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1 de Marzo del 2020
Historias
Lectura: 15 minutos
1 de Marzo del 2020
Fermín Vaca Santacruz
"Hay que tomar en cuenta los tiempos reales y políticos en ambos países": Francisco Carrión
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El ex canciller Francisco Carrión retornó al Ecuador tras dos años en la Embajada en Washington. Fotos: Luis Argüello / PlanV

 

El ex canciller cree que el actual Gobierno debió sostener la iniciativa de Unasur, cuya sede estaba establecida en Quito, así como destaca que la amistad personal entre Donald Trump e Ivonne Baki no significa que el presidente norteamericano vaya a renunciar a los intereses de su país. La visita de Lenin Moreno a Washington fue la culminación de un proceso, destaca.

El ex canciller Francisco Carrión Mena está de vuelta. El diplomático, tras un mes de silencio luego de su salida de la Embajada del Ecuador en Washington, conversó con este portal sobre la política exterior del gobierno de Lenin Moreno y la reciente visita al presidente Donald Trump en la Casa Blanca.

Durante dos años, Carrión, quien fue canciller del presidente Alfredo Palacio -gabinete en el que inició su carrera política Rafael Correa- fue embajador del Ecuador en Washington. Nunca supo, afirma, quien recomendó su nombre al presidente Lenin Moreno, con quien mantenía una línea directa, en especial, mientras la ex canciller María Fernanda Espinosa, una conocida crítica de Estados Unidos, ejerció el ministerio de Relaciones Exteriores. 

La salida de Espinosa de esa cartera de Estado, y su reemplazo por el diplomático José Valencia, significaron una luz verde para el acercamiento a Estados Unidos y la recuperación de la confianza entre Quito y Washington.

Pero para diciembre del año pasado, Carrión, quien no estaba de acuerdo con la forma en la que se manejaban algunos aspectos de la relación bilateral -sobre todo la falta de un acuerdo específico para los sobrevuelos de aviones radar de Estados Unidos en territorio ecuatoriano- había pensado en renunciar y se lo anticipó al canciller Valencia. Por ello, entregó personalmente los primeros días de enero, su dimisión en Palacio de Gobierno, aunque, al otro día, el vocero presidencial Juan Sebastián Roldán contó otra versión: que había sido removido de su cargo por el presidente Moreno.

Nunca supo, afirma, quien recomendó su nombre al presidente Lenin Moreno, con quien mantenía una línea directa, en especial, mientras la ex canciller María Fernanda Espinosa, una conocida crítica de Estados Unidos, ejerció el ministerio de Relaciones Exteriores.

Carrión se ha instalado nuevamente en su oficina del norte de Quito, en donde tiene una consultora de temas de política internacional y pueden verse algunos recuerdos de su trayectoria al servicio de la República, como su visita al papa Juan Pablo II, su presentación de cartas credenciales como embajador del Ecuador al rey emérito de España, Juan Carlos o sus discursos en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Como, técnicamente, formó parte de la cuota política, no volvió al Servicio Exterior ecuatoriano y ahora se dedicará nuevamente a actividades privadas y probablemente, a la academia. 

 Estamos entrando en el tramo final de esta administración y se evidencia un claro retorno a la órbita de Estados Unidos y el alejamiento de China y Rusia, países a los que había mirado el correísmo ortodoxo. ¿Qué balance hace de la política exterior de este gobierno?

Hay que tener en cuenta el contexto en el que asumió el poder el presidente Moreno. Él hizo un llamado al diálogo, un cambio de estilo distinto al del presidente Correa. Pero en política exterior se mantuvieron las mismas líneas con la dirección de la Cancillería por parte de la ex canciller Espinosa. Esas líneas eran la cercanía con los países bolivarianos, con Venezuela, Nicaragua y Bolivia, así como la participación en la ALBA. Pero el primer cambio radical tuvo que ver con la relación con Venezuela, en especial desde la llegada del ministro José Valencia. Ahí recién empieza a alinearse la política exterior ecuatoriana con la política interna que llevaba el presidente Moreno. 

¿Entonces había un divorcio entre la política interna y la política exterior?

Sin duda que sí. Por un lado había un llamado interno al diálogo, a la concertación, a la lucha contra la corrupción y la búsqueda de consensos, lo que sin duda es un mérito del presidente Moreno, pero la política exterior seguía la misma línea beligerante de Correa, como se veía en la acción de la ex canciller Espinosa con Nicaragua y Venezuela. 

