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2 de Agosto del 2023
Historias
Lectura: 25 minutos
2 de Agosto del 2023
Napoleón Saltos

Catedrático universitario y dirigente político

La inercia de la violencia: las causas estructurales (II)
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Un atentado con bomba en Guayaquil, en agosto de 2022, puso en evidencia el aumento de la violencia en Ecuador.  Foto: Policía Ecaudor

 

La pregunta es si esta nueva forma de violencia extrema ligada al narcotráfico ¿es un tumor, un mal externo a la modernidad capitalista, un error en el camino del progreso; o es el resultado de su funcionamiento? La respuesta nos lleva a considerar estos fenómenos en el marco de las determinaciones económicas, políticas y culturales de nuestro tiempo.



LEA LA PRIMERA PARTE: La inercia de la violencia: el miedo (I)


Lumpen capital, lumpen burguesía

La versión oficial es que los carteles funcionan como el mal que amenaza desde afuera a la sociedad, a la marcha normal del capital y la democracia. Oswaldo Zavala, muestra que “los carteles no existen” (Zavala, 2018), como argumenta el relato mítico oficial, al margen del poder y del Estado.

La génesis en torno a la década del 80 del siglo pasado del narcotráfico declarado un asunto de seguridad nacional, según la doctrina norteamericana, empata con la transición hacia el dominio del capital financiero en la reproducción ampliada del capital, como fundamento de la globalización. Ésta es la base material para la transición al funcionamiento del narcotráfico como empresas transnacionales.

El nuevo milenio, a partir de la explosión de sucesivas burbujas financieras, el carácter especulativo del capital, sobre todo financiero, crea su propia geografía de globalización en torno a la red mundial de paraísos fiscales, abre la puerta al rebasamiento de líneas rojas de legalidad por encima del control de los Estados nacionales, y a la conexión con el capital criminal. Los desenlaces de las sucesivas explosiones de las burbujas financieras lanzan al capital a espirales de financierización-especulación, a la articulación con formas rentistas y al dominio creciente de capitales criminales transnacionales. De esta manera hay una fusión creciente entre los circuitos del narcotráfico, junto al tráfico de personas y al tráfico de armas, con los circuitos de reproducción ampliada del capital y la constitución-expansión de lumpen-burguesías que manejan los resortes del Estado y los juegos del mercado.

Desde la perspectiva de la economía política, el narcotráfico es un período de acumulación originaria y de acumulación por desposesión, que luego buscará regularizarse mediante diversos dispositivos de narco-lavado, para entrar en los flujos legales y paralegales de reproducción ampliada del capital global.

Esta visión permite ubicar la división internacional del trabajo y la participación de los diversos países-continentes, en el proceso integral de reproducción del narcotráfico, desde la producción de la materia prima, industrialización, distribución y consumo final.  Se reproducen nuevas formas de las relaciones de dependencia entre centro, periferias y semiperiferias, esta vez en referencia a los circuitos del capital financiero-rentista-criminal mundial.

El Ecuador, ubicado entre los principales países productores de materia prima y de la primera fase de industrialización de la droga, desempeña inicialmente un papel secundario de tránsito hacia los mercados centrales. Un punto de quiebre es el paso a la dolarización en el 2.000, que abre espacio a un flujo libre de dólares que es utilizado para el lavado que requiere el narcotráfico, tanto en el flujo por el sistema financiero, como por el manejo en efectivo, dada la baja bancarización. Ecuador pasa progresivamente a ser un centro clave de refinación, tránsito-comercialización de la droga de proveniencia del Sur de Colombia, y de lavado de dólares del negocio ilegal.

Plan V recoge los datos de la Evaluación situacional del entorno estratégico del narcotráfico en Ecuador, 2019-2022  realizada por la Dirección Nacional Antinarcóticos. Señala que el 80% de la cocaína del sur colombiano pasa por Ecuador.

