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9 de Abril del 2018
Historias
Lectura: 18 minutos
9 de Abril del 2018
Fermín Vaca
Periodista político. Es editor de PLANV. Ha trabajado en los principales periódicos de Ecuador en la cobertura de política y actualidad. 
"Los activistas GLBT deben afiliarse y ganar espacios en los partidos": Jean Wyllys

Fotos: Luis Argüello

Tiene 44 años y nació en una comunidad pobre de la localidad brasileña de Alagoinhas. Actualmente es uno de los políticos mejor evaluados del Brasil. 

 

El diputado federal de Brasil explica su paso del activismo por la diversidad sexual y la academia a la política electoral. Aunque sostiene que no quiere dar recetas, menciona la forma en la que amplió su base política con un discurso incluyente hacia las mujeres, los pobres, los afrodescendientes y quienes abogan por la legalización de la mariguana, pues, admite, lo peor que puede hacer una figura de las comunidades GLBT es encasillarse en el gueto.

Jean Wyllys es un gay brasileño, conocido por ser diputado del Congreso Federal de Brasil. Reparte su tiempo entre Brasilia, la capital de su país, y Río de Janeiro, la ciudad en la que vive. Pero, como político, trata de no encasillarse en el gueto. Periodista de profesión y profesor universitario, se dio a conocer a nivel nacional en su país como ganador del reallity Big Brother. En las elecciones más recientes, obtuvo por lo menos 145 mil votos, que le permitieron acceder a un escaño en el Congreso Federal del Brasil, en la filas de una formación de izquierda. Estuvo en Quito en el marco de un evento organizado por la Fundación Esquel y la Embajada de Canadá, que busca crear espacios de capacitación para los activistas de la diversidad sexual ecuatoriana que aspiran a incursionar en política. 

¿Te convertiste en una figura nacional en Brasil gracias al programa Big Brother?

Mi interés en ese programa fue estudiar su fenómeno y su impacto en las conciencias, a pesar de los ataques que sufre por parte de los periodistas culturales o de críticos de televisión. Creo que mi participación en ese programa no contó de modo alguno para  mi elección. Yo pertenezco a un partido de izquierda, y la izquierda tiene muchos prejuicios sobre la cultura de masas, es elitista, y las personas de izquierda tienen a despreciar la cultura de masas y el consumo cultural de los pobres. Creen que el consumo cultural de los pobres es un consumo menor. En mi primera candidatura no tuve espacio en televisión ni recursos para mi campaña, pero decidí salir del activismo y me afilié a un partido. Los activistas deben acercarse a los partidos y a los parlamentarios, es necesario ocupar los partidos, afiliarse a un partido que esté de acuerdo ideológicamente contigo. Eso es lo que yo hice. Tres hechos ocurrieron que me motivaron a afiliarme: tres políticos en momentos distintos, de diversos partidos,  me recomendaron que me afilie, porque la comunidad GLBT debe trascender los movimientos sociales y apostar por la participación política. Creo que hubo un mensaje que no pude ignorar, yo formaba parte de un conjunto de personas desencantadas de los políticos tradicionales y las oligarquías políticas, y quería un cambio en la política. La única forma de participar en mi país es por medio del sistema de partidos. Antes de afiliarme al movimiento gay, en los años 90, yo estuve vinculado a la izquierda católica, a la  teología de la liberación. Nací en la extrema pobreza y vivía en una comunidad muy pobre al interior de Bahía, soy de la ciudad de Alagoinhas, y en mi barrio había una comunidad eclesial de base, los curas hacían un trabajo de politización de los trabajadores pobres y así me inicié en política. Cuando asumí mi homosexualidad en la Universidad empecé mi activismo, y luego cuando entré en política ya era periodista de prensa, había publicado mi primer libro y estaba en condiciones de disputar una candidatura dentro del partido. 

"Los activistas deben acercarse a los partidos y a los parlamentarios, es necesario ocupar los partidos, afiliarse a un partido que esté de acuerdo ideológicamente contigo. Eso es lo que yo hice".

