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4 de Septiembre del 2023
Historias
Lectura: 13 minutos
4 de Septiembre del 2023
Fermín Vaca Santacruz
Carlos Pástor: "las élites políticas no pueden hacer cambios estructurales"
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Fotos: Cortesía

 

El experto económico Carlos Pástor ha seguido de cerca la conformación de los grandes grupos financieros del Ecuador y sus negocios. Durante el saliente gobierno de Guillermo Lasso se buscó favorecer a determinados sectores como los grandes exportadores. El escenario de segunda vuelta permite anticipar un nuevo alineamiento de las élites en torno a los dos finalistas.

La disolución de la Asamblea y la terminación anticipada del gobierno de Guillermo Lasso han abierto la posibilidad de que hasta 2025 gobierne uno de los dos finalistas del balotaje: Daniel Noboa, heredero del imperio agro exportador de banano de su familia, o Luisa González, la representante de un correísmo que desde 2007 ha pactado con la mayoría de grandes grupos corporativos en el Ecuador.

Carlos Pastor ha seguido de cerca las operaciones económicas de los grandes grupos empresariales en nuestro país, que tienen diversificadas sus inversiones en sectores como la banca, la exportación, el comercio y el turismo, y que han buscado el control directo o indirecto del Estado para poder facilitar muchos de sus negocios.

En un artículo publicado en este medio digital en 2017, Pástor evidenciaba como durante el correato los grandes grupos económicos en nuestro país habían obtenido ganancias millonarias, en gran medida porque el supuesto socialismo correísta no confrontó realmente con las élites en el ámbito económico ni impidió su crecimiento.

Al llegar al poder Lenin Moreno, y más aún durante la administración de Guillermo Lasso, se hizo evidente cómo el pacto entre el gobierno y las élites económicas se fortalecía, con la presencia en los gabinetes de personas claramente identificadas con el empresariado y sus intereses. El intento de consolidación neoliberal de Guillermo Lasso se encontró con un colapso político, pero durante el tiempo que ha gobernado, ha realizado grandes esfuerzos para asegurar medidas como reformas legales o acuerdos internacionales de comercio que blinden los intereses de diversos grupos empresariales.

En 2021, en otro artículo, Pástor advertía que la candidatura de Lasso respondía básicamente a los intereses corporativos de Guayaquil, que habían decidido llegar al Estado para controlarlo directamente y no por medio de intermediarios.

Conversamos con Pástor sobre el panorama actual, el balance de la gestión de Lasso y las perspectivas que deja para el país el inminente cambio de gobierno.

Carlos Pástor Pazmiño: Politólogo por la Universidad Central del Ecuador, Especialista Superior en Cambio Climático, Magister en Relaciones Internacionales y Doctorado (PhD) en Estudios Latinoamericanos.

¿Qué balance se puede hacer del Gobierno de Lasso desde la perspectiva de la concentración oligopólica en Ecuador?

Este Gobierno ha hecho lo que propuso desde el principio: que el Estado responda a la diversidad de intereses de distintos grupos económicos. Eso ha convertido a las política públicas ya no en el escenario de confrontación entre los sectores populares y estos grupos, sino solamente en instrumentos para favorecer estos procesos de acumulación por despojo que se dan en los distintos territorios, ya sea en los procesos agroalimentarios, ya sea en los capitales financieros.

Vimos como varios de los ministros de Lasso representaban directamente a estos intereses, algo que no es nuevo, pues los estados tienden a ser los órganos para ejecutar la voluntad consciente de las élites económicas, mientras que las élites políticas terminan siendo como un canal de consolidación de distintos proyectos de los grupos económicos. Esto es lo que había planteado el presidente desde el principio con ese discurso del emprendedurismo, tanto en sus declaraciones como en su plan de Gobierno.

En el Atlas de los Grupos Agroalimentarios en el Ecuador vimos como todos los procesos productivos están concentrados y controlados por los grandes capitales. Se forman en las que se ve como los empresarios pasan al Estado y luego vuelven a sus empresas, algo que se puede ver en toda Latinoamérica. El Gobierno ha cumplido con mantener el Estado en manos de las élites, así como el control del agua para los grandes grupos de exportación. Han sido coherentes con lo que plantearon.

Ministros como Julio Prado o Pablo Arosemena representaron a sectores económicos, ¿su presencia en el Gabinete evidencia la vocación del actual gobierno?

Algunos de esos nombres son un ejemplo. Prado era el presidente de la Asociación de Bancos Privados. El capital financiero está representado en esa asociación, de 25 familias, dueñas de los bancos privados que son quienes más han ganado en estos años dorados del capital financiero en el Ecuador con Lasso a la cabeza. El poder de los grupos económicos se ha ido incrementando.

Pero usted ha afirmado que en el gobierno de Correa también obtuvieron enormes ganancias los grupos financieros...

Así es, pero Correa por lo menos guardaba las formas, al no darles directamente carteras de Estado a los empresarios, lo que hacía es mantener una relación con ellos que permitía cumplir con lo que destacaba: que nunca las élites económicas han estado mejor y nunca los sectores populares menos peor. Que cuidara las formas no quiere decir que no tuviera una relación con las élites.

Desde 2007 para acá se puede ver que hay condiciones estructurales que impiden que las élites politicas de turno puedan hacer modificaciones estructurales que signifiquen políticas que permitan combatir la desigualdad en el país.

