Back to top
14 de Febrero del 2014
Historias
Lectura: 12 minutos
14 de Febrero del 2014
Fermín Vaca
Periodista político. Es editor de PLANV. Ha trabajado en los principales periódicos de Ecuador en la cobertura de política y actualidad. 
"La descentralización estuvo ausente de la campaña"

Fotos: Gianna Benalcázar

Su boina y cigarrillo -Camel sin filtro- confieren carácter al rostro de Francisco Rohn. 

 

Para el analista, es muy pronto para declarar la derrota del oficialismo en las próximas seccionales. 

 

Para el analista Francisco Rohn, es prematuro declarar la victoria de algún candidato opositor con base en encuestas, pues todavía hay un alto porcentaje de indecisos y el fenómeno del voto vergonzante. Habrá que analizar -dice- quién gana y con qué porcentaje, para ver si la política local se ha desligado de la nacional.

Francisco Rohn

Es director del Centro Andino de Acción Popular. Quiteño, de 64 años. Es máster en Antropología. Fue candidato a un doctorado en Economía del Desarrollo en Estados Unidos. Dirige la revista Ecuador Debate.

El alcalde de Guayaquil ha tenido coincidencias ideológicas con este Gobierno en temas como política penal o moral sexual. ¿Es esa la explicación de que desde la oposición no hay un cuestionamiento sólido conceptual frente al correísmo?

En parte podría ser que en la carencia de un proyecto nacional distinto o alternativo desde la izquierda o el centro. Basta ver el discurso del señor Lasso en la última campaña, que no tenía mucho de distancia del de Correa; así como tampoco el señor Rodas se alejó demasiado del marco general trazado por Correa, pues ninguno se atrevió a ir más allá en términos de las libertades y garantías que constan en la Constitución. La sociedad civil ha estado ausente o espectante, esconde su voto, y se decidió por un candidato dispuesto a poner la autoridad y el orden. La sociedad empezaba a aprender lo que es democracia, un concepto que va más allá de las elecciones, cuando esto ocurrió.

En ese sentido, estas elecciones seccionales podrían ser interesantes, se dice que algunos candidatos oficiales no tendrían la ganancia asegurada en ciudadades importantes del país. No nos olvidamos que hay una fuerte tendencia al voto oculto o vergonzante y aún no está claro el escenario. Veamos lo que pasó en Chile, donde hubo un alto número de abstención y de votos nulos.

En las presidenciales pasadas, usted señala que los discursos de los autodenominados opositores se movieron dentro del mismo marco formulado por el Gobierno. ¿Por qué habría de ocurrir algo distinto en estas seccionales? ¿Quién hace un cuestionamiento de fondo? ¿Y en esas condiciones, van a volver a ganar -tal vez por menos- pero volverán a ganar?

Es posible que así ocurra, lo cual reflejará que la política nacional está impactando en las localidades. El movimiento hegemónico estaría teniendo gran influencia en las provincias y cantones. Ningún candidado ha vuelto a hablar de descentralización que es un tema clave. Estamos frente a una tendencia recentralizadora y los candidatos no tienen una visión de ciudad autónoma, no han tocado una nueva forma de pensar en la ciudad. Esto ha estado ausente del debate: sólo hay la misma lógica clientelar y continuista. Excepto Nebot, que siempre ha apostado a lo local en Guayaquil, en ciudades como Quito nos toca pensar si está avanzando una propuesta clara de un candidato opositor o si está más bien avanzando una opinión contraria a un movimiento hegemónico. No sería un voto por el señor tal, porque el señor tal es bueno, sino que se estaría votando en contra de la versión nacional de la política trasladada al Gobierno local. Pero esto aún hay que probarlo. Las elecciones van a ser muy interesantes porque aun cuando ganase el candidato oficial, con qué porcentaje gana será muy significativo, mostrará una fuerza desde la sociedad que está creciendo y buscando algo distinto. Siempre habrá la idea utilitaria de la gente de que si pierde el candidato oficial habrá temor de que no se hagan las obras, debido a la gran recentralización que se ha dado y que nadie ha cuestionado. Sólo Guayaquil ha mostrado que puede lograr recursos y mantener una figura opositora sin ser del partido hegemónico. Es posible que la gente entienda que protestando se puede conseguir plata y no al revés. Que estemos frente a otro ciclo de la política: independientemente de quién gane, lo interesante serán los porcentajes y la presencia de votos nulos.

