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29 de Mayo del 2014
Historias
Lectura: 19 minutos
29 de Mayo del 2014
Juan Carlos Calderón

Director de Plan V, periodista de investigación, coautor del libro El Gran Hermano. 

La clase media crece y presiona

La clase media en el Ecuador es ya un 35 por ciento de la población. La estabilidad de la dolarización y la mejora de los precios de materias primas ha generado el crecimiento del país en la última década.

 

Fotos Gianna Benalcázar

Aunque hay una aceptación general –entre los especialistas– de que la pobreza ha caído en América Latina, la situación de la juventud, especialmente en el Ecuador, es un tema pendiente.

 

El ecuatoriano Fidel Jaramillo, representante del BID en el Perú, muestra la ruta recorrida por la sociedad de América Latina y del Ecuador en una década. Hay una clase media más fuerte, pero eso abre nuevos desafíos y genera mucha más presión a los Estados.

Fidel Jaramillo 

Regresó a Quito por los 20 años de la consultora Multiplica, de la cual fue cofundador. Los últimos cuatro años ha estado en Lima, como representante del Banco Interamericano de Desarrollo, BID. Antes de eso estuvo seis años en el mismo Banco, en Washington, como economista jefe encargado de los países andinos. Y los seis años anteriores a esto estuvo en Caracas, como economista jefe en la Corporación Andina de Fomento, CAF. Más de 15 años fuera del país, pero atendiendo los temas que tienen que ver con el Ecuador y los países andinos.

Uno de los temas que llama la atención de Jaramillo es la movilidad social y económica en estos países, en la última década.  Sin duda –dice– se trata de una década ganada, en contraste con las décadas perdidas de los 80 y 90. Se han dado avances notables en todo lo que significa crecimiento económico, reducción de la pobreza y avances en reformas de carácter microeconómico y en lo que tiene que ver con productividad e infraestructura.
Pero las brechas son enormes: “Mi conclusión es que es muy pronto para cantar victoria. Los desafíos, especialmente en temas como seguridad ciudadana, calidad de la educación, la informalidad, requieren persistencia y perseverancia en las políticas públicas y no pueden cambiarse de la noche a la mañana”, dice Jaramillo.

América Latina ha avanzado en lo más notorio. Crecimiento económico, reducción de la pobreza y construcción de infraestructura. Pero la agenda de los otros temas es clave.

¿El concepto de clase media ha cambiado? ¿Qué es ser de clase media hoy, en América Latina?

Hay un consenso en lo que significa la relación entre la presencia y expansión de la clase media y el desarrollo económico. Hay asociación entre clase media e inversión en la educación, en mayor equidad social, en mayor inversión, y en mayores niveles de estabilidad política. Esos son tributos positivos de lo que significa la clase media. Donde hay disenso hay en el concepto de clase media. Es un debate viejo, del que ya hablaban Carlos Marx y Max Weber, cuando se referían a la burguesía versus el proletariado y qué quedaba en la mitad, la llamada pequeña burguesía, que no era propietaria de medios de producción ni vendía su fuerza de trabajo por un salario.  Weber hablaba de esta élite intelectual que podía generar cambios en la sociedad y tener presencia como élite empresarial o en el servicio civil. Creo que hay acuerdo con que clase media involucra múltiples factores, no solamente ingresos, sino ciertos valores culturales, con ciertos activos como haber solucionado sus necesidades de vivienda, movilidad y educación.

¿Un capital cultural es esencial para definir a una clase media?

Sí, se mencionan factores como cuando personas del sector informal ganan mucho dinero pero no tienen niveles educativos y no llevan consigo esos valores de la clase media tradicional. Personalmente invito a repensar ese concepto de la clase media tradicional, porque es cada vez más evidente la presencia de esta nueva clase media, la clase media emergente, que tiene acceso a bienes y servicios que antes no tenía. Hace dos décadas este sector era inexistente. Y ahora está poblando centros comerciales, tiene acceso a proyectos inmobiliarios, tarjetas de crédito y tenemos que tomarla en cuenta. Hay que entender sus patrones de consumo, pero no solamente como consumidor ni sólo como emprendedor, sino también por sus valores culturales, la nueva estética que está apareciendo en América Latina. Hay que entender su dinámica económica, cultural y política.

