Back to top
29 de Mayo del 2024
Historias
Lectura: 20 minutos
29 de Mayo del 2024
Juan Carlos Calderón

Director de Plan V, periodista de investigación, coautor del libro El Gran Hermano. 

Joaquín Hernández: “No podemos pensar más allá de la mezcla de linajes”
0

Joaquín Hernández Alvarado, escritor, filósofo, catedrático y columnista, presentó su libro El fracaso de la filosofía de la liberación latinoamericana, de Paradiso Editores. Fotografías: Luis Argüello. PlanV

 

"Con el paso de los años, los filósofos de la liberación terminaron consumiendo la ilusión de una filosofía y de una utopía latinoamericana. Esta filosofía pertenece a una época donde reinó el milenarismo, donde se creía que las revoluciones estaban a la orden del día, y se confiaba ciegamente en que la historia tenía un sentido".


Toda apuesta editorial es arriesgada en Ecuador, más aún publicar un libro sobre y de filosofía en un país que no lee ni es capaz de pensarse a sí mismo. Han tenido que pasar décadas para que desde el Ecuador se lance una obra así. Debieramos preguntarnos el por qué, pues la filosofía es, sobre todo, hacerse preguntas dice su autor, el filósofo Joaquín Hernández Alvarado (San Salvador, 1948), rector desde el 2014 de la Universidad Espíritu Santo, de Guayaquil. Catedrático, escritor, columnista y pensador, auque esto último, algo inherente a la condición humana, no se considere un oficio por estos lares sino un potencial peligro. El fracaso de la filosofía de la liberación latinamericana, editado con valentía y rigurosidad por Xavier Michelena, de Paradiso Editores, es en sí mismo una liberación. Porque es provocador, dice Michelena en la contratapa, «estimulante para el lector interesado en América Latina, su visión, su historia y sus múltiples laberintos que, paradójicamente, trazan por descarte su identidad. Es —este libro— también la memoria de un proceso intelectual, cultural y político que retorna al presente con distintos rostros».

Joaquín Hernández, sin compasión ni concesiones, somete a examen los supuestos y las pretensiones que sostienen una línea de pensamiento filosófico, que él considera fracasada. Su legítimo contradictor en el pensamiento es Arturo Andrés Roig, el filósofo argentino que radicado en Ecuador estimuló y aportó, como nunca lo había hecho nadie antes ni ahora, los debates, las preguntas y la búsqueda de las respuestas sobre lo que somos, de dónde venimos y a dónde vamos. Hernández examina esa historia, esas ideas, y esos planteamientos que se expresaron en decenas de volúmenes sobre pensamiento y que ahora, dice, han quedado en nada. ¿En nada? La respuesta a esta pregunta la tiene el filósofo salvadoreño, de alma latinoamericana, en esta entrevista con Plan V.

¿Qué es la dignidad humana?

A la dignidad humana hay que situarla en varios niveles. Tiene un nivel de autoconciencia, pero tiene la máxima kantiana de que no hagas a otros lo que no quisieras que te hagan a ti, lo cual implica una alta dosis de tolerancia, de comprensión, y sobre todo de cierta ironía con la vida, para poder tolerar a las personas.

En ese momento histórico, la gran pregunta es ¿cuál es la identidad latinoamericana? ¿Existe filosofía latinoamericana? Y si existe ¿cómo debe ser? Son preguntas diferentes, y que van a marcar derroteros distintos en los diferentes filósofos. La primera pregunta es ¿para qué hacer filosofía en América Latina?

Hago esta pregunta inicial porque en su libro habla mucho de la dignidad del sujeto latinoamericano, para acercarse a la filosofía de la liberación.

Creo que hay que situar históricamente la figura de Arturo Roig. Pienso que en el Ecuador del siglo veinte el gran y, lamentablemente, único momento filosófico se produce a finales de los años sesenta, continúa en los setenta y quizá parte de los ochenta, el apoyo de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, la Facultad de Filosofía San Gregorio y la llegada de Arturo Andrés Roig, desde Argentina. En ese momento histórico, la gran pregunta es ¿cuál es la identidad latinoamericana? ¿Existe filosofía latinoamericana? Y si existe ¿cómo debe ser? Son preguntas diferentes, y que van a marcar derroteros distintos en los diferentes filósofos. La primera pregunta es ¿para qué hacer filosofía en América Latina? La respuesta de esos años es: para comprometerse con los cambios que vienen. Es una época de insurgencia, donde la gente siente que el mundo va a cambiar. Entonces, una filosofía tiene que expresar esos cambios y los plantea, y la filosofía de la liberación, argentina en esos años, asumió eso resumiéndolo en la palabra liberación. Y ahí entran las categorías de dependencia, emancipación y sobre el hecho de que no hay filosofía (propia) porque siempre hemos dependido de un imperio. En el momento en que no dependamos culturalmente de un imperio, haremos filosofía propia, pero aún así tenemos en nosotros mismos raíces que nos permiten ser originales. Y ahí viene la pregunta por el origen, que marca a este grupo filosófico. Pregunta que, hay que decirlo, ahora no existe.

