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8 de Abril del 2021
Historias
Lectura: 19 minutos
8 de Abril del 2021
Redacción Plan V
Jaime Costales: el populismo se aprovecha del síndrome de desamparo de los ecuatorianos
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Foto: USFQ

 

Se llama síndrome de desamparo aprendido, y Jaime Costales, experto en Psicología Social, cree que nos pasa a los ecuatorianos. Una enfermedad social que paraliza porque es alimentada por el maltrato constante, la baja autoestima, la inclinación a victimizarse siempre. Esto crea un país con poca capacidad para afrontar sus dificultades con entereza, valor y creatividad. Y es el alimento del populismo y el autoritarismo.


Jaime Costales es un antropólogo, con maestrías en Salud Mental y Clínica Social y en Arteterapia, y doctorados en Política y Gobierno y en Gobierno y Administración Pública. Es maestro de Psicología Social en la Universidad San Francisco de Quito, y su formación le permite relacionar las conductas sociales con la política. En esta entrevista con Plan V, él examina precisamente esa relación, la de un país a las puertas de una decisión crucial en las elecciones, pero que carga sobre sus espaldas el peso de la pandemia, la crisis social, sanitaria y económica de estos más de doce meses. 

La psicología de un pueblo como el ecuatoriano está contaminada, ha recibido altas dosis de veneno, de odio, de resentimiento, lo cual alimenta su desamparo adquirido, que según el profesor Costales es la causa de nuestros males como sociedad: una inclinación permanente e inducida a victimizarse, a permanecer paralizados en la indolencia y en la impotencia, con poca autoestima y en constante actitud de seres minimizados que buscan compasión y protección, producto esto de un constante e histórico maltrato. Costales propone salidas para esta situación: una psicoterapia colectiva que empiece con el ejemplo de los líderes, que nos permitan ser capaces de afrontar las dificultades con dignidad,  valor, creatividad y efectividad. 

Ha pasado más de un año del inicio “oficial” de la pandemia en el Ecuador, pero siguen dándose las advertencias sobre la indisciplina social. ¿Es indisciplina o es que nuestros hábitos son muy difíciles de cambiar y nos cuesta entenderlo?

Es un cambio tan drástico en la rutina de la gente, que nos provoca una sensación de gran vulnerabilidad. Hay factores psicológicos muy fuertes: incertidumbre, miedo focalizado sobre todo en cierta posibilidad de morir. Combinados la incertidumbre y el miedo nos dan la sensación de banalidad de la vida. Se desploma la estructura de ciertas certezas con las cuales funcionamos y la rutina es una de esas certezas, los horarios, las tareas, las repeticiones de actos y comportamientos nos proveen de una sensación de certeza, aunque relativa, pero certeza al fin. Cuando esto se desploma, quedamos en el aire. Esto afecta con la aparición de comportamientos, que contrariamente a la necesidad de ser cuidadosos, en algunos grupos se provoca el desate, la desorganización. En parte es irresponsabilidad, pero también es falta de información, rebeldía frente a la falta de medidas coherentes, frente a las fallas en el sistema de salud. Pero todo esto tiene una raíz de desestabilización psicológica profunda, que es mundial, regional, local, familiar e individual. Abarca todas las escalas y eso hace que los comportamientos sean más caóticos.

Hay un punto de quiebre en todos nosotros, aunque uno se puede aferrar a la esperanza de la vacunación, hay la impotencia de que esto se demora demasiado, no funciona, que se maltrata a los ancianos, a los pobres, y ¿lo que pasa es que reaccionamos así frente a una constante amenaza?

