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2 de Mayo del 2016
Historias
Lectura: 11 minutos
2 de Mayo del 2016
Desirée Yépez
Comandante Éber Arroyo: “La reacción ante el desastre debió ser más inmediata”

Fotos: Cortesía del Cuerpo de Bomberos de Quito

Los bomberos de la capital tuvieron destacada participación en la tareas de rescate de las víctimas en un centro comercial de Manta. 

 

300 bomberos de Quito se repartieron entre Manta y Pedernales (Manabí) para atender las labores de rescate tras el terremoto del pasado 16 de abril. Éber Arroyo, su comandante, considera que debe existir mayor agilidad en la toma de decisiones ante ese tipo de escenarios.

Éber Arroyo

Es teniente coronel de Bomberos, fue asistente de primeros auxilios y trabajó en temas de administración para desastres, prevención, preparación y respuesta a desastres provocados por productos químicos peligrosos, así como también en respuesta y preparación en emergencias. Ex ayudante de la Comandancia General, comandante de operaciones y ex Jefe de bomberos de la Zona La Delicia de Quito. 

El ajetreo para el líder del Cuerpo de Bomberos de Quito no termina. Dos semanas después de la tragedia que asola a Ecuador, tras el terremoto de 7,8 grados Richter, Éber Arroyo se dispone a narrar detalles de la experiencia que él describe cómo la más fuerte de su vida. ¿Cómo fue, pudo ser mejor, qué faltó y qué se aprendió? Quien estuvo a cargo de uno de los grupos de rescate en el epicentro del desastre responde. 

¿Ecuador y sus rescatistas están capacitados para una tragedia de la magnitud que un terremoto de 7,8 grados Richter representó?

Ningún rescatista, ninguna ciudad en el mundo, está preparado para enfrentar un desastre porque no sabemos cuál será su magnitud. Quito y el Ecuador tienen equipos de rescate y de bomberos profesionales, que tienen entrenamiento y la convicción para hacerlo. Pero tener la soberbia para decir “estamos preparados”, no. Ni siquiera Japón que es el primer país en el mundo en manejar desastres está preparado. Este es un tema de naturaleza versus hombre y la naturaleza siempre va a ganar, es más poderosa. Considero que lo que sí tenemos los rescatistas ecuatorianos es ese corazón, amor por servir a la gente y hacer las cosas por nuestros conciudadanos. Sí estamos equipados, podemos tener tecnología, maquinaria, entrenamientos, cursos, pero nunca vamos a decir estoy preparado para lo que venga. Es difícil.

¿En términos de equipamiento y recursos, están capacitados para enfrentar una catástrofe así?

En Ecuador existen cuerpos de bomberos que, lamentablemente, tienen bajos recursos entonces su nivel de equipamiento es menor. Quito tiene un equipamiento muy bueno, al igual que Cuenca y Guayaquil y estamos avanzando. Por ejemplo, antes Quito apuntalaba con madera, cortábamos palos y los metíamos en el techo. Ahora tenemos maquinaria hidráulica. Pero para desastres como el del pasado terremoto, no existe tecnología que valga… Nunca se está previsto para ese tipo de cosas.


El comandante de los bomberos quiteños destaca que es imposible vencer a la naturaleza. 

¿El equipamiento, los recursos y la capacitación con que cuenta el Cuerpo de Bomberos de Quito permitieron afrontar el escenario con que se encontró en Manabí?

Sí. Recuperamos siete vidas. En conjunto con Manta, pudimos evacuar 97 personas con vida, esto no es un logro solo de Quito. Los muchachos de Manta fueron claves. Se vio un trabajo en equipo, un corazón moviendo a un país…

¿Qué fue lo más complejo? ¿Se esperaba el escenario con que se encontró?

No. Tengo 25 años de servicio y nunca en mi vida he visto algo así. Uno nunca se espera una catástrofe, ver muertos, personas, familias destrozadas. Es mucho dolor. La alegría de salvar y rescatar una vida es impresionante, uno se emociona porque da la oportunidad o permite, gracias a su trabajo, que una persona salga viva. Pero también hay mucha frustración al ver tantos cadáveres. Si algo tengo que resaltar es el valor de mis bomberos, casi 300 hombres entre Manta y Pedernales, su entrega, vocación y decisión. También la generosidad y sencillez del bombero de Manta y de la gente. No tenían agua y nos regalaban, no tenían comida, pero nos daban sánduches… Esto es un examen de grado y sacamos puntos a favor arrancándole a la muerte siete vidas. La muerte no nos va a perdonar eso nunca.

"Uno nunca se espera una catástrofe, ver muertos, personas, familias destrozadas. Es mucho dolor. La alegría de salvar y rescatar una vida es impresionante, uno se emociona porque da la oportunidad o permite, gracias a su trabajo, que una persona salga viva".

¿Qué complicó las labores de rescate? ¿Cree que, si las condiciones hubiesen sido otras, se podrían haber rescatado más vidas?

La reacción ante el desastre debió ser más inmediata. Lamentablemente las vías estaban cerradas…

¿La reacción de quién?

