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2 de Diciembre del 2019
Historias
Lectura: 16 minutos
2 de Diciembre del 2019
Fermín Vaca Santacruz
"Hay un discurso guerrerista-templario en el Gobierno": Nelson Reascos
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Fotos: Luis Argüello / PlanV

El catedrático de Ciencias Humanas de la PUCE cuestiona el primitivismo con el que se manifiesta cierto racismo duro en el país. 

 

El profesor de la Facultad de Ciencias Humanas de la PUCE analiza la retórica racista que se ha desatado en los últimos tiempos a propósito del papel de los indígenas en las protestas de octubre. Para el catedrático hay relatos que buscan infantilizar al indígena y posiblemente distraer de la falta de propuestas económicas y políticas del Gobierno.

El debate sobre el racismo se ha vuelto el nuevo tópico en el país. Desde quienes sostienen que los indígenas y su dirigencia son una minoría violenta e irresponsable, pasando por los que afirman que son meras marionetas de Rafael Correa y sus devotos, hasta los que afirman que cerrar filas en torno al Gobierno es cuestionar a los indígenas, lo étnico se ha convertido en una de las lecturas más comunes de los sucesos de octubre, dejando de lado la crisis económica, la inconformidad por las medidas tomadas o la orfandad política del Gobierno de Lenin Moreno. Conversamos con Nelson Reascos sobre los contornos de esta polémica. 

¿Cómo vió usted lo que ocurrió durante el mes de octubre?

Primero quiero señalar que el racismo ha estado vigente en el Ecuador desde la colonia, y por lo tanto, no es un tema nuevo. Pienso que no ha despertado, pues siempre ha estado latente. Lo que sucede es que se magnificó el nivel de agresividad en este momento. El racismo busca desconocer y minimizar al otro, para justificar formas de opresión, explotación y dominación. El racismo está vigente y se ha vuelto muy agresivo. Lo nuevo puede ser el primitivismo con el que se está manifestando.

¿El racismo en el país tiene varias manifestaciones?

Hay dos formas de racismo. Uno blando, que infantiliza e inferioriza a los indígenas, pero no los considera ni violentos ni agresivos. Ese racismo termina encerrando a los indígenas en la idea de que son buenos, pero inferiores. Es el indígena que se disfraza de Diablo Huma, que danza, ese nos complace a todos. Pero cuando tenemos un indígena que es sujeto social, histórico o político, hay rechazo social. Ese es el racismo duro. La propia Ley de Comunicación obliga a publicar contenidos interculturales en donde aparecen indígenas comiendo o bailando. Eso es racismo, pues los indígenas no solo comen o danzan, son sujetos sociales como cualquier otro. Reducirlos a una manifestación folclórica, aparentemente estética, es una forma de descalificarlos. Cuando aparecen como sujetos sociales, cuando reclaman derechos y ser tratados como iguales, ahí pierden la cabeza las autoridades, los comunicadores, y se configura una especie de supremacía mestiza, que acepta a los indígenas siempre y cuando sean sumisos, pero cuando aparecen reivindicando derechos ya no les gusta. 

"Hay un racismo blando, que infantiliza e inferioriza a los indígenas, pero no los considera ni violentos ni agresivos. Ese racismo termina encerrando a los indígenas en la idea de que sin buenos, pero inferiores".

Hay una retórica oficial, y es que el movimiento indígena se convirtió en una especie de marioneta del correismo. ¿Es una lectura racista?

En el mundo de la comunicación hay imaginarios, que son construcciones e invenciones sociales, que pueden tener algún elemento real que empieza a convertirse falsamente en algo válido. Es cierto que Correa criminalizó la comunicación y el periodismo, pero otro sector totalmente maltratado fueron los indígenas. Decir que el hecho de que alguien reclame es porque está aliado al correísmo es totalmente arbitrario. En la época de Correa simplemente se decía que todo crítico es porque era de derecha, de CREO o socialcristiano, les era imposible leer matices. Como los indígenas han hecho una protesta en contra de este Gobierno, se les dice correístas. Es una lectura extraordinariamente simple que muestra la poca calidad tanto de los políticos cuanto de muchos comunicadores que han insistido en este discurso excluyente. 

Pero esa lógica maniquea viene sobre todo del Gobierno, todo aquel que les cuestiona con o sin razón es porque es correísta...

