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20 de Junio del 2016
Historias
Lectura: 11 minutos
20 de Junio del 2016
Desirée Yépez

Periodista. Ha escrito para Revista Vanguardia, La Barra Espaciadora, Diario El Comercio y revista Plan V.

Gabriela Minjares: “nos han acusado de lucrar con los homicidios de nuestros colegas”

Foto: Desirée Yépez

Gabriela Minjares es editora de El Diario, de Ciudad Juárez. Es dirigente de la Red de Periodistas de Juárez, conformada para luchar contra la violencia e impunidad en los asesinatos y agresiones al gremio.

 

La periodista y editora de la unidad de Investigación de El Diario de Juárez conversó con Plan V sobre los retos de hacer periodismo en uno de los países más hostiles para el oficio. En el periódico en donde trabaja hace 20 años, dos periodistas ya perdieron la vida, víctimas de la ola de violencia que los acecha.

México es el país más mortífero de América Latina para ser periodista. Eso concluyó la Clasificación mundial de la libertad de prensa 2015, realizada por la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF). Los asesinatos, secuestros, agresiones y amenazas se multiplicaron en una ola de violencia, fenómeno que degeneró en mayor temor y autocensura. Años antes, entre 2009 y 2012, Ciudad Juárez, al norte del país, se convirtió en la urbe más peligrosa del mundo, asolada por la guerra del narcotráfico. En ese contexto, desde hace 20 años Gabriela Minjares se desempeña como periodista y editora de la unidad de investigación de El Diario de Juárez. Fue participante del Congreso Mundial de Medios Informativos, que tuvo lugar en Cartagena, entre el 12 y el 14 de junio.  Habla para Plan V de cómo burlar la muerte, mientras se ejerce el oficio.

De acuerdo a las cifras, 1 de cada 3 periodistas asesinados en América vivía en México, siendo ese el país más peligroso del continente para ejercer el oficio. ¿Por qué seguir haciendo periodismo en ese contexto?

Estamos convencidos de que el periodismo realmente puede hacer que la sociedad funcione. Abandonarlo sería como claudicar a vivir en un estado de derecho, de paz. Personalmente, tengo la convicción absoluta de que, bajo ninguna condición, debemos dar ni un paso atrás. La información es un bien público, y bajo esa premisa, tenemos que seguir con el periodismo, bajo cualquier condición adversa.

" Estamos convencidos de que el periodismo realmente puede hacer que la sociedad funcione. Abandonarlo sería como claudicar a vivir en un estado de derecho, de paz".

¿Merece la pena arriesgar la vida por esto?

Es bien complejo. Creo que lo hacemos… El miedo es implícito cuando hay condiciones de impunidad, sin embargo, hay que sobreponerse porque si no el miedo te vence, te puede paralizar y sesgar. Creo que sí merece la pena, de lo contrario no estaríamos ejerciéndolo. Particularmente, sí he tenido miedo y sigo teniendo miedo frente a las condiciones de impunidad en que permanecen desde las agresiones mínimas-golpes, acoso y amenazas-, hasta la máxima que es perder la vida. Pero sí, sí vale la pena seguir en esto.

¿Cómo no convertirse en un mártir en un escenario tan complicado?

Esa es la línea más delgada. Hay que mantener los pies en la tierra y decir “soy periodista, no activista”. Ese es el factor fundamental. Confieso que esa ha sido una de las grandes críticas para el Diario de Juárez. Se ha dicho que el periódico estaba lucrando con los homicidios de nuestros colegas, el primero de Armando Rodríguez ‘El  Choco’ (2008) y luego el de Luis Carlos Santiago Orozco (2010).

Los periodistas nos hemos convertido en mártires cuando no hay una conciencia clara de que lo que defendemos es la libertad de expresión, porque socialmente la gente no lo dimensiona. Si no se lo dimensiona, es fácil que te etiqueten como un mártir. Creo que hay que ser autocrítico y evitar esas grandes tentaciones en que se puede caer e irse al otro extremo y martirizarse.

Siendo Ciudad Juárez uno de los escenarios más conflictivos en México, ¿cómo se hace periodismo, cómo es un día cotidiano en una redacción?

Ha cambiado mucho porque cuando empieza la violencia las condiciones económicas no estaban tan graves. La violencia empieza a resentirse a fines de 2006, tengo claridad que fue en ese entonces por un episodio personal y doloroso.  El 3 de noviembre de ese año, antes de que entrara el Gobierno de Felipe Calderón, mi sobrino fue víctima de un homicidio, lo mataron en la noche. Al día siguiente, fui la encargada de recuperar su cuerpo y del seguimiento a la investigación. Esa mañana estuve en la Fiscalía y escuché al encargado de la Unidad de Homicidios: “tenemos muchos muertos, ya son muchos los casos”. Un día antes del asesinato de mi sobrino hubo siete muertos, la noche del 3 de noviembre fueron 11.

