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15 de Mayo del 2020
Historias
Lectura: 8 minutos
15 de Mayo del 2020
Alexis Serrano Carmona

Periodista. 

Alexandra Córdova, siete años de caminar tortuoso
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Fotografías: Luis Argüello / Archivo PlanV

 

David Romo cumple, este 16 de mayo siete años de desaparecido. Su madre se alista para una nueva batalla: la Comisión Interamericana de Derechos Humanos dio cuatro meses de plazo a Estado para que responda sobre las denuncias de violación de Derechos durante el proceso.

Mayo puede ser vida.

Mayo puede ser dolor.

Mayo puede ser esperanza.

Cuando le pregunto a Alexandra Córdova cómo definiría el mes de mayo, responde con un lugar común: “Es una mezcla de sentimientos”, me dice. Su hijo, David Romo, nació el 31 de mayo de 1992; su hijo, David Romo, desapareció el 16 de mayo de 2013, poco después de entregarle, por el Día de la Madre, una tarjeta que decía: “Sólo por ser hoy”. Y hace unos días, en este mayo de cuarentena, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) le notificó que oficialmente admitió a trámite su caso y que le dio al Estado un plazo máximo de cuatro meses para que responda la denuncia que ella presentó.

Han pasado siete años y doña Alexandra aún cuenta los días. “Van 2.554”, me dice. “84 meses sin respuestas”. Ahora, la mitad de sus fuerzas las dedica a su segunda hija, que está en casa, que necesita a su madre; y la otra mitad se la lleva David, “que necesita justicia”. Cuando ella habla del tema, usa palabras que son perdigones sin filtro. Dice impunidad, silencio, omisiones, negligencia, errores injustificables, lucha inclaudicable.

Pero también cree que la entrada en escena de la CIDH podría ser el camino a la única verdad que ella considera posible: que le digan qué pasó con su hijo, dónde está y quiénes son los responsables. 

El coronavirus tiene a todos en casa y yo me encuentro con doña Alexandra a través de Zoom. En el fondo, sobre una pared blanca, un cuadro de David que “recibe a todo el que entra, que le da la bienvenida”.

¿Por qué David le escribió esa frase en el último Día de la Madre? ¿Por qué escribió ‘sólo por ser hoy’?

Porque él pensaba así. Él no necesitaba que fuera un día especial para hacerlo bonito. Entonces, me daba esa tarjeta, no por ser el Día de la Madre, sino sólo por ser hoy. Él decía que cada día hay que vivirlo intensamente y que no hay que estar afligidos por el mañana. David era así.

"Él decía que cada día hay que vivirlo intensamente y que no hay que estar afligidos por el mañana. David era así. Mi única expectativa es que el Estado, de una vez por todas, decida decirme dónde está mi hijo, qué pasó con él y dónde están los responsables".

¿Qué significa para usted que la CIDH haya tomado su caso?

En medio del dolor de no saber dónde está David, esa carta de la CIDH nos da cierta tranquilidad, porque es un organismo internacional de Derechos Humanos que va a estar exigiéndole al Estado el cumplimiento de sus obligaciones; en este caso, devolverme a David. Creo que esta puede ser una manera mucho más enérgica de exigirle eso al Estado. Esa carta va a ser la que nos abra ese camino.

Concretamente, ¿qué esperan usted y su equipo jurídico de la Comisión?

Que logre que el Estado conteste sobre las violaciones a los Derechos Humanos. Todo está plasmado en un expediente, que ahora no pueden cambiar. Mi única expectativa es que el Estado, de una vez por todas, decida decirme dónde está mi hijo, qué pasó con él y dónde están los responsables.

¿Y cómo se están preparando para este proceso que viene?

Hemos estado preparándonos permanentemente, incluso enviando a la Comisión todo lo que vamos encontrando en el caso. Es más, en octubre de 2019, cuando estuvieron en el país, me reuní con los comisionados y ellos están al tanto de todo; saben de todos los errores, omisiones, negligencias. Y les admiraba sobremanera esa reserva ilegal e inconstitucional que pusieron sobre el proceso.

¿Cuál era el estado del caso antes de la pandemia?

Es algo que causa risa. Siete años después, 2.500 diligencias después y pese a que supuestamente mi caso ha pasado por los mejores expertos, sigo como al inicio, sin saber dónde está mi hijo. De hecho, pienso que el caso está ahora en una situación mucho más grave e, incluso, revictimizante, porque, luego de que la Corte Provincial de Pichincha declaró la nulidad de todo lo actuado, a costa de fiscales, policías y jueces que intervinieron, ahora me dicen que como un favor se está investigando en dos lados: la Comisión de la Verdad de la Fiscalía y en la Unidad de Desaparecidos. Pero en la Unidad de Desaparecidos está como coordinador el doctor Jorge Flores, quien ya fue fiscal del caso de David y creó esa reserva ilegal e inconstitucional de dos años y medio. Y se está investigando con los mismos policías de la Dinased que ya han participado del caso. La Corte ordena algo, pero el Estado no lo cumple; simplemente sigue jugando a perpetuar la impunidad.

¿Por qué afirma esto?

Porque con el análisis minucioso que estamos haciendo a los 110 cuerpos procesales, creo que ellos tuvieron todo para encontrar a David, tuvieron todo para decirme dónde estaba, en las primeras semanas desde que desapareció. Y, sin embargo, no lo hicieron. Incluso el exministro del Interior, en un video, reconoce los errores de la investigación, las demoras injustificadas.

"Con el análisis minucioso que estamos haciendo a los 110 cuerpos procesales, creo que ellos tuvieron todo para encontrar a David, tuvieron todo para decirme dónde estaba, en las primeras semanas desde que desapareció. Y, sin embargo, no lo hicieron".

Después de tanto tiempo, ¿por qué sigue contando los días?

Nunca me imaginé esperar siete años y quién sabe cuántos más tendré que esperar. Y que no exista nada más que un tortuoso caminar, en el que no sólo se han vulnerado los derechos de mi hijo, sino los de mi familia, en el que nos han dado un trato totalmente cruel e inhumano, y nos han mantenido en esta zozobra, en esta incertidumbre.  

Y se ha puesto a pensar hasta cuándo va a continuar. ¿Qué le dicen su hija y el resto de su familia tras siete años de esta lucha?

Luchar un día es cansado. Luchar una semana, lo es mucho más. Y luchar siete años es algo que usted no se puede imaginar; nadie puede imaginar el desgaste que es, en todo sentido. Pero esta lucha será hasta encontrar a David, hasta saber qué sucedió. Y, en todo caso, luego de que esto termine pienso que debo ayudar a otras personas que, como yo, están pasando por este dolor y necesitan que alguien les guíe para agilizar las cosas. Y hacer también acciones, con diferentes instituciones, organizaciones, para tratar de que ya no haya desaparecidos y que, si llegan a darse, se los encuentre en el menor tiempo posible.

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