“Los departamentos de Nariño y Putumayo, fronterizos con Ecuador, alcanzaron el 43% del total del cultivo de hoja de coca en el país vecino, en 2021. Esto representa en promedio 574 toneladas métricas de clorhidrato de cocaína.” Entre el 70 y el 80% de esta cocaína ingresa a Ecuador, “es decir, en 2021, entre 400 y 460 toneladas.” La Policía ecuatoriana incautó 176 toneladas, es decir entre el 38 y 44% de esta droga. (Plan V, 2023)

Hasta el 47% de la cocaína colombiana se produce en la frontera con Ecuador. Foto: FFAA

CELAG señala que el lavado en Ecuador está entre el 2 al 5% del PIB, que entran a circular por los canales financieros: pasa de 1.208 millones en 2016-17, a 2.632 en el período 2017-2020; y a 3.517 millones de dólares en 2021.  El crecimiento de dinero ilícito en el torrente legal coincide con el proceso de desregularización del sistema financiero y las superlativas tasas de ganancia que reporta la banca ecuatoriana desde el año 2017. El método se basa en ubicar “el crecimiento que año a año tuvo el dinero que tienen los bancos en el Ecuador y que no presenta ninguna justificación: ni por crecimiento nominal de la economía, ni por inflación, ni por efectos de los flujos externos, ni por expansión monetaria desde el banco central.” (CELAG, 2023)

Plan V señala una cifra similar, 3.458 millones de dólares anuales, tomando en cuenta la cifra referencial del 2 al 5% del PIB que maneja la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) en su reporte Estimación de los flujos financieros ilícitos derivados del narcotráfico, de 2011. (Plan V, 2022)

Si este es el flujo interno, habría que proyectar el crecimiento en los flujos internacionales, sobre todo en los vínculos con los paraísos fiscales. Como señaló un Informe del 2018 sobre el caso COOPERA, el sistema financiero ecuatoriano, y en particular, las cooperativas de ahorro y crédito, son utilizados por la mafias internacionales como pista de aterrizaje y despegue del narcolavado, el dinero no se queda en el país, sino que pasa al flujo internacional.

La relación, inicialmente, se realiza con los carteles colombianos, con vínculos uribismo-socialcristianismo, así como lazos con sectores de las FARC involucrados en el narcotráfico por el lado de los sembríos de cannabis y coca.

Una modificación significativa se opera en el nuevo milenio: el cerco a la mafia colombiana, sobre todo a raíz de la muerte de Pablo Escobar en diciembre de 1993, consolida las rutas mexicanas, que se expanden hacia el Sur. La violencia en México se exacerba en torno al 2006, como resultado de la fragmentación y confrontación de las organizaciones criminales; y de la incapacidad del Estado mexicano para enfrentarlas, por la articulación de las mafias con los grupos de poder económico y político y con los sucesivos gobiernos, tutelados por la estrategia norteamericana de la guerra contra la droga. En nuestro país a la articulación con los carteles colombianos, se superpone, sobre todo a partir del 2006, la entrada de las organizaciones mexicanas, especialmente el Cartel de Sinaloa, y del Cartel del Sol, de origen venezolano.

En 2014, con la aprobación del COIP, hay un viraje clave en la política antidrogas. La instauración de la tabla de consumo busca diferenciar entre consumidores, que requerirían un tratamiento sobre todo médico, y el castigo a los responsables del tráfico. Pronto se ve el fracaso, y en 2015, el Presidente Correa anuncia el retorno a la política punitiva. La situación se complica con las secuelas, para Ecuador, de la firma de los acuerdos de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC en 2016. Se produce un desplazamiento de diversas fracciones disidentes hacia la frontera con Ecuador.

Las estrategias de los carteles transnacionales se modifican en este período. Pasan de los pagos en dinero a los pagos en especie, lo que precipita la ampliación del mercado de microconsumo, la constitución de bandas locales y la disputa de territorios. El Gobierno de Rafael Correa continúa la política punitiva, con algunos intentos de políticas preventivas, incluida la negociación con grupos locales para su regularización y reincorporación política. Al mismo tiempo, algunos sectores, incrustados sobre todo en el Ministerio del Interior, establecen vínculos con organizaciones mafiosas mexicanas. “La producción y el consumo no pueden subsistir sin el consentimiento del Estado.” (Rivera Vélez, 2017)

Las mafias extracontinentales encuentran su turno en la desregulación y aperturismo del Gobierno de Lasso. El caso “Gran Padrino” muestra los vínculos del régimen con la denominada mafia albanesa, que funciona en diversos países europeos. Las investigaciones se truncaron a raíz del asesinato de Rubén Chérrez, el 31 de marzo de 2023, el nexo entre Danilo Carrera, propietario principal del Banco de Guayaquil, la red gubernamental, encabezada por Hernán Luque, delegado por el Presidente Lasso para presidir el Directorio de la Empresa Coordinadora de Empresas Públicas (EMCO), con responsabilidad sobre el manejo de 14 mil millones de dólares de los bienes del Estado, y la mafia albanesa.