Se dice que, actualmente, hay consultores que fabrican un candidato desde lo que quiere el electorado. ¿Cuál es el electorado de un candidato que proviene de la diversidad sexual?

Un electorado se construye con una trayectoria política y con un discurso. Disputando espacios en los partidos, hay que decirles a los dirigentes de los partidos que la agenda GLBT no debe ser utilizada como una agenda solo para parecer modernos y abiertos al tema, cuando no hay un compromiso real con esas candidaturas no le dan recursos ni visibilidad. 

Eso parece que ocurre en toda la región, y se ha repetido en el caso ecuatoriano, en donde los ponen en sitios secundarios o en los últimos de la lista, pues los políticos temen que más que darles votos se los quiten. ¿Cómo vencer ese prejuicio de las campañas, sus estrategas y operadores?

No tengo una fórmula para eso. En mi primera campaña el partido no invirtió en mi candidatura, yo no tenía tiempo en televisión y me tocó buscar una presencia en las redes sociales. Me dediqué a reuniones en los hogares, para que ellos en los barrios llevaran mi mensaje a sus vecinos y amigos. Los convertí en parte de mi campaña, y con esa campaña invisible obtuve 13.600 votos, y fui el segundo más votado del partido, a pesar de que en mi campaña no hubo dinero sino una estrategia alternativa basada en las nuevas tecnologías. Fui electo y mi mandato, modestia aparte, fue brillante, profundicé la democracia, creé un consejo consultivo de los barrios, apliqué la tesis de una democracia de alta intensidad, como recomienda Boaventura de Sousa Santos. Una vez electo amplié mi agenda, escogí de inmediato la Comisión de Economía y Presupuesto del Congreso, lo que fue una sorpresa, porque muchos esperaban que mi condición de activista GLBT me llevaría a participar en otros aspectos, como cultura o derechos humanos, pero no entrar a debatir la economía nacional. Yo decidí debatir la economía en una comisión de hombres heterosexuales y blancos. Pero desde ahí abogué por recursos para los derechos humanos, porque para las políticas públicas requieren de fondos. Amplié mi agenda, no dejé que sobre todo la prensa me encasillara como un político solamente de la diversidad sexual. Yo soy un gay asumido pero me interesa trabajar la agenda de los derechos humanos de una manera más amplia. Soy hijo de un hombre pobre, de tez morena, mi madre era blanca, pero me considero afrodescendiente y por ello me interesan temas como el racismo, la pobreza, el medio ambiente, el calentamiento global, mi acción legislativa y política ha sido muy amplia, con mucha visibilidad y me he negado a encasillarme solamente como un diputado exclusivo de temas GLBT. Pero a pesar de ello, los enemigos de la diversidad sexual me acusaron de que no represento a los pobres, sino solo a los GLBT, y yo he dicho que además de ello, tengo una agenda mucho más amplia, pues estoy defendiendo un combate a la pobreza, la ampliación de la ciudadanía para los pobres y los negros. Al fin de mi primer periodo hubo nuevas elecciones, y yo tenía una nueva posición dentro del partido. Ahora sí tenía tiempo en televisión, en proporción al tamaño de mi partido, apenas un minuto, pero lo usé para remitir a los electores a mis redes sociales, a mi página web. Ahi puse vídeos diferentes, mi eslógan fue "Jean Wyllys es uno de nosotros", yo soy uno más de los que están enojados con la política tradicional. Mis vídeos eran de actividades grabadas, amplié mis redes barriales y llegué a ser el quinto más votado. 

 

"Una vez electo amplié mi agenda, escogí de inmediato la Comisión de Economía y Presupuesto del Congreso, lo que fue una sorpresa, porque muchos esperaban que mi condición de activista GLBT me llevaría a participar en otros aspectos, como cultura o derechos humanos, pero no entrar a debatir la economía nacional. Yo decidí debatir la economía en una comisión de hombres heterosexuales y blancos".