Usted habla de otras preguntas, ¿cuál es la otra?

La otra pregunta es ¿qué es filosofía? Y la filosofía para ese grupo es hacer filosofía en América Latina, desde América Latina, para América Latina.

¿Se renuncia, entonces, a la universalización?

En la práctica sí.

¿Porque la filosofía europea se declara universal?

Bueno, pero para los extremos más radicales, la filosofía europea es una muestra de imperialismo y de dominación, pero en realidad, y esa es mi tesis, muestro que el planteamiento, la propuesta filosófica de Roig, el a priori antropológico, no es sino un momento en la gran discusión entra Kant y Hegel sobre el problema de la conciencia y la historia. A tu primera pregunta respondí que la dignidad partía de una auto conciencia, pero esta no es sino, para Roig, la constitución de sujeto, de donde brota esa pregunta. Es un sujeto que toma posesión de sí y dice: soy autoconsciente de mi dignidad, de mi poder, y por tanto soy yo quien imprime a la historia su marcha. Eso es la filosofía moderna, es Descartes, es Kant y Hegel. Coinciden en que hacen de la conciencia la clave, el centro, el origen que fundamenta todo el saber.

¿Qué es el a priori antropológico, la tesis de Arturo Roig?

La filosofía tiene que plantearse con rigor. Pero también entiendo que tiene que acercarse para que la gente se entusiasme por una pregunta, porque la filosofía es básicamente preguntas. ¿Qué es el a priori antropológico? Para Roig se trata de encontrar un punto de partida para la fundamentación de la filosofía latinoamericana. No simplemente el positivismo de decir: ahí están las obras de Montalvo, de Olmedo, de Alberdi… Sino, ¿qué es lo que ha hecho que estos pensadores, el famoso grupo de 1837 en Argentina, de repente tomen conciencia de su validez, de su dignidad? Es un a priori que existe en la condición humana, un imperativo categórico al cual en un momento dado, un grupo llega a tener conciencia. Y partir de ese momento desarrolla un pensamiento y este es el que fundamenta todo el proceso. Es un proceso, llega un momento en que la conciencia se autodescubre, pero se descubre como una persona, como un sujeto de valor. Y a eso es lo que Roig pretende dar una fundamentación a algo que había trabajado por veinte años que es una disciplina que se llama historia de las ideas, que surge en México, con Leopoldo Zea, discípulo de José Gaos, fundador del Colegio de México. Es interesante una anécdota: cuando Zea le pregunta a Gaos sobre el tema de su tesis doctoral y habla de Aristóteles, Gaos le dice que no pierda tiempo, eso ya lo han hecho, haga algo propio, le dice. Zea  replica que acá no hay filosofía propia, lo que hemos hecho es adaptar lo que nos llega. Precisamente, le dice Gaos: en esa adaptación está la clave. Y con eso es como se hace la historia de las ideas.

¿Pero no es una contradicción? La historia refiere a los hechos concretos, las ideas a lo universal, a los conceptos.

Más que contradicción, es una interpretación que nunca en aquella época se entendió como tal ni fue crítica consigo misma, que es lo que hago con mi libro. Ellos dijeron: hemos encontrado el punto de partida, y como punto de partida es indubitable, por tanto, de ahí nace ese pensamiento. Ahora bien, ¿dónde nace ese punto de partida? Y ahí es donde Roig funciona. ¿Qué pasa en ese momento en América Latina? Las ideas de Gaos y Zea ya se han difundido. Hay una escuela de historia de las ideas en Perú, en Colombia, Argentina y México, donde se reúnen. Zea es nada menos que presidente de la sociedad mundial de filosofía. Pero, además, es el director de la colección Tierra firme, del Fondo de Cultura Económica. Porque la gente cree que los filósofos vivimos del aire y en la Luna. La filosofía requiere una institucionalidad, si no la tiene no va ningún lado. Roig consiguió en Quito institucionalidad.

¿Qué significa que la filosofía tenga institucionalidad?

