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3 de Septiembre del 2018
Historias
Lectura: 10 minutos
3 de Septiembre del 2018
Redacción Plan V
"La seguridad no puede ser el eje para enfrentar la migración": Fernando López

Fotos: Luis Argüello

Para el director del Servicio Jesuita para los refugiados, Fernando López, la respuesta del Estado fue tardía frente a la inmigración venezolana. 

La situación de la frontera norte ante la ola migratoria venezolana había disparado las alertas entre activistas y organizaciones vinculadas a la Iglesia Católica, como el Servicio Jesuita para los Refugiados, como director, Fernando López, analiza las varias aristas de la inmigración en el Ecuador: desde la improvisación de las respuestas del Estado hasta el enfoque basado en la seguridad.

El Servicio Jesuita para los Refugiados es una de las organizaciones católicas que ha estado involucrada en la atención a los migrantes en el Ecuador desde antes de la reciente ola proveniente de Venezuela. El colapso del Estado chavista ha provocado la salida de miles de venezolanos que, por tierra, intentan alcanzar los países de Sudamérica. Grandes grupos de personas dejan todos los días Venezuela con la intención de asentarse en los países vecinos, como Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Argentina, Brasil, Bolivia, Uruguay y Paraguay. La migración hacia América del Norte, en cambio, se ve limitada a quienes pueden acceder al transporte aéreo. 

Esta semana, con la presencia de delegados de trece países de la región, Ecuador convocó a una reunión en Quito con la intención de coordinar una agenda conjunta. Según el Gobierno ecuatoriano, los países de la región deben asumir las responsabilidades que implica la salida de miles de personas de Venezuela para sus economías, y sus sistemas de salud y educación. A la cita, que tuvo lugar en el Palacio de Najas, sede de la Cancillería, no asistió ningún delegado de Caracas. Estuvieron presentes delegados de Argentina, Brasil, Bolivia, Costa Rica, Colombia, Chile, México, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay.

Con la presencia de delegados de doce países de la región, Ecuador convocó a una reunión en Quito con la intención de coordinar una agenda conjunta. Según el Gobierno ecuatoriano, los países de la región deben asumir las responsabilidades que implica la salida de miles de personas de Venezuela para sus economías, y sus sistemas de salud y educación.

Entre tanto, el Gobierno anunció que medidas como exigir una certificación de la cédula de identidad podrían haber reducido el número de venezolanos que cruzan la frontera ecuatoriana, pero sigue estimando que hasta 300 mil de ellos podrían quedarse en nuestro país.

Conversamos con Fernando López, director del Servicio Jesuita para los Refugiados, sobre esta problemática. 

El canciller José Valencia decía recientemente que hay que matizar la noción de movilidad humana heredada del correato pues cuando eso se aprobó nadie podía preveer que uno de los países de la región iba a colapsar y provocar una ola migratoria de millones de personas. ¿Está el Ecuador preparado para este fenómeno?

Ningún país del mundo está preparado para una ola migratoria como esta. Este tipo de olas se han generado por las guerras, por gobiernos que no le responden a la gente, y por situaciones que han provocado la salida de los pueblos. Es como lo que ocurre en Siria, lo que ha pasado en Colombia. Los países nunca están preparados para recibir estas cantidades de personas ni las condiciones en las que la población está saliendo. Si bien se puede decir que no estamos preparados, esto significa que a las dificultades propias del país para atender a su población, hay nuevas dificultades para atender a las personas que llegan. Pero hay varias migraciones venezolanas al Ecuador: la primera es un grupo que llegó al Ecuador a trabajar con el Gobierno de Correa. Luego llegó una población intermedia que llegó con algunos recursos y se pudo instalar en el país, pero ahora vemos que está llegando la gente pobre de Venezuela. Y es ahí cuando se empieza a decir que no estamos preparados para recibir a los pobres. A ningún país le gusta que llegue la gente pobre, por eso ahora se habla de aporofobia, el miedo no a los extranjeros, sino a los extranjeros pobres. La gente pobre sale de Venezuela porque ahí ya no pueden vivir. Frente a esto se dan reacciones de poner orden, de poner seguridad. 

Pero, además de que son pobres, son muchos más que los que llegaron antes, y el Gobierno también ha dicho que, por ejemplo, estiman que van a necesitar atender en el sistema escolar a unas 60 mil personas, como 60 nuevos colegios... ¿Cuál es el impacto en la salud, la educación, el propio mercado laboral?