 ¿Tu agenda no se ha limitado ni en campaña ni en el Congreso solo a lo que podríamos llamar las reivindicaciones del gueto?

La diversidad sexual siempre ha estado presente en mi discurso. Yo decía claramente que soy un candidato gay asumido. Mi imagen de campaña es una flor con una arcoiris, pero he dejado claro mi compromiso contra la pobreza y el racismo, por la igualdad de género, un discurso que ampliaba las agendas, sin esconder ni mentir a las personas. He dicho que defiendo a gais, lesbianas, bisexuales, transexuales, pero sin olvidar que ellos también tienen clase social, que tienen etnia, que las lesbianas son mujeres y reclaman equidad de género. He logrado un discurso que llegue a la gente común, a que diferentes segmentos de la sociedad se identifiquen conmigo. Creo que la comunidad GLBT debe ampliar sus conocimientos, superar el discurso tradicional, que nos enteremos de lo que está ocurriendo en el mundo y tengamos un criterio sobre ello. 

Entonces, ¿recomiendas superar el discurso de barricada, a veces pobre y sectario, del que no parecen salir ciertos activistas?

Sí, hay que superarlo, pero no omitir que somos candidatos GLBT. Esa diferencia importa, nos afecta y nos hace víctimas de discriminación, pero no nos olvidemos del racismo, de la pobreza, hay que tener claro que no poder estar encerrados en nosotros mismos, porque a veces hay gais o lesbianas que piensan en sí mismos de una manera abstracta, sin ubicarse en su realidad concreta. La clave es ser un candidato amplio, que pueda llegar a los heterosexuales, a los negros, a los pobres, debemos lograr que la agenda sea lo más incluyente posible.

¿Se puede hablar de un voto de la diversidad sexual o dentro de este colectivo la gente tiende a votar igual que el resto de la población?

La comunidad GLBT no puede garantizar una elección por dos motivos: en primer lugar, simplemente no es tan numerosa como para lograr un escaño. También hay gais y lesbianas de las clases más altas que no quieren formar parte de un movimiento. Hay que distinguir entre una comunidad GLBT en sentido amplio y disperso y un movimiento de personas politizadas, que se entienden como clase y creen en la igualidad y en los derechos. Pero la comunidad no siempre se identifica con el movimiento. De hecho, hay resistencia de las personas de la comunidad en votar por candidatos del movimiento, porque se trata de una identidad estigmatizada, hay gais y lesbianas en el clóset. La mayoría de nuestra comunidad vive una gestión esquizofrénica de sus vidas. Asumen en ciertos ámbitos su homosexualidad y en otros no. Nunca hay salidas completas del clóset, muchos no quieren ser afeminados y los rechazan, y  piensan que perjudican a la comunidad. Somos una comunidad que se avergüenza de sí misma, y muchos de la comunidad se avergüenzan de un candidato con el que no se identifican y por eso votan igual que el resto de la población. No se trata solamente de empuñar la bandera del arcoiris, sino de presentar un candidato con una agenda, un contenido y mostrar un político que le enorgullezca. No quiero ofrecer fórmulas, pero el movimiento tiene una tarea pendiente, que es ampliar sus cuadros, incluir personas, producir una identificación con todos los sectores. 

¿A pesar de la gran población del Brasil crees que la comunidad entera no aporta suficientes votos, así todos votaran por un candidato GLBT?

Brasil es un país con 200 millones de habitantes, tal vez haya en estados como Río de Janeiro una comunidad más grande. Yo creo que un 50% de los 145 mil votos que obtuve en esta elección pueden haber venido de la comunidad gay. El resto vino de otros sectores de la sociedad. 

Militas en un partido de izquierda, ¿cuáles son los otros ejes de la propuesta de tu partido?

