el hecho que desea explicar el pensador ecuatoriano.

Montalvo también utilizaba el lenguaje como arma para combatir bajo su percepción a la barbarie y corrupción, él detestaba los modismos, por ejemplo, cuando explica ¿qué es un chagra?, ahí podemos ver una postura racista contra el diferente, un prejuicio contra la persona de poca educación:

“El chagra-soldado, el chagra-jefe combina mal las piezas de su vestido: pantalón blanco, chaleco de grana, levita verde, sombrero de copa alta o chistera, y hasta guantes de hilo se pone el macabeo. Verle a caballo, un rey de Prusia, sino que pide un piti de aguardiente, cuando se le aridece la canal maestra, y dice que güelta, en la lengua viva del chagra, es otra vez; a donde viene a dar por vuelta; esto es que de volver a ocurrir tal cosa”.

En este pasaje, el ensayista, crítica esa jerga de este personaje del páramo andino denominado chagra que proviene de la palabra chacra o terreno cultivado de maíz, es un campesino transformado también en soldado de algún hacendado o autoridad política, es un mestizo que se encuentra en el medio, por un lado, está el indígena y por otro el criollo que es el ilustrado y adinerado de dónde viene precisamente Montalvo.

Después afirma que el chagra también habla de forma figurada y sin conciencia, comete giros del lenguaje como: onomatopeyas, hipérbaton, sinécdoque y que con el sabanero de Colombia y el guajiro de Cuba deberían realizar un “congreso continental en Antenas” para fijar los términos, piti, al jau y también lo dice despectivamente: “y otras alimañas ejusdem furfuris, que hoy andan perdidos en gente de capa parda”. Montalvo se refiere a la “gente de capa parda” como a los curas o como a la aristocracia, pero en esas descripciones muestra que le incomoda el otro o la transformación del castellano que se iba desarrollando en la sierra ecuatoriana.

Ilustración: SCH


Catilinarias III y IV

En estas catilinarias Montalvo interpreta temas que consolidan la carne de cañón de su análisis del Ecuador de las décadas del cincuenta, sesenta y setenta del siglo XIX. El pensador revisa las acciones políticas de los presidentes Gabriel García Moreno (1821-1875), José María Urvina (1808-1891) para profundizar el concepto de libertad y también la esclavitud que atraviesa las conceptualizaciones del poder y la otredad.

En este análisis iniciamos sobre la explicación de Montalvo sobre el magnicidio de García Moreno y su frase que se transformó en una de las más representativas de la Historia del territorio ecuatoriano, “mi pluma lo mató.”

En la tercera catilinaria el ensayista ambateño empieza con una digresión y se agarra del pasaje bíblico de Sodoma y Gomorra, cuando Lot huye de esa ciudad en pecado por orden de la máxima deidad:

“Así los trogloditas se salvaron por la voluntad de Dios la virtud del hombre, así los pueblos se redimen y libertan por la virtud de tal cual hijo suyo no inficionado por la servidumbre ni la infamia general”.

Además, Montalvo para  explicar más sobre el concepto de la libertad de un pueblo cita hechos contemporáneos de su siglo como el caso de Guatemala cuando murió Rafael Carrera (1814-1865) o el de la Argentina, el escape de Juan Manuel de Rosas (1793-1877) para que el pueblo de Buenos Aires sea libre y soberano, explica Montalvo que los porteños tuvieron que sopórtalo nada más que veinte años porque cuando gobernaba el tirano, los argentinos se sentían  forasteros y en una especie de advenedizos en su propia patria.

El pensador utiliza el calificativo advenedizo porque él se sentía así después del magnicidio contra García Moreno, él esperaba que en el Ecuador exista una revolución, él tuvo que padecer la persecución, el acoso político y pensó que muerto el tirano el país comenzaba a tener una verdadera transformación, pero no fue así, incluso creyó que sus críticas podrían calar en la nueva casta política ecuatoriana:

“La pluma convence, conmueve, exalta: yo conmoví, convencí y exalté a los jóvenes, y el 6 de agosto fue la <<La Dictadura perpetua>>. La sentencia de García Moreno. Andrade, Moncayo, Cornejo, encerrados con luz artificial, a medio día, leían, leían y renovaban mil veces su juramento de matar al tirano y libertar su patria: … ”

Montalvo pensó que su influencia iba a transformarse en un paradigma para el futuro político del Ecuador, pero no fue así, su obra se quedó más como un legado de referencia histórica para los estudiosos del XX y de la centuria del XXI. 

Él construyó Las Catilinarias con el fin de que se convierta en un manifiesto político para el porvenir, esa intención o postura se puede revisar cuando narra y analiza el proceder del exmandatario, José María Urvina (1851).

“Mis canónigos….”

Montalvo explica en la cuarta catilinaria que Urvina y Veintimilla son liberales de palabra, pero de esencia no, por ejemplo, lo acusó al expresidente que abolió la esclavitud de congraciarse con los parientes y adeptos de García Moreno después de haberse inflado el pecho, según Montalvo cuando llegó a la presidencia Urvina indicó que él había sacado al Santo del Patíbulo de Carondelet:

“<<Boté a García Moreno>>. García Moreno le botó a él a patadas; en Jambelí, en Zapotillo, le molió. En la hazaña del seis de agosto ¿qué parte tuvo Urvina? ¿había el escrito El Cosmopolita, La dictadura perpetua?, ¿salió con los jóvenes a buscar al tirano en su palacio al mediodía?, ¿Rayo descargaba sus golpes a su nombre ?, ¿Cornejo consultó con él?, ¿Andrade seguía con sus instrucciones?, ¿Supo quisiera que tal cosa iba a suceder?. El botó a García Moreno y vive empeñado en llamar de asesinos a los valientes, por congraciarse con los devotos de ese infeliz inmundo: Urvina, infame, Urvina”.