Ciertamente, y como es una amenaza invasiva, que nos llega todos los días por las noticias alarmantes, no solo en el país sino en el mundo entero, puede llevar a gran parte de la población a un extremo que se llama desamparo aprendido. Una experiencia de impotencia y esta puede tener distintas respuestas dependiendo de la persona y el ambiente en el que se encuentra. En algunos casos, esa impotencia le puede hacer, por desesperación, buscar alternativas y encontrar a algo a lo que aferrarse, intentar de resolver la vida de mejor manera, pero en otros casos puede llevar a una especie de parálisis existencial que hace que la persona se queda en shock. Los primeros días de esto se da lo que se llama estrés agudo, pero pasados los meses se va transmitiendo en un estrés postraumático, que es intenso y tan permanente que no termina de ser asimilado y se convierte ya en un nuevo hábito desajustado. Estamos adaptándonos al estrés permanente y se presentan una incertidumbre también de comportamiento, ese no saber qué hacer en determinado momento, ese hastío y cansancio por estar abrumado.

Como tendencia, la manifestación más importante es la tristeza. Son bajas en el estado de ánimo. La vulnerabilidad nos pone de un ánimo inestable y frágil. Eso nos lleva a actuar de manera desorganizada.

¿Cuál es el impacto que la sobre información y la información falsa en la pandemia?

Los medios tienen que ser mucho más exigentes consigo mismo y cuidadosos. Está bien que nos den información precisa y contrastada, pero hay que medir con una exquisita sabiduría la cantidad de información, sin alterarla, para que no sea tan repetitiva y de primera plana todos los días, porque eso tiene dos efectos: el primero, incrementa en la población el sufrimiento, la incertidumbre, la tristeza y la desesperación. Pero, en el segundo efecto, hay otra parte de la población que, por sobrevivencia emocional se va adaptando hasta volverá poco a poco sensible e indiferente a lo que pasa. Los medios tienen que hacer un mayor esfuerzo en subrayar la gravedad del asunto, pero también subrayar con optimismo sereno, sensato, que también hay avances en esta lucha, que hay países que han logrado avances muy importantes, que hay investigación sobre el tema. También tienen que sostener el optimismo porque de abundar en lo contrario contribuyen a la desestabilización emocional con la saturación de la información de que todo está mal, de que todo es fracaso e incertidumbre.

A esto se suma la serie de denuncias de corrupción, los problemas de la vacunación; además del miedo, se junta la enorme cantidad de información negativa que se lanza sobre una parte de la realidad del país.

Así es, y además en el caso ecuatoriano se combina con la incertidumbre electoral que es un elemento adicional de fragilidad y vulnerabilidad psicológico social a gran escala.

Usted presentó recientemente un libro llamado Psicología política del Ecuador ¿Usted cree que el ecuatoriano tiene una psicología particular y cómo afecta eso en el tema de la pandemia?

Debemos decir que hay diversas psicologías sociales, no hay una psicología uniforme. El Ecuador es complejo en el multi psiquismo, porque somos muy diversos, incluso entre sectores de la misma ciudad. Pero tenemos puntos en común, y dentro de estos hay cosas constructivas, como una tendencia a la conducta prosocial, solidaria que viene de las raíces indígenas y campesinas. Pero también hay zonas oscuras en la psicología de los ecuatorianos. Una de ellas es la tendencia al desamparo aprendido, a esa especie de parálisis existencial, que es el conformismo extremo.


Foto: USFQ

hay cosas constructivas entre los ecuatorianos, como una tendencia a la conducta solidaria que viene de las raíces indígenas. Pero también hay zonas oscuras; Una de ellas es la tendencia al desamparo aprendido, a esa especie de parálisis existencial, que es el conformismo extremo.

Exactamente, es una indolencia que paraliza la reacción. Porque frente a grandes dilemas, y la pandemia es un mega dilema mundial, la estrategia psicológica es desarrollar resilencia que pueda resistir y sobreponerse creativamente con optimismo al malestar y al sufrimiento, y empezar a encontrar soluciones a la escala en que cada uno pueda. Pero el síndrome de desamparo aprendido de los ecuatorianos, este conformismo extremo, este derrotismo que es abundante en el Ecuador, anula la resiliencia y la disminuye mucho; entonces el impacto social y colectivo es preocupante, porque no logramos afrontar constructivamente una situación tan crítica.

¿Tenemos mucha tendencia a la autocompasión? Esa frase de ...yo pobre.

