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23 de Mayo del 2016
Historias
Lectura: 12 minutos
23 de Mayo del 2016
Redacción Plan V
"La mejor manera de vencer el miedo es saber cómo opera"

Fotos: Luis Argüello

Lautaro Ojeda se muestra partidario de una regulación para los medios de comunicación, pero piensa que en el Ecuador se ha caído en extremos. 

 

El sociólogo Lautaro Ojeda, en un reciente ensayo, analiza los impactos del uso del miedo para consolidar el poder y justificar medidas de seguridad que afectan los derechos individuales. También explica la relación entre la cobertura mediática y la percepción de inseguridad.

Lautaro Ojeda

Es sociólogo e investigador social. Ha publicado más de 15 obras sobre temas como seguridad, violencia, delincuencia, nuevas tecnologías de la información, entre otros temas. Es profesor universitario.

Usted ha publicado un reciente ensayo en el que explora las relaciones entre los miedos, la seguridad y el poder. ¿Cómo entender todos estos elementos en situaciones como las de Venezuela, en donde el Gobierno invoca miedos como una posible invasión de Estados Unidos para tomar medidas supuestamente de seguridad nacional?

Como una introducción hay que señalar que la relación entre miedo y poder es una relación ancestral, en el sentido de que el miedo es un elemento funcional al poder, un instrumento privilegiado de manipulación del poder. De ahí que es una herramienta utilizada por los gobiernos tanto autoritarios y totalitarios como por los democráticos o seudodemocráticos. En el caso latinoamericano, estamos en un momento privilegiado para ver cómo se está manejando desde el poder el miedo a través de la legislación, de la utilización de las Fuerzas Armadas, de una retórica de represión permanente y de castigo, esto acompañado de una política social populista que por un lado entrega ciertos beneficios en la política social pero siempre usa la amenaza de retirar esos beneficios. En el caso de Maduro hay el uso de figuras míticas, como el pajarito que habla, y la apelación a un espíritu de la encarnación del poder que sería Hugo Chávez. Maduro es un ignorante que está haciendo barbaridades como desconocer al poder Legislativo y que espera que su voluntad impere. Hay también en Venezuela unas Fuerzas Armadas politizadas, que están empezando a evidenciar un fraccionamiento. En las primeras represiones en el caso venezolano, ese fraccionamiento se está volviendo evidente. La amenaza, el abuso, la corrupción está amparada en el poder absoluto, y en una legislación que se ha ido generando que para respaldar estas concepciones del poder. En el caso de mi libro, analizo lo que ocurrió con las Torres Gemelas y como se armó una mentira sobre Irak y su supuesta posesión de armas de destrucción masiva para que el presidente George Bush hiciera aprobar una ley que va por encima de los derechos humanos y de la soberanía de otros países, justificando detenciones por sospechas de terrorismo. Luego está la emergencia del terrorismo yahadista, que está haciendo uso del temor y del miedo.

La destrucción de las Torres Gemelas por parte de Al Qaeda fue el inicio de las acciones de estos grupos de terrorismo islámico. Luego vinieron grupos como Estado Islámico y los ataques contra París y Bruselas. ¿Cómo encontrar un equilibrio entre la legítima defensa frente al terrorismo y el respeto a los derechos humanos?

Usted plantea un tema fundamental: ¿Qué está primero, la libertad o la seguridad? Lo que se está viendo es que a pretexto de la seguridad la libertad, a todo nivel, es disminuida. En Estados Unidos se están poniendo cámaras de vídeo dentro de las viviendas, y este control ha sido admitido. Es el miedo el que produce este tipo de acciones. Los últimos ataques han puesto en discusión temas como el control migratorio, y esto plantea un tema que Zygmut Bauman lo destaca mucho: el miedo al extraño, aquel que es distinto a mi y que se vuelve sospechoso. Al sospechoso lo persiguen y combaten. Esto se vuelve un tema muy complejo en el caso ecuatoriano.

En el caso ecuatoriano hemos visto un endurecimiento de las leyes penales y un uso masivo de la tecnología de vídeo vigilancia y de control electrónico. ¿Cómo interpretar esta vigilancia en el Ecuador? ¿La delincuencia se convirtió en un pretexto?

Así es, la violencia social es cada vez mayor. En otro trabajo estoy mostrando que cuando el Gobierno dice que ha bajado los índices de inseguridad, no toma en cuenta los asesinatos que se dan por violencia social. En el caso de Quito hay más de un 30% de homicidios que se producen por riñas y venganzas y ese tema, el de la violencia social, no se suma a la tasa de seguridad. Se habla de un paradigma de convivencia ciudadana que permite que el Gobierno se haya empeñado en la punición, en los comportamientos represivos, que, en mi opinión, no ha logrado crear una policía totalmente represiva. 

Uno de los objetivos de la ley penal es disuadir de cometir delitos. Usted en su libro propone alternativas tanto a la represión cuanto a la disuación, ¿cuáles pueden ser esas alternativas?