No sé si es de hacer 60 colegios o de ampliar los cupos escolares. Si reconocemos que no estamos preparados, hay que reconocer que al colapso que ya había en el sistema educativo o de salud, a pesar de los avances de los diez años anteriores, hay que considerar que no todas las poblaciones venían a quedarse en el Ecuador, pero algunos se han tenido que quedar. Ecuador es un país que está empezando a concentrar población que se va a quedar encerrada aquí por el tema migratorio. Primero el pasaporte, luego la certificación de la cédula. Las razones para las que no estemos preparados no tienen que ver con la población venezolana, debemos reconocer que las poblaciones migran, y que los Estados deberían responder a las necesidades migratorias. En Colombia hay un contexto de crisis interna compleja, pero ahí hay otras condiciones políticas y económicas, hay mafias que mantienen ese país económicamente, y aún así está enfrentando el problema. 

"En Colombia hay un contexto de crisis interna compleja, pero ahí hay otras condiciones políticas y económicas, hay mafias que mantienen ese país económicamente, y aún así está enfrentando el problema".

Con relación a las respuestas de los países, hay varias tipos: desde un permiso en Colombia, una visa de responsabilidad democrática en Chile, entre otras. ¿Cómo ve la respuesta del Ecuador en este contexto?

La respuesta del Ecuador estuvo condicionada por consideraciones políticas. Mientras otros países han tratado de integrar a los migrantes, el Ecuador se demoró en fijar una posición frente a la crisis venezolana, por eso las entidades del Estado no articularon una estrategia hasta hace los dos últimos meses. Antes se estaba simplemente dejando pasar. Las organizaciones de la Iglesia aglutinadas en la Red Clamor empezamos a atender este problema desde noviembre del año pasado, generamos alertas al Estado, le mandamos cartas al presidente de la República, les hicimos caer en cuenta que debían tomar una posición, para que el Estado tome medidas. Hace tres o cuatro semanas apenas se han abierto los albergues del Municipio y declarado una emergencia en tres provincias, cuando los venezolanos están en todo el país. Esta es una emergencia nacional, pero podemos responder a esta crisis con una posición clara, lo que hubiera neutralizado las situaciones de xenofobia. La población ecuatoriana es tremendamente solidaria, pero los actos de solidaridad pueden ser borrados por algunos brotes de xenofobia. Se hubiera neutralizado esto fijando una posición clara desde el principio, usando los recursos del Estado de la mejor manera. Hubo albergues en condiciones infrahumanas en el norte de la ciudad, antes de que el Estado responda. Pero hay un problema de concepción: se está respondiendo desde la seguridad nacional y no desde los derechos humanos.

El Gobierno cree que un 20% o 30% de los venezolanos se van a quedar en el Ecuador, es decir, entre 200 y 300 mil personas. ¿Hay un subregistro de las personas que se están quedando en el Ecuador?

 

"El Ecuador se demoró en fijar una posición frente a la crisis venezolana, por eso las entidades del Estado no articularon una estrategia hasta hace los dos últimos meses".

Cuando el Gobierno simplemente dejaba pasar, muy poca gente se quedaba. Hay varias razones para eso: el Ecuador es un país caro para los venezolanos por los precios, aunque luego, si se logran asentar, y pueden ganar en dólares, dado el valor del dólar en Venezuela, pueden mandar una cantidad de dinero. Sobre las cifras, creo que las cifras que aportan las organizaciones de venezolanos en el Ecuador, a las que nos hemos acercado, evidencian que hace seis u ocho meses había más gente que venía de paso, en especial, hacia los países del sur. No me atrevería a decir un porcentaje de cuánta gente se está quedando en el Ecuador actualmente, pero cerrar la frontera es un mal manejo del tema migratorio. La gente no va a regresar a Venezuela, y puede empezar a pasar por pasos ilegales. Se está creando un elemento de riesgo, que es entrar ilegalmente a un país. Sí se está quedando más gente en el Ecuador, eso es evidente y eso motiva pensar en todos los medios de vida para que se queden.

Demográficamente, ¿qué tipo de personas conforman la ola migratoria?

Hay muchas familias con niños que están viniendo. De nuestra presencia en San Lorenzo, Rumichaca y San Miguel, yo diría que del 100% el 40% son familias y el resto personas solas, parejas o grupos de amigos. Pero el cambio de condiciones migratorias en la región les ha obligado a pensar en quedarse en el Ecuador. Hay que reconocer que el manejo desde la seguridad de la migración venezolana puede provocar situaciones impredecibles. 

 

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