El presidente Guillermo Lasso y su cuñado y mentor, Danilo Carrera. 

Así, pues, el Ecuador en el nuevo milenio pasa progresivamente a constituirse en un engranaje funcional para el flujo comercial y financiero del capital criminal. El Ecuador “se ha convertido en un país que ocupa un puesto privilegiado en la cadena de valor del narcotráfico, al incrementar exponencialmente su participación en la producción, el refinamiento, el almacenamiento y el transporte de drogas ilícitas.” (Rivera-Rhon & Bravo-Grijalva, 2020, pág. 10)

Se instaura nuevas formas de lumpen desarrollo y de funcionamiento de una lumpenburguesía,  ligada a la lógica del capital financiero-rentista. La acumulación por desposesión opera no sólo desde las burguesías centrales, sino que se reproducen a nivel interno mediante procesos acelerados de invasión de tierras comunales, empresas públicas y bienes comunes, en una alianza de las clases dominantes locales con el capital financiero-rentista-criminal mundial.

En la división internacional del trabajo, los países centrales se reservan los circuitos legalizados del capital financiero y eluden la responsabilidad como principales mercados de consumo y de circulación monetaria y financiera del capital. Dejan a los países periféricos las políticas represivas y de persecución contra el delito.

Las cifras del narcotráfico a nivel mundial varían. El Informe del Foro Económico Mundial en 2015 establece que las actividades ilícitas representan entre el 8 y el 15% del PIB mundial, el narcotráfico estaría el narcotráfico con 750 mil millones de dólares al año.  A escala mundial, según la ONU, más de 296 millones de personas consumieron drogas en 2021, lo que supone un aumento de 23% con respecto a la década anterior. (Naciones Unidas, 2023) Es difícil establecer cifras reales, y más bien hay una subvaloración, pues se trata de datos que se basan “solamente en aquello que se pudo detectar, incautar y desbaratar. Por ende, los datos no contemplan la gran cantidad de tráfico ilícito que se llevó a cabo en un tiempo determinado y que no fue detectado, las modalidades de ocultamiento que no fueron descubiertas aún y los circuitos que todavía no fueron develados por las autoridades” (Vázquez, 2011, pág. 71)

Los circuitos principales del flujo del dinero y de los consumidores están en los países centrales y en los paraísos fiscales. En su discurso ante la ONU, el 20 de septiembre de 2022, Gustavo Petro, Presidente de Colombia, increpó a Estados Unidos: "verá morir de sobredosis a 2.800.000 jóvenes por fentanilo". Y recalcó que ese opioide sintético "no se produce en nuestra América Latina". En diferentes oportunidades recalca, “No es ahí, donde se cultiva hoja de coca, contra quien debe ir la lucha contra el narcotráfico. Es donde la cocaína se vuelve dinero colombiano. (..) Esto que llamamos narco son la tropa, los peones, los campesinos que no tienen más que hacer, los hijos del campesino... pero eso no es el narcotráfico. El narcotráfico es de corbata y de poder, y hay que golpearlos si queremos que realmente haya paz en Colombia.” (CNN Español, 2022) Sin embargo, paradójicamente, para la estrategia norteamericana y la mayoría de los gobiernos, los escenarios de las guerras contra el narcotráfico son los países productores, los países periféricos.

Una estrategia alternativa debe empezar por eliminar las articulaciones de los circuitos del narcotráfico y de la reproducción ampliada del capital criminal, con los grupos económicos, locales y transnacionales, con los flujos monetarios y financieros en nuestra economía. Y, por tanto, redefinir los acuerdos internacionales en la lucha contra el narcotráfico.

El narcoestado

Las alertas y denuncias se han sucedido. En 2008, en el Informe sobre el caso Angostura, Francisco Huerta Montalvo, alertó sobre el riesgo de que el Ecuador se convierta en una “narcodemocracia”, pues se detectaron penetraciones del narcotráfico en el Estado. En una entrevista, tres meses antes de su muerte, insistió, “no lo puedo probar, pero los hechos están demostrando que aquí el narcotráfico penetró con bendición oficial”. (Ronquillo, 2022)

