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12 de Julio del 2016
Historias
Lectura: 35 minutos
12 de Julio del 2016
Redacción Plan V
Gustavo Isch: "en estas elecciones, el miedo es el jefe de campaña"

Fotos: Luis Argüello

Para Gustavo Isch, el miedo a la derrota electoral ronda tanto en el oficialismo cuanto en la oposición. 

 

El consultor político Gustavo Isch, titular de Estratégika Comunicaciones, hace un recuento de su participación de la enciclopédica "Consultoría Política", donde se recogen experiencias y reflexiones de 150 profesionales del marketing político de 16 países. Habla de lo que es la comunicación política en Ecuador y cómo aterriza esta en la inminente contienda electoral para febrero del 2017.

 

Gustavo Isch

Consultor político ecuatoriano,  ha participado en varias campañas en el Ecuador y en el exterior. 

Consultoría Política es un libro trabajado durante tres años y medio. La idea nació de los académicos y los técnicos que encabezan el Centro Internacional de Gobierno y Marketing Político, con sede en Madrid, y la universidad Camilo José Cela. En algún momento ellos se preguntaron: si se publicase un nuevo libro sobre la consultoría política, ¿qué debiera contener este? Porque hay muchos y muy buenos. La respuesta fue: todo. Para hacer un libro tan ambicioso y con ese enfoque, había que plantearse una serie de preguntas. ¿Cuáles preguntas? Lo que todo consultor político debería saber sobre el tema que le corresponde. Resolvieron preguntarse todo. Y elaboraron una lista de preguntas gigantesca. Entonces empezó un trabajo descomunal. Porque los editores lograron que más del 60% del libro sea de autoría de consultores políticos activos. El resto se reparten entre académicos y políticos en altas funciones públicas o retirados.

El Consultoría Política se complementan sus visiones, pero no es un compendio de artículos. En el libro están las definiciones modernas de lo que es el marketing político, la consultoría política, cuáles son sus componentes, las encuestas, los debates... todo lo que refleja el crecimiento exponencial y profesional de la consultoría política en el mundo.  Este libro sirve para el curriculum universitario y sirve como manual a la vez. Ha sido calificado por expertos como un referente en esa materia.

Así define Gustavo Isch el libro en el cual ha participado junto a más de 150 consultores de 16 países de América Latina, Estados Unidos y España. En el Ecuador se consideró la participación de Jaime Durán, Santiago Nieto, Alfredo Dávalos, Leonardo Laso, Santiago Pérez... La idea era intercambiar las distintas voces que se han posicionado en cada uno de los países. 

Isch cuenta su experiencia en esta megaobra y lo que la consultorñia polítca profesional mira para las lecciones para el Ecuador, un país que en pocos meses entrará de lleno en una campaña electoral que determinará su futuro. 

¿En que consiste la modernización del marketing político?

El libro contiene experiencias en el terreno, que han sido transmitidas por los consultores, académicos, periodistas y políticos. Están planteadas algunas novedades. Por ejemplo el neuromarketing, las redes sociales, los movimientos sociales. Y cómo se han involucrado, al menos estas tres, en el curso de campañas electorales o de crisis pública y privada. Ahí se define la diferencia con el marketing comercial. No es de la misma naturaleza. 

La publicación reúne los criterios y experiencias de varios consultores del continente. 

¿Es markenting, consultoría o comunicación política?

Yo he defendido hablar mejor de comunicación política. No me gusta el término marketing, pero está ligado a sus orígenes, en Estados Unidos, y deviene del marketing comercial. Se cree, equivocadamente, que con el recetario del marketing comercial, más o menos aplicado a una realidad social, se pueden aplicar las mismas estrategias a través de los mismos instrumentos con ligeras variaciones y tener el éxito deseado. Ese es un error, no se venden candidatos, se venden proyectos. Un producto de consumo se vende para satisfacer necesidades reales o creadas. Cuando se lanza al mercado un producto que no cumple con las características para las que fue creado, al que se afecta es al consumidor. Pero en la política, lo que se está tratando de "vender" es una propuesta, un proyecto que tiene incidencia en la vida de la gente. Que puede cambiar la situación de un país por completo. De modo que está ligado a las ideas y a los ideales de las personas. Las personas no deben ser consideradas solo como electores, sino como ciudadanos. Es una diferencia fundamental.

