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16 de Enero del 2014
Historias
Lectura: 13 minutos
16 de Enero del 2014
Fermín Vaca
Periodista político. Es editor de PLANV. Ha trabajado en los principales periódicos de Ecuador en la cobertura de política y actualidad. 
"En el Ecuador el liberalismo no cuajó"

Foto: Gianna Benalcázar

Para Daniel Crespo, no se puede hablar todavía de un consenso nacional en torno de la figura de Correa, pues aún hay cabos sueltos.

 

Para el catedrático Daniel Crespo, el modelo autoritario en el país se explica por el fracaso en el Ecuador del laicismo y de las ideas liberales. Opina que hay que esperar para ver si el correísmo se convierte en un proyecto de país similar al que se ha implementado en Chile.
Daniel Crespo

Es profesor de Humanidades de la Universidad de los Hemisferios de Quito. Es máster por la Universidad de Navarra en Estudios del Medioevo.

-¿El triunfo de un nuevo modelo autoritario en el Ecuador es una muestra del fracaso de las ideas liberales en nuestro país? ¿Es la implementación de una visión neoconservadora?

Admitiendo que alguna vez haya habido Estado laico en el Ecuador, sí. Nunca tuvimos realmente un Estado liberal. Se decía que la diferencia entre liberales y conservadores en el Ecuador era que el liberal iba a misa de madrugada para que no lo vean y el conservador a mediodía para que lo vean todos. Si bien se intentó dar una estructura liberal al Ecuador en 1895, eso nunca acabó de empatar con la realidad social del país. El Estado laico no coincidió con el fuerte carácter católico, patriarcal y conservador. Lo que entendemos como una educación laica es profundamente tradicionalista. No tuvimos un enfrentamiento tan radical como el que hubo entre liberales y conservadores en Colombia, ni los conflictos que hubo en Chile. Si tenemos un Estado laico del que se puede dudar que cuajó y una forma de hacer una estructura conservadora que sería un elemento claro del correísmo, pensamos en un Estado neoconservador. Hay enormes diferencias entre Alfaro y Correa y se ha señalado más bien su cercanía con García Moreno. Sus esfuerzos de acercarse a Alfaro son más bien intentos de apropiación de una figura, típicos de los populismos latinoamericanos. Alfaro es casi un fetiche entre nosotros. La forma en que el actual Gobierno se ha acercado a los grupos de poder y ha consolidado a los grupos económicos y su manejo político nos recuerda más al garcianismo.

-¿Pero eso significa también el fracaso de la educación laica de nuestro pais?

El proyecto laico nunca empató con la realidad social del país. El liberalismo que no cuajó no era realmente de tintes anticlericales. Hay que ver cómo asimilamos el liberalismo que nos llegó de Francia, que terminó adaptándose a la realidad hispano católica.

-¿El fracaso de la ilustración en el Ecuador explica por qué una causa como la libertad de expresión no despierta el apoyo que debería despertar? ¿Que a casi nadie escandalice que las personas no puedan expresar libremente sus ideas?

Sí. Al no habernos comprometido seriamente con los ideales capitales del pensamiento liberal, nos sentimos un poco ajenos. Cuando tenemos un sistema político que siempre fue excluyente, donde el permitir la opinión ajena siempre se consideró una concesión magnánima, es evidente que no hemos perdido una cultura democrática: es que nunca la tuvimos por completo. Nuestro liberalismo en el poder fue también muy intolerante, no se caracterizó por la búsqueda de la reconciliación. Alfaro también ejercició el poder de forma despiadada. Estamos frente a un modo de ser enraizado. Todas las ideas que nos han llegado han caído en ese pozo. Por eso no tenemos una cultura democrática que no es madura: no han habido bases teóricas sólidas. 

"Creo más bien que sería una especie de peronismo argentino, que termina aglutinando muchas cosas y al mismo tiempo no siendo nada, donde todos, de todas las tendencias, se definen como peronistas, con tres o cuatro líneas comunes muy generales".

-Admitiendo el fracaso de la ilustración en nuestro medio, citando al político chileno Diego Portales, "el orden social se mantiene por el peso de la noche" y entendiendo por "el peso de la noche" al autoritarismo, ¿la forma política más adecuada a nuestro medio es un modelo autoritario e intransigente?

No me atrevo a decir que sí, porque creo que no tenemos un proyecto nacional consolidado. Hay un proyecto desde el Gobierno, que podría convertirse en un proyecto de país, pero esto aún no ocurre. Esta también es una sociedad donde están surgiendo pensamientos originales y disidentes, que quieren romper con esta mentalidad de huasipungo que nos ha caracterizado. La realidad es que nos sentimos cómodos con ese tipo de sistema político. La historia política ecuatoriana nunca ha demostrado un compromiso muy profundo con las ideas, sino más bien con acomodarse a ciertos proyectos. Pero tenemos un compromiso como sociedad: cómo romper con esa estructura y construir una sociedad liberal, para que venga quién venga en el futuro podamos demostrar nuestro rechazo. Mientras no nos comprometamos con valores liberales seremos presa de cualquier proyecto más o menos oscurantista.

-Pero quienes más tiempo han gobernado en nuestro país tenían una visión de país. ¿Estamos en el caso del correísmo frente a un modelo de país, que finalmente ha logrado vender a la sociedad, a los políticos, a las élites y a la gente común?