Tener editores, productores, equipo de trabajo y material disponible. No nos olvidemos que Roig publica con el Banco Central del Ecuador, con Irving Zapater, que dirigía esa colección. Y logra sacar ochenta volúmenes de historia del pensamiento ecuatoriano; hay una asociación entre la Editora Nacional del Ecuador, que edita todo eso con el Banco Central que provee los recursos y Roig, que tiene su equipo y lo administra. Por eso el título de mi libro: El fracaso de la filosofía de la liberación pregunta ¿y qué pasó con todo esto? ¿Cómo hubo una generación de jóvenes que trabajaron diversos aspectos de la filosofía y que en los años 90 se apagó? Eso ya no existe. Hay que preguntarse qué debilidad permitió eso.

¿Qué es lo que no hubo?

No hubo una corriente que lo impulse, aunque fuese una corriente crítica, pero que se mantuviese, así como Kant pasó a Hegel y este a Schopenhauer… Creo que había dos ausencias teóricas muy grandes. La primera la legitimación que Roig le dio a la historia de las ideas tenía problemas teóricos muy grandes, sobre todo dependía del sujeto y de un problema que no estaba claro en él: la relación entre la conciencia y la historia. Me explico: para la gente, la filosofía vive en un mundo y la historia —el mundo de los acontecimientos— en otro. Lo que se trató con Hegel, y Roig readapta, es que esa conciencia sea histórica, pero eso no siempre es así, siempre se paga factura por eso. Porque la historia es lo contrario de la razón, la razón es formal y la historia puede ser azar. Hegel dice que la razón es el búho de Minerva, que vuela al atardecer cuando el mundo ha sido construido. Y por tanto la razón lo que hace es hablar de una época que ha transcurrido. Por eso los filósofos de la liberación, incluido Roig, dicen: no, nosotros no somos el búho de Minerva, somos el papagayo de América Latina… Realmente solo en aquel tiempo se podía tomar en serio semejante comparación. Ellos acentuaban en que la filosofía no podía constituirse en algo post, sino que la filosofía anuncia la liberación.

¿Y la segunda ausencia teórica?

Bien, vamos a anunciar la liberación, el tiempo que viene, y la obra de Roig se concentra el siglo IXX, ¿qué pasó ahí?

¿Buscando el a priori antropológico?

O cediendo a su formación como historiador de las ideas. Porque los filósofos también formamos tribus. Y la historia de las ideas, en ese momento, tenía una presencia en Latinoamérica. Todos los colegas de Roig andaban en lo mismo. Pero ellos no veían los límites de lo que iba a pasar con la filosofía. Cuando viene la filosofía francesa de los setenta y ochenta hay un cambio enorme, y Roig se mantiene cerrado a esos cambios. Por ejemplo, detestaba a Foucault y sin embargo él es el que mienta un tal a priori en sus primera obras. Ese para mi fue el fallo en la filosofía latinoamericana, que no tenía la fortaleza teórica y entonces sucumbió.

los filósofos también formamos tribus. Y la historia de las ideas, en ese momento, tenía una presencia en Latinoamérica. Todos los colegas de Roig andaban en lo mismo. Pero ellos no veían los límites de lo que iba a pasar con la filosofía.

Pero creo que no solo está el foco en esa filosofía hay la influencia de los clásicos o de Francia. Creo que el marxismo, la teología de la liberación, la teoría de la dependencia… ¿Todo esto no constituye una amalgama que pueda pensarse como latinoamericano?

Siempre y cuando, hablando de esa época, se hubiese tenido al conciencia de la proveniencia de los linajes intelectuales sobre los que estaba construido ese pensamiento. Por eso maliciosamente en el libro cito a Borges en su cuento El Sur. Dice ahí que un tal Johannes Dahlmann, pastor protestante, bajó en el puerto de Buenos Aires y en 1889, su nieto, un tal Juan Dahlmann, cuyo abuelo materno era un tal Francisco Flores que murió lanceado en Catriel, se debate en la discordia de dos linajes: era alemán o era argentino. Y dice: por la influencia de lo alemán decide ser argentino y muere peleando en el Sur. Qué quiero decir: que hay linajes que se mezclan y que es imposible esperar algo absolutamente puro, y ese fue el problema de Roig y en general de toda la historia de las ideas.

¿Importa eso ahora?

Ahora, a la visión actual ya no le importa si es original o no lo es. Estoy pensando en Byung-Chul Han, estoy pensando Giorgio Agamben; la visión actual es cómo entendemos ahora lo que estamos viviendo y la relación con el pasado y se vuelve a repensar a Aristóteles, a Santo Tomás, pero para poder pensar en lo que está sucediendo ahora. Aceptando, además, que la filosofía tiene que asumir el azar, cosa que para Roig era muy difícil. En este momento estamos viviendo en un mundo que no tiene una racionalidad clara y explícita. Lo que estamos haciendo es trabajar en aspectos de la realidad para tratar de entenderlos.