Es decir, personas con criterio propio. ¿Respetar al ciudadano?

Exacto. Entonces, si "el producto político"  traiciona la propuesta por la cual fue votado, si es que ejerce un mal gobierno, crea una disrrupción en la institucionalidad política, afecta la democracia, genera una serie de problemas en el tejido social,  de modo que el impacto que deviene de eso es mucho mayor al que pueda generar un mal producto desde la perspectiva del marketing comercial. Por eso no se debiera situar en los mismos términos. 

¿Qué es lo que has aprendido con este libro?

Siempre regresas a mirar a tu realidad. Creo que una de las cosas más interesantes de esta experiencia es constatar la profesionalización que ha alcanzado la consultoría política, en muchos países y entre ellos el Ecuador. Cuando presentamos el libro en Quito, Ralph Murphine, que es una leyenda viva de  la consultoría política, decía que se siente muy complacido del avance que la consultoría política ha llegado a tener en el Ecuador. Somos, prácticamente, cabeza de la consultoría política en toda la región. 

"Cuando presentamos el libro en Quito, Ralph Murphine, que es una leyenda viva de  la consultoría política, decía que se siente muy complacido del avance que la consultoría política ha llegado a tener en el Ecuador. Somos, prácticamente, cabeza de la consultoría política en toda la región".

¿Y eso por qué ha sucedido?

Porque hay una ligazón permanente entre la comunicación y la política. Y el desarrollo de los elementos de la comunicación, la participación de la sociedad a través de los medios, no solo tradicionales sino de las redes sociales, la expresión de la gente en las calles de manera casi espontánea frente a algunas situaciones críticas, ha empujado a que las estrategias de los políticos tengan que ser manejadas de una manera, también, más profesional. Visto desde otro lado, lo que es de lamentar, cuando uno compara lo que ha ocurrido en algunos lugares con lo que nos está ocurriendo a nosotros, es que no hay un mismo nivel de desarrollo en el país de lo que es la consultoría política frente al de la política y los políticos.  Si vemos lo que va a ocurrir en las próximas elecciones en el Ecuador vemos que en estos diez años políticamente no hemos avanzado nada. Prácticamente nos vamos a enfrentar a las mismas organizaciones, a los mismos personajes. Los nuevos políticos no han dado la talla y aún no la dan frente a lo que la demanda social habría esperado. Si la novedad es Correa o el correísmo, esta no es ninguna tendencia, no hay doctrina alguna detrás. Es, quizás, una personalidad o nuevo caudillo, rodeado de muy pocas personas que ejercen el gobierno y que repiten las mismas prácticas que ellos mismos condenaron y contra las cuales llegaron al poder hace diez años. 

"El correísmo es una personalidad o nuevo caudillo, rodeado de muy pocas personas que ejercen el gobierno y que repiten las mismas prácticas que ellos mismos condenaron y contra las cuales llegaron al poder hace diez años".

Pero hay una enorme diferencia. Este gobierno ha obtenido éxitos en el tema de la comunicación y la propaganda políticas. Nunca antes habíamos tenido algo tan sistemático y perseverante contra enemigos políticos y a favor suyo. 

Sin duda. Cuando empezó este gobierno estuvo con la asesoría de internacional y nacional de varios conocedores del tema. El único antecedente que había antes en el tema de asesoría política es el que encontramos en la campaña de León Febres Coredero frente a Rodrigo Borja. Ahí Febres Cordero tuvo la asesoría del colombiano Lombana, de Mario Algarresta. Y Rodrigo Borja fue el que menos asesoría tuvo. El debate fue un punto clave para definir el voto de muchas personas a partir de una estrategia de comunicación en ese momento. A partir de ahí hay en el país un desarrollo lento pero sostenido de la consultoría política. Casi al mismo tiempo que lo que ocurría en otros países. Argentina vivió un proceso más rápido. Correa viene y empieza con una campaña diseñada técnicamente. Nosotros escribimos un libro, que se publicó en el 2012, en relación al manejo técnico de la estrategia de comunicación política del gobierno de la revolución ciudadana. Era evidente que estábamos accediendo a un nuevo momento en el ejercicio de la comunicación política. No era magia, no lo es: es técnica. Técnica con recursos, con un buen "producto" y con decisión política para hacerlo. Se entendió que la comunicación no podía ser la última rueda del coche en el ejercicio de la gestión pública, que la comunicación era un eje transcendental, como venía ocurriendo en otros países. 