De todos los organismos de socorro. Llegar rápido a la zona de desastre, a eso me refiero. Pero las vías Alóag-Santo Domingo, Calacalí-La Independencia, Pujilí-La Maná-Quevedo estaban cerradas. Como que todo se confabuló para no poder movilizar los recursos inmediatamente. Si las vías estaban expeditas, se mandaban todos los equipos por tierra sin problema. Nosotros nos movimos por aire… Esas son las cosas que las autoridades deben empezar a evaluar, cómo deben ser los tiempos de respuesta, cuáles deben ser los mecanismo alternos…

Es decir, ese tiempo sí influyó en las labores de rescate…

Por supuesto. Bueno, ahí intervino Bomberos Manta e hicieron un trabajo espectacular. Durante las ocho primeras horas hicieron un trabajo impresionante. El éxito de las operaciones en emergencias se decide  en las siguientes 24 horas. Pasado ese lapso, el resto es trámite. Las decisiones se deben tomar, yo creo, en las primeras dos horas de la emergencia. La decisión de mandar equipos, de gestionar su llegada…

¿En esa línea, dentro de las primeras 24 horas cuál fue la consigna de Bomberos Quito?

Salvar vidas, estabilizar estructuras, recuperar cuerpos.

¿De las siete vidas que pudieron rescatar, cuál es la experiencia que más le llena, con qué historia se queda?

La primera. La de Segundo. Lo sacamos a él y atrás salió su esposa. Estaban en el primer piso, nosotros en planta baja, y sobre ellos cayeron el segundo, tercer y cuarto piso. Cuando fui a verlos saludé, y ella, Vanessa, regresó a ver y solo dijo “esa es la voz que yo siempre escuché, que me dio tranquilidad y sabía que me iba a salvar”. Con eso estoy pagado de por vida.

Por el contrario, ¿vivieron la experiencia de haber escuchado voces que pedían auxilio y luego llegar a la  escena y que ya haya sido tarde…?

No. Todas las personas con vida a las que tuvimos acceso las sacamos. Era un colapso de edificaciones muy fuerte, muy violento. En el centro comercial Felipe Navarrete (Tarqui-Manta) era tan violento que no quedaban vidas, era un aplastamiento total. El hotel Panorama (Tarqui-Manta) igual, se vino abajo todo. Los espacios vitales que quedan son muy pequeños, donde sobreviven las personas a las que la vida les dio la oportunidad de quedarse ahí. Al segundo día ya tuvimos que utilizar maquinaria pesada para liberar cargas, porque de otro modo no podemos sacar los cuerpos, ni buscar vidas. Hay expertos que satanizan el uso de maquinaria pesada.


Los bomberos quiteños rescataron a varias personas con vida en Pedernales y Manta. REUTERS/Guillermo Granja

Supuestamente los protocolos indican, según señalan algunos rescatistas,  que el ingreso con maquinaria pesada debe hacerse pasadas las 72 horas del desastre… ¿Cómo funciona ese tema?

"Bomberos Quito es una institución muy profesional, solo en el centro comercial Felipe Navarrete (Manta) recuperamos 92 cuerpos, cero cuerpos desmembrados, ni siquiera sacados una uña. Nosotros tenemos nuestros protocolos de seguridad muy bien marcados".

Muchas veces hay que dejar de lado normas. Hay que dejarle actuar al instinto y al sentido común. El sentido común es la herramienta más poderosa que tiene el hombre, es increíble. Y los seres humanos se capacitan y se forman para tomar decisiones. No pueden hablar del uso de una u otra herramienta, porque un protocolo dice eso. Si quien está al mando de ese rescate toma el reto, él debe saber por qué lo hace. Si yo no hubiese tomado esa decisión, tres personas más hubiesen muerto. Gracias a la decisión que se toma en las operaciones, liberamos cargas y encontramos tres cuerpos más con vida. No es lo que se utiliza, es cómo se utiliza. Bomberos Quito es una institución muy profesional, solo en el centro comercial Felipe Navarrete (Manta) recuperamos 92 cuerpos, cero cuerpos desmembrados, ni siquiera sacados una uña. Nosotros tenemos nuestros protocolos de seguridad muy bien marcados. Otros expertos dicen que deben pasar siete días para usar la maquinaria, otros dicen 10, pero para entrar a la loca y como les dé la gana. Y no es así, hay que entrar con responsabilidad, porque así sean cadáveres, sus deudos esperan afuera y merecen respeto. Hay que intervenir con planificación, con tino, con madurez, experiencia y sentido común.

¿Cómo liderar un equipo de trabajo en una escena de mortandad como esa?

Con los años se va adquiriendo experiencia. Pero por más líder que sea, se está enfrentando  a sentimientos encontrados, de dolor, angustia, que se presentan en toda escena de desastre.

¿Qué lecciones deja esta experiencia como cuerpo de bomberos, como rescatistas?

Que debemos movilizarnos más rápido.

¿Esta movilización dependía de ustedes o de lo que dictaminaban las autoridades?

No, eso ya no dependía de nosotros, sino de terceras personas.

¿Cuerpo de Bomberos está cargo de la Municipalidad, la movilización dependía de esa institución?

No, tampoco dependía del alcalde Mauricio Rodas. De todos modos, a las 22:00 de la noche del 16 de abril el equipo de Bomberos Quito estaba listo para movilizarse. Pero depende de la disponibilidad que haya de los aviones, de temas logísticos…  Dentro de todo nos deja lecciones positivas, el trabajo en equipo, detalle del trabajo que hay que ir mejorando. Y como país nos deja la lección de que las construcciones deben ser sismo resistentes.


En su sede de La Mariscal, los bomberos de Quito se preparan para atender emergencias en la ciudad y el país. 

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