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7 de Agosto del 2023
Historias
Lectura: 7 minutos
7 de Agosto del 2023
Napoleón Saltos

Catedrático universitario y dirigente político

La inercia de la violencia: las alternativas (III)
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Militares y policías borraron grafitis alusivos a la banda Los Tiguerones, en el barrio la Guacharaca, en Esmeraldas, el pasado abril. Foto: Vicente Gaibor

 

Las estrategias de guerra contra el narcotráfico han fracasado, el problema se ha agudizado. La reducción a respuestas "securitarias" y al ataque únicamente a las bandas locales evade los circuitos sistémicos de reproducción ampliada del narcotráfico y el capital criminal que atraviesan el funcionamiento del Estado y el mercado, así como la invasión de formas de vida de la población. No hay respuestas simples.



LEA LA PRIMERA PARTE: La inercia de la violencia: el miedo (I).
LEA LA SEGUNDA PARTE: La inercia de la violencia: las causas estructurales (II)


No hay salidas inmediatas, aunque hay tareas urgentes. Enfrentamos un problema estructural que rebasa la capacidad del Estado nacional y el tiempo corto de los gobiernos.

El objetivo estratégico es impulsar un doble proceso paralelo y complementario: desmontar el sistema económico-político-cultural, que fundamenta la reproducción ampliada del narcotráfico y el capital criminal, lo que implica reformas integrales del funcionamiento del Estado y de la economía; y reconstruir los tejidos sociales comunitarios y de solidaridad para una nueva forma de vida sobre todo para la población marginada.

El Plan estratégico debe apuntar a desmontar las raíces estructurales del problema, los vínculos del narcotráfico con los grupos económicos y de poder, locales y transnacionales y la reproducción ampliada del capital especulativo y criminal; así como contener la difusión de la narcocultura, base de seducción de las bandas. Tal vez es difícil una respuesta general, pero se puede empezar con una táctica de territorios liberados, con el impulso de una especie de Plan Marshal de reconstrucción de las provincias más afectadas por la violencia criminal, como es el caso de Esmeraldas, a partir del fortalecimiento de las organizaciones sociales comunitarias, del protagonismo de los jóvenes, y del apoyo del Estado.

Un paso inicial es la necesidad de un acuerdo estratégico, una política de Estado, que mire el Ecuador al menos en la próxima década; y que impulse acuerdos regionales para planes conjuntos ante el problema.

Una clave está en cambiar las preguntas. Podemos aprender del ejemplo clásico del Plan de Islandia para reducir el alcoholismo y la drogadicción que afectaban al 42% de la juventud en 1988. Los métodos represivos y de control no dieron resultados. El equipo investigador, cambió la pregunta, ya no ¿por qué se droga el 42%?, sino ¿por qué el 58% no es afectado por el problema? Y encontraron como factores centrales la presencia de incentivos, la utilización del tiempo de ocio con actividades creativas, artísticas, deportivas, las referencias familiares de solidaridad, los factores que reducen la ansiedad y aumentan la resiliencia. Lo convirtieron en un Plan nacional, con participación de los jóvenes, las familias, las escuelas y el Estado; y lo acompañaron también con medidas de control, prohibiendo la venta de alcohol y tabaco a menores de 18 años y la publicidad sobre estas sustancias. Con ello redujeron el índice del 42% en 1988 al 5% en 2016. (Martín, 2019)

En nuestro país podríamos encontrar las explicaciones no sólo de por qué hay zonas asoladas por la violencia y el narcotráfico, sino localizar semillas alternativas en las respuestas a qué sucede en 30 de los 221 cantones del país que no registraron ninguna muerte violenta entre 2020 y junio de 2023.

Se trata de un plan sistemático, que pone el acento en las políticas preventivas de la apertura de oportunidades e incentivos para la realización humana y social de los jóvenes, con el protagonismo de la sociedad y el apoyo del Estado. Se pueden encontrar experiencias exitosas en el mundo para combatir violencias de género y la epidemia del VIH en países africanos, como el Proyecto Homa, basado en el método del aprendizaje comunitario entre pares, en donde los jóvenes se coeducan, encuentran nuevas formas de vida en experiencias de auto organización.

En nuestro país podríamos encontrar las explicaciones no sólo de por qué hay zonas asoladas por la violencia y el narcotráfico, sino localizar semillas alternativas en las respuestas a qué sucede en 30 de los 221 cantones del país que no registraron ninguna muerte violenta entre 2020 y junio de 2023.

El reportaje de Plan V registra tres cantones en la Costa, “Atahualpa, Marcabelí y Chilla, todos de El Oro. Esto a pesar de que, en el primer semestre de 2023, esta provincia alcanzó la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes más alta del país.”

En la Sierra, 16 cantones que “se encuentran en las provincias de Azuay, Bolívar, Cañar, Carchi, Chimborazo, Loja, Pichincha y Tungurahua.” En la Amazonía, nueve, ubicados en su mayoría en Morona Santiago y Zamora Chinchipe;  a pesar de que en esta última se ubica Paquisha, con el índice más alto de homicidios en el país. El denominador común es que se trata de cantones con poblaciones entre 2 mil y 44 mil habitantes, con lazos de solidaridad y comunidad, fuentes compartidas de trabajo y producción, gobiernos locales cercanos a la ciudadanía, referencias de integración familiar sobre todo para niños y jóvenes. (Plan V, 2023)

Las estrategias de guerra contra el narcotráfico han fracasado. La reducción a respuestas "securitarias" y al ataque  a las bandas locales evade los circuitos sistémicos de reproducción ampliada del narcotráfico y el capital criminal que atraviesan el funcionamiento del Estado y el mercado, así como la invasión de formas de vida de la población.

Las estrategias de guerra contra el narcotráfico han fracasado, el problema se ha agudizado. La reducción a respuestas securitarias y al ataque únicamente a las bandas locales evade los circuitos sistémicos de reproducción ampliada del narcotráfico y el capital criminal que atraviesan el funcionamiento del Estado y el mercado, así como la invasión de formas de vida de la población. No hay respuestas simples.

Podemos empezar por preguntas que nos abran a la complejidad del problema y la posibilidad de respuestas alternativas. Plantearnos preguntas “prohibidas” para empezar a quebrar el círculo sistémico del crimen organizado, abordar temas tabús, la legalización dirigida de la droga, el análisis crítico del funcionamiento del mercado libre de la dolarización, el seguimiento de los circuitos de los flujos financieros y monetarios en el sistema bancario y cooperativo del país, el desmontaje de la seducción de la narcocultura sobre todo de los niños y los jóvenes. Regresar la mirada a la potencialidad de la participación de los actores sociales comunitarios, más allá del Estado y del mercado, para reconstruir los tejidos sociales de vida.

Los planes de los candidatos

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