"Correa entendió que la comunicación no podía ser la última rueda del coche en el ejercicio de la gestión pública, que la comunicación era un eje transcendental, como venía ocurriendo en otros países".

Pero si dices que luego de diez años nos enfrentamos a los mismos personajes políticos, las mismas agrupaciones, ¿también tenemos a los mismos encuestadores y consultores políticos con las mismas estrategias?

No, lo que veo es un posicionamiento de estrategas o consultores que son más exitosos que otros. Incluso hay programas académicos en dos universidades del país que están generando una interesante camada de nuevos consultores. El hecho es que la política en el país no se ha  profesionalizado. Un consultor político puede, sobre la base de lo que tiene, hacer planteamientos, sugerencias, diseñar estrategias, sobre las que finalmente decide el político. Es increíble como todavía se regatea el tema de la asesoría política en candidaturas donde debiera ser tratado de una manera distinta. Hay muchos políticos que confían todavía en su "instinto", en su "olfato" en las "encuestas de carne y hueso". El consultor no puede dar al político más de lo que este está en capacidad y en disposición de asumir y ejecutar. La responsabilidad del consultor termina cuando la investigación arroja los datos, cuando se diseñan las estrategias, cuando se hacen algunos análisis, algunas simulaciones, y se indica al político lo que debería hacer. Pero si el político no hace lo que recomienda la técnica, ya es una responsabilidad estrictamente suya. Ahora, hay un dato adicional. Ya las encuestas, que eran utilizadas anteriormente de una manera inocua, con las cuales se informaba de la situación de una sociedad o de un electorado, empezaron a ser usadas como armas de campaña. Y la gente dejó de ser ingenua. Ahora, el margen de error de todas las encuestas está superditado a la credibilidad de los encuestadores. La ciudadanía, los políticos y los consultores sabemos que no todo lo que se muestra públicamente y que circula de parte de encuestadoras, es o refleja exactamente el estado de la situación en ese momento. Por eso hay muchas encuestas que se desarrollan simultáneamente por cuerda separada de las que se difunden. Con eso nosotros tenemos una visión mucho más compleja y completa de lo que realmente está ocurriendo. 

¿Se engaña al público, entonces?

Los políticos pueden usar, en algún momento, información que poseen, y los consultores también para, estratégicamente, en función de sus objetivos y de sus metas, decir lo que quieran decir y callar lo que crean que es prudente callar. Una de las cosas fundamentales que marcó la elaboración de este libro, Consultoría Política,  es el hecho de que la consultoría política tiene una responsabilidad social fundamental, y que debe remarcar muchísimo en la ética de los consultores.  Pero los consultores no somos los candidatos. No somos los que ejercemos la administración pública.  Si la información que producimos y las estrategias que se desarrollan son mal utilizadas, siendo neutra la consultoría política se vuelve un insumo muy peligroso en las manos equivocadas. 

"Los políticos pueden usar, en algún momento, información que poseen, y los consultores también para, estratégicamente, en función de sus objetivos y de sus metas, decir lo que quieran decir y callar lo que crean que es prudente callar".

Tu especialidad, la estrategia de comunicación en crisis, está al parecer muy en boga en el Ecuador y en otros países: es decir, antes tenías una crisis política con consecuencias comunicacionales de modo esporádico, ahora es de todos los días...