Por ejemplo, pensar en una reforma agraria o del agua es algo que no podría sostenerse, porque las concentraciones de tierra y agua vienen acompañadas de grandes poderes. Esa es la situación de los actuales candidatos: en el corto tiempo que tienen no podrán hacer más que poner pañitos de agua tibia.

El gobierno de Lasso logró varios acuerdos de libre comercio como por ejemplo con China y Costa Rica, que están a la espera de la ratificación del poder Legislativo. ¿Cuál es el trasfondo de estos acuerdos?

Es la confirmación del Ecuador abierto al mundo que vendieron desde el principio, que implica una modernización agraria y de tipo extractivista. Los distintos acuerdos comerciales que hemos visto responden a los intereses de los grupos económicos. La explotación masiva de recursos naturales, las ventas de commodities, la balanza comercial enfocada en la venta de productos al extranjero, evidencian esa gran concentración. Pero no solo hay concentración, sino que hay empresas que se diversifican en por lo menos 15 sectores económicos, son lo que se llamaba el burgués trípode, que tiene una pata en la agricultura, otra en el turismo, y otra en la banca.

Si bajan los precios de los commodities ellos no pierden porque siempre tienen un colchón económico, como ya pasó en el gobierno de Lenin Moreno que puso en la Corporación Financiera Nacional a un delegado del grupo Noboa.

El gobierno de Lasso es un fracaso político que termina dejando el poder anticipadamente. ¿Logró concretar el programa que había vendido?

No todas las élites económicas son iguales, hay importadores, hay exportadores, no tienen los mismos intereses, más allá del interés de clase para defender sus privilegios. Lasso representa al capital financiero y es diferente del capital exportador. Los choques entre Jaime Nebot y Guillermo Lasso evidencian eso precisamente, que hay intereses distintos de los grupos económicos. Lasso quería tener un equilibrio para no pelearse con esas dos élites, mientras que los sectores populares no tenemos acceso a la salud o la educación.

Vamos a los Noboa, ¿cuál es la presencia de las empresas de la familia de Daniel Noboa en la economía nacional?

Ya desde 1994 que Isidro Romero, ex pareja de Isabel Noboa, era diputado del PSC, mientras que uno de los yernos de Isabel era ministro de Lenin Moreno. En esa época el grupo Nobis se convierte en una gran empresa internacional, con negocios diversificados en todo el país. También aparecen en otros ámbitos, como el primo de Daniel que es futbolista. Son redes con una articulación muy potente de intereses de clase para el control de la cadena de la producción agrícola, algo que se ve en las propuestas de Daniel Noboa.

Muchos de los cuestionamientos a Álvaro Noboa vinieron de sectores de la oligarquía de Guayaquil, que lo veían como una amenaza mayor que el propio Correa en 2006. ¿Qué esperar de la candidatura de Daniel Noboa?

Creo que los intereses de clase se van a aglutinar en torno a Noboa, a pesar de que haya tensiones entre los grupos económicos, y de que algunos de esos grupos van a apoyar a la Revolución ciudadana. Noboa mantiene el mismo discurso de la precarización laboral, ha anunciado algunos nombres de sus ministros que están vinculados a grupos económicos y muchos de ellos no querrán apoyar al correísmo.

El socialismo correísta nunca fue tal en términos de economía, pues favoreció a los grupos económicos. Seguramente hay élites recelosas de los Noboa que apoyarán al correísmo, ¿qué se puede esperar de la relación con las élites de Luisa González?

Desde luego que hay élites económicas apoyando a candidatos porque los políticos necesitan de los que acumulan recursos. En la historia del Ecuador no hay candidato que no haya tenido apoyos tácitos o expresos de élites adineradas y desde luego hay intereses distintos al sector exportador o financiero que están apoyando a la RC. Parte del grupo Noboa apoyó a Correa y a Lenin Moreno y han logrado espacios como la concesión del puerto de Posorja, aún en concesiones a muy largo plazo, como esta de 75 años. Hace poco hemos estudiado los tratados bilaterales de inversión en la historia del Ecuador que han beneficiado a élites económicas. La RC tiene el apoyo de unas élites económicas pero no representan directamente sus intereses de clase. El periodo es tan corto que ningún candidato va a poder hacer cambios estructurales en beneficio de la población.

Ni con todo el poder político el correísmo logró aprobar la Ley de Tierras porque las élites en el país son señoriales y están arraigados en la tierra. Esa tierra se vuelve parte de un territorio en donde hay caciques que mandan. Romper las estructuras de desigualdad sin un tejido social es imposible para cualquiera de los dos candidatos.

¿Qué opciones económicas se pueden plantear en el escenario actual?

Se debe pensar en la economía popular y solidaria vinculada al territorio. Si uno va a cantones empobrecidos del Azuay, verá que no hay educación, no hay salud, hay un vacío del Estado que ha sido llenado por el crimen organizado. La duda es si esos vacíos son voluntarios o son por incapacidad, y si hay un Estado que está favoreciendo al crimen organizado. En nuestro caso, tenemos un emprendimiento educativo que busca generar empleo. En tiempos de Correa vendieron una "titulitis" que buscaba títulos académicos que no permitían inserción laboral. La educación debe estar pensada en la realidad territorial.

Hay que crear emprendimientos, pero eso no es ponerse en la esquina una salchipapa, eso es trabajo precario. Lo que hay que lograr es un emprendimiento cooperativo que sea sostenible en el tiempo. Los candidatos deben entender que es necesario articular la educación, el empleo y la producción y que los ingresos se queden en el Ecuador. En un año y medio no van a lograr grandes cambios pero las políticas públicas pueden  ayudar a lograr esa vinculación.

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