Por eso digo que la gran tarea —y lo digo luego de explorar cuarenta años la psicología social del Ecuador— es modificar ese desamparo aprendido, que es la raíz de nuestros problemas a toda escala. Todo lo que hacemos los humanos es comportamiento, y el comportamiento es psicología. Debemos curarnos de esa psicología del desamparo, del pobre yo, de victimización que nos hace creer que no nos merecemos ni vamos a lograr jamás tener un país próspero y democrático, sino que estamos condenamos al desastre, eso se transforma en una especie de profecía que se (auto) cumple. Vamos construyendo un desastre porque creemos que solo eso merecemos. Y eso sucede en todas las capas sociales, incluso en las élites. Atraviesa todos los sectores y las etnias. Mi llamado desesperado desde hace varios años es que hagamos una especie de psicoterapia colectiva que nos saque del desamparo aprendido y nos entrene a ser más proactivo, menos víctimas y más valerosos, más decididos y creativos. Ese es el cambio, la revolución esencial que necesita el país. Lo demás es superficial.

¿Qué significa el desamparo aprendido?

Que no es natural, que no es que así hemos nacido, sino que es el resultado de sistemas de maltrato social, económico, político, cultural, familiar, de pareja… lo que se llama maltrato sistémico. Cuando un ser humano o un grupo es maltratado a lo largo del tiempo, extensamente, se adapta al maltrato y piensa que es natural, normal, y piensa que no tiene posibilidad de salir de eso. Ese es el desamparo: esa persona, grupo o nación que cree que no tiene posibilidad de hacer algo que lo saque de esa condición, porque aparece como si ese fuera su destino, nuestro destino. Es una visión trágica, autodestructiva, muy persuasiva, penetrante y difícil de sobrepasar.

Pero ese maltrato permanente, también nos hace seres maltratadores con los demás, sobre todo con los más débiles.

Por supuesto, eso es muy importante. Porque una respuesta inconsciente, y a veces también consciente, del maltratado es convertirse en maltratador, como una especie de vindicta del malestar que se ha sufrido y se sufre. Y justamente de eso se aprovecha el populismo, en fomentar el desamparo para hacerle creer a la gente que no puede nada por sí misma, sino que tiene que llegar el salvador a darle la solución. Incluso se expresa en una frase tan común en nuestro medio, que es el “dame haciendo”.  Tiene su lado positivo, que es cierta gentileza al pedir algo, pero tiene un lado oscuro inconsciente que dice: yo no puedo hacerlo por mí mismo, dame haciendo. No puedo solucionarlo, dame solucionando; no puedo pensar, dame pensando; no puedo votar, dame votando… Y eso paraliza las acciones resilientes, creativas, que podemos tener. Pero esto sí se puede cambiar.

hay sectores de la población que sienten la presencia y tienen la imagen de Correa como el papá amparador, que les puteaba y maltrataba pero que les hacía creer que les estaba protegiendo.

Son distintas frases que están expresando una convicción que no es real, pero que se vive como si lo fuera. Y es esa creencia falsa de que somos incapaces de resolver por nosotros mismo la vida y que necesitamos siempre la ayuda de algo externo, que nos solucione, sea la religión, la política, un país extranjero… estamos pensando siempre en alguien que nos de solucionando desde afuera. El gobierno se convierte en un paño de lágrimas, que es a la larga ineficaz, porque acostumbra a una ayuda poco inteligente, que fomenta esa condición de víctimas y en algunas capas o grupos fomenta el parasitismo social, como es la corrupción.

En lo electoral, esta angustia e incertidumbre se junta a la pandemia, ¿cómo afecta esto a las personas?