No recuerdo un día de mi ejercicio profesional, y en esto vengo trabajando desde 1990, en el cual el Ecuador no haya amanecido con al menos dos noticias de crisis política cada semana. También otras situadas en el campo de la empresa privada. Ahí es importante el rol de la prensa. La prensa siempre ha estado investigando, recibiendo o emitiendo información sobre lo que ocurría o dejaba de ocurrir o lo que debería haber ocurrido en la administración pública desde la perspectiva de los ciudadanos; temas militares, situaciones internacionales que impactaban en los negocios. Quito, además, es un centro neurálgico de comunicación. Hay una densidad muy compleja y diversa en temas de comunicación. Aquí están la Presidencia, la Vicepresidencia, el Parlamento, la Alcaldía, que es como un país pequeño, la oposición, la cultura, los grandes negocios del Estado. Es decir, todos los sujetos de comunicación que en algún momento querían, o no querían, ser parte de una noticia. A veces amanecían y estaban en una primera plana y no sabían que había pasado.  Y no eran noticias positivas, entonces se desataba primero un conflicto y luego una crisis. Luego las cosas se fueron complicando, porque hay una gran participación en redes y acceso a la información que es más abierto por parte de la ciudadanía. A sabiendas de las ventajas y límites de la prensa, radio y televisión, la irrupción de las redes sociales en el escenario del debate de ideas es fundamental para marcar un cambio de lógica y de dinámica. Ahora los ciudadanos se informan muchísimo a través de las redes sociales. Los mismos medios de comunicación tienen que colgarse de las redes sociales para trasmitir su información, y un político que no esté en redes sociales prácticamente no existe. Pero lo que ofrecen las redes sociales es, además, un espacio enorme para que la gente exprese lo que siente, lo que percibe, lo que cree, independientemente de que sea cierto, adecuado, justo o simpático. Hay un espacio abierto ahí para que la gente diga lo que cree que debe decir.  Y eso, para los políticos, implica crisis.  

¿Qué tan a la altura están los políticos ecuatorianos, no solo de estas nuevas formas de comunicación sino de las nuevas sensibilidades sociales que estas redes expresan: el medioambiente, los derechos de los animales, los derechos de las comunidades GLBTI...?¿Cómo puede un político con valores reaccionarios y premodernos montarse en esas redes, con qué contenidos?

Salvo un par de excepciones, hay un uso instrumental y precario de las redes sociales por parte de los políticos. Se las está utilizando como un espacio en el cual "deben estar", y si no sienten que desaparecen. Los políticos están acostumbrados a hacer política a través del reino de la imagen, o sea la televisión. En comunicación, un político que no esté en medios se vuelve inexistente. Muchos dejaron de hacer trabajo en la calle, abandonaron el contacto directo con los ciudadanos.  Quienes se han dado cuenta de la importancia de las redes sociales virtuales, lo que hacen es contratar un grupo de expertos que conozca cómo se debe operar para posicionar un mensaje. Pero eso no necesariamente da al político el rédito que cree que está obteniendo. Conozco políticos que en las movilizaciones del año pasado en Quito no fueron capaces de llevar a doscientas personas al parque de El Arbolito, y pretenden ser binomios presidenciales porque dicen que tienen 120 mil likes en su página personal. 

"Conozco políticos que en las movilizaciones del año pasado en Quito no fueron capaces de llevar a doscientas personas al parque de El Arbolito, y pretenden ser binomios presidenciales porque dicen que tienen 120 mil likes en su página personal".

¿No es lo mismo?

Para nada, de hecho se compran esas cifras en las redes sociales. Se ubica un target cercano a lo que el político manifiesta y que alguien ponga un like en algo que el político dice no quiere decir que esa persona esté ni comprometida ni plenamente identificada con ese político. Simplemente es un espacio en el cual, muchas veces, la vanidad del político se ve reflejada en función de los likes que obtiene en la comunidad virtual. Hay la incapacidad manifiesta de generar empatía en el terreno, con la ciudadanía, con los sectores que lideran los movimientos sociales o representan las sensibilidades sociales. Los políticos deben vincularse a esas temáticas no por conveniencia sino por convencimiento. En esto tienes un constante choque entre visiones autoritarias, patriarcales, cavernarias de políticos ecuatorianos con lo que está ocurriendo en todo el mundo, y el Ecuador es parte del mundo, con nuevas visiones, perspectivas, necesidades, muchas de ellas empujadas por los jóvenes para entender la realidad en la que viven.  