"No sería un voto por el señor tal, porque el señor tal es bueno, sino que se estaría votando en contra de la versión nacional de la política trasladada al Gobierno local. Pero esto aún hay que probarlo".

En el país se habló, durante la década de los 90, de problemas de "gobernabilidad" que se verificaron en los derrocamientos de tres presidentes constitucionales, en la oposición que se hacía desde el Congreso y se lanzaban propuestas como el "consenso de Cusín" que abogaba por "acuerdos entre las élites". ¿Con Correa se llegó a esa "gobernabilidad"?

A lo que se llegó a es una cierta estabilidad. La gobernabilidad es un término un poco complejo, que viene de pensadores de los años 70 y se refería a que la demanda ciudadana se restringue para que el Gobierno pueda atender ciertas demandas pero no la continuidad de las demandas. Lo que hubo es inestabilidad política, que ante todo podría ser vista como una ruptura del pacto, del acuerdo social de las élites fundamentalmente agroexportadoras y comerciantes del país, con escasos sectores industriales y los partidos políticos. Ese pacto social se rompe. Desde 1995 vemos claramente la crisis de bancos como el Continental, y una depresión de las pequeñas industrias metalmecánicas. Hay una transformación de industrias maquiladoras en empresas dedicadas a la comercialización. La inexistente burguesía nacional no entendió los procesos de mundialización de los mercados, y el Estado no pudo mantener los auspicios a estas empresas; debieron entrar a la competencia global, pierden, y se convierten en importadores. Los grupos de poder que impulsaban el ajuste estructural no se dieron cuenta de que ellos mismos iban a ser víctimas de ese ajuste. Las respuestas que dio Dahik, al abrir el mercado financiero, fueron la soga para el ahorcamiento de los bancos importantes. Más que las pugnas de poderes entre el Congreso y los gobiernos que no tenían un proyecto nacional, que provocaron la inestabilidad, debemos analizar esos problemas para entender qué pasó después. Después llegó el "que se vayan todos" que fue un vacío político, un distanciamiento entre los políticos y las clases medias, perjudicadas por el juego privatizador de los gobiernos.

La inestabilidad que se produjo creó un vacío politico donde aparece el presidente Rafael Correa, con la imagen de poner orden, de que hay que provocar inclusión y cierta soberanía frente a los organismos financieros internacionales. Correa ha bajado la pobreza, se han logrado ciertos espacios de desarrollo, y esto le dió mayor poder al actual presidente. Se han logrado algunos avances y se han detenido otros, en términos de la ampliación de las libertades. 

En resumen, hay tres entradas a la cuestión: una, la ruptura del pacto social y político entre las élites y los partidos; dos, que esta ruptura es un alejamiento de la sociedad de los partidos políticos, y tres, la emergencia de una nueva visión que ofrece orden frente a tanta inestabilidad. 

"Esto nos lleva a una versión nacional de la política que se podría estar transfiriendo a las localidades: esto habrá que ver con los resultados de las elecciones seccionales, si el Presidente fue o no el gran elector en las localidades".

Esta ruptura del pacto entre las élites y los políticos, ¿se ha recompuesto con una especie de partido único que sería el movimiento PAIS? 