Para Montalvo, Urvina traicionó los ideales bases del liberalismo cuando abolió la esclavitud con un decreto presidencial el 25 de julio de 1851. Según el historiador Gerardo Nicola  López (1913- 2009) en su ensayo Síntesis de la Historia de la República del Ecuador (2004),  el país después de pertenecer a la Gran Colombia  tenía  ocho mil esclavos, después de esa resolución, Urvina para no dejar a los esclavos en la calle, hizo un ejército paramilitar para ayudarlos con la intención de que reingresen a la sociedad, a esa hueste la denominó: “los tauras”:

“ a los que satisfecho, el Presidente llamaba: “mis canónigos”. Los Tauras hicieron la zozobra permanente de los ecuatorianos, por la serie de abusos que cometieron a pesar de que el gobierno trató de disciplinarlos enérgicamente ”.

Y precisamente eso fue lo que indignó a Montalvo sobre Urvina, para él los esclavos libres volvieron a una especie de sometimiento pero pagado y con atribuciones de dominar a los civiles, porque de inmediato se conformaron en una fuerza de choque del primer mandatario, así lo cuenta el pensador amabateño:

“Un día asomándome al balcón de la casa de campo que habitaba, llevé un susto mortal: un taura enfurecido estaba ahí tronando y relampagueando contra mi hermano Francisco, quien tenía en la mano una lanza formidable: era la del negro arrebatada de hombre a hombre por un indio gallardo a quien el soldado había querido herir. El punto era que, si el negro recuperaba su arma los había de alancear al uno al otro, a mi hermano y al indio, pues el bandido estaba echando espuma por la boca”.

Pero el pensador ambateño como expliqué anteriormente venía de la aristocracia en donde el racismo era una marca registrada, entonces lo que explicaba de Urvina no pudo ser fiel a la realidad porque estaba cruzado por el prejuicio, el revisionista Nicola en su reseña histórica destacó otra acción de Urvina en favor de los Derechos Humanos y sobre todo con los pueblos ancestrales del Ecuador:

“Así mismo por Decreto de 30 de octubre de 1857, liberó a los indios de la imposición o contribución que venían pagando desde la época colonial y siempre por adelantado, aun en los gobiernos más progresistas y civilizados como el de Rocafuerte”. 

En la catilinaria III, Montalvo narra una anécdota sobre un encuentro con una pareja de indígenas, pero lo que llama la atención del suceso es la forma de cómo narra la experiencia y su actitud ante el hecho es déspota contra el otro, el ambateño dentro de su obra tienen gestos racistas y una postura de pensar que la educación servía para crear ciudadanos superiores:

“Una noche paseando con luna, en una ciudad del país, di con un indio ebrio que, ciego de cólera estaba matando a su mujer. No contento con los puños, se apartó de prisa y cogió una piedra enorme y se vino para la víctima derribada contra el suelo. Verlo yo, dar un salto, echar a mis pies al furioso, pisarle en el pescuezo todo fue uno. La india, se levanta, se viene a mí, sacándose de la boca con los dedos un mundo de tierra que el irracional le había henchido; y cuando puede hablar suelta la tarabilla y me atesta de desvergüenzas: ¡Mestizo ladrón! ¿qué te va ni que te viene en que mi marido me mate? Hace bien de pegarme; para eso es mi marido. Shúa, manapinga, huairu-apamushca, andante de aquí que quiero que me mate mi marido. Oyéndolos estoy escuchándoles mis apreciables compatriotas: ¡Mestizo ladrón! siquier zambo; shúa, manapinga, huairu-apamushca, ni más ni menos para la india será mejor dejar que su marido la mate a esta hembra estrafalaria también; pues todos ellos juntos alcanza a componer a lo más una hembra; pero bien casada, eso sí”.

 

Notas:

*(Shúa: ladrón, manapinga:sinvergüenza, huairu-apamushca: advenedizo, entrometido. Literalmente, traído por el viento)

*Se colocó Urvina con pequeña tal como lo nombraba Montalvo en Las Catilinarias y Enrique Ayala Mora en II Historia del Ecuador.

Bibliografía:

Álvarez Rodríguez, B. (2019) Lotófagos, Sirenas y otros seres: la construcción de la alteridad neutra en la épica griega. Synthesis (La Plata) vol.26 no.1 La Plata.

Buxton, R. (2000). El imaginario griego. Los contextos de la mitología. Madrid: Cambridge University Press (Obraoriginal publicada en 1994, Cambridge).

Foucault. M, (1977) Historia de la Sexualidad. La voluntad del saber. Siglo veintiuno editores, s.a. de c.v

Foucault. M, (1976) Raymond Roussell. Siglo veintiuno editores.

Montalvo, J. (1990) Las Catilinarias. Libresa.

Nicola, G.(2004). Síntesis de la Historia de la República del Ecuador. Casa de la Cultura Ecuatoriana, “Benjamín Carrión”. Núcleo de Tungurahua.

Turchetti , M. (2004) En Tiranía: variaciones sobre un tema entre historia y teoría.Historia contemporáneaISSN 1130-2402, Nro28, págs. 457-466.

 

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