Ahora las pruebas están ahí. El caso “Gran Padrino” muestra no sólo los vínculos del narcotráfico con los grupos económicos, sino con la estructuras de poder del Estado. En la Carta de presentación del Informe sobre el caso “El Encuentro”, Luis Verdesoto, como Secretario Anticorrupción nombrado por el Presidente Lasso, presenta “siete hipótesis sobre cómo podría operar una red de corrupción en las empresas públicas, que dependen de la Empresa Coordinadora. (…) menciona la posibilidad de sobornos, favores económicos o políticos, direccionamientos de contratos por medio de maniobras al interior de las instituciones, colusión entre los propios oferentes para simular una competencia, lavado de activos por medio de la contratación pública, la presencia de grupos corruptos entre los funcionarios, entre otros temas.” Concluye, “se identifica la necesidad de expandir fuentes de información para analizar el círculo cercano del señor Hernán Luque Lecaro,” dentro del cual se encuentran personajes como Leonardo Cortázar y Rubén Chérrez. Señala la alta discrecionalidad y la concentración de poderes en el Coordinador General, Hernán Luque, las ligazones de accionistas y las ligazones de acciones de homónimos,  como algunos factores para estos riesgos. “Expone la posible existencia de lavado de activos mediante la contratación pública. Lavado de activos orquestado mediante operaciones inmobiliarias y comerciales.” (Plan V, 2023) La víspera fue renunciado por el Presidente.

No es un hecho exclusivo del gobierno actual. Más bien se puede trazar una línea de tiempo entre la presencia de las mafias trasnacionales del narcotráfico y la articulación con los sucesivos gobiernos en el período democrático. Lo que también muestra una de las dinámicas de disputa política, no sólo entre grupos financieros, sino también entre mafias transnacionales.

Los vínculos políticos

Luis Córdova distingue tres tipos de organizaciones vinculadas a procesos de producción, circulación y gobernanza del mundo criminal. “Grupos pandilleriles que operan en las calles y en las cárceles, (…) no les moviliza solo la capacidad de tener dinero, (…) sino un conjunto de expectativas simbólicas que van afirmando un sentido de pertenencia a la estructura de las pandillas. (…) Redes criminales dedicadas a la producción de bienes y mercancías ilícitas, vinculadas y conectadas al mundo empresarial privado, y cuyos líderes y cabecillas no están ni en las cárceles, ni en los guasmos. La mafia, (que) es un tipo de crimen organizado que se especializa en la provisión de un bien criminal que es la protección, y que funcionan desde el Estado, (…) teniendo influencia en las aduanas, en los puertos y sobre la Policía.” (Córdova L. , 2022) Hay que ubicar un cuarto nivel, las conexiones internacionales tanto en el circuito del capital criminal, como en los vínculos políticos transnacionales.

Las mafias internacionales maniobran en alianza con algunos operadores destacados, que actúan bajo coberturas empresariales, y con las bandas locales, que tienen su propia dinámica; lo que complica el problema en el Ecuador, en una especie de combinación entre los procesos de Colombia, México y El Salvador.

El presunto narcotraficante Édison Prado Álava fue arrestado en Colombia en abril de 2017. Foto: AFP

Entre los actores con cobertura empresarial se destacan Jorge Hugo Reyes Torres, Óscar Rubén Caranqui Villegas, Wilder Emilio Sánchez Farfán, César Emilio Montenegro Castillo, César Enríquez Fernández Cevallos, Telmo Remigio Castro Donoso, Édison Washington Prado Álava, Leandro Norero Tigua. (Plan V, 2023) A los que hay que sumar Rubén Chérrez.

Según La Posta (2021), durante una década Jorge Luis Zambrano, JL, Rasquiña, era la cabeza de Los Choneros y mantenía unidas a las diversas fracciones y grupos que actuaban desde las cárceles. A raíz del asesinato de JL, el 20 de diciembre de 2020, se produce una fractura y se agudiza la disputa en las cárceles y en los territorios. Los grupos principales son Los Choneros, con varios subgrupos, los Fatales (Manabí), los Águilas (El Triunfo, Guayas), los Gánster (Esmeraldas), y RT (Santo Domingo) y al frente están excélulas de este tronco principal, los Lobos (que se inician en la Cárcel de Latacunga), Tiguerones (sobre todo en Esmeraldas), Chone Killers; y en zona neutra, los Latin King. (Plan V, 2023) A lo que habría que añadir grupos menores que controlan territorios locales. 

Cuatro nodos jurídico-políticos claves para la reproducción de los flujos del narcotráfico y el capital criminal: un sistema carcelario controlado por los grupos delictivos; un sistema de impunidad, con complicidad de los operadores estatales encargados de la seguridad y la justicia; enclaves de poderes locales bajo dirección de representantes con vínculos con las mafias; redes de capital criminal y mafias transnacionales.