En toda América Latina las propuestas liberales han sido acogidas por las izquierdas, a diferencia de Estados Unidos, donde puede darse el caso de que haya gais en el Partido Republicano porque es una derecha liberal. Pero en la región las libertades individuales, los derechos civiles, son respaldados por la izquierda. Temas como el aborto seguro, que elimina el aborto clandestino que es una causa de mortalidad de la mujer, deben ser debatidos. También presenté un proyecto de legalizar la mariguana, para reducir el tráfico, la violencia del narcotráfico, las fuerzas del Estado brasileño por ejemplo apuntan contra los pobres en una guerra contra las drogas que no da resultados. Luchamos por la paridad de género, por la crítica del neoliberalismo, por la salud, la educación pública de calidad. Combatimos el racismo, en mi país los negros fueron esclavos 300 años y el racismo sigue siendo estructural y debe ser eliminado. Todo eso debe articularse con la diversidad sexual. Es verdad que sufrimos de manera específica por nuestra identidad sexual, pero pueden haber otros elementos como la raza, la clase social. Una mujer transexual, indígena, pobre y prostituta tiene muchas vulnerabilidades. Hay que pensar políticas públicas tomando en cuenta todos esos elementos. 

"Hay que distinguir entre una comunidad GLBT en sentido amplio y disperso y un movimiento de personas politizadas, que se entienden como clase y creen en la igualidad y en los derechos. Pero la comunidad no siempre se identifica con el movimiento".

¿Cuál es tu opinión sobre el matrimonio igualitario?

Presenté un proyecto, pero en el Congreso hay más conservadores que progresistas, hay mucha dificultad para aprobar un proyecto. Pero hemos hecho una campaña cultural, pedimos el apoyo de artistas, de cantantes, de actores. Para lograr ese apoyo hay que ser un diputado honesto y de prestigio. Hemos lanzado una campaña por el matrimonio civil igualitario, para contraponer el discurso de la Iglesia. Si hay derecho al divorcio de los creyentes, cuya religión les dice que el matrimonio es sagrado e indisoluble, por qué los heterosexuales religiosos no se quedan para siempre en sus matrimonios fallidos en lugar de recurrir a la institución del divorcio civil. Entonces, esos heterosexuales divorciados no tienen moral para negar el matrimonio igualitario por motivos religiosos. No vencemos legislativamente, pero debemos hacerlo política y culturalmente. 

¿Sigue siendo el cabildeo de las iglesias Católica y protestantes un escollo?

Creo que hay que distinguir entre los protestantes. El problema son las iglesias neopentecostales, que tienen gran influencia en Brasil y en la región. Las otras confesiones protestantes suelen ser más tolerantes y no están en contra de las minorías. La teología de la prosperidad de inspiración norteamericana es fundamentalista, convirtió la homofobia en su instrumento, hablaron de pecado, y empezaron a lucrar con supuestas terapias de cura de la homosexualidad. Son mafias que han invertido en política y han llevado al Congreso sus valores religiosos y pretenden desmantelar el Estado laico. Su influencia es enorme, pero para combatirla es necesario buscar el apoyo de comunidades que también son afectadas por sus campañas. Hay que buscar conciliar las agendas de sectores que se enfrentan al conservadurismo, la última frontera de la democracia son los derechos GLBT. 

¿Qué opinas de movimientos gais que no son feministas, como por ejemplo, el que lidera Milo Yiannopoulos, quien se autodenomina "el maricón peligroso" en Estados Unidos y que apoya al Gobierno de Donald Trump?

Pienso que ser gay de derecha es una contradicción en sí misma. Que haya gais y lesbianas conservadores evidencia que privilegian su identidad de clase por sobre su identidad sexual. Si privilegian ser ante todo blancos de clase media así se comportarán. Por ello estarán en contra de los pobres y los inmigrantes, y no tienen empatía hacia los discriminados. No entiendo cómo se puede ser gay o lesbiana racista, porque hemos sufrido una forma de discriminación permanente. Para un heterosexual ser homofóbico puede ser natural, mientras que un gay homofóbico vive con culpa y sufre. Esa gestión esquizofrénica de su vida se puede manifestar en un discurso conservador y reaccionario. Parece que fueran gente que no piensa que serán discriminados toda su vida y no pueden ser crueles con las minorías. 

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