Los jóvenes, suena a marcianos para los políticos ecuatorianos...

En estas elecciones los jóvenes van a ser determinantes. Son alrededor del cincuenta por ciento de los votantes. Y están vinculados masivamente al sector de votantes indecisos. Todos esos sectores vitales no son tomados en cuenta. Cuando habían protestas sociales en este país, los jóvenes eran percibidos como una fuerza vital de la movilización y la conciencia social. Eran capaces de irradiar esa energía, esa vitalidad, esa capacidad de cuestionamiento al resto de la sociedad y al resto de grupos contestatarios. El Estado no podía contra los jóvenes, y ahora la política del Estado es o becarlos o encarcelarlos. Es dramático, y se obra de ese modo creyendo que la juventud no se percata ni se da cuenta de lo que está ocurriendo ni ve lo que pasa en el mundo y contrasta con lo que ocurre en el país. 

¿Pero son solo los jóvenes a los que le pasa esto o es también a otros sectores sociales?

Hay un maltrato generalizado por parte de los políticos a la sociedad. Es el tema de ver a la ciudadanía como electores y no como personas. Pero hay que matizar varias cosas. No es que los movimientos sociales sean la panacea. No es que ahí pase todo lo bueno y los partidos políticos sigan satanizados. Yo creo que fue un error de este tiempo y que fue inducido y muy bien vendido por la propaganda de este gobierno. Los movimientos sociales tienen límites en este y en cualquier país del mundo. Límites de capacidad organizativa, de recursos, de movilización. Tienen tanta diversidad de visiones y perspectivas, que tienden a desmovilizarse rápidamente. Como ha ocurrido en varios países y aquí también. Y luego los analistas dicen que la venida del Papa desmovilizó las protestas. No fue eso. Creo que los partidos políticos y los políticos profesionales son sumamente necesarios. Pero deben ser calificados éticamente, formados administrativamente de una manera irreprochable. Los partidos políticos y los políticos no pueden ser reemplazados por los movimientos sociales, donde también hay sectarismo, mezquindad, intereses personales, choques y conflictos internos que no pueden ser administrados adecuadamente. Hay que entender que son el complemento de cada cual.

"Los partidos políticos y los políticos no pueden ser reemplazados por los movimientos sociales, donde también hay sectarismo, mezquindad, intereses personales, choques y conflictos internos que no pueden ser administrados adecuadamente".

¿Cómo ves las perspectivas y los escenarios de esta precampaña electoral? ¿Cómo ves a la oposición, al gobierno?

Hay que hacer un ejercicio basados en dos enfoques. Miremos primero el escenario, que tiende a clarificarse.  En el escenario tenemos el correísmo enfrentado a todo el mundo. Todo el mundo, por ahora, es la derecha con dos candidaturas fuertes: Guillermo Lasso y Cynthia Viteri. Tenemos a la izquierda que está haciendo grandes esfuerzos por unificarse y dando muestras de una apertura encomiable, en el sentido de que años atrás habría sido impensable que la izquierda busque la manera de unirse al centro político, para tener una posibilidad de competir electoralmente con mayores posibilidades. Creo que si esta tendencia, la izquierda y centroizquierda, logra cuajar, habrá una mayor capacidad de enfrentar al correísmo en las próximas elecciones. Esto en el escenario, ahora, hay que mirar a los actores dentro de ese escenario. El correísmo tiene algunas ventajas, pero también desventajas. Va a entrar en campaña y desarrollarla marcado por una crisis económica bárbara, que, según dicen los analistas, tiene más posibilidades de crecer que de ser contenida. El correísmo no tiene un solo candidato, tiene tres candidatos y esto no es por democracia interna sino porque, después de diez años, ya no tienen la seguridad de ganar con uno de los tres. En su orden son: Lenin Moreno, Jorge Glas y Rafael Correa. La puesta en escena de estas tres opciones ha evidenciado que han serias diferencias y debilidades en el interior de Alianza Pais. Sin embargo tienen ventajas: controlan el Estado, tienen recursos, han estado diez años en campaña de comunicación permanente pero que, desde la perspectiva técnica, ya llegó a un tope y no da más. Comunicacionalmente la estrategia se agotó. 