También viene de los comunicadores, de quienes hablan de unos infiltrados. La protesta de octubre fue nacional, fue de todos los sectores y es un error simplificarla diciendo que detrás están unos indígenas aliados del correísmo. No cabe duda de que los correístas deben haber participado, eso es obvio, pero no podemos darles un protagonismo que no tienen, solo para descalificar al movimiento indígena. Cuando el cura Tuárez fue a la marcha fue expulsado por los indígenas, pero la construcción de algunos políticos y medios es querer encontrar a Correa detrás de todo. Piensan en un Correa omnipresente, que también está en Chile, en Bolivia, en todo lado. Le están dando virtudes y cualidades que no posee. No debemos ensalzarle, como hace el Gobierno y algunos de sus aliados en los medios, que lo inflan sin necesidad. Correa está acabado, tiene juicios, pero con estos imaginarios solo ayudan a revivir a un político descalificado. 

"No debemos ensalzarle, como hace el Gobierno y algunos de sus aliados en los medios, que lo inflan sin necesidad. Correa está acabado, tiene juicios, pero con estos imaginarios solo ayudan a revivir a un político descalificado".

¿Se ha radicalizado el racismo duro en el país?

No creo que se ha radicalizado, solo afloró, por la sencilla razón de que hemos construido durante toda la Colonia la idea de un indígena sometido, sumiso, generoso, amable, pacífico. Es la noción del buen salvaje, ese nos resulta aceptable. Pero cuando aparece un indígena altivo, que habla con dignidad, sin someterse, entonces no lo entienden. No se puede acusar de racismo a quienes han sido víctimas de racismo, eso no tiene sentido. Quien ve racismo en los indígenas no entiende lo que está pasando. 

¿Pero no hay una visión cuando menos etnocentrista desde el movimiento indígena que pretende desconectarse de la sociedad mestiza?

Eso es otro invento. Ecuador firmó el Convenio 169 con la OIT, en donde se reconocen derechos de plurinacionalidad de los pueblos originarios. Uno de esos derechos es tener una cierta autonomía en las zonas en donde viven, es decir, territorialidad. Está en la Constitución, el Estado ecuatoriano es un Estado plurinacional. 

¿Se confunde esa territorialidad con una suerte de soberanía?

No, para nada. Depende de qué se entiende por territorialidad. Nuestro cuerpo es donde desarrollamos nuestra vida, es como nuestro territorio. Pero si se parte de una visión neoliberal que sostiene que el Estado es dueño del territorio y soberano, puede decidir sobre todo. Pero no puede decidir sobre su cuerpo, y algo así sucede con los espacios físicos donde se reproducen los humanos. Nadie ha dicho desde los indígenas, como afirman algunos periodistas, que van a pedir visas para ingresar a sus localidades, ni que están fuera del Estado. Las brigadas del programa Toda una Vida, por ejemplo, entran a las comunidades, nadie les pide permiso, pero otra cosa es que los indígenas quieran saber qué están haciendo ahí, como cualquiera cuando entran a su casa. Se oyen invenciones como que los indígenas hablan de separatismo, que nadie ha formulado siquiera. Pero cuando desde Guayaquil se habla de federalismo, que es una forma de separatismo, nadie lo cuestiona. 

"Se oyen invenciones como que los indígenas hablan de separatismo, que nadie ha formulado siquiera. Pero cuando desde Guayaquil se habla de federalismo, que es una forma de separatismo, nadie lo cuestiona".

¿Por qué hay ese doble rasero?

El tema es el racismo. Los vemos como a los niños, queremos que sean cariñosos pero cuando un niño es rebelde enseguida decimos que es malcriado. Algo así sucede con esto, se busca un indígena sumiso, que es una visión heredada de la colonia. La colonia administrativa se fue, pero está vigente en estos temas. Los mestizos venimos de ellos, la cultura ecuatoriana es matricialmente indígena, no solo por el fenotipo común a todos, sino por elementos culturales. Nuestras construcciones gramaticales, nuestra semántica es quechua. La concepción de la familia matrilineal es quechua, al igual que la concepción de las fiestas, de la sexualidad, de la música, de la comida. Hay una conciencia fraudulenta de querer negar lo que sí somos, mestizos con un fuerte componente indígena, para querer ser europeos occidentales blancos. Los que tenemos una falsa conciencia somos los mestizos, queremos reconocernos como blancos sin serlo y dejar de ser lo que somos. 

¿Esta visión colonial ha encontrado uno de sus voceros en el ministro de Defensa, quien habla con frecuencia de un Estado nacional, amenazado por terroristas y subversivos?

El Estado nacional está en crisis en todas partes. En España, en Bélgica, en Alemania, ni siquiera los estados europeos son ahora estados nación. Pretender que hay un Estado nación en el Ecuador es excluyente, somos plurinacionales. Esos pueblos tienen derechos a una educación, salud y a una justicia locales. 

¿Se está reeditando la criminalización de la protesta social?

Por supuesto, es curioso como este Gobierno quiere desmarcarse del correísmo pareciéndose cada vez más al correísmo. El Gobierno de Correa inventó el relato del 30S sobre una condenable revuelta policial. Hablaron de un golpe de Estado, de un intento de magnicidio, de una conspiración para derrocarlo y matarlo. Ahora están haciendo lo mismo, qué más parecido a Correa que eso. 