No tenemos datos para validar cuáles son los nuevos grupos de poder en el Ecuador luego de la crisis del 2000. Esto hace difícil poder entender si hay un pacto o es más bien una relación utilitaria, pues es evidente que el gran dinamizador de la economía ecuatoriana es el Estado, que es el mayor inversionista. El Gobierno tiene un plan de vialidad bastante extenso, que ha favorecido otras formas. Hay nuevas compañías de construcción de carreteras, hay nuevas figuras empresariales, un empresariado más moderno y quizás más cercano al buen capitalismo, en términos de que es gente que gana pero que invierte, que trata bien a los trabajadores, que es medianamente cuidadosa del medio ambiente. Se han forzado regulaciones duras sobre la contratación laboral, sobre los concursos, estas cosas han cambiado. No sé si se está conformando un nuevo pacto con este empresariado o si es más bien una relación utilitaria. Con respecto al partido único, si estos nuevos sectores tuvieran una opinión sobre cómo debe manejarse el país se expresarían por la vía de partidos políticos; pero como hay una presencia hegemónica de un grupo político, esto impide ver si eso se va constituyendo en un momento de aportes mutuos sobre cómo se piensa el país. El ideario es el que se tiene desde la Presidencia de la República. Esto nos lleva a una versión nacional de la política que se podría estar transfiriendo a las localidades: esto habrá que ver con los resultados de las elecciones seccionales, si el Presidente fue o no el gran elector en las localidades.

"Basta ver cuántas alcaldías tiene el alcalde de Guayaquil, que es el que impulsa estas ideas conservadoras del orden, de la penalización profunda, de esta moralidad cuasi eclesial respecto al aborto y las diversidades sexuales".

Usted nos señala que la gente requería un orden. Este es un modelo autoritario, con valores conservadores, ¿ese era el modelo que la gente reclamaba durante la crisis?

Bueno hay una diferencia que tiene relación con la cultura política y regional. En la Costa la percepción es distinta a la de la Sierra. Basta ver cuántas alcaldías tiene el alcalde de Guayaquil, que es el que impulsa estas ideas conservadoras del orden, de la penalización profunda, de esta moralidad cuasi eclesial respecto al aborto y las diversidades sexuales. En el plebiscito donde se votan estas reformas a la Constitución se refleja un sentimiento de adopción  de esta autoridad fuerte en la Costa. El gran opositor que pudo haber cambiado las reglas no dijo nada: el alcalde de Guayaquil más bien dijo que estaban demasiado leves las penas, por ejemplo, en temas de delincuencia. Esta diferencia va a llevar a esta forma de concebir la política como un liderazgo fuerte, que puede devenir en autoritario, que ha tenido mucho cuidado en guardar las normas legales, y si ha hecho falta las ha cambiado, pero son legales. Ese "que se vayan todos" no provocó que se conformara una sociedad civil fuerte, organizada y autónoma, sino que se terminó sumiendo en la política gubernamental. No hay sociedad civil que debata y de donde nazca una oposición. No sólo es que hay un partido dominante sino también el vaciamiento de la sociedad civil, su carencia de opinión.

GALERÍA
"La descentralización estuvo ausente de la campaña"
 


[CO MEN TA RIOS]

[LEA TAM BIÉN]

El agónico río Machángara espera un millón de amigos
Redacción Plan V
Noboa: la crisis eléctrica, la gasolina y la inseguridad terminan con la luna de miel
Gustavo Isch
Daniel Salcedo según Daniel Salcedo: estos fueron sus operadores y sus relaciones con el crimen organizado
Redacción Plan V
Los ladrones del bronce pululan por la Plaza Grande
Redacción Plan V

[MÁS LEÍ DAS]

Criminales colombianos y ecuatorianos extienden su violenta influencia por la Amazonía
Por Plan V y Amazon Underworld *
Última hora: se cancela la risa y la lectura en Quito
Redacción Plan V
"Falta que el gobierno de Daniel Noboa se atreva a golpear a gente poderosa"
Susana Morán
¿Se desinfla una opción política para Guayaquil?
Redacción Plan V