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23 de Agosto del 2019
Historias
Lectura: 26 minutos
23 de Agosto del 2019
Redacción Plan V
Félix Martins, director de Odebrecht: "la corrupción no vale la pena"
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Fotomontaje: PlanV

Felix Martins, director de Odebrecht, señala los avances y debilidades del acuerdo de reparación con Ecuador. 

 

"Nadie quiere que una empresa busque a la Fiscalía para decir: ese señor, ese señor y ese señor recibieron coimas". Con estas palabras, el director de Odebrecht para Ecuador y otros cuatro países de la región dice que la resistencia de un acuerdo proviene de quienes tienen temor a la cooperación de la empresa con las autoridades.

Félix Martin es director de la empresa Odebrecht para Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba y Ecuador. En una larga entrevista con Plan V, en las oficinas de la empresa en Quito, hace un mea culpa de lo que fue la corrupción generada por el gigante brasileño y que generó el escándalo más grande de corrupción en el mundo. Ahora habla de la "nueva" Odebrecht, que ha cambiado toda su plana directiva, ha blindado y fortalecido su área de auditoría y vigilancia interna, ha "importado" expertos mundiales para generar un cambio irreversible en lo administrativo, financiero y en el área de cumplimiento. Ahora, el discuso de Odebrecht se basa en cooperación con la justicia y pretende llegar a un acuerdo de reparación con el Estado ecuatoriano, aclarando que su intención no es que se perdonen sus faltas, sino que se cierren sus pasivos con la sociedad ecuatoriana y, de ser el caso, seguir viva en el Ecuador. El discurso de Odebrecht ha convencido en parte a las principales autoridades de control y al Ejecutivo, para tener la apertura de sentarse en una mesa de negociaciones. Lo ha hecho en la mayor parte de países donde se detectaron actos multimillonarios de corrupción. Pero también hay sectores en el Ecuador que rechazan de modo tajante esa negociación y la posibilidad de la permanencia y continuidad en proyectos dentro del país. Martins responde a esas voces.

¿De qué hablan cuando hablan de una "nueva Odebrecht"?

En abril del 2016, el doctor Emilio Odebrecht tomó la decisión de adherir a la cooperación definitiva en Brasil. Marcelo Odebrecht fue preso en junio del 2015 y en ese periodo había una discusión en los altos mandos de la compañía de qué haríamos y si cooperábamos o no. Se tomó la decisión que sí, que la compañía iba a cooperar de manera definitiva con la justicia y se pasó una orientación a todos los ejecutivos de la compañía: quien conociera o hubiera participado de delitos debía adherir a esta cooperación. No hay en la historia de Brasil, ni creo que en el mundo, una empresa que haya dado una orientación tan firme y clara, al punto de que 77 ejecutivos están en proceso de cooperación.  Lava Jato en Brasil no es un proceso que involucra solamente a Odebrecht; involucra a varias empresas de ingeniería, agroindustria, bancos, energía... de varios sectores estructurantes del país. Después de abril del 2016 empezó una serie de cambios en la compañía, en sus liderazgos, en el Consejo de Administración, en el sistema de Cumplimiento, y empieza el proceso de acercamiento para tener un acuerdo de cooperación con la justicia de Brasil, Estados Unidos y Suiza en un primer momento. Hoy nosotros tenemos un nuevo presidente, que es Luciano Guidolin, y hemos estado con el reto de intentar, más que sacar adelante las operaciones en los países, buscar un cierre, arreglar todos los temas con la justicia de los países.

¿A su criterio, por qué llegaron a esto, cómo fue que pasó?

Hablo como brasileño: es claro que había en Brasil, como hay en varios países, un sistema conformado que permite que haya desvíos en las conductas empresariales. Yo, como brasileño escuchaba que había comisiones en todos los sectores, pero yo, como Odebrecht no tenía conocimiento de ningún hecho de corrupción que ahora está claro.  Escuchaba como brasileño que había ese sistema, pero no tuve conocimiento de lo que pasó y de su dimensión. Odebrecht era una empresa que entregaba sus proyectos con calidad, tenía compromisos con proyectos sociales, con comunidades; la rama más operativa de Odebrecht se concentraba en eso. Con clientes privados no hay casos de corrupción , en algunos países no hubo hechos de corrupción y en los otros, creo que fue mucho más por el sistema y por una fragilidad de nuestra empresa, de detectar el tema de la corrupción, y eso lo reconoció Emilio Odebrecht, que la empresa debió haber sido más dura con relación a eso y que de alguna manera permitió que eso hubiera pasado. Entonces  hay un reconocimiento, hay una conciencia. Pero había un sistema y es contra eso que hay que seguir trabajando en todos los países.