De diversa manera. Por un lado que el crecimiento importante de la candidatura de Lasso estaría demostrando que una buena parte de la población se cansó de ese asistencialismo burdo, grosero, abusivo y corrupto que significó el correísmo. Y quiere una forma distinta de gobierno. Por otro lado, la imagen de un hombre maduro, calmado, da a la población la sensación de seguridad. La figura de Arauz, que es improvisada, con mucha juventud y asociada a la mafia del correísmo da esa inseguridad a una parte de la población. Pero por otro lado hay sectores de la población que sienten la presencia y tienen la imagen de Correa como el papá amparador, que les puteaba y maltrataba pero que les hacía creer que les estaba protegiendo. Y la desesperación de este momento les puede hacer aferrarse a esa imagen. Va a depender de cuál de los dos puntos de respuesta psicológica son más eficaces y persuasivos. Mi impresión es que el país puede optar por un candidato que da una sensación de seguridad, de madurez, que sabe lo que hace, que no insulta ni amenaza. Eso le puede dar ciertas certezas al votante. Es como cuando un adolescente en casa esté enfermo, de inmediato se ampara en el cuarto de los padres, son imágenes de protección. Pero esto tiene tantos factores los que intervienen y puede ser que el balance entre esas dos imágenes se incline al último día.

Pero hay otro factor en la psicología social y política: una rabia que se ha ido cocinando con el pasar de los meses frente a un gobierno a todas luces incapaz, el tema de las vacunas VIP, de los supuestos privilegios, los supuestos abusos de los bancos y los banqueros... Inconformismo y rabia que el correísmo ha alimentado y se aprovecha de ellos.

Eso les ha resultado en ciertos momentos, pero también puede saturar. Porque la gente está tan abrumada con los problemas que vivimos y si encima de eso le añaden los discursos de odio: al banquero, al que piensa distinto… hay mucha gente que puede decir: ya no aguanto tanto peso de odio y de rabia y de incertidumbre. Entonces puede buscar una imagen más serena. Y eso puede explicar un repunte de la candidatura de Lasso.

¿Cuáles son los antídotos sociales para acabar con esta incertidumbre?

Siempre pongo este ejemplo: la psicología social de un pueblo es como un río. Cuando hay serios conflictos y problemas, es como si ese rio estuviera muy contaminado. Si tomamos únicamente decisiones políticas y económicas coyunturales, estamos tratando de descontaminar de la mitad del río hacia abajo. Pero la fuente es la que está contaminada y por mucho que limpiemos aguas abajo o en la desembocadura el rio sigue contaminándose. Entonces, ¿cuál es la fuente de este río contaminado, de la psicología colectiva del Ecuador? La fuente es el desamparo aprendido, ese sentimiento de inferioridad que ha sido inculcado, esa visión de víctima y de baja resiliencia. Tenemos que tratar de curar en la fuente, con una psicoterapia social, que nos ayude a salir del desamparo. Al descontaminar la fuente, el río será descontaminado y vamos a tomar decisiones de todo tipo.

¿Cómo se sale de ese desamparo?

Se sale educando a las personas en mejorar su valor propio, su autoestima, la imagen de sí mismos. Pero eso no se logra con discursos sino con tareas colectivas que dan un sentido de eficacia. Cuando las personas hacen cosas valiosas, se dan cuenta que sí son capaces de hacerlas y ese sentido de eficacia mejora la percepción y la imagen de sí mismo, y se vuelve una persona menos victimizada y es más capaz de asumir el timón de su vida y ese cambio de comportamiento influye en toda la sociedad, poco a poco. Las grandes transformaciones se hacen así. Lo triste del caso es que yo explico esto a políticos, a educadores, economistas, periodistas, sacerdotes… Y me dicen: muy interesante, pero no se ponen en la obra colectiva de hacer esa transformación para la descontaminación colectiva.

¿Será que a algunos políticos y a algunas élites les conviene que sigamos creyéndonos desamparados?

Les conviene porque ese es su negocio político. El populismo va a procurar que jamás salgamos del desamparo, porque el momento que la gente sale del desamparo no busca un milagrero que le dé pomada de culebra, sino que querrá gente seria que le proponga transformaciones positivas y se arremangará el poncho para transformar. A Correa, Bucaram o Lucio Gutiérrez no les interesa que el pueblo ecuatoriano salga del desamparo, porque ese es su negocio, fomentan el desamparo y el odio de clase, porque esa división les favorece.

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