¿Es el colapso de la Venezuela de Maduro lo que significa el fin de Unasur y de la Alba y crea un clima para que el Ecuador se aparte de esa línea?

Hay que tener en cuenta que la situación económica venezolana nos afecta directamente, como es la emigración venezolana que ha llegado al Ecuador. Eso es determinante en el cambio de la política ecuatoriana sobre Venezuela, así como los pronunciamientos ofensivos también de autoridades de Bolivia y Nicaragua sobre el Ecuador y su presidente. Fue correcto ese cambio en la política exterior, no tengo duda sobre que era una posición insostenible. 

Pero el Gobierno se demoró en tomar la decisión, mientras Colombia trata de "dictadura" a Venezuela siempre que puede, aquí pasaron meses cuidando las palabras, ¿por qué?

Hubo un cambio desde que llega el canciller Valencia. Nos salimos del Alba y de la Unasur, aunque mi criterio es que el Ecuador se equivocó con la salida de Unasur. Debimos ser más proactivos y recuperar algo que ya estaba constituido como un organismo regional con secretaría en Quito. No ha habido un organismo de esas dimensiones con sede en Quito. Yo siempre he defendido Unasur porque es un bloque sólido de 12 países que pudo ser una alternativa regional de enorme utilidad inclusive en el caso venezolano, había que hacer modificaciones al Estatuto de Unasur. 

¿No sentenció a Unasur el hecho de que países como Argentina, Brasil o Colombia la abandonaran?

Sí, pero eso fue un error de esos países. Lo que causó que Unasur se viniera abajo fue que no hubo acuerdo en la elección del secretario general. Argentina, la Argentina de Macri, quiso captar esa posición, mientras fueron colombianos los primeros secretarios. Ni Argentina ni Colombia eran países bolivarianos. Creo que el Ecuador debió conservar a Unasur y mantener su sede, que hubiera sido muy importante en términos geopolíticos y diplomáticos.

¿Que opinión tiene de los coqueteos del Gobierno anterior con Rusia, China o Irán, potencias que son antagónicas a Estados Unidos en la región?

Ese antagonismo no debe importarle al Ecuador, lo que importa son nuestros intereses. Si vendemos flores, banano o atún a China, a Alemania o a Irán, por qué no vamos a tener una buena relación. Yo de cifras económicas y comerciales no estoy al tanto, pero por ejemplo Rusia compra nuestras flores y debemos tener buenas relaciones con ellos. Por ejemplo, la relación entre China y EE.UU. evidencia que una cosa es la relación política y otra la relación comercial. Conversar y hacer negocios con un país diferente a nosotros no es malo. 

El motivo principal de que Unasur se viniera abajo fue que no hubo acuerdo en la elección del secretario general. Argentina, la Argentina de Macri, quiso captar esa posición, mientras fueron colombianos los primeros secretarios. Creo que el Ecuador debió conservar a Unasur y mantener su sede, que hubiera sido muy importante en términos geopolíticos y diplomáticos.

Usted termina una gestión en Estados Unidos en donde se reestableció la confianza con Washington y que ahora ha motivado una visita del presidente Moreno al presidente Trump. ¿Usted dejó planificada esa visita del presidente ecuatoriano?

Lo que puedo decir es que se había hablado del tema, porque hay que tener muy claro que una visita como esa es el resultado de un proceso. Ese proceso se hizo de una manera activa, propositiva y con la aceptación de las dos partes. Antes de que se produzca el encuentro presidencial, vinieron el vicepresidente Mike Pence y el secretario de Estado Mike Pompeo al Ecuador. También hubo dos Consejos de Comercio y de Inversiones (TICs por sus siglas en inglés) para generar las bases de confianza en inversión y comercio. Me alegra como ecuatoriano que como resultado de un encuentro con un presidente de EE.UU. la situación del país mejore y las relaciones se incrementen. 

Un vocero del Palacio de Carondelet dijo que una de las razones de su salida de la Embajada era que buscaban un perfil más comercial en el cargo. El presidente Trump ha mencionado los tratados de comercio con México y Canadá, ¿qué términos debería tener ese tratado comercial?