¿De dónde viene esa clase media, cómo se va reproduciendo?

Por su origen es muy heterogénea. Si vemos la clasificación tradicional por quintiles tendríamos que se pueden considerar clase media los segmentos B y C y a estos ya pertenece un 35% de la población ecuatoriana. Ha crecido muchísimo, aunque el umbral es algo arbitrario. Hace una década ese segmento era del 19%. En cifras es brutal: de 2,4 millones de ecuatorianos a 5,6 millones de habitantes.

¿A qué se debe eso? Porque en el año 2000 el Ecuador estaba quebrado y la gente en su peor momento económico.

Se trata de romper el círculo de la pobreza, que la generación posterior esté mejor alimentada, mejor instruida y con mayores posibilidades.

Hay varios factores: el uno es el crecimiento económico y el otro la estabilidad económica que trajo la dolarización. La dolarización ha impuesto cierta disciplina económica. El crecimiento del Ecuador no ha sido de los más altos de América Latina, no está entre los top cinco, pero está enseguida. No es un crecimiento espectacular, pero es sostenido. Hemos visto algunas características de este crecimiento y una de estas es que el crecimiento más rápido se ha dado en el quintil uno y dos, es decir entre los más pobres de la población. El promedio de crecimiento de los más pobres es del 20%. Se puede decir que es un crecimiento pro pobre. Han ayudado los programas sociales, el Bono de Desarrollo Humano, la inversión en educación y salud públicas.

El Bono tiene más de una década en el Ecuador, pero cada vez más personas dependen de este.

Ha habido mucho trabajo sobre lo que son las transferencias monetarias condicionadas. Cada vez un mayor número de países las tiene.  Casi todos en América Latina y se está exportando a regiones de África, incluso Nueva York, donde en ciertas zonas se ensaya con transferencias monetarias condicionadas. Lo más importante está en la parte de los condicionamientos. Y estos son que se hagan los controles de salud, que los niños asistan a la escuela. Es un programa de acumulación de capital humano. En el BID, uno de los arquitectos de este esquema fue Santiago Levy, actualmente presidente de sectores y conocimiento del  Banco, y él lo aplicó en México y él hizo muchas evaluaciones de las bondades de este tipo de esquema y el efecto más importante es en el aumento de la escolaridad, en el mejoramiento de la nutrición, de tal manera que la pobreza no se trasmita a otra generación. Eso es lo más importante de un programa como el Bono en el país.

Entonces este rompe el círculo de la pobreza.

Se trata de eso, de tal manera que la nueva generación esté mejor nutrida, tenga mayor educación y que no dependa de un Bono. Esta generación va a depender de eso.

¿Cuál es la reflexión que deja todo esto?

Que ha habido muchísimos avances, pero aquí mi voz de cautela: no podemos ser triunfalistas, es muy pronto para cantar victoria, y hemos visto algunas vulnerabilidades. Déjeme contar dos: la distribución del ingreso está súper concentrada alrededor de la línea de pobreza. Es decir, saliste de la línea de pobreza, pero te quedaste muy cerquita o entraste a la población vulnerable y te quedaste ahí. El 10% de la población ecuatoriana todavía está un dólar por encima de la línea de pobreza.

¿Y cuál es el riesgo de eso?