Parte del discurso político es la prevención del delito, pero se gasta más en reprimir que en prevenir. No se toma en cuenta la situación de los jóvenes, los problemas de desempleo, no hay políticas sobre esos aspectos, como las que hay, por ejemplo, en España, donde hay espacios recreativos y de formación. El problema de las drogas ha sufrido cambios y retornos a posiciones superadas. No se está apostando por la prevención y la disuación es por medio de armas, se deben mirar aspectos más amplios.

Usted habla también de los medios y la exposición mediática de ciertos hechos como generadores de inseguridad, pero no se muestra partidario de un censura. ¿Cuál es su propuesta al respecto?

Debemos partir de un hecho. Hay estudios en el Cono Sur y en Colombia que muestran que los medios no han tenido un comportamiento orientado a la convivencia ciudadana, sino en la inmediatez y la descontextualización de los hechos. Fui profesor en la Facultad de Comunicación y vi que muchos jóvenes reporteros se lamentaban de que no habían podido mostrar aspectos más sórdidos. Este ha sido un pretexto para ir al otro extremo, el de manipular la información, y se debe a que los medios no han cumplido su papel de orientadores de opinión pública. Hay manipulación cuando se plantea que "la ciudadanía" opina tal o cual cosa cuando recogen las opiniones de cuatro personas en una calle.

En el campo político es muy grave que los medios se hayan vuelto enemigos del poder por no seguir su linea, lo que ha llevado al poder a sostener que los medios son causantes de la violencia, aunque no es así. Los medios no son una causa de violencia o delincuencia, pero es un discurso que se mantiene. A pesar de eso, varias encuestas evidencian que los medios privados siguen teniendo credibilidad, lo que evidencia que esa política no ha dado resultados. Los medios se han repensado, aunque siguen buscando hechos más "dramáticos" sin enfocar mucho la cultura de la violencia social. Ahora vemos una violencia simbólica, un discurso violento desde el poder que ha sido analizado al observar las sabatinas. Hay gente que piensa que este tipo de discurso era necesario.

"Los medios se han repensado, aunque siguen buscando hechos más "dramáticos" sin enfocar mucho la cultura de la violencia social. Ahora vemos una violencia simbólica, un discurso violento desde el poder que ha sido analizado al observar las sabatinas".

Con relación a los medios el Gobierno planteó dos estrategias: por un lado la coerción por medio de la Supercom y el Cordicom y por otro lado, ofrecer desde los llamados medios públicos lo que llamaron "periodismo responsable". ¿Cree que se logró este propósito o los medios "públicos" se quedaron en instrumentos de mera propaganda?

Creo que ha ocurrido que no son medios públicos sino gubernamentales. No lograron crear una BBC británica con autonomía del poder político, sino solamente ecos del poder político. El presidente dictamina sobre alguien, al otro día responde la justicia con prisión, y luego se reprime hasta las caricaturas o el uso de imágenes que tendrían registro de propiedad de la Secom. Algunos de los miembros del Gobierno parecen aprendices exagerados del ministro nazi Joseph Goebbles. Estamos frente a medios de propaganda no de información. 

¿Piensa usted que había legitimidad social a estas críticas de los medios?

No estoy de acuerdo con el control ni la censura pero sí con la regulación. Ha habido excesos, y no debe haber ni autoregulación ni autocensura, sino una regulación necesaria que ha dado resultados en algunos casos. No había forma de fijar límites en temas como intimidad, derechos personales, y otros aspectos. Hay experiencias como la de Colombia donde se han logrado acuerdos sobre el tratamiento de los temas. Aquí se tomó el camino de la represión, pero creo que no hay respaldo de la población para eso. Hay autocensuras, hay personas que tienen temor por su seguridad personal y su estabilidad. Hemos visto que hay personas que tenían peso en la opinión pública que no son convocados. La sociedad está buscando alternativas y hay una respuesta de credibilidad y confianza.

Volvamos al principio: ¿Qué hacer para superar ese miedo que se impone desde el poder? ¿Cuál es la alternativa? ¿Inmolarse, esperar la cárcel? ¿Rebelarse? ¿Resistir?

Primero hay que tomar en cuenta aquello con lo que comenzamos esta conversación: la rentabilidad que tiene el miedo y, por otro lado, como varios filósofos han señalado que el poder lo que teme es que la gente pierda el miedo y la confianza. Cuando ya no hay confianza en la palabra y en las obras, como en el caso de Venezuela, la gente empieza a protestar y a manifestarse en contra.

En Ecuador la gente sigue opinando y con actitudes menos reverentes. Creo que frente al miedo, como señala Zygmut Bauman, hay que conocer el miedo, investigar el miedo, ese es un mecanismo fundamental, conocer los mecanismos en los que la persona que ejerce el poder usa el miedo. Debemos conocer al miedo, y en la medida en que lo conocemos, le vemos perdiendo miedo al miedo. En el caso ecuatoriano, debemos reconocer que no tenemos una historia de violencia como la de nuestros vecinos, como Colombia, Chile, o el Cono Sur. Las políticas de represión y control no tienen el mejor caldo de cultivo en nuestro país para poder desarrollarse. 

 

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