¿No es posible que se reinventen?

¿Y qué más dicen? El límite se ve en el contenido, se ve en la forma en que, luego de las elecciones de febrero -las cuales perdieron- no han logrado superar la estrategia de comunicación que habían desarrollado con éxito años antes. Vienen desde entonces moliendo y repitiendo los mismos temas, los mismos recursos comunicacionales, los mismos niveles de confrontación. Ya no tienen resultados. Creo que esta campaña tiene a la crisis económica como un gran elector, pero creo que el miedo es el jefe de campaña.  El miedo del correísmo a perder las elecciones, el miedo de la oposición a que el correísmo vuelva a ganar,  el miedo de la sociedad, los electores, y las familias ecuatorianas a no poder superar la  crisis económica, y por ese miedo es que Alianza Pais tiene tres candidatos, no por fortaleza, sino porque su debilidad es tal que con ninguno tiene una garantía de triunfo.

¿Y Lenin Moreno?

Es una candidatura que va a la baja, sostenida  y rápidamente. Cuando se anunciaba la posibilidad de que  Moreno sea candidato independiente, tenía el 67% de la intención de voto.  Eso fue hasta diciembre del año pasado. Hay datos de encuestas que señalan que, luego de que confirmó su lealtad absoluta con el régimen y con Alianza Pais, esas cifras ahora no llegan al 30% y su imagen sigue bajando. 

¿Y del otro lado?

Tienes una candidatura de Guillermo Lasso, que no logra prender en la ciudadanía. 

El consultor defiende el rol de los partidos políticos en la sociedad democrática. 

¿Por qué? Lleva una campaña sostenida y de muchos recursos por varios años, se ha reinventado de varias maneras, tiene una buena estructura política, pero no logra empatar emocionalmente con la gente, no hace click...

Él tiene un problema serio de carisma. Enfrentar un proceso político sin carisma, con personajes carismáticos como Rafael Correa o Lenin Moreno es muy difícil. Es mucho más fácil hacerlo contra un candidato como Jorge Glas que tiene un carisma de cero tendiendo a la baja.  Y aunque eso para muchos parezca irrelevante, en cuestiones electorales es muy interesante.  Sabiendo que el voto es eminentemente emocional, la reacción que tienen los ciudadanos frente a los personajes que se les plantan al frente para decirles que les van a solucionar la vida, es previsible. Si no logras establecer empatía, confianza, credibilidad, ese link no funciona. Y si alguien está planteado algo similar a ese candidato y tiene un mejor carisma, el votante indeciso, que no está vinculado ideológicamente a una tienda política, toma la opción del carisma. Pero tampoco es ese el elemento fundamental. Creo que la de Lasso es una campaña que sigue un recetario que choca con la realidad cambiante del país. Es una campaña que no logra cuajar en Quito y curiosamente Lasso se jacta de que en la capital tiene más simpatías que en Guayaquil.  Estamos hablando, a estas alturas, de una seria debilidad. Pero, de hecho, creo que ningún precandidato ha logrado todavía anclar en Quito. Creo que en Quito se va a dar la gran batalla de las próximas elecciones. Es una plaza fundamental, porque el resto de ciudades está más o menos ubicado en la contienda, pero Quito, me parece, va a ser la plaza donde se van a definir las próximas elecciones. Y no hay un solo candidato hasta ahora que logra capitalizar eso, a menos que surja el esperado candidato de la centro izquierda  y lo logre siendo una figura aglutinadora.  

Pero hay el otro sector de la derecha, con Viteri, que tiene algún respaldo en la capital.