Los cuatro procesos se superponen y retroalimentan. Un sistema carcelario estructurado en torno a mega-cárceles, sin diferenciación de delitos y sin procesos de rehabilitación, se ha convertido en el centro de operación y dirección de las bandas en las disputas por el control de territorio y de los puntos de circulación internacional de la droga. La falta de voluntad política del gobierno para atender este problema se muestra en el bajísimo porcentaje (apenas el 8% hasta junio de este año, según Informe del Ministerio de Economía) de ejecución del presupuesto del Ministerio del Interior, encargado de dirigir la seguridad interna. La contaminación afecta al conjunto de las instituciones del Estado, empezando por las que ocupan la primera fila en las estrategias de respuesta, la Fuerzas Armadas, la policía, la justicia. La violencia crece en un ambiente de impunidad y complicidad circular.

La Policía muestra las capturas de embarques de droga en ruta al exterior. Foto Archivo Policía Nacional

La narcocultura

La complejidad del problema del narcotráfico en Ecuador se evidencia no sólo en los juegos arriba, los procesos de dominación, las disputas entre mafias transnacionales, grupos financieros, fracciones de capital, sino también en la invasión abajo, la seducción y cooptación de la mente y el corazón de la gente hasta convertir a las ofertas del narcotráfico en un modo de vida, en una forma de subsistir ante la ausencia de oportunidades desde la sociedad y el Estado. El paso hacia el carácter estructural de la violencia se expresa en el implante de la narcocultura en el sentido común de la masa.

No se trata de la ausencia y abandono del Estado, sino de la producción del sistema de dominación capitalista-patriarcal-colonial de poblaciones excedentes, desechables, que solo pueden subsistir en los bordes de la legalidad. Al modo del lumpencapital le corresponde un lumpenproletariado, privado no sólo de posibilidades materiales de reproducción de la fuerza de trabajo, como sucedía en los tiempos del capital productivo, que requería de un ejército industrial de reserva, sino también de las condiciones espirituales de solidaridad y de valoración de la vida del otro. La vida y la muerte se convierten en la nueva mercancía de cambio para contratar sicarios, que provienen de los barrios y zonas marginales.

Los mapas de la violencia ligada al narcotráfico y el capital criminal se ubican en zonas de circulación transnacional, exportación y distribución de la droga, como las provincias del Litoral, y se superponen a lugares afectados por pobrezas estructurales, como la provincia de Esmeraldas y los barrios marginales de Guayaquil y Durán.

Es el resultado de un largo proceso de destrucción de los lazos sociales y la difusión de los deseos del éxito individual, el autoemprendimiento, articulados a la propaganda del dinero fácil y el hedonismo inmediato. El narcotráfico es un resultado del capitalismo salvaje, una “cultura del todo vale para salir de pobre: (…) vivir rápido, gozar a plenitud, morir pronto” (Rincón, 2009, pág. 3 y 20) (Santos, Vázquez, & Urguelles, 2016)

“Nuestra aprehensión del narco la proyectan artefactos culturales como novelas, películas, series de televisión y música, que se basan en el periodismo narrativo que, a su vez, se nutre del discurso securitario. Este último hace lo propio alimentándose de los diferentes medios culturales. Un círculo vicioso que pone al descubierto la falta de “materialidad histórica debajo de la representación textual que supone mostrar lo real del narco” (Zavala, 2018, pág. 87)

Allí se cierra el círculo de relato oficial: la responsabilidad de la violencia es de los expulsados de los circuitos normales de la vida social. “La declarada “guerra contra los cárteles” se ha justificado sobre la base de una retórica acusatoria, depredadora y penalizante. (…) en el relato convencional, abundan las descripciones que presumen que la narcoviolencia es un cáncer social cuyas células malignas habitan específicamente en las pútridas “psiquis” de los delincuentes. (…) Dispositivos narrativos que coadyuvan a la unanimidad de opiniones sobre la violencia asociada al narcotráfico, se destacan los siguientes: 1) la “individualización” de la causa (es decir, la narcoviolencia es explicada como resultado de la peligrosidad, la inmoralidad o la enfermedad mental de sujetos individuales); 2) la “sustantivización” del tema (esto es, “la” narcoviolencia es exhibida como Realidad a observar objetivamente); 3) la “polarización” del fenómeno en categorías dicotomizadas (división de buenos y malos, víctimas y verdugos, culpables e inocentes).” (Santos, Vázquez, & Urguelles, 2016) 4) La despolitización (la argumentación de la ausencia del Estado).

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