¿La quema de la Contraloría es como el incendio del Reichstag para este Gobierno?

Para eso está la Fiscalía, para indagar quiénes quemaron y por qué. En Chile quemaron el metro, alado de eso lo que pasó aquí fue nada. Pero hay un discurso guerrerista-templario, propio de los militares antiguos, que habla de Fuerzas Armadas humilladas, a las que quieren que se les devuelva una capacidad para matar gente. Hay que reconocer, sin embargo, que las muertes en las protestas se atribuyen a la Policía. Las vidas son muy valiosas para hablar así. No cualquier cosa es terrorismo, creo que se está usando la palabra de manera indiscriminada. El terrorismo consiste, en por ejemplo, poner una bomba en un supermercado para lastimar a todos, sin que el atentado tenga un blanco específico. Bajarse un avión sin saber quién va abordo, eso es terrorismo. Pero hacer una protesta contra algo que afecta la vida no es terrorismo.

"El terrorismo consiste, en por ejemplo, poner una bomba en un supermercado para lastimar a todos, sin que el atentado tenga un blanco específico. Bajarse un avión sin saber quién va abordo, eso es terrorismo. Pero hacer una protesta contra algo que afecta la vida no es terrorismo".

La palabra "terrorismo" brota con facilidad de la boca de fiscales, militares y funcionarios del Gobierno...

Se vuelve al racismo que siempre parte de que la población inferiorizada, en este caso los indígenas, son tontos. Por eso los ha usado supuestamente Correa, como supuestamente se los usó también en la caída de Mahuad. Un ex ministro de Mahuad habló de una "rebelión tras los ponchos" con una teoría de conspiración con indígenas que no piensan. Pero es al revés, los indígenas han demostrado absoluta claridad en lo que piden y están proponiendo. 

Detrás de todos estos relatos que hemos analizado, ¿hay el afán distractor de que la población no tome en cuenta problemas como la pobreza, el desempleo, la falta de oportunidades?

No sé si hay esa intencionalidad, pero así resulta. Estamos ante un Gobierno débil, con escasa legitimidad, con un país quebrado, sin propuesta económica. Quieren decir que el problema es la dirigencia indígena, cuando realmente es que tenemos un mal gobierno. No han sido capaces de presentar una propuesta económica coherente, solo lograron unir a todos en contra, lo mismo que les pasó con el decreto 883. Es un Gobierno totalmente amorfo, al que no apoya ni siquiera el PSC ni CREO. Cuando los empresarios rechazan los impuestos parece bien, aunque coincidan en algunas lecturas con la Conaie. El tema es el racismo, que siempre hace la peor interpretación de lo que se dice. Si  Jaime Vargas lo dice está mal. Si Cynthia Viteri amenaza al Estado del Ecuador con tomar medidas unilaterales en Guayaquil a nadie le escandaliza. Cuando Vargas habla de que se pida permiso para entrar a las comunidades hay escándalo, mientras que cuando la Alcaldía de Guayaquil cerró los puentes con volquetas para que no entren manifestantes nadie protestó. Tal vez los indígenas han usado palabras inapropiadas, pero no veo que no se diferencia al indígena serrano del amazónico. El indígena serrano es más medido y cauto, ha sufrido un proceso hacendatario de 500 años, sabe lo que es el poder. Pero los amázonicos no sufrieron eso y actúan de otra manera. Eso es lo que no la disculpan a Jaime Vargas, que sea un achuar altivo. En todos los medios que veo hay ataques a los indígenas. 

Los ataques no son solo de los medios ni de quienes hacen opinión. Hay fiscales que ven terroristas en cada esquina y abogados que enumeran "delitos" en cada frase...

En la opinión publicada también entran los jueces, los fiscales, los profesores, pues somos una sociedad susceptible a la tecnología comunicacional. En el Ecuador debemos tener visiones más amplias. El racismo presume que hay grupos superiores a otros sin ningún fundamento. La inferiorización del otro es para explotar a los demás. Albert Camus decía que cuando alguien no siente la exclusión es porque él hace esa exclusión. Cuando uno no percibe que es racista es porque lo es. En el Ecuador, donde no ha habido nunca un censo étnico, se dice que son apenas el 7% de la población lo que en mi criterio es imposible. Según la Unesco deben ser cerca del 40%, si los afrodescendientes son el 11%, es imposible que los indígenas sean menos, pero esas cifras se usan para minimizarlos. A pesar de que hay en Guayaquil miles de indígenas se acuña la frase de que se queden en el páramo. Partir del supuesto de que es una minoría violenta del 7% es una falacia. 

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