Creo que sí hay un proyecto, aunque tiene elementos contradictorios. El correísmo no es una ideología definida: es un Frankestein ideológico, donde uno encuentra retazos de todo lo que quiera buscar. Para juntar a gente disimil, se han cedido espacios de poder a ciertos grupos. El comercio exterior, por ejemplo, desde la salida de Kintto Lucas, ha pasado a los grupos de grandes empresarios. Hay un reparto de poderes, una satisfacción de ciertas necesidades. No hay una ideología, sino un cierto número de tendencias que se han ido sumando. Así se explica la presencia de ciertos elementos de la partidocracia que se han sumado al correismo, lo cual debilita a una eventual oposición. 

-¿En estos repartos hay un proyecto de país? Se ha dicho mucho que había que mirar hacia Chile, donde Gobierno y oposición tienen un proyecto de país y están de acuerdo en las cosas más importantes. Mal o bien, ¿está pasando algo así en este momento?

Se quiere intentar algo así. En el caso chileno se pueden trazar líneas generales. Es muy temprano en nuestro caso para determinar si esto es asi. Creo más bien que sería una especie de peronismo argentino, que termina aglutinando muchas cosas y al mismo tiempo no siendo nada, donde todos, de todas las tendencias, se definen como peronistas, con tres o cuatro líneas comunes muy generales, que es algo que puede darse, o podría darse un giro que nos lleve por otro camino, lo cual truncaría ese proyecto. Tenemos una gran capacidad para reinventar la patria cada cierto tiempo. Pero es muy poco tiempo de correísmo para pensar en que han logrado implementar un proyecto común de país como en Chile. Pienso que las coincidencias que indican ciertos opositores con el Gobierno pueden ser una estrategia política con miras a las próximas elecciones. En el Gobierno hay un ideal de país hasta el 2020, pero habrá que ver qué resulta.

-Pero desde la oposición no parece haber un cuestionamiento ni político, ni económico, ni ideológico a ese modelo de país que está vendiendo el Gobierno. Algunos opositores parecen discrepar en unos cuantos matices pero en nada mas...

A nivel político se nota miedo. No hay el mejor ambiente para una oposición política clara, cosa que podemos ver en el caso de Cléver Jiménez y Dalo Bucaram. No hay un ambiente para manifestarse en contra del Gobierno. No hay en la Asamblea un espacio para la polémica: el discurso de los opositores está muy desgastado. 

A nivel económico, hay grupos que están convergiendo hacia el correísmo y dejando su espacio político natural. Vicente Albornoz señalaba cómo la riqueza se ha concentrado en los grupos de poder: hay grupos de construcción inmobiliaria, de construcción de obra pública, de grandes supermercados, que no han sido objeto de mención alguna en las sabatinas. Hay grupos que financiaban a partidos de derecha que están cómodamente colocados en proyectos del Gobierno y esto desgasta a la oposición. La actitud misma de la gente ha ido cambiando: ahora hay grupos familiares enteros que dependen de empleo público. 

"Hay una aproximación a los grupos de poder, muy inteligente, que ha sacado de cada uno de estos grupos lo que le ha permitido fortalecer su base."

-En Venezuela el gobierno de Hugo Chávez encontró una oposición sólida, que realizaba cuestionamientos ideológicos, que pudo presentar un candido único. ¿Por qué no ocurre esto en el Ecuador?

La estrategia del poder político frente a los grupos de poder es la explicación. En Venezuela no hubo una aproximación inteligente como la que ha hecho el presidente Correa con ciertos grupos tradicionales del Ecuador. Mientras han sido despiados con Álvaro Noboa, tienen una excelente relación con el Grupo Nobis de su hermana. En Venezuela, en cambio, sí hubo un enfrentamiento radical, que se alimentó del descontento y la inequidad. El choque allá fue mucho más virulento y los grupos tradicionales actuaron de manera más radical. Aquí simplemente se han amoldado a lo que el poder espera de ellos. 

Por otro lado, la política partidista en el Ecuador se ha basado siempre en denostar al otro, en cuestionar y entrabar proyectos. A esa clase política es imposible pedirle una concertación real. Basta ver cuántos candidatos a la Presidencia se han presentado. Es imposible sentar en la misma mesa a quienes se llaman opositores: ahí se ve el fracaso del intento de generar una oposición unificada y coherente. 

-Volviendo a Chile, los gobiernos de la Concertación han sido de centroizquierda, con un discurso social, pero no han encontrado una oposición virulenta. Ahí parece haber calado un proyecto de nación en el cual todos coinciden. ¿Te reitero, está ocurriendo eso en el país aunque no se admita?

Creo que en nuestra cultura política aún nos toca esperar. Hay gente convencida de ese proyecto, hay gente acomodada en el proyecto, por varias razones, pero también hay tensiones sociales y enfrentamientos con opositores. Hay todavía muchos cabos sueltos, que parecen no muy importantes ni articulados, pero que aún están ahí. El proyecto actual tiene mucho de acomodo y no sería nada raro que algunos que hoy apoyan al correísmo se desplacen hacia otros sectores más de sus conveniencias. Nadie era franquista pero hay que ver cuántos miles fueron al funeral de Franco. Si se consolida, insisto, será más bien un peronismo, un proyecto con una ideología laxa y hasta contradictoria, donde todos tendrán cabida. 

-Mencionas una aproximación inteligente de Correa a las élites. ¿No será que  éstas tienen una gran simpatía por la forma de ver el mundo de Correa, por la mano dura, por la intrasingencia?

Hay una aproximación a los grupos de poder, muy inteligente, que ha sacado de cada uno de estos grupos lo que le ha permitido fortalecer su base. Ciertas empresas son más poderosas hoy que hace algunos años. En el aspecto social tiene una gran sinergia con la Iglesia Católica, a pesar de algunas críticas a obispos. En líneas generales hay una fuerte cercanía con lo católico. En lo político, se ha captado a cuadros de la partidocracia que puedan serles útiles. 

 

 

 

 

 

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