Que cualquier mala noticia, cualquier choque adverso te retrocede a la vulnerabilidad y a la pobreza. En el análisis, por debajo de 300 dólares al mes de ingreso familiar eres pobre, por debajo de 80 dólares eres pobre extremo. El nivel de vulnerabilidad más evidente es el ciclo económico. Porque, qué pasa si la economía china se desacelera y nosotros empezamos a crecer al 2%, entonces las oportunidades de empleo disminuyen, si eres vendedor pierdes ventas, si eres taxista se te cae la clientela y entonces tú, que estabas en el borde, dejas de obtener el dinero que te ponía por encima de la franja de pobreza y vuelves a ser vulnerable, a ser pobre. Luego, pueden darse enfermedades, accidentes, incapacidad, vejez. Qué pasa si eres un autoempleado sin seguro social. Y otro elemento en países como Perú y Ecuador son los desastres naturales. Acá llega un Fenómeno de El Niño y el activo que tú hiciste, se ve arrasado. Además porque la población más pobre es la más vulnerable a los desastres naturales.

¿Entonces cuáles son los desafíos, dado ese grado de vulnerabilidad?

 La clase media emergente no es una clase propietaria sino consumidora. Hay que favorecer la propiedad a través de acceso al crédito productivo, a la vivienda y a otros activos.

Creo que los desafíos vienen a tres niveles: uno es crear oportunidades económicas para aumentar la capacidad de empleo y la productividad. Eso pasa por una mejor articulación del sistema educativo, de la educación técnica con el mercado de trabajo. No sacas nada teniendo un mejor nivel educativo si no hay empresa que esté dispuesta a pagar un sueldo digno y acorde a ese nivel. Hay que mejorar ese ambiente empresarial. Lo segundo es mejorar la constitución de ciertos activos, porque esta clase media emergente no es una clase media propietaria. Hay que favorecer la propiedad a través de acceso al crédito, a la vivienda, a activos productivos… Y para el tema de riesgos, hay que tener mecanismos para enfrentar los riesgos. La seguridad social es uno de ellos, y aunque ha crecido en el Ecuador, aún la cobertura es baja. Estos son los tres grandes temas para consolidar la clase media.

¿Cuál de estos tres desafíos es lo más urgente?

Para explicar esto quisiera hacer una comparación con Perú, que son sociedades y países muy similares, pero con modelos diferentes: Perú ha apostado a un modelo aperturista, de tratados de libre comercio, el modelo del Ecuador está mucho más basado en la intervención del Estado y en políticas públicas. Eso se refleja en indicadores como la inversión total. En el Ecuador es dos tercios pública y un tercio privada. En Perú son dos tercios privada, y un tercio pública. Veo, sin embargo, algunas similitudes: los dos países han crecido, gracias a que Perú es minero y Ecuador es petrolero. Nos ha ayudado el mundo. La clase media en los dos países ha aumentado, en Perú al 40%. Escudriñando un poquito los datos, lo que sí hemos visto es que hay una diferencia entre el tipo de crecimiento. Mientras en Ecuador el crecimiento es pro pobre en el caso del Perú los quintiles que superan la tasa promedio de crecimiento son los 3, 4 y 5. El del Perú ha sido un modelo de crecimiento pro clase media. Las diferencias detrás es que el gasto en salud y educación en Ecuador ha sido de 5 puntos, mucho más que en el Perú.  Mi interpretación preliminar es que la movilidad social en el Perú está basada en un modelo de mercado y ha tendido a beneficiar más al sector empresarial de la clase media, a los emprendedores. Esto se ha reflejado en mayor empleo e ingresos.

¿La inversión en servicios públicos hace la diferencia?

Si tomas el 10% más pobre en cada uno de los dos países, se podría decir que en el Ecuador, los ingresos de los más pobres ha crecido más rápidamente, y el acceso a servicios públicos también, pero en los dos países han mejorado.

¿Cuáles son los impactos?