Con la candidatura de Cynthia Viteri sale cuando se había pensado y creído, durante mucho tiempo, que Nebot iba a ser el candidato. La sola idea de que Nebot podía haber sido el candidato y ahora es la señora Viteri afecta directamente a Guillermo Lasso. Es una candidatura que afecta a la derecha.  Ahí lo que se ve es una suprema habilidad política de Nebot. Porque sin ser candidato pone una candidata, que es la más fuerte del sector llamado de la Unidad. Bloquea y hasta anula a otras opciones pues no tienen un candidato que pueda competir ni siquiera con Viteri, peor con Nebot. Eso les da ventajas de cara a la negociación de las candidaturas para la Asamblea, obliga al prefecto Carrasco a sacudirse. En esa movida se ve inteligencia estratégica. 

"La sola idea de que Nebot podía haber sido el candidato y ahora es la señora Viteri afecta directamente a Guillermo Lasso. Es una candidatura que afecta a la derecha.  Ahí lo que se ve es una suprema habilidad política de Nebot".

Pero ¿para qué? ¿Para afectar a Lasso nada más?

Ahí hay un tema. Tienes dos liderazgos en la derecha: el de Nebot, que nunca llegó a ser un liderazgo nacional, y Lasso, que pretende ser nacional, que ya participó en elecciones pero participó ocupando un espacio en el cual no estaba Jaime Nebot. No es que Lasso haya llegado a ser el candidato de la tendencia de derecha en el país. Simplemente ocupó un espacio que había abandonado el líder más fuerte de la tendencia. Y eso no ha podido ser superado durante este tiempo. Lasso ha levantado una estructura interesante en todo el país. Pero eso no siempre garantiza tener los votos en la campaña electoral. Veo que, de todos modos, todos los candidatos están cometiendo un error de partida: viven, respiran y operan en función de lo que haga o deje de hacer el presidente Rafael Correa. Me parece un error de bulto en estas elecciones. El timing electoral es una de las ventajas del oficialismo y ya está operando en contra de la oposición. Porque para ganar una elección, primero tienes que estar convencido de que puedes hacerlo.  Si quieres encabezar una campaña electoral tienes que estar convencido de que eres la persona adecuada. Pero si entras a una campaña pensando que la figura de Lenin Moreno es inderrotable o que si se vuelve a lanzar Correa será muy difícil ganar porque él tiene la institucionalidad controlada estamos hablando de candidatos y estructuras políticas que van a tener el resultado que se merecen. Creo que a estas alturas deberían ya salir de esa visión derrotista y abrazar con la decisión que corresponde la necesidad y la posibilidad de ofrecer una alternativa de poder político. 

Pero si no actúas en función de lo que diga, haga o deje de hacer el presidente Correa estás también como fuera de la realidad política, porque él marca la agenda. 

Esa es una cosa, pero otra es depender de lo que él hace o dice o deja de hacer, para tratar de visualizarse. Es no tener inciativa política propia. Peor, es ceder la iniciativa política al otro jugador. Eso es particularmente negativo en estos momentos: los prolegómenos de la campaña electoral. Podías manejarte de una manera reactiva antes de llegar a las actuales circunstancias, y estas son que la gente necesita saber ya cuál es la opción que va ponerse al frente del oficialismo y si esta es una opción creíble y sólida.  A estas alturas ya no cabe un outsider, sino una persona con experiencia, que demuestre liderazgo, con una hoja de vida limpia más allá de los "ataques" que pueda sufrir en la campaña electoral. Tiene que ser una figura que convenza y que pueda aglutinar, integrar.

¿Y que termine por derrotar al miedo como jefe de campaña?

Sin duda. El seguir siendo reactivos como candidatos o precandidatos demuestra lo que estamos diciendo: pesa el miedo a perder más que la certeza de ganar. Si no vamos a entrar a una campaña con la certeza de ganar para qué entramos. El miedo es un factor que hay que derrotar en la conciencia de los candidatos, de los jefes de las organizaciones políticas, y en la de los ciudadanos. Al igual que Alianza Pais tiene la certeza de que puede ganar, de que tiene candidatos que lo pueden hacer, la oposición debe manejarse con la misma lógica. 

 

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Gustavo Isch: "en estas elecciones, el miedo es el jefe de campaña"
 


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