¿Cuál fue el impacto en la empresa de todo esto?

El impacto fue devastador. Es una experiencia muy difícil de pasar. La empresa tenía 200 mil personas y ahora tiene 40 mil; hay una crisis financiera importante; operábamos en muchos países, estamos reduciendo la operación; teníamos una diversificación en los negocios, hoy nos volvemos a enfocar en la ingeniería. Pero nosotros vimos a personas, ejecutivos de la empresa, a sus familias, tener su vida destruida. Es un ejemplo claro, para todos los ejecutivos, de que la corrupción no vale la pena. Odebrecht, hoy, es una empresa que ha hecho un esfuerzo enorme de cambio, no podemos garantizar  que no habrá un nuevo hecho de corrupción, quien garantice esto está mintiendo; lo que garantizamos es que hoy hay un sistema robusto de prevención, de detección, de mitigación y tratamiento de desvíos de conducta.

Usted habla de cerrar los temas de justicia en todos los países, pero hay una deuda moral en el tema Odebrecht. Supongo que no es nada fácil recuperar el nombre, el prestigio de la empresa, que ha quedado en entredicho.

La situación de la empresa es muy complicada. He escuchado de varias personas ¿por qué no cambian la marca? Nosotros tenemos que tener madurez para escuchar las cosas que escuchamos. Aceptar las cosas que escuchamos, y no son cosas buenas, somos hoy sinónimo de cosas malas. Ese proceso solo va a cambiar con el tiempo; yo puedo dar doscientas entrevistas y todos los ejecutivos también, pero si las actitudes no cambian no vamos a recuperar la confianza. Esto necesita tiempo. Entoces cuando escucho hablar de Odecrecht como corrupción, mala empresa, de todo, yo estoy preparado para escuchar eso. Yo acepto estas cosas. Pero en el contrapunto dejo las cosas bien claras. Hay un reconocimiento nuestro, pero también hay una empresa que ha buscado a los países. El compromiso de Odebrecht solo era con la justicia de Brasil, pero hubo una decisión de la compañía de colaborar con la justicia de los otros países. No hay compañía con la cantidad de colaboradores que tenga Odebrecht; no lo veo en Brasil ni en ningún país. La percepción es que la empresa ha hecho un proceso de cambio, tenemos que aceptar esta hostilidad, y lo tenemos claro; pero poco a poco está clara la voluntad de la compañía de colaborar con la justicia. Después de la colaboración con Brasil, Odebrecht y sus ejecutivos hubieron podido parar ahí; pero no, también había el compromiso de la compañía para colaborar con la justicia de todos los países.

¿En este punto es bueno explicar cuál fue el tipo de colaboración que se hizo con la justicia de Ecuador?

Este fue un proceso que ocurrió en varios países. El acuerdo con el fiscal Carlos Baca Mancheno es similar al acuerdo que se firmó con todos los países. El acuerdo es con la Fiscalía General del Ecuador, nosotros nos acercamos, ofrecimos una cooperación, hubo la cooperación; con entrega de información, con entrega de información de cuentas, con información de trazabilidad del dinero. Es un acuerdo consistente, yo no puedo entrar en detalles porque es un tema de la Fiscalía del Ecuador, que debería profundizar en sus investigaciones; hoy tenemos una fiscal que tiene más legitimidad porque no es una fiscal provisoria y este es un compromiso serio. ¿Cuál fue este por parte de Odebrecht? El mismo que tuvimos con todos los países: entregar pruebas, una disposición de reparar los daños y, actuar como está previsto en los principales tratados internacionales de combate a la corrupción.  De estos destaco dos: la Convención de Mérida, de la ONU; los tratados de la OCDE. Estos prevén que si hay un reconocimiento de los errores, si hay un compromiso con un cambio y se sacan los ejecutivos de la compañía, si se hace una cooperación con la justicia y se tiene la disposición de reparar, debe permitirse que  esta empresa tenga una segunda oportunidad. Esa no es una invención de Ecuador, de Panamá, de República Dominicana o de Estados Unidos o de Perú, ni de Odebrecht: es algo que está previsto en todos los tratados; ha pasado en muchos países, en Estados Unidos, en Europa, y con varias empresas, empresas grandes, hay casos clásicos como Siemens, Halliburton...

"No es que nosotros seamos profesores de ética, es que nosotros tenemos una historia dura para contar, una historia de transformación que otras empresas no tienen".

En el caso del Ecuador ¿a qué se refiere Odebrecht cuando habla de reparar los daños?

En el caso de todos los países, es buscar una cuantificación del impacto de los hechos de corrupción a nivel social y económico de los países. Eso no tiene una fórmula matemática precisa; cada país dispone de ese tema, hay países que tienen reglas muy claras para tratar este tema, hay países que no. Perú, por ejemplo, cambió las leyes para que se tenga un marco de cooperación eficaz con las empresas. La cooperación con Odebrecht, en Perú, atrajo más de 40 empresas para cooperar con la justicia y eso ha permitido la profundización de las investigaciones, la recuperación de dinero. Crearon marcos legales para que la herramienta de cooperación eficaz tenga su importancia. Y creo que esto va más allá de hablar de que Odebrecht es el diablo, y estoy seguro que tenemos que escuchar eso y sí, las acepto. Hay que tener conciencia de las cosas que pasaron, hay que tener un compromiso para cambiar. Ahora, buscar a Odebrecht y no hacer nada en la región para que los sistemas de contratación mejoren, no hace ningún sentido. Por eso es que Odebrecht está involucrada y en disposición en dar su cuota de participación para poder cambiar los sistemas. No es que nosotros seamos profesores de ética, es que nosotros tenemos una historia dura para contar, una historia de transformación que otras empresas no tienen.  

¿Qué pasa hoy en Ecuador con todas esas resistencias que hay?

El procurador es una persona muy seria; percibo que la fiscal general ha hecho un trabajo serio, hay contralor, secretario de Anticorrupción, que están en la mesa; y a pesar de las dificultades que hay veo que se está tratando, más allá de la reparación de Odebrecht, la creación de un marco que puede mejorar el combate a la corrupción en el país. En eso que tenemos que estar. Voy a ser directo: si cae la cooperación con Odebrecht en Ecuador, ¿qué mensaje se va a dar? Expulsen a Odebrecht y ¿cuál empresa va a golpear las puertas de la Fiscalía para decir: señores, yo quiero corregir los errores del pasado? Nadie. Si Odebrecht sale del Ecuador, respetando por supuesto las decisiones soberanas del país, mañana, como no hay acuerdo, las pruebas de la cooperación entregadas por Odebrecht, se caen, Cualquier abogado va a buscar que esos señores estén en la calle al día siguiente. Porque hoy, bien o mal, hay personas que están en la cárcel por cuenta de Odebrecht.

Pero esa resistencia sigue, a pesar de que el Procurador y el ministro de Energía han tenido frases que hacen pensar que están abiertos a un diálogo. Pero para muchos no es suficiente un mea culpa, tampoco es pagar una reparación y pasar la página ¿que es a su criterio lo que hace falta para vencer esa resistencia?

Creo que lo más importante acá, en todos los países y en Brasil —y como brasileño creo que la situación en Brasil fue lo más grave— es entender que lo que disponen los tratados internacionales es dar fuerza a la agenda de cooperación eficaz en todos los países; una agenda que permita, a través de las personas que estuvieran involucradas en delitos, traigan los hechos y puedan facilitar la investigación en cada uno de los países sobre la corrupción. He visto todo lo que han dicho las autoridades; pero debo decir, no es Ecuador el que está inventando un acuerdo para resolver el tema de Odebrecht, eso existe en el mundo.  ¿Cómo cambiar la percepción? Teniendo charlas como esta, con mucha sinceridad, no será suficiente pero puede generar una reflexión. Hoy no tenemos ningún complejo,  y sí tenemos el compromiso de hacer las cosas con transparencia.

¿Por qué se demoraron tanto en llegar a las conversaciones de reparación con Ecuador? Otros países lo hicieron mucho más rápido.

No veo una demora, porque nosotros en Ecuador tuvimos cambios en las instituciones que tienen la potestad y legitimidad para avanzar con este tipo de acuerdo, que son Fiscalía y Procuraduría.  Yo llegué acá en el 2018 y estuvieron el fiscal Baca, luego Rea, luego Pérez Reyna, luego Ruth Palacios y luego Diana Salazar. No había un fiscal legítimo y eso dificulta mucho la toma de decisión para la empresa, porque avanzar en una agenda como esta no es nada fácil, en ningún país. Cuando tuvimos una fiscal definitiva, un procurador definitivo, que son personas serias, con la llegada del secretario Anticorrupción y entonces nosotros buscamos conformar esa mesa, como lo hicimos en casi todos los países.

en Ecuador tuvimos cambios en las instituciones.  Yo llegué acá en el 2018 y EN LA FISCALÍA GENERAL estuvieron el fiscal Baca MANCHENO, luego Rea, luego Pérez Reyna, luego Ruth Palacios y luego Diana Salazar.

Ya en la parte personal y empresarial, ¿cuáles son las lecciones que ustedes han sacado de todo esto?

Que la corrupción no vale la pena. Nosotros sentimos el dolor de tener una empresa casi en la quiebra y cada día buscamos superar esta crisis, que fue la mayor en 75 años de la compañía. Otro aprendizaje es que hay que tener un sistema de conformidad, de cumplimiento, que no va a evitar pero puede prevenir; hay que tener una cultura más transparente y eso va a generar una actuación más ética. Otro es que un esfuerzo como ese tiene que estar acompañado de un cambio en todo ambiente. Odebrecht hoy hace parte de una plataforma en Brasil que monitorea todas las licitaciones. Odebrecht hizo varias denuncias de procesos de licitación en el 2018, donde percibimos que había cosas que no estaban bien. Porque nosotros podemos hablar de las empresas, pero en la corrupción hay un ecosistema donde están empresas, políticos, ciudadanos, las leyes... Hay que trabajar en cada uno de esos puntos. Brasil está cambiando mucho, también con Perú; muchas licitaciones en Brasil salieron con diseños muy básicos. ¿Qué pasa cuando eso sucede? Que el proyecto crece, sube el costo de la obra...

¿Cómo se va a calcular la reparación en Ecuador? 

No hay marco en Ecuador. Lo que vamos a buscar son las referencias que hay en otros países. Pero tiene que ser adecuada a las expectativas del Estado ecuatoriano. Cada país tiene su proceso. 

Porque ya tuvieron una experiencia de retorno con Ecuador, cuando fueron expulsados en el 2008 y volvieron en el 2011.

Es diferente. En aquel momento había un tema técnico. Hoy es un tema de actos ilícitos, de corrupción. Veo ahora un tema mucho más grave, mucho más serio de lo que pasó antes, cuando se buscó una salida técnica.

¿Cuáles son las principales dificulades que ve Odebrecht para un acuerdo con Ecuador?

Primero la resistencia del ambiente político con la idea de la cooperación. Nadie quiere que una empresa busque la Fiscalía para decir: ese señor, ese señor y ese señor recibieron coimas. 

¿No les conviene que Odebrecht vaya más alla?

Odebrecht y otras empresas que todos conocemos. Hay una resistencia y eso, claro, tiene una influencia en las instituciones que deben llevar esos acuerdos. Es, además, un tema muy novedoso para nuestras sociedades de América Latina, y la falta de marcos (legales).

¿Faltan normas en Ecuador para afrontar estos procesos?

Faltan, pero no es un problema de Ecuador; faltaron en casi todos los países, hasta en Brasil.

¿Y eso cómo se soluciona?

Primero, teniendo valor para entender que esta agenda va más allá de las empresas; es una agenda que va a poner al Ecuador en otro contexto en el combate contra la corrupción; que va permitir que el país, cualquier país, suba escaños en la lucha contra la corrupción; que hay tratados internacionales de instituciones muy importantes como la ONU, que disponen cómo debe ser tratado un tema como este y hay ejemplos de ello. (...) Hoy, si hay una empresa donde no puede haber un acto de corrupción es Odebrecht, con la conciencia de que un error más es la muerte. Si hay una empresa en el mundo que no va a tener una nueva oportunidad es Odebrecht, eso está claro para nosotros, muy claro.

"Hoy, si hay una empresa donde no puede haber un acto de corrupción es Odebrecht, con la conciencia de que un error más es la muerte. Si hay una empresa en el mundo que no va a tener una nueva oportunidad es Odebrecht".

Usted dice que la corrupción no vale la pena, ¿tampoco la política? Acá se dijo en un titular de prensa que Odebrecht puso presidente en el Ecuador. Y vemos que Odebrecht tenía una relación directa con políticos, presidente, vicepresidente, y no solo fueron autores sino cómplices de la corrupción interna; fueron parte de esto. 

Hay una cosa que escuché en Brasil: no hay empresa fuerte en un país que no tenga instituciones fuertes. Y un país que no tenga instituciones fuertes no va a generar empresas fuertes. La relación entre empresarios y el sistema político no es el problema; en algunos casos esta es una relación contaminada, pero el aporte, la contribución de las empresas para mejorar la vida de las personas es muy importante. Esta relación tiene que exisitir, pero tiene que ser transparente. Y es hacia esa relación transparente lo que tenemos que cambiar.

¿Cómo?

Con algunos pasos. Combatir las fallas de corrupción con acciones que puedan fortalecer el papel de la justicia, combatir la impunidad, invertir en educación; porque la corrupción no se combate en cinco años, con uno o dos gobiernos,  y este es un problema en América Latina, porque si pensamos hoy en una reforma educativa, en una reforma política y empezamos en una reforma a las leyes, creo que en tres generaciones podemos cambiar la situación.

¿Es más difícil montar un sistema de corrupción o desmontarlo?

Es más difícil desmontar. Tengo un ejemplo práctico, que empieza con un proyecto que no tiene un pliego consistente, sin tener un diseño detallado, y eso genera espacio para que la corrupción, para que personas sin carácter hagan el mal. Si se crean sistemas de licitación más robustos en todos los sectores, podemos empezar a cambiar.

Digamos que en el caso ideal de que Odebrecht logre conquistar sus metas en este proceso de cambio, se necesita el acompañamiento de sociedades que mejoren ¿cómo hacer compatible el mejoramiento de las empresas si esa sociedad se niega a mejorar y alimenta una justicia corrupta, entidades y políticos corruptos?

Lo que veo es que empresas que tienen una actuación ética se alejan de países que tienen un sistema poco ético, es un proceso natural. No es que Odebrecht va a elegir donde está, pero si Odebrecht va a seguir persistiendo en una actuación más rigurosa y más ética hay países donde no vamos a seguir. Porque hay países donde, desafortunadamente, el sistema va a seguir; es un proceso natural que países íntegros prefieran tener empresas íntegras y que países con más problemas sigan buscando empresas que acepten su accionar. Nosotros no aceptamos más una actuación que no sea bajo la ética, la integridad y la transparencia.

¿Y si hay acuerdo, volverán al Ecuador?

Yo veo ataques al procurador, a la fiscal y yo me siento cómodo con ellos porque creo que han hecho las cosas bien. Se ha intentado golpear a estas personas. Y se ha hablado mucho que Odebrecht busca este acuerdo para volver al Ecuador. El enfoque de la empresa está en una reparación. Hoy, nosotros no nos enfocamos en una operación en Ecuador, ni creemos que se deba formar un acuerdo para seguir operando en Ecuador, porque ningún gobierno puede comprometerse con eso. Lo que disponen los tratados internacionales es que si una empresa cumple con los requisitos debe seguir viva, y seguir viva es diferente a tener proyectos y eso es permitir que la empresa que reconoció sus errores, cooperó con la justicia, sacó a sus ejecutivos, hizo los cambios necesarios en su gobierno corporativo y trató de reparar los daños, debe tener el derecho de existir para participar en una licitación, pero eso es un asunto técnico, es precio y es hasta voluntad de una sociedad de tener o no a esta empresa. Nosotros no estamos en esta discusión. La discusión es que la empresa está buscando cerrar los temas jurídicos en todos los países. Acá tenemos una historia mala pero también buena y quisiéramos volver a operar, pero este ahora no es nuestro enfoque; nuestra estructura en Ecuador es de quince personas, para tratar esos pasivos y tener el mejor tratamiento para cada uno de ellos. Hicimos muchos cambios, por ejemplo el color rojo lo sacamos pero la empresa sigue llamándose Odebrecht, porque no es nuestra intención poner la basura debajo de las alfombras. Nosotros vamos a intentar, hasta donde sea, limpiar nuestro nombre. 

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