En ambos países la pobreza se ha reducido, en ambos los ingresos han mejorado. En el caso del Ecuador ha sido más rápido; en los dos países hay programas similares de transferencias, en el caso del Ecuador hay mayor cobertura. Una consecuencia importante de todo esto es que hay una incorporación de un número cada vez más grande de habitantes pobres de los países a los mercados, como consumidores, productores y ciudadanos. Hay una importante emergencia del actor político y este ahora demanda de nuestros Estados mejor calidad de los servicios, de tal manera que la apuesta por movilidad social, que es la educación, no sea una apuesta trunca, y no pase lo que está pasando en Chile, Brasil, Turquía, donde los jóvenes tienen altísimas expectativas pero las sociedades, los Estados no las pueden cubrir porque no hay empleos de calidad, porque las universidades son costosas y cuando uno toma deudas para estudiar, luego no las puede pagar. Es una gran oportunidad tener ciudadanos empoderados, con mayores niveles de bienestar, pero al mismo tiempo el gran riesgo es que haya una especie de escepticismo frente al contrato social, escepticismo frente a la capacidad del Estado de cumplir su parte de este contrato social que es brindar a ese ciudadano condiciones básicas de seguridad, acceso amplio e igualitario a servicios de salud y educación…


Cerca de 5 millones de personas se han incorporado a la sociedad de consumo.

¿Esa misma clase social emergente es la misma que puede dar movilidad a ese contrato social y exigir que se cumpla?

Absolutamente. Puede mover al Estado y al sector privado tradicional, porque creo que las empresas que hacen un trabajo exitoso, negocios con la base de la pirámide, son aquellas que han entendido cuál es su lógica, su dinámica. Hasta los patrones estéticos y culturales están cambiando ahora. Por ejemplo, hay quienes han entendido la nueva dinámica de la industria del entretenimiento, como la tecnocumbia por ejemplo, elaboran nuevos productos y servicios para esta nueva clase media, y cuidado, no es producto pobre para pobres, eso ya no funciona. Hay que innovar productos de calidad para esta nueva clase media, que está jalando los cimientos al Estado y al sector privado tradicional.

¿Se puede prever la tendencia en la década siguiente?

El mejoramiento de las condiciones de vida pone presión sobre los Estados y el empresariado tradicional, y por más y mejores servicios, empleos mejor calificados y pagados, productos de alta calidad...

Es muy difícil hacer futurología, pero estamos viendo tendencias importantes: un proceso de urbanización creciente, que a su vez va a potenciar esta movilidad social. Vamos a tener megaciudades y megacorredores urbanos. En el caso del Ecuador tenemos una bipolaridad aún pero tenemos corredores cada vez más nutridos y fuertes: Manta-Portoviejo, Cuenca-Azogues, Latacunga-Ambato-Riobamba, Quito-Otavalo-Ibarra. Eso, que lo estamos viendo en el Sao Paulo-Río de Janeiro-Campiñas, en el Toluca-México también lo vemos en el Ecuador. Esto tiene muchas oportunidades para las economías de escala; pero hay primero, más presión por recursos, bienes y servicios, agua, alcantarillado; segundo, congestión vehicular y esto deriva en accidentes; hay nuevas demandas por la seguridad ciudadana y temas ambientales: la calidad del aire, la contaminación, la basura, temas relacionados al cambio climático y vulnerabilidad en los desastres. Un segundo proceso como tendencia es lo que tiene que ver con el uso de la energía. Es una combinación de gente que está teniendo más ingresos, acceso a más servicios, demanda mayor calidad de productos que son intensivos en energía y en conectividad. Nos va a poner presión en entregar energías limpias y de calidad. El Ecuador está haciendo su trabajo en esto con las hidroeléctricas, pero en la región es un gran desafío. Y hay una presión sobre los precios de los productos básicos, porque creo que la misma demanda genera productos más ricos en nutrientes y eso hace que los precios de los bienes básicos sigan al alza, lo cual significa que se puede generar un problema en la población más rezagada.

¿Cómo ve la seguridad alimentaria en el proceso de urbanización de América Latina?

Hay una frontera agrícola que no puede seguir expandiéndose y que también está poniendo presión sobre recursos estratégicos, sobre todo el agua. El agro va a tener que responder a estos desafíos climáticos, al manejo del agua y una mayor demanda de cantidad y calidad de sus productos con una mayor productividad. Llevar esas mejores prácticas tecnológicas. De lo contrario vamos a terminar con el agua, y temas clave como bosques y acceso a biodiversidad.

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