Lo que se recoge en la declaración conjunta era algo que ya se conocía, el Gobierno norteamericano ya había manifestado esa posición anteriomente al vicepresidente Otto Sonneholzner y al ministro Iván Ontaneda en sus visitas a EE.UU. El Gobierno de ese país había señalado que debemos hacer la tarea de elaborar una propuesta que tenga presentes los elementos que EE.UU. está dispuesto a aceptar conforme al acuerdo con Canadá y México. Conozco que en el Ministerio de Comercio Exterior se estaba trabajando en eso, pero se debe acelerar. Hay que tomar en cuenta los tiempos reales y los políticos tanto en Ecuador cuanto en EE.UU. En este último año, el presidente Trump sin duda estará más preocupado en la política doméstica y el presidente Moreno de los problemas que se presentan a diario en lo social, político y económico. 

¿Debió el Gobierno hablar con Estados Unidos de migración?

Creo que esa omisión en la declaración conjunta es lamentable a pesar de que ese es un tema esencial para el Ecuador, pues hay cientos de miles de migrantes ecuatorianos en EE.UU. y miles de emigrantes venezolanos en Ecuador. Debió haber una mención por lo menos, era una gran oportunidad, pues hay gran preocupación en EE.UU. por Venezuela y pudimos conseguir una mayor ayuda para los migrantes venezolanos que significan un costo para el Ecuador.

"La omisión sobre migración en la declaración conjunta es lamentable a pesar de que ese es un tema esencial para el Ecuador, pues hay cientos de miles de migrantes ecuatorianos en EE.UU. y miles de emigrantes venezolanos en Ecuador".

En su renuncia, usted hizo notar la falta de un marco legal para el sobrevuelo de aviones militares de EE.UU. en el Ecuador. El Gobierno contestó que sí hay control y coordinación, aunque no un tratado. ¿Cuál es el impacto de que no haya un acuerdo explícito en el tema?

Ese fue el motivo de mi renuncia, que fue conocida con anticipación por el canciller desde el 18 de diciembre de 2019. Dejo claro que estoy de acuerdo en la lucha contra el narcotráfico y en la ayuda de EE.UU. así como en el uso de sofisticados aviones norteamericanos en esa tarea. Lo que cuestiono es que era indispensable un marco específico de cumplimiento obligatorio y vinculante para ambas partes para estos operativos. Entiendo que eso se sigue negociando, pero creo que debe quedar claro en un acuerdo específico y vinculante que EE.UU. debe compartir la información, permitir que vayan en los aviones oficiales de nuestro país, regular los puntos de abastecimiento, entre otros temas. No se trata como dijo el canciller de aplicar un acuerdo general de 1962, que es solo de cooperación amplia, y tampoco decir que sí piden permisos de sobrevuelo porque eso es de cajón. Esas cosas son obvias y no se discuten, cuando concurrí a la Asamblea sostuve que es imperativo que haya ese marco específico obligatorio. 

"Creo que debe quedar claro que EE.UU. debe compartir la información, permitir que vayan en los aviones oficiales de nuestro país, regular los puntos de abastecimiento, entre otros temas".

¿El Ministerio de Defensa tiene una línea directa con Washington?

No lo sé, es probable. Creo que el Gobierno debe actuar de manera articulada con la Cancillería a la cabeza, porque un acuerdo como este es un asunto internacional, de política exterior, y está en el ámbito del Ministerio de Relaciones Exteriores. Sin duda hay temas técnicos en donde deberán intervenir los ministerios de Defensa y Gobierno.

Se ha destacado mucho la relación personal de la señora Baki con el presidente Trump ¿cree que eso facilitará los diálogos con EE.UU.?

No hay duda de que una relación personal de un embajador con un presidente facilita las cosas, pero siempre están por encima de las amistades los intereses de los países. Por más relación de amistad personal que pueda haber entre Baki y el presidente Trump, éste nunca va a sacrificar los intereses de su país por la amistad que tenga con la embajadora. Por ejemplo, en temas comerciales, el presidente de EE.UU. no va a sacrificar sus intereses comerciales por muy amigos que sean. Recordemos que en la negociación comercial no interviene directamente el presidente Trump y menos cuando se trata de una economía tan pequeña como el Ecuador. Él no va estar en la negociación misma. Espero que esta relación personal ayude a los intereses de nuestro país. 

 

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