¿Es posible el pensamiento filosófico en el Ecuador de hoy? Arturo Roig escribió un libro llamado Esquemas para la historia de la filosofía ecuatoriana.

No lo creo, porque esas pretensiones de originalidad, de identidad… Ese fue el problema de los filósofos de la liberación, que se olvidaron lo que había pasado en América Latina. El más grande poeta latinoamericano, Rubén Darío, decía que cuando los abuelos de barba blanca le mostraban el español, él en el fondo pensaba en París. Y lo que hace él es retomar a Verlaine y Baudelaire, con los sonetos, construye prosas profanas y anuncia desde ahí que viene una nueva América Latina. ¿Qué quiero decir con esto? Que hay una mezcla de linajes. Y que no podemos pensar más allá de la mezcla de linajes y que en esos linajes vivimos. Somos linajes, somos traducciones, somos interpretaciones de interpretaciones. El punto es cómo logramos rescatar, en ese conflicto de interpretaciones, algo que nos dé sentido, pero ya no el sentido total de antes, como el mismo concepto de revolución.

¿Se piensa América Latina aún como un continente de la esperanza, en la necesidad de su integración? ¿Los  jóvenes lo hacen?

Yo no veo a los millennials preocupados de ese relato, porque viven la vida pensando que es instante y tienen que vivirlo, y están aquí y nada más. Si la plenitud se da en este momento son falsamente libres, que pueden transitar por donde quieran. Pero también es una frustración para ellos, con las dos guerras que tenemos, Ucrania y Gaza, realmente ya no es como hace treinta años. Creo que tenemos un cambio de perspectivas, de acontecimientos, con filósofos que andan por otro lado.

Fotos: Luis Argüello. PlanV

¿Y la idea de libertad, hoy?

Para ser estrictos con Roig y con su obra, esa idea de libertad, entendida como liberación, está sujeta al sujeto y a la conciencia.

¿Y el sujeto es un hombre libre?

Ahí viene... el sujeto en realidad es una conciencia. ¿La conciencia es el último espacio de la realidad de la persona, o la conciencia está atravesada por el subconsciente, por los relatos, por todo lo que está atravesada por todo ello?

Es que no hay una conciencia pura…

Ahh bueno, no la hay.

Entonces ¿a dónde llevamos nuestros pasos?, como preguntaba Merco Aurelio hace miles de años.

Marco Aurelio sigue vigente y ahora más, porque uno necesita una orientación. El mundo se ha transformado drásticamente. No esperábamos una guerra como la de Ucrania.

Porque no lo supimos ver. Los hechos precedentes ya mostraban hacia dónde podía ir Putin.

Pero llegar a una guerra. Porque hay una cantidad de autócratas por todo lado. Quiero insistir en que la guerra de Ucrania volvió mundial el conflicto, porque incluso la de Irak o Afganistán eran localizados. Ahora, la sensación es que Europa está en peligro, y si vemos lo que pasa en Israel, Palestina y las universidades norteamericanas, el mundo ya no es el del Consenso de Washington, de los años 90. Ahora es un mundo de peligros donde surge la pregunta: ¿queremos la libertad, o queremos la seguridad? Un gran amigo decía que el paradigma de la libertad ha cedido al paradigma de la seguridad. Y en toda América Latina pasa eso. Entonces, una pregunta por un pensamiento original latinoamericano a partir del sujeto consciente, no es posible. ¿Esa es una consciencia pura, o viene atravesada por a prioris?

GALERÍA
Joaquín Hernández: “No podemos pensar más allá de la mezcla de linajes”
 


[CO MEN TA RIOS]

[LEA TAM BIÉN]

Los ladrones del bronce pululan por la Plaza Grande
Redacción Plan V
Un Presidente sin filtro sale a la caza del voto joven de centroizquierda
Redacción Plan V
El nuevo mapa electoral para los comicios generales de 2025
Redacción Plan V
Al "Diablo" se le duerme el diablo
Redacción Plan V

[MÁS LEÍ DAS]

Criminales colombianos y ecuatorianos extienden su violenta influencia por la Amazonía
Por Plan V y Amazon Underworld *
Última hora: se cancela la risa y la lectura en Quito
Redacción Plan V
"Falta que el gobierno de Daniel Noboa se atreva a golpear a gente poderosa"
Susana Morán
¿Se desinfla una opción política para Guayaquil?
Redacción Plan V