En ese momento empecé a documentar numéricamente los homicidios. En 2008 hay un repunte mayúsculo, pero la economía de la ciudad, en medio de la guerra, todavía funcionaba. En 2010 hubo el clímax de la violencia, sin embargo, teníamos redacciones sólidas pues había mucho trabajo por cubrir, los medios no despedían periodistas porque había ingresos y demanda informativa a escala nacional e internacional. La mayor crisis, en términos de medios y cobertura, vino después. A partir de 2011, los indicadores de violencia bajan, en 2015 hubo mucho menos homicidios, pero en lo que va de 2016 la tendencia va al alza de nuevo, pero ahora tenemos redacciones más débiles. En 2008, en El Diario de Juárez, el periódico más grande del estado, éramos 30 reporteros en calle, ahora somos 14, justamente por el impacto económico que tuvo la violencia. En los picos de violencia muchas veces no pudimos cubrir la problemática desde todos sus espectros. Sucede que la persona que cubría policial, llegó a tener 30 homicidios en un día, no podía con más… La violencia atravesó todas las áreas, la academia, transporte público, salud, escuelas, iglesias.

Dijo que aproximadamente desde 2006 comenzó a documentar los casos de violencia. ¿Hasta la fecha, cuántos ha registrado?

Al momento, en la década entre 2006 y 2016 hay más de 12300 casos.

Mencionó que esos homicidios no deben quedarse en cifras, sino conocer las historias que los contextualizan. ¿Cómo?

Ese fue uno de los grandes retos a los que, dadas las condiciones, nos enfrentamos. Yo quería hacer esa gran diferencia entre lo que son las víctimas de feminicidio, del narcotráfico, los sobrevivientes. Me encontré con que las mamás o los papás de las mujeres asesinadas hablaban abiertamente al respecto, nos buscaban para encontrar los restos de sus hijas, pero con las víctimas del narcotráfico había un gran estigma por el contexto en que morían. Sus familiares no querían acercarse a los medios por miedo a que se los etiquete como ‘narco’, muchos sí lo hicieron. Nosotros, en El Diario, hicimos una investigación compleja. Partimos de una base de datos en donde analizamos dónde se concentraban la mayoría de los crímenes e identificamos una zona en particular. Luego se identificó en dónde se concentró la mayoría de las detenciones. Después quiénes eran los principales detenidos… Así se vio que respondían a un cártel en particular y dimensionamos que no era solamente una guerra de cárteles, sino que habían intereses y protección por parte del Estado a uno de esos grupos. Desafortunadamente no hemos podido visibilizar la identidad y el rostro de cada una de esas víctimas para que no se quede en número. Ese es el gran reto que tenemos, porque ahora hay una cerrazón en términos de transparencia desde las autoridades.

El Gobierno Federal ha dicho que no declaró la guerra al narcotráfico, sino que era un combate al crimen organizado. Eso es mentira.

Dos periodistas del Diario de Juárez fueron asesinados. ¿Actualmente manejan protocolos para que casos así no se repliquen?

Al interior del periódico sí. Cuando ocurrió el homicidio de Armando Rodríguez ya todos contábamos con equipo de comunicación telefónica en red, era una especie de seguridad. Luego de esa muerte se definió que no pelearíamos por las exclusivas, no seríamos los primeros en llegar a una escena de crimen por el peligro que implica. Hay zonas en las que acordamos que ni un reportero ni fotógrafo iría, a menos de que vaya acompañado de un grupo con más periodistas. En 2010, tras la muerte de Luis Carlos Santiago, se tomaron más medidas: siempre portar el gafete de identificación, usar chalecos de prensa. El Centro Histórico de Juárez es un sitio negado para los periodistas porque ahí opera la médula del crimen organizado, desde quienes cruzan a los migrantes, la piratería, venta de droga, bares, prostitución…

¿A quién atribuirle esta guerra?

El Gobierno Federal ha dicho que no declaró la guerra al narcotráfico, sino que era un combate al crimen organizado. Eso es mentira. Está plenamente documentado que se habló de una guerra contra el narcotráfico, pero lo que la historia y los hechos nos dejan ver es que hubo un interés de que un cártel tomara la plaza. Sostengo y creo que sí hubo parcialidad y complicidad de parte del Gobierno, una enorme corrupción, la policía estaba infiltrada por el crimen organizado y en ese contexto quedamos todos… A los periodistas nos veían con desconfianza no solamente los policías, sino el Gobierno, los militares. Incluso, como sociedad nos culparon a los juarenses de ser tolerantes al narco y de haberles permitido crecer. Luego la sociedad se cansó de esta revictimización, se empoderó y se formó un movimiento de mayor fortaleza que obliga a actuar al Estado y ahí cambia un tanto la política, y se destina un poco más a la inversión social. Se hizo una inversión millonaria en la ciudad y al final de cuentas seguimos con rezagos de la corrupción